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España invierte en más infraestructura gasística mientras infrautiliza la que ya tiene
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SURGEN LAS PRIMERAS VOCES CRÍTICAS

España invierte en más infraestructura gasística mientras infrautiliza la que ya tiene

Las regasificadoras funcionan a la mitad de su capacidad, las conexiones con Francia envían hidrocarburo hacia el sur... Estos son los datos que cuestionan el discurso oficial

Foto: La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y el CEO de Enagás, Arturo Gonzalo, en la estación de compresión de Irún. (EFE/Javier Etxezarreta)
La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y el CEO de Enagás, Arturo Gonzalo, en la estación de compresión de Irún. (EFE/Javier Etxezarreta)
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España está invirtiendo en nuevas infraestructuras gasísticas mientras mantiene las actuales muy por debajo de su potencial. Esta misma semana han finalizado las pruebas para aumentar en un 18% la capacidad de exportación hacia el resto de Europa y se han anunciado nuevos proyectos, mientras se ultima la apertura de la planta de almacenamiento de El Musel (Asturias). Sin embargo, los envíos a través de los Pirineos han disminuido en los últimos meses y las regasificadoras funcionan a medio rendimiento.

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La imagen suponía toda una declaración de intenciones: la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y el consejero delegado de Enagás, Arturo Gonzalo, presentaban las mejoras en la estación de compresión de Irún (Guipúzcoa) rodeados de banderas comunitarias. Al otro lado del Bidasoa, Francia. La Francia que bloquea el MidCat, un gasoducto que podría doblar la capacidad de enviar gas al país vecino y que el Gobierno todavía ve posible. "Es prematuro dar por enterrado el MidCat", proclamó la vicepresidenta tercera ante la frontera gala.

La política del Ejecutivo no se ha movido ni un solo milímetro en las últimas semanas, pese al portazo del Elíseo y la indolencia de la Comisión Europea. Incluso se podría decir que ya es una política de Estado: cuenta con el respaldo de la oposición, que defiende con matices el incremento de las interconexiones con Francia, y está coordinada con el gestor del sistema.

Foto: El canciller alemán, Olaf Scholz. (Reuters/Wolfgang Rattay)

Enagás presentó este verano un plan estratégico en el que se contemplan inversiones de 2.000 millones de euros durante esta década para rematar el propio MidCat, construir un gasoducto hacia Italia y mejorar los empalmes con Portugal. De momento, a partir del 1 de noviembre estará listo el incremento del potencial de bombeo desde Irún. Esto permitirá elevar la capacidad anual de exportación a Francia desde los 7.000 millones de metros cúbicos actuales hasta unos 8.500.

Durante los primeros meses tras el estallido de la guerra en Ucrania, las interconexiones funcionaron al límite de su capacidad para llevar el hidrocarburo al país vecino, pero el flujo se ha revertido hasta arrojar una gran paradoja: en agosto, España envió tres veces menos gas del que llegó de Francia, más interesada en alimentar nuestras centrales de ciclo combinado para recibir a cambio la electricidad subvencionada con la excepción ibérica y ayudar, así, a suplir el apagón nuclear. La tendencia de las salidas, de hecho, dibuja una curva descendente desde el pasado mayo.

Ya no hace falta irse a París para escuchar las primeras voces críticas con el discurso oficial

Ribera y Gonzalo también anunciaron durante la visita de este jueves a las instalaciones vascas que se adaptará el pantalán de la regasificadora del puerto de Barcelona para aumentar la capacidad de carga con pequeños buques hacia Italia. A esto se unirá la reapertura de la planta en el puerto gijonés de El Musel, aunque el Ejecutivo asegura que su puesta en marcha como almacén logístico de gas natural licuado (GNL) no supondrá un coste añadido a los 25 millones de euros que ya se destinaban cada año a su mantenimiento. La instalación podrá estar operativa a "principios de 2023", según la nota de prensa remitida por el ministerio en español e inglés, algo nada habitual y que demuestra el interés del Ejecutivo por que la posición española cale en las capitales del Viejo Continente, sedientas de gas tras el cierre del grifo ruso.

El discurso oficial despierta un gran consenso en torno a la idea de que estamos ante una oportunidad histórica para convertir a España en el nuevo 'hub' gasístico de Europa, pese a las fricciones con Argelia y la fuerte competencia de Roma, que no ha dudado en congraciarse con el país magrebí para arrebatarle a Madrid ese papel. Hasta ahora, todos veían la apuesta por las interconexiones como una prioridad estratégica. Pero algo está cambiando, y ya no hace falta irse a París para escuchar las primeras voces discrepantes.

Foto: Gasoducto que alimenta una central térmica. (iStock)

Este miércoles se presentaron en Madrid dos informes contrarios a las inversiones en nuevas infraestructuras. Sus promotores —la European Climate Foundation y el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA, por sus siglas en inglés)— son dos organizaciones internacionales conocidas por hacer 'lobby' en defensa de la transición energética, de la que excluyen el gas natural. Por eso no sorprende que sus conclusiones sean que el MidCat no es rentable —ya lo dijeron en su momento los reguladores a ambos lados de la frontera— y que los españoles estamos pagando la 'fiesta' a través de los cargos y peajes del recibo. "El exceso de capacidad ha contribuido a una elevada factura energética. El sistema regulatorio actual garantiza a Enagás una tasa fija de rentabilidad por inversiones en infraestructuras, independientemente de si el país realmente necesita o no esas instalaciones", denuncia uno de los estudios, dirigido por la analista del IEEFA Ana Maria Jaller-Makarewic.

Lo que sí sorprende es que los propios datos del operador del sistema, la Corporación De Reservas Estratégicas De Productos Petrolíferos (Cores) o la consultora IHS Markit, recogidos en el documento, den motivos para cuestionar la conveniencia de nuevas inversiones como las que (casi) todos defienden. No se trata solo de que las interconexiones con Francia hayan funcionado por debajo de su capacidad durante casi todo el verano —agosto fue una excepción, pero por la gran cantidad de gas que recibió España—, sino de que nuestra joya de la corona, las plantas regasificadoras, continúan infrautilizadas.

La mayor regasificadora de España funcionó a un tercio de su capacidad en el primer semestre

España, con seis instalaciones, acapara un tercio de la capacidad del continente, que hasta ahora se consideraba innecesaria, dada la redundancia con los tubos que traen el hidrocarburo desde el Magreb. De hecho, la tasa media de uso de esas plantas y de los gasoductos de importación fue de un discreto 37% entre 2015 y 2020.

Sin embargo, durante los últimos meses todo ha cambiado, y España ya importa tres cuartas partes de su gas a través de barcos metaneros, según los informes del operador del sistema. En un momento en que nuestro país ha reducido a casi la mitad las llegadas por conducto a través de Argelia y se ha echado en brazos del GNL de Estados Unidos, que ya es el primer proveedor nacional, lo lógico es que las regasificadoras empezaran a operar a una capacidad superior. Nada más lejos de la realidad.

Foto: Un gasoducto. (EFE/Pawel Supernak)

El índice de utilización de las instalaciones que permiten devolver el hidrocarburo a su estado original para inyectarlo en el sistema ronda el 50%. De hecho, no ha superado el 56% en ningún momento durante los últimos tres años, "a pesar del aumento de los volúmenes importados", destaca el estudio de Jaller-Makarewic. Un dato demoledor: la planta de Barcelona, que tiene el mayor potencial de regasificación de España, ha operado a una media de un tercio de su capacidad durante el primer semestre de este año.

Fuentes del sector consultadas por El Confidencial aseguran que resulta mucho más barato construir nuevas plantas en los Estados del norte de Europa, como están haciendo Alemania o los Países Bajos, que invertir miles de millones de euros en gasoductos que permitan aprovechar el potencial ocioso que acumula España. De momento, el Gobierno y Enagás defienden las obras, pero la última palabra, como siempre, la tendrá Bruselas. Sin su dinero, los proyectos están condenados a volver al cajón del que salieron cuando el Kremlin lanzó sus tanques hacia Kiev.

España está invirtiendo en nuevas infraestructuras gasísticas mientras mantiene las actuales muy por debajo de su potencial. Esta misma semana han finalizado las pruebas para aumentar en un 18% la capacidad de exportación hacia el resto de Europa y se han anunciado nuevos proyectos, mientras se ultima la apertura de la planta de almacenamiento de El Musel (Asturias). Sin embargo, los envíos a través de los Pirineos han disminuido en los últimos meses y las regasificadoras funcionan a medio rendimiento.

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