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El miedo a gastar mantiene la tasa de ahorro de los hogares en máximos
  1. Economía
CUENTAS NO FINANCIERAS DE LAS FAMILIAS

El miedo a gastar mantiene la tasa de ahorro de los hogares en máximos

El ahorro forzado acumulado durante la pandemia por los hogares sigue sin gastarse. La elevada inflación y la guerra han deteriorado la confianza en la economía. ¿El resultado? Las familias se vuelven más conservadoras

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86.547 millones de euros. Esto es lo que pudieron ahorrar los hogares españoles en 2021. La cifra representa el 11,4% de su renta disponible y, aunque está por debajo de los niveles alcanzados en 2020 —cuando el covid limitó la movilidad y, por lo tanto, elevó el ahorro forzoso—, todavía se sitúa muy por encima de la media de los últimos años. Entre 2012 y 2019 se movió en una horquilla que va del 5,6% al 8,3%. Para hacerse una idea de lo que significa el actual nivel de ahorro, solo hay que tener en cuenta que es una décima superior al máximo registro alcanzado en 2009, en plena debacle económica.

Esto significa, ni más ni menos, que en 2021 el efecto precaución continuó dominando el comportamiento económico de las familias, que gastan más cuando sus expectativas son mejores y menos cuando consideran que el futuro está sembrado de incertidumbres. En 2020, el año del covid, los hogares llegaron a ahorrar nada menos que 110.694 millones de euros (el 15% de su renta disponible), un récord histórico. Incluso superior a los niveles alcanzados en la anterior crisis económica.

El hecho de que las familias ahorren es muy relevante porque, además de reflejar su estado de ánimo económico, muestra la existencia de un colchón de seguridad que se irá convirtiendo en liquidez, en más gasto, a medida que aumente la confianza en la economía, que es, justamente, lo que ahora se está deteriorando con el alza en vertical de los hidrocarburos y de la electricidad. Además, como es obvio, de la preocupación por las consecuencias de la guerra en Ucrania.

Este deterioro de las expectativas se refleja con toda nitidez si se observa la evolución del gasto en consumo final de los hogares, que es todavía muy inferior, pese a que se ha recuperado prácticamente el nivel de empleo, al que había en 2019. Ese año, los hogares pudieron comprar bienes y servicios por un valor de 713.638 millones de euros, pero el año pasado, pese a la recuperación respecto del año anterior, la cifra finalmente alcanzada fueron 669.734 millones de euros. Eso quiere decir que todavía faltan 43.904 millones de euros para recuperar los niveles de gasto previos a la pandemia.

La confianza cae en picado

Esto es lo que explica que el consumo familiar sea, precisamente, la rúbrica más retrasada en la recuperación respecto de otros países pese a que tanto la política fiscal como la monetaria son claramente expansivas. Esto se explica, fundamentalmente, por la desconfianza en el futuro económico. Así lo refleja el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), que elabora el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que muestra que en marzo se situó en 53,8 puntos, lo que representa 36 puntos menos que el dato del mes anterior y es la mayor caída intermensual registrada en toda la serie histórica.

El CIS lo achaca a la mala evolución de sus dos componentes: la valoración de la situación actual (-31,4 puntos) y la valoración de las expectativas (-40,5 puntos). Es decir, existe una desconfianza general que se traduce en más ahorro y menos inversión respecto de lo que cabría esperar si no existieran los principales factores que la motivan: inflación o guerra de Ucrania.

Los datos de las cuentas no financieras, que presenta trimestralmente el Instituto Nacional de Estadística, son la mejor fotografía de la situación real de las familias en el plano económico de forma agregada, y lo que muestran es que los hogares tuvieron el año pasado una capacidad de financiación equivalente a 19.067 millones de euros.

Foto: Foto: EFE/J.J. Guillén

La cifra es tan significativa que supone nada menos que el 84% del superávit exterior que tuvo España el año pasado, y que ascendió a 22.669 millones de euros, un 1,9% del PIB. La cifra contrasta con lo que ha sucedido en las administraciones públicas, que acumularon un déficit equivalente a 82.819 millones de euros. Tan imponente desequilibrio fue compensado con los superávits de las instituciones financieras (40.893 millones) y las empresas (45.558 millones).

La literatura económica, como ha recordado en ocasiones el Banco de España, avala la idea de que los hogares deciden mantener un nivel de ahorro relativamente elevado porque anticipan, entre otros factores, futuras subidas de impuestos en respuesta al notable incremento de la deuda pública que se ha producido en esta crisis. Ayer se conoció que el déficit público cerró el año pasado en el 6,8% del PIB, mientras que el endeudamiento público se situó en el 118,4% del PIB.

Con todo, el factor que más influye en el comportamiento de los hogares es el miedo a la inflación, que devora su capacidad de compra. Esto se expresa a través de sus ahorros en depósitos, que han crecido un 4,9% en los últimos 12 meses, hasta alcanzar los 964.600 millones de euros, según datos del Banco de España. Con una inflación media superior al 5% durante ese periodo, ahora es del 9,8%, eso significa una pérdida de poder adquisitivo equivalente alrededor de 50.000 millones de euros solo en el caso de los hogares. Las empresas, igualmente, también sufren porque tienen capacidad de financiación y ahorran. En total, 305.400 millones de euros colocados en depósitos.

86.547 millones de euros. Esto es lo que pudieron ahorrar los hogares españoles en 2021. La cifra representa el 11,4% de su renta disponible y, aunque está por debajo de los niveles alcanzados en 2020 —cuando el covid limitó la movilidad y, por lo tanto, elevó el ahorro forzoso—, todavía se sitúa muy por encima de la media de los últimos años. Entre 2012 y 2019 se movió en una horquilla que va del 5,6% al 8,3%. Para hacerse una idea de lo que significa el actual nivel de ahorro, solo hay que tener en cuenta que es una décima superior al máximo registro alcanzado en 2009, en plena debacle económica.

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