DEBATE A TRES ORGANIZADO POR 'EL PAÍS'

Corrupción y regeneración democrática tensan el debate a tres en el que falta Rajoy

Sánchez y Rivera se enzarzan por la política económica y las medidas sociales pero se unen contra Iglesias por su defensa del derecho de autodeterminación. El líder de Podemos intenta rebajar el tono

Foto: Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias antes del comienzo del debate en 'El País', este 30 de noviembre. (Reuters)
Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias antes del comienzo del debate en 'El País', este 30 de noviembre. (Reuters)

El 20-D pasará a la historia de España por muchas razones. Pero una, desde luego, será por el formato de los debates electorales. Ya se percibió un primer fogonazo el pasado viernes en el duelo entre Albert Rivera y Pablo Iglesias en la Universidad Carlos III de Madrid. Y este lunes se pudo contemplar otro muy claro en el encuentro organizado por 'El País' entre ellos dos más Pedro Sánchez. Con Mariano Rajoy ausente. Un debate vivo, ágil, con un moderador, Carlos de Vega, que no se limitó a ser un busto parlante y un Rottenmeier de los tiempos, en el que los rivales se interrumpieron, se interpelaron y fueron interpelados también por cuatro miembros del público. Menos corsés para unas elecciones en las que nada parece escrito. Ni siquiera quién es el clarísimo ganador. Menos ataduras hasta por las formas: cuatro atriles (uno vacío, el de Rajoy), todos de pie, pocos gráficos y fichas que mostrar a cámara, y camisa blanca para todos. En sus tres variantes: con corbata a rayas y traje (Rivera), con traje pero sin corbata (Sánchez) y sin americana y con vaqueros (Iglesias). Pocas miradas a los papeles. Aunque se escaparon algunas, sobre todo del cabeza de Podemos, y más al principio. 

Hubo de todo. Propuestas, 'zascas' cruzados, acusaciones graves, protestas, bromas (las menos), sonrisas (a tutiplén, y de los tres candidatos). Y tensión, mucha. Sobre todo cuando se tocó el asunto más caliente, el de la corrupción y la regeneración democrática, en el que los tres partidos compiten por parecer más blancos y más limpios y en el que todos recurrieron a la sobada estrategia del 'y tú más' para arrimar el ascua a su sardina. Si Rivera condenó la "partitocracia" que ha llevado a la colonización de las esferas de poder en España desde la Transición, Sánchez le sacó que su gurú económico, Luis Garicano, está ligado al consejo de administración de Liberbank, entidad intervenida. Como luego afeó a Iglesias que colocara como cabeza de lista por Jaén a Andrés Bódalo, un condenado por agresiones. El líder de Podemos no se quedó atrás: denunció la "corrupción legal" de las puertas giratorias en las que se ha enrolado también el PSOE y echó en cara a Rivera la dudosa trayectoria de uno de sus diputados en la Asamblea de Madrid. Y este le sacó a relucir los negocios de su ex número tres Juan Carlos Monedero. Todo en la coctelera. Balas que dolían y soliviantaron a los tres. 

El debate pasó por distintas estaciones en las casi dos horas que se prolongó -media hora más de lo previsto-. Primero se vivió cómo se enzarzaban sin piedad Sánchez y Rivera, con un Iglesias algo fuera de juego, en los dos primeros bloques, economía y políticas sociales. Prueba de que la competición entre PSOE y Ciudadanos es, ahora mismo, a muerte, vista la igualdad de ambos en las encuestas. El líder de Podemos fue entrando poco a poco en el duelo. Al comienzo casi reivindicándose como 'árbitro' entre sus dos oponentes y luego entrando de lleno. En el tercer apartado, el de modelo territorial, la pinza la hicieron Sánchez y Rivera contra Iglesias. Este fue la única voz discordante por su defensa del derecho de autodeterminación. Y en el cuarto y último bloque, la tensión se disparó a cuenta de la corrupción y la regeneración democrática. La estrategia de Rivera e Iglesias era disputar el electorado al PSOE y la de este, de salir del emparedado que sus contrincantes le querían construir.

Rivera, Sánchez e Iglesias, durante el debate, y Mariano Rajoy, mientras, entrevistado por Pedro Piqueras en Telecinco este lunes. (Reuters)
Rivera, Sánchez e Iglesias, durante el debate, y Mariano Rajoy, mientras, entrevistado por Pedro Piqueras en Telecinco este lunes. (Reuters)

Las posiciones de los tres rivales reflejaron una misma pretensión para el 20-D -convertirse en presidente del Gobierno-, pero estrategias distintas. Sánchez jugó a situar a Rivera "en la derecha" -"no en la extrema derecha", subrayó- y presentar al secretario general de Podemos como el radical que pacta con Bildu en Navarra. El jefe de Ciudadanos buscó erigirse en adalid de la regeneración desde una posición centrada, acusando a PP y PSOE de haberse sucedido en las mismas políticas y, por ello, amonestando a Sánchez por no ser creíble. Argumento compartido, desde la izquierda, por Iglesias, que alternó la condescencia y el ataque hacia sus dos oponentes, intentando rebajar la crispación y tirando de un cierto tono profesoral en la primera parte, para luego confrontar duramente con el líder socialista. Los ataques, pues, fluctuaron de una trinchera a otra, recrudeciéndose en el área más sensible, la última, la corrupción.  

El yihadismo, el calentamiento

A esos cuatro grandes ejes se sumó uno, por delante, el del terrorismo. Esa parte actuó de calentamiento. Mientras Rivera y Sánchez apelaron a la unidad de los demócratas -el líder del PSOE recuperó la tradición de su partido en la firma de pactos antiterroristas y cómo la alianza de todos los demócratas logró acabar con ETA-, Iglesias usó a José Luis Rodríguez Zapatero como argumento de autoridad para señalar que responder al terror con la guerra es "contraproducente", así que es una "mala noticia que Pedro no esté a la altura" del expresidente socialista y que Rivera "utilice los argumentos" de José María Aznar. De los tres, solo Iglesias apostó a las claras por un referéndum para decidir el grado de implicación de España en la lucha contra el yihadismo. 

Sánchez introduce su 'speech' reivindicándose como el líder de un proyecto “claro, conciso, realista y progresista“ frente a un Rajoy “ausente“

Con la economía, los tres contendientes entraron en materia. Cada uno vendiendo su programa, claro. Rivera, el complemento salarial, el contrato único o la ayuda a los autónomos. Sánchez, prometiendo la derogación de la reforma laboral o luchando contra la precariedad. Iglesias, hablando de bajar el IVA, transformar el modelo productivo, apostando por la energías limpias o impulsando el retorno de los cerebros emigrados. 

El candidato socialista, no obstante, no arrancó desgranando medidas. Lo hizo reivindicándose a sí mismo frente a los emergentes: recordó que había sido elegido hace poco más de un año por los militantes de su partido y enfatizó que el suyo es un proyecto "claro, conciso, realista y progresista" y que quiere responder a las "ansias de cambio" del país. Cambio frente al "ausente", Rajoy, el de la "inacción política y la desidia". Y, al tiempo, se declaró heredero de un PSOE que "modernizó" la economía en sus años en La Moncloa y que puso en pie un Estado del bienestar que ha querido "quebrar la derecha". "Tenemos todos el deber de traer el cambio a España", advirtió.

Sánchez: "Rajoy está ausente como en los últimos cuatro años"

A partir de ahí, estopa. Sobre todo, entre Sánchez y Rivera. El presidente de Ciudadanos, porque PP y PSOE "se dedican a echarse la culpa el uno al otro" y porque el modelo laboral de Zapatero "ha sido igual de malo" que el de Rajoy. El líder socialista, mientras, atizó a su principal oponente por el contrato único -una "vuelta de tuerca más" al modelo de Rajoy- o por su política fiscal: bajar los impuestos, anticipó, supondrá una "caída de la recaudación". "Ya me explicarás cómo vas a financiarlo. A lo mejor vas a introducir copagos", deslizó, tirando a dar. "No tienes una sola propuesta", dijo Rivera. Y Sánchez: "No escuchas porque no quieres". Dos ejemplos de la tensión que ambos fueron alimentando en plató. 

En este primer rifirrafe Sánchez-Rivera, Iglesias optó por no bajar al barro. Pidió debatir "con ciertas formas". E incluso afeó al presidente de la formación naranja que dijera que ninguno traía "propuestas". No solo respaldó en eso al candidato socialista. También lo hizo cuando observó que "algunas de las propuestas de Albert se parecen a las del PP". Pero a Sánchez le reprochó su doble faz: una cuando el PSOE está "en campaña" y otra cuando llega al Gobierno. Resultado: no es "creíble", ni siquiera cuando habla de eliminar la reforma laboral del PP, porque a Zapatero, recordó, los sindicatos le montaron una huelga por recortar derechos. Falta de credibilidad: acusación que le lanzó una y otra vez. El inquilino de Ferraz, por su parte, coincidió con el número uno de Podemos en la necesidad de cambiar el voto rogado de los emigrantes (aspecto que comparte Rivera). 

Sánchez rechaza el contrato único de Rivera y éste equipara a Zapatero y Rajoy

Acuerdo en educación, diferencias en las formas

En el segundo bloque, el de políticas sociales, sobresalió el acuerdo entre los tres candidatos a la hora de articular un pacto educativo estable. O de llevar la discusión sobre las pensiones al Pacto de Toledo. Pero esa entente escondió, de nuevo, duros reproches. Sobre todo entre Sánchez y Rivera. Otra vez. 

Sánchez, Rivera e Iglesias coinciden en defender un gran pacto de educación

El primero en ofertar el pacto nacional sobre educación fue el aspirante de Ciudadanos. Porque "ya toca" y porque los españoles no se merecen una legislación que cambie cada Gobierno. Iglesias convino que era necesario, aunque contando con la comunidad educativa. "Tenemos que estar a la altura de nuestros abuelos y recuperar el pacto de que, con independencia de donde nazca cada uno, tenga igualdad de oportunidades". Sánchez se congratuló de que Podemos reivindique lo que hicieron los socialistas "hace 25 años", planteó sus propuestas (universalización de la enseñanza de cero a 18 años, triplicar la inversión en educación, que las becas sean un derecho) e introdujo su cebo: antes hay que derogar la Lomce. "No basta" con derogar la 'ley Wert', le replicó Rivera. Sánchez no soltó la presa y le preguntó qué parte sí suprimiría de la norma del PP. 

-Déjame acabar...

-No me respondes...

-Estoy intentando ser un poco más ambicioso que vosotros, subir un escalón. Merecemos una ley educativa para todos-, redondeó el líder de C's. 

Iglesias atiza a Sánchez por las puertas giratorias y le echa en cara que Trinidad Jiménez ya esté en Telefónica. Su rival le dice que es una “difamación“

Iglesias, que al principio del bloque pidió a sus dos adversarios no convertirse "en [Eduardo] Inda y [Francisco] Marhuenda", y al que el jefe de Ferraz acabó motejando de "moderador" del debate, acabó entrando en la 'guerra'. Tras 'acariciar' a Sánchez alabándole por escuchar en él "cosas razonables", atacó con las puertas giratorias. A Jordi Sevilla, su asesor económico, por proceder de PricewaterhouseCoopers. A Felipe González. A Trinidad Jiménez, por recalar en el consejo de administración de Telefónica, ocupando el sillón que ha dejado vacante Rodrigo Rato. Esto último soliviantó a su contrincante. Lo calificó de mentira: "Confundes la nueva política con la difamación, igual que hace Monedero con Albert Rivera. De Monedero me lo podía esperar, de ti no me lo esperaba". Sánchez tenía razón en este caso: la exministra de Exteriores, como adelantó El Confidencial, sí ha recibido la oferta de Telefónica, pero ella no está ahora mismo en el consejo de la multinacional. De hecho, retiene su acta de parlamentaria y se sienta en la diputación permanente del Congreso. 

Iglesias reprocha a Sánchez las puertas giratorias y éste le acusa de difamar

La última parte fue algo más amable. Se colaron las pensiones a raíz de una pregunta de una invitada en plató y dio pie a que Rivera felicitara a Iglesias por haberse acogido a la "moderación", al ir subiendo progresivamente su propuesta de edad de jubilación, de los 60 iniciales a los 65. Sánchez echó un capote al número uno de la formación naranja al reclamar al de Podemos que le pidiera "perdón" por la acusación de Monedero de que esnifaba cocaína. "Gracias, Pedro", cumplimentó Rivera. 

España y Cataluña

Tercer eje. Modelo territorial. Las tornas cambiaron, porque aquí quienes convergieron más fueron Rivera y Sánchez. No en vano, ambos plantean reformas de la Constitución -con matices y diferencias- pero ninguno suscribe el derecho de autodeterminación, cosa que sí hace Podemos

Sánchez a Rivera: “No me llames independentista porque no te llamo de extrema derecha“. Iglesias: “Rivera es de lo que haga falta“

Ciudadanos no habla de una España federal. Sí de introducir cambios profundos (hasta cerrar el Senado) o de aclarar las competencias. El PSOE sí defiende ese modelo y a la vez reivindica que es "el mejor garante de la unidad de España", ya que paró los pies a Juan José Ibarretxe en 2005 y no ha habido "una sola declaración de independencia" ni con González ni con Zapatero. 

Iglesias, en cambio, subrayó que "no hay que tener miedo a la democracia", y que la mayoría de independentistas lo son por las políticas del PP. Si Rajoy sigue en La Moncloa, ironizó, "se va a querer ir de España hasta Valladolid". Los otros dos líderes rechazaron el derecho a decidir y Sánchez hasta le recordó que el único país del mundo que lo reconocía es la extinta URSS. "Tu modelo, Pablo", le lanzó. "Da pena escuchar argumentos propios de la caverna mediática o del PP", replicó el cabeza de la formación morada. 

Iglesias: "Si sigue Rajoy se va a querer ir de España hasta Valladolid"

Segundo foco de conflicto: el apoyo de parte de Catalunya Sí que es Pot a la investidura de Carme Forcadell como presidenta del Parlament o los pactos de Podemos con Bildu para el Senado o con Geroa Bai y Bildu para aupar a Uxue Barkos al Ejecutivo foral. Claro que por ese flanco, el de los pactos, penetró Rivera, al azuzar la confrontación con Sánchez por las alianzas del PSOE con partidos que defienden la independencia en Cataluña. "A mí no me llames independentista porque yo a ti no te llamo de extrema derecha por haber pactado en 2009 con un partido que se llamaba Libertas". El líder socialista llevaba a su rival al territorio anhelado, el de la "derecha, no la extrema derecha". "No estoy de acuerdo con que Rivera sea de derechas. Rivera es de lo que haga falta", terció Iglesias. 

Los nombres propios

Los enganchones fueron creciendo a medida que avanzaba el debate en el cuarto y último apartado, la corrupción. Sánchez afeó a Rivera la circunstancia de Garicano, que también apuntaló Iglesias. Pero enseguida el socialista quiso "presentar a los telespectadores" a Andrés Bódalo, condenado por la agresión a un concejal de su partido. Todo para recalcar que él no lleva imputados en sus listas. 

Rivera, Sánchez, Iglesias y el atril vacío de Rajoy, este lunes. (Reuters)
Rivera, Sánchez, Iglesias y el atril vacío de Rajoy, este lunes. (Reuters)

Iglesias lo tomó como un golpe bajo, y el buen rollo de los minutos precedentes se transformó en indignación. "No me interrumpas, Pedro", "No me interrumpas más", clamó el líder de Podemos ante las interrupciones constantes del socialista. Al final, se declaró "orgulloso" de tener en sus filas a sindicalistas que defienden los derechos civiles y no a exministros que están en consejos de administración. Y mientras intentaba parar la bofetada de Sánchez, le arreó otra a Rivera por la trayectoria profesional inventada del parlamentario madrileño César Zafra. "Ahora el 'y tú más' de PP y PSOE es el 'y tú más' de PSOE y Podemos", lamentó el presidente del partido naranja, que presumió de su estilo propositivo frente al "juego sucio" de sus adversarios. Aunque él no se privó de mentar a Monedero o de acusar al PSOE de poner de presidente de la Junta a un salpicado por corrupción, José Antonio Griñán. 

La última parte vivió el acalorado rifirrafe entre Sánchez e Iglesias a cuenta del cabeza de Podemos por Jaén: “No me interrumpas, Pedro“

De Vega intentó destensar el acalorado debate entre los tres y quiso profundizar en la cuestión de las propuestas. Rivera blandió su pacto anticorrupción, firmado por el PSOE en Andalucía y por el PP en comunidades como Madrid; Sánchez, la labor de jueces y fiscales y las medidas adoptadas en los tiempos de Zapatero, como la puesta en marcha de la UDEF y la Fiscalía Anticorrupción; presumió de transparencia (hasta enseñó a cámara su declaración de bienes) y defendió las cuotas en la política para garantizar un espacio a las mujeres, aprovechando de paso para cargar contra C's por apostar por una sociedad "machista". Iglesias, destacó la "garantía constitucional" para prohibir las puertas giratorias, los revocatorios para cargos públicos o publicar el nombre de los donantes de los partidos a partir de 5.000 euros. 

En el último minuto, Rivera hizo hincapié en la falta de un "proyecto común para España" que encarna su formación. Iglesias resumió el momento trascendental del 20-D en un "muchas gracias, 1978 y hola, 2016" y Sánchez combinó el "orgullo" del pasado, todos los avances conquistados desde la Transición, con los cambios del mañana. "El PSOE es más importante y necesario que nunca [...]. Sabemos hacerlo, lo hicimos y vamos a volver a hacerlo", remachó. 

Habían pasado casi dos horas de intenso y acalorado debate. Lo que no se estilaba hasta ahora en España. Un aperitivo de lo que vendrá. El 7, el careo a cuatro (los tres más Soraya Sáenz de Santamaría) y el 14, el duelo de Sánchez y Rajoy. Queda mucha tela por cortar en una campaña apretada y decisiva. 

Ningún patinazo y un objetivo común: cincelar la imagen del cambio frente al PP

El debate organizado por 'El País' y difundido a través de su web, de la cadena Ser y 13TV supuso la primera contienda de las tres que cruzarán la travesía del 20-D. No destacó ningún gran patinazo de los tres participantes. Y, a falta de Mariano Rajoy, los tres querían disputarse el voto del cambio y de lo nuevo. No renunció Pedro Sánchez, que desde el principio evocó la mochila del PSOE y subrayó lo que le une a Podemos y Ciudadanos, "las ganas de cambiar las cosas". Era el plan: aparecer "dentro del marco de lo nuevo", según fuentes de su equipo de campaña. 

Sánchez se situó en medio de sus dos rivales. Y de ambos tuvo que defenderse. A izquierda y derecha. Persiguiendo el centro. En cambio, las refriegas entre Albert Rivera y Pablo Iglesias fueron menos intensas. Los dos querían hacer sándwich al socialista. Pese a lo previsible de la estrategia, el líder de C's dejaba ver en ocasiones su nerviosismo. El de Podemos pasó de pedir tranquilidad a encararse abiertamente con Sánchez a cuenta de la corrupción. 

La puesta en escena no sorprendió. Rivera buscó un aire presidencial, con su traje 'slim fit' y su fina corbata. Sánchez recurrió a una imagen desenfadada y con su habitual camisa blanca. E Iglesias sacó de su armario su uniforme habitual: vaquero negro, camisa blanca remangada. Y coleta. 

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