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Midcat, de gasoducto redundante a engranaje crucial de la autonomía energética europea
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UNA GRAN OPORTUNIDAD ESTRATÉGICA

Midcat, de gasoducto redundante a engranaje crucial de la autonomía energética europea

La infraestructura, pensada para exportar el triple de gas del que recibe, carece de sentido en el mercado actual. Pero el plan de Bruselas para independizarse de Putin lo puede cambiar todo

Foto: Una estación de compresión de gas. (Reuters/Vasily Fedosenko)
Una estación de compresión de gas. (Reuters/Vasily Fedosenko)
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"Los tambores de guerra en Ucrania dan alas al gasoducto entre Cataluña y Francia". La noticia, firmada por Marcos Lamelas, data de la primavera de 2014, pero cualquiera diría que es de anteayer. Han pasado ocho años y una célebre frase de Karl Marx resuena en Kiev bajo el ruido de las bombas rusas: "La historia se repite dos veces, la primera como tragedia...". Y la segunda como farsa, completarían desde Barcelona los defensores —que no son pocos, y cada vez más del Midcat. Su escepticismo tras las frustraciones del pasado resulta tan inevitable como la esperanza de que esta vez sea distinto.

Foto: Varias tuberías de gas al sudeste de Polonia. (Efe)

La infraestructura que centra todos los debates en Cataluña —y se va abriendo paso en la agenda capitalina— afronta su tercera oportunidad con más apoyo que nunca, pero las mismas posibilidades de siempre. No parecen demasiadas: en estos momentos, nada hace indicar que el veto de Francia, gran opositora al proyecto y principal responsable de su paralización definitiva en 2018, haya cambiado. Sin embargo, todo se ha movido más allá del Elíseo. Tanto, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha pasado del desdén a la ambigüedad y de la ambigüedad al entusiasmo en solo unos días. Tanto, que este jueves proclamaba a las puertas del Palacio de Versalles, símbolo de la 'grandeur' del Estado que ha sepultado la idea: "Esas interconexiones se tienen que hacer. Es el momento de que las pongamos en marcha".

¿Qué ha sucedido en este tiempo? Lo primero, el estallido del mayor conflicto en el Viejo Continente desde la Segunda Guerra Mundial. Lo segundo, el mayor paquete de sanciones de Occidente a la economía de un país que se recuerde. Lo tercero, el despertar de la Unión Europea como potencia geopolítica. Y lo cuarto, y más importante, la voluntad inequívoca de rediseñar por completo el modelo energético de los Veintisiete para dejar de depender del gas ruso y lograr la ansiada autonomía estratégica.

Foto: Terminal de Enagás en el puerto de Barcelona. (Reuters/Nacho Doce)

Los países europeos se lanzaron a improvisar el nuevo modelo desde el mismo momento en que el presidente de Rusia, Vladímir Putin, lanzó sus tanques hacia el área de exclusión de la central nuclear de Chernóbil. Pero lo que parecía la enésima carrera desesperada, otro 'sálvese quien pueda' más, ha ido canalizándose hacia una solución coordinada. El coronavirus enseñó que los mercados persas solo benefician al adversario, como se pudo ver durante el caos en el abastecimiento de productos sanitarios durante las primeras semanas de la pandemia. Y Bruselas ha aprendido la lección: en solo 10 días no ha dado aún con el remedio para independizarse del Kremlin, pero ya tiene un horizonte. Continúan las discrepancias entre los Estados sobre el cómo —no hay más que ver las posiciones sostenidas en la cumbre versallesca—, pero al menos ya hay un qué y un cuándo. Y ambos benefician al Midcat como nunca antes.

El gasoducto ha pasado de ser una infraestructura redundante, apenas defendida por algunos altavoces mediáticos de Cataluña sin el aval de las cifras, a un engranaje que se puede antojar crucial para lograr la ambiciosa meta establecida por Bruselas: reducir en dos tercios las importaciones de gas ruso de aquí a final de año. La propuesta de la Comisión también contempla un abastecimiento defensivo que permita afrontar el invierno que viene con las reservas europeas al 90% de su capacidad. En la actualidad, estas se sitúan por debajo del 30%, con los países más dependientes del gas ruso en cifras cercanas a cero.

Un potencial desaprovechado

Lograr un cambio de semejante calado no es fácil. De hecho, "es jodidamente difícil", en palabras de Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo de la Comisión. De los 155.000 millones de metros cúbicos que la UE importa de Rusia cada año (155 bcm, en la jerga del sector), el Ejecutivo comunitario pretende reducir 100.000, y de ellos, solo 40.000 podrían ser compensados por las energías renovables y la eficiencia energética. Todo lo demás es gas, a saber: 50.000 millones de metros cúbicos de GNL, que entra licuado por los puertos y tiene que pasar por plantas regasificadoras para volver a inyectarse en el sistema, y otros 10.000 de importaciones a través de los ductos convencionales.

Solo con la capacidad regasificadora de España podría cubrirse un tercio del gas que Europa dejará de importar a Rusia

España, que depende en un testimonial 10% del gas ruso frente al 40% de la media europea, está en condiciones de erigirse en una vía privilegiada para introducir esa ingente cantidad que dejará de llegar por el este, ya que cuenta con un tercio de la capacidad regasificadora de todo el continente: 60 bcm, de los que aproximadamente la mitad son consumidos en el territorio nacional y unos 10 deben reservarse como garantía de suministro para Portugal. Solo con los 20 bcm restantes, las seis plantas españolas (Barcelona, Sagunto, Huelva, Cartagena, Mugardos y Bilbao) a pleno rendimiento podrían cubrir un tercio del vacío dejado por los canales rusos.

Podrían, pero no pueden. La escasa interconexión con Europa, que se reduce a un ducto en Navarra (Larrau) y otro en el País Vasco (Irún), con capacidad para transportar 7 bcm entre ambos, merma las potencialidades estratégicas con las que cuenta nuestro país. Aunque operasen al 100% y solamente en sentido Francia, el flujo a través de los Pirineos solo aliviaría 12% de las necesidades extraordinarias para compensar el cierre de los grifos en el este. Básicamente, porque apenas son suficientes para conducir el 12% de todo el gas natural licuado que puede regasificar España y poco más de un tercio del que puede llegar a exportar a Europa.

Foto: La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. (Fernando Alvarado/EFE)

Pero ¿y si la capacidad se dobla? Eso es lo que defienden los defensores del Midcat, que contaría con un volumen potencial ligeramente superior al de los dos gasoductos actuales juntos, lo que permitiría —sumadas todas las vías— transportar allende los Pirineos el 70% de los 20 bcm citados anteriormente. Claro que no lo haría hasta dentro de unos cinco o seis años, por lo que Madrid siempre ha sostenido que en ningún caso se debe confiar a esta infraestructura la salida del atolladero actual. Sin embargo, la ruptura total, y cada vez más irreversible, entre Putin y la Unión Europea ha convertido las dudas iniciales en una política comunitaria a largo plazo. Nadie sabe lo que puede pasar cuando termine la guerra, mas la estrategia de la Comisión ya habla de eliminar, completamente, las importaciones de gas ruso para 2030. Aunque sea hambre para hoy, el Midcat puede suponer pan para mañana.

Toca cambiar el concepto

Hasta ahora, la defensa del gasoducto no casaba ni con las prioridades de los Veintisiete, deudoras de la política de apaciguamiento con el Kremlin que promovía Alemania a través de la importación de energía, ni con la propia realidad. ¿Para qué construir un nuevo ducto si las exportaciones reales están por debajo del potencial de la infraestructura ya existente? Fuentes del sector recuerdan que tanto Larrau como Irún fueron pensados para introducir gas en España, no para exportarlo. Los datos oficiales corroboran esa percepción.

Si el gas continental es más barato que el GNL que llega a los puertos españoles, el flujo va hacia el sur. Si es más caro, va hacia el norte

El Confidencial ha consultado los informes de flujos de los últimos cuatro años, que ofrece la operadora del sistema (Enagás), y la tendencia se repite: de 50 meses, solo en 7 el saldo neto fue negativo, es decir, solo en el 14% de las ocasiones se transportó más gas a Francia del que se recibió. "La Península Ibérica no puede seguir siendo una isla energética en Europa", proclamó Sánchez en Versalles. Siempre lo ha sido, pero en el sentido contrario al que muchos piensan: las escasas interconexiones se han utilizado hasta ahora en favor de las necesidades de abastecimiento de España, y no de nuestros vecinos europeos, que nadaron en la abundancia del gas ruso hasta que Putin decidió un 24 de febrero que Ucrania se estaba acercando demasiado a Occidente (de hecho, lo siguen haciendo, lo que contribuye a financiar la guerra).

Para completar el siempre problemático, y a menudo insuficiente, suministro argelino —en febrero representó solo el 23%, tras el fuerte descenso desde octubre por el cierre del Magreb-Europa—, España se ha beneficiado, durante mucho tiempo, de las importaciones desde Francia, que constituyeron un 7,7% del total en 2021. Pero este no viene de Rusia, sino principalmente de Noruega, explican fuentes del sector. El gas que llega a España procedente de la península siberiana del Yamal es GNL, y lo hace a través de trayectos en buque de 7,7 días de duración que normalmente finalizan en Bilbao u otras regasificadoras del norte.

Foto: Instalación de gas natural. (Reuters)

El funcionamiento del sistema resulta muy sencillo: depende de la oferta y la demanda, es decir, de los precios. A grandes rasgos, si el gas natural que se negocia en los mercados europeos —el de referencia está en la Bolsa de Ámsterdam— es más barato que el GNL que arriba de la propia Rusia —en febrero cayó a la mitad—, Nigeria y, cada con mayor frecuencia, Estados Unidos —ya exporta más a España por barco que Argelia por el ducto Medgaz—, el flujo irá hacia el sur de los Pirineos. Si es más caro, irá hacia el norte. Todo ello condicionado por las oportunidades de negocio de las comercializadoras, que combinan el cumplimiento de los contratos a largo plazo con la mayor flexibilidad que ofrece el mercado 'spot' para satisfacer las variaciones en la demanda.

El balance global es el de siempre: en los últimos doces meses, se importó más a través de las conexiones con Francia de lo que se exportó, según el informe de enero de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores). Y eso que las exportaciones se han multiplicado por tres respecto al mismo periodo del año anterior. Fuentes del sector atribuyen este dato al parón de las centrales nucleares que se produjo en el país vecino a finales de 2021, que aumentó la demanda, y descartan cualquier vinculación con la crisis de Ucrania. Las consecuencias de la nueva política europea, dicen, podrían empezar a percibirse a partir de abril, cuando debe iniciarse la reducción de importaciones de gas ruso y el llenado de las reservas para afrontar el invierno.

Foto: Foto: Reuters/Maxim Shemetov.

Ni un solo dato permite afirmar que el Midcat haya sido necesario hasta ahora. Es más, en febrero se exportó a través de la conexión con Francia 17 veces menos de lo que se importó, según Enagás. Pero los indicios de que pueda resultar útil en el futuro alimentan las esperanzas en Cataluña (y no solo en Cataluña). Lo sugiere la Asociación Internacional de la Energía en este informe sobre cómo independizarse del gas ruso, al denunciar que se está desperdiciando la capacidad de regasificación de España por no contar con unos enlaces adecuados. También la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, que situó a nuestro país en el centro de la nueva estrategia energética durante una reciente visita a Madrid. Y hasta la propia ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que ya reivindica la obra si se dan tres condiciones: interconexión con Francia —a través del ducto Midi, que recorre el sur del país—, flexibilidad para transportar hidrógeno y financiación europea.

Parece algo nuevo, pero la idea de que Europa se beneficie del gas que entra por España ya estaba en el espíritu inicial del proyecto hace más de una década, cuando el flujo siempre nos llegaba a nosotros. Un informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) lo recuerda: el Midcat está diseñado para exportar el triple de gas a Francia del que recibe. Toca cambiar el concepto para volver a origen. Lástima que haya tenido que ser Vladímir Putin el encargado de recordárnoslo.

"Los tambores de guerra en Ucrania dan alas al gasoducto entre Cataluña y Francia". La noticia, firmada por Marcos Lamelas, data de la primavera de 2014, pero cualquiera diría que es de anteayer. Han pasado ocho años y una célebre frase de Karl Marx resuena en Kiev bajo el ruido de las bombas rusas: "La historia se repite dos veces, la primera como tragedia...". Y la segunda como farsa, completarían desde Barcelona los defensores —que no son pocos, y cada vez más del Midcat. Su escepticismo tras las frustraciones del pasado resulta tan inevitable como la esperanza de que esta vez sea distinto.

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