NUEVA ETAPA EN LA CASA SOCIALISTA

El PSOE reconstruye su relato: o abstención sin "humillación" del PP o elecciones

La reunión del grupo y el clima reinante en el Congreso sirvió para constatar que el partido entra en otra fase: puede facilitar el Gobierno al PP, pero empieza a ver ventajas a ir a las urnas

Foto: Javier Fernández y su gestora, durante la reunión del Grupo Socialista en el Congreso, este 4 de octubre. (EFE)
Javier Fernández y su gestora, durante la reunión del Grupo Socialista en el Congreso, este 4 de octubre. (EFE)

El aire ha cambiado en el PSOE. Con el dolor y las magulladoras del delirante comité federal aún recientes, con la losa de haber dado carnaza de una guerra cruenta televisada en directo que quedará para siempre en las hemerotecas, con las imágenes de la tensión, los insultos y el llanto aún a flor de piel. Todo eso es verdad y todo eso está ahí. Pero la temperatura interna, apenas tres días después de caído Pedro Sánchez, es otra. Unos grados más baja. Igual que el discurso, el relato, está empezando a mudar gradualmente de piel. Los socialistas han salido de las coordenadas del "no es no" y de la búsqueda de un Gobierno alternativo, el marco que pintaba y repintaba el ya ex secretario general, para empezar a "hacer pedagogía" sobre los otros dos posibles escenarios que quedan, a 26 días de la disolución de las Cortes si no hay presidente: o abstención al PP, siempre que no haya "humillaciones" y siempre que no busque comprometerlo en la aprobación de los Presupuestos y otras reformas, o bien se expondrá al riesgo de nuevas elecciones, para las que tendrá que buscar un candidato.

El partido, como se percibía este martes en el Congreso, tiene "otro 'flow", en palabras de un conocido diputado que ha vivido en primera fila, más como espectador que como actor, la decapitación de Sánchez como jefe del PSOE. Hay "otro rollo, otro clima" tras la llegada del asturiano Javier Fernández a la gestora, según valora una mayoría del grupo, menos el núcleo duro del ex secretario general, todavía muy herido y con la antorcha de la llamada a la militancia encendida en todas y cada una de sus declaraciones. Es justo el objetivo que perseguía Fernández, rebajar la temperatura para poder afrontar el crucial debate de qué hacer con la investidura con las menores fricciones posibles. "Enfriar el magma".

Tras la caída de Sánchez, los socialistas han salido de las coordenadas del "no es no" y del Gobierno alternativo, y empiezan a "hacer pedagogía"

El jefe del Ejecutivo asturiano ha ido abriendo puertas en apenas 48 horas en el cargo. Siendo fiel a su propio manual, sin estridencias, con muchas cautelas, con templanza y al mismo tiempo sin paños calientes. Igual que reconoció que en el partido han sobrado "rencores" y "conciliábulos", y dio un "espectáculo bochornoso" el sábado en su comité federal, ha subrayado que "abstenerse y apoyar [al PP] no es la misma cosa" o que "hay una cosa peor que un Gobierno en minoría de Mariano Rajoy, que es un Gobierno en mayoría" de los conservadores, y que "la peor" solución es ir a otras elecciones. Como ha admitido sin rodeos que el PSOE "se ha 'podemizado", viendo diluirse su cultura de partido. Fernández, así, ha dejado ver progresivamente cuál es su opinión, pero ha tenido cuidado en no dar ninguna opción sentada de cara a la investidura, porque antes quiere escuchar y consensuar una postura común, sin generar más desgarros. "Estamos dando por supuesto que lo que se va a hacer es una abstención, y yo no lo doy. Hay un comité que es soberano y es el que va a decidir, o las bases", señaló este martes en una entrevista en la SER.

El PSOE reconstruye su relato: o abstención sin "humillación" del PP o elecciones

Preocupación por la "división"

Luego, a mediodía, Fernández se dirigió al Congreso. A la primera toma de contacto con sus diputados, los que al final tendrán que emitir su voto si hay investidura. "Me preocupa la división en el partido y eso es lo que tengo que evitar, que haya un antagonismo y un enfrentamiento", apuntó de nuevo, sin restar un ápice de gravedad a la situación del partido, y después de trasladar "serenidad" a sus parlamentarios y pedirles "responsabilidad".

No encontró apenas contestación en el grupo. Lo que escuchó fue una veintena de intervenciones bastante coincidentes en el planteamiento: la pertinencia de abrir una reflexión sobre cómo evitar las terceras elecciones. ¿O sea, la abstención? Sí y no. Algunos diputados sí vinieron a defenderla bastante abiertamente, como mal menor, como el expresidente manchego José María Barreda o el asturiano Antonio Trevín, pero la mayoría de los que tomaron la palabra fueron menos directos: hay que apurar los márgenes para que no haya otra llamada a las urnas, pero sin que ello suponga que el PSOE deba "humillarse" ante el PP, aprobando las leyes en las que le necesite, como explicó el valenciano Ciprià Císcar, un dirigente de la total confianza del presidente de la Generalitat, Ximo Puig. Incluso parlamentarios que antes 'militaban' en el bando sanchista, como el segoviano Juan Luis Gordo o la madrileña Ángeles Álvarez, celebraban que se abriera el debate "de verdad" en el partido, sin tapujos, y se pusieran todas las opciones sobre la mesa para entre todos decidir la mejor de todas, siendo conscientes de que cualquier alternativa generará desgaste.

La mayoría de los diputados se inclina en la reunión de grupo por buscar una fórmula que evite ir a nuevos comicios. Los sanchistas prefieren guardar silencio

Diputados muy próximos a Sánchez, como el murciano Pedro Saura o el madrileño Rafa Simancas, navegaban entre las dos aguas: no mostraron indisposición hacia la gestora, y señalaron que hay argumentos tanto para el mantenimiento del no como para la abstención. Al final, el rechazo total a facilitar un Gobierno del PP lo sostuvieron la exjueza Margarita Robles, fichaje del ex secretario general para el 26-J, pero sin carné de militante, y el donostiarra Odón Elorza, más partidario de explorar un Gobierno alternativo. Ninguno de los parlamentarios más puros de las filas sanchistas intervino: ni Adriana Lastra, ni Pilar Lucio, ni María González Veracruz... César Luena no acudió a la cita (sí al pleno), y tampoco el ya exlíder, que no apareció en todo el día en el Congreso. El núcleo duro de Sánchez argumentaba que el grupo no es el foro donde se toma la decisión y por tanto no conviene trasladar a él un debate orgánico. También, advertían fuentes de este sector, porque solo alzarán la voz cuando el comité federal se pronuncie (si así lo hace) a favor de la abstención, el punto de llegada al que ya adelantan que arribará la gestora.

El PSOE reconstruye su relato: o abstención sin "humillación" del PP o elecciones

La reunión de grupo era el reverso de la que tuvo lugar hace una semana: entonces también fueron mayoría los críticos, pero se manifestaron en contra del congreso exprés pretendido por el líder.

Consulta a la militancia

Los miembros de la gestora se marcharon de la reunión, que se prolongó más de tres horas, hasta casi el comienzo del pleno, con buen sabor de boca. Varios de sus integrantes celebraban el "cierre de filas" con Fernández, el debate sosegado y nada bronco que había tenido lugar —a años luz del borrascoso comité federal del pasado día 1—, y la impresión de que a partir de ahora se podrá "construir otro relato distinto" y "hacer pedagogía" hacia dentro y hacia fuera del PSOE, en palabras de una dirigente de la cúpula provisional. "Si al final lo que pretenden algunos es ir a una abstención, tendría que ser ratificado por la militancia", advirtió Lastra, exsecretaria de Política Municipal.

No está nada claro que el destino final del PSOE sea dar paso al Ejecutivo del PP. Es la solución preferida por Fernández, pero no por todos los barones críticos

Pero ese referéndum a las bases no está en los planes de la gestora. Fernández ya ha reiterado que quien lo defienda habrá de pedirlo y ganarlo en el comité federal. Tampoco entre los miembros de la dirección saliente hay unanimidad. "Las consultas son las herramientas de los dictadores para blindarse. Los dirigentes están para tomar decisiones, aunque sean difíciles, y asuman la responsabilidad si se equivocan", apuntaba gráficamente un integrante del que era núcleo de confianza de Sánchez.

En realidad, no está nada claro que el destino final del PSOE sea dar paso al Ejecutivo del PP. Es cierto que es la solución preferida por Fernández, pero él no es el secretario general, sino el presidente de la gestora, con los poderes muy recortados. Y que también es la vía patrocinada, de forma más o menos explícita, por federaciones como Extremadura o Andalucía. Pero la abstención es repudiada de entrada por barones como el manchego Emiliano García-Page, el valenciano Ximo Puig o el aragonés Javier Lambán, tres presidentes que gobiernan gracias al sostén de Podemos. No obstante, si el comité federal adoptara una posición mayoritaria, tal vez tampoco se opondrían. Pero lo que parece claro a día de hoy, al comienzo de un debate al que aún le queda todo el recorrido (y en apenas 15 días), es que la mayoría que tumbó a Sánchez el sábado no es la misma que la que podría apoyar una abstención. Page, por ejemplo, tiene claro que es mejor ir a terceras elecciones con un candidato "potente" antes que ofrecer el pasaporte a La Moncloa a Rajoy.

Que el PP "mueva ficha"

Un sondeo de varios diputados socialistas ofrecía este martes la misma sensación: todo está "abierto" y nada "decidido". Las palabras de Fernández y el sentir mayoritario escuchado en el grupo facilitan el camino de la abstención. El viraje también es posible porque ya no está en la cúspide un secretario general que enarbole la bandera del "no es no" y que actúe de paraguas del resto de cuadros. Él ya no está. Pero al mismo tiempo, es generalizado el comentario de que el PP no puede pretender "humillar" al PSOE, poniéndole condiciones imposibles. No se entregará con armas y bagajes. De hecho, en el encuentro a puerta cerrada se reiteró que el hecho de ir o no a terceras elecciones no depende únicamente de lo que hagan los socialistas, sino sobre todo de Rajoy, de las ganas que tenga de atravesar una legislatura corta, incierta y difícil, en la que corre el riesgo de que sus reformas sean desmontadas por la oposición o si por el contrario prefiere urnas, para así reforzar su mayoría y gobernar más cómodamente.

El presidente valenciano, Ximo Puig, saluda al portavoz socialista en el Congreso, Antonio Hernando, este 4 de octubre. (EFE)
El presidente valenciano, Ximo Puig, saluda al portavoz socialista en el Congreso, Antonio Hernando, este 4 de octubre. (EFE)

Por eso, dirigentes y diputados sostenían que antes de que el partido se lance a la piscina, necesita saber si hay agua: que el PP diga qué quiere, que "mueva ficha", según lo expresó el eurodiputado, exministro y exnúmero dos Pepe Blanco. En plata: los socialistas no van a dar el paso hacia la abstención si antes no tienen garantías de que el jefe del PP acudirá a la investidura y no intentará asfixiarles.

Algunos diputados creen que, al soltar el lastre de Sánchez, el partido está "mejor", porque puede presentar un candidato distinto, y eso es "un plus"

Si eso no ocurre, elecciones. Como resumía un reputado diputado, tras el fin de semana de pasión, "se ha perdido un poco el miedo tanto a la abstención como a otros comicios". Algunos responsables, entre ellos Fernández, sí creen que el PSOE no puede someterse a otro proceso electoral, descabezado y muy debilitado internamente, pero otros sí interpretan que pueden hacer de la necesidad virtud y salir "reforzados", aunque poco, de su crisis. "Nos hemos quitado el lastre de un secretario general y de un candidato que no tiraba, y que tenía secuestrada a la organización. Ahora creo que estamos mejor: podemos presentar a otro cabeza de lista, el único que cambie de los cuatro grandes partidos, y que eso sea un plus de cara a los ciudadanos", razonaba una diputada situada en el bando crítico. Otro miembro de la dirección saliente de Sánchez indicaba que una campaña volvería a unir al PSOE en torno a su número uno, y que la formación tiene cantera suficiente. Entre los que no ven con demasiados malos ojos ir a terceras elecciones, pesa el argumento de que podría perder algunos escaños, sí, e incluso consumarse el 'sorpasso' de Unidos Podemos, pero quizá sería más dolorosa y costosa a medio y largo plazo una abstención.

El PSOE reconstruye su relato: o abstención sin "humillación" del PP o elecciones

La opción Gabilondo

¿Y quién sería el candidato? Cada vez se oye más (y ayer martes con más fuerza entre los parlamentarios) el nombre del exministro Ángel Gabilondo: un independiente muy respetado en el partido, que gusta a la militancia, sin tacha, y que quedó avalado en las autonómicas de 2015 por los resultados, al quedarse cerca de poder reconquistar la Comunidad de Madrid con Podemos. La jugada podría ser redonda para la gestora: colocaría a Gabilondo por decisión de los órganos —al no ser militante, ni siquiera puede presentarse a las primarias—, igual que hizo el hoy ex secretario general tras derribar a Tomás Gómez. Además, el extitular de Educación se ha mantenido fiel a las siglas, leal a Sánchez aunque sin dejarse jirones en la batalla orgánica, en la que ni ha entrado. En el círculo de Gabilondo siempre destacan que él sigue centrado en su labor de portavoz en la Asamblea de Madrid.

El nombre del exministro de Educación vuelve a estar en circulación: es un independiente querido y respetado en el PSOE, y con tirón electoral

El PSOE, en consecuencia, está construyendo el discurso tanto por si se abstiene como por si no hay más remedio que ir a elecciones. No solo eso. La distensión es evidente en la era post-Sánchez. El patio de la Cámara Baja fue testigo de fotos impensables hace unos días: Antonio Hernando y Ximo Puig —en el pleno se discutió una iniciativa de Les Corts— charlando ante las cámaras animadamente, Patxi López y Eduardo Madina conversando un rato largo en una esquina, caras de mayor alivio tras la reunión de grupo y hasta un César Luena que recuperó el contacto con los periodistas y se detuvo con ellos unos minutos, con y sin micrófonos, para repetir el llamamiento a la militancia.

Diputados y dirigentes comienzan a resituarse y a mirar a la gestora. La reacción esperable, la misma que ocurrió en Madrid cuando cayó Tomás Gómez. Solo el núcleo más duro de Sánchez se mantenía inamovible en sus tesis. Que haya quien se dé la vuelta es una actitud "normal", convenían varios consultados, hasta por supervivencia. Y porque, a fin de cuentas, como resumía un parlamentario andaluz, el líder "ya no está, se ha ido". Ya es un referente caído y el PSOE, o parte de él, busca pasar página.

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El escaño vacío de Sánchez

Pedro Sánchez ya no se sentará en el primer escaño de la bancada socialista, en la fila noble. No es secretario general desde el sábado y había que buscarle nueva ubicación. En la mañana del martes, la dirección del grupo había comunicado a la Cámara que su asiento sería el primero de la cuarta fila (quinta si se cuenta la del Gobierno). Delante tendría a su rival en 2014, Eduardo Madina. Su antiguo puesto se lo quedaba el presidente-portavoz provisional, Antonio Hernando

Madina, que no había estado por la mañana en el Congreso (estaba en la presentación de un máster que dirige), se enteró de su nueva ubicación, más adelantada, cuando llegó al Parlamento. Pidió a sus compañeros que le dejasen donde estaba. En la cuarta fila, donde habían colocado a Sánchez. El parlamentario vizcaíno consideraba que era mejor que el que ha sido secretario general del PSOE por dos años estuviera más cerca de la tribuna. Asunto resuelto: el pleno comenzó con la redistribución provisional de escaños hecha: Antonio Hernando en primera fila; detrás, la integrante de la gestora María Jesús Serrano; detrás, Pedro Sánchez, y a su espalda, Edu Madina. Detras de este, César Luena.

Pero el exlíder no acudió al Congreso en todo el día (ni su antiguo equipo de colaboradores, que ha sido cesado), en la primera jornada de pleno tras su dimisión. 

Ninguno de los cambios en la bancada socialista será definitivo. Habrá que esperar a que la gestora haga las modificaciones pertinentes en los grupos institucionales de Congreso, Senado y Eurocámara. 

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