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El ahorro de los hogares repunta y deja entrever un aumento de las incertidumbres
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SE SITÚA EN EL 10,9% de la RENTA DISPONIBLE

El ahorro de los hogares repunta y deja entrever un aumento de las incertidumbres

La economía crece, pero también las incertidumbres. Esto es lo que señala la tasa de ahorro de los hogares, que ha vuelto a crecer en el tercer trimestre. Es decir, antes de la sexta ola

Foto: Vista de una tienda de ropa en Bilbao. (Reuters/Vincent West)
Vista de una tienda de ropa en Bilbao. (Reuters/Vincent West)
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El grado de incertidumbre de una economía se puede medir de muchas formas, pero es probable que la más precisa sea la tasa de ahorro. Hay evidencias de que los agentes económicos —familias y empresas— tienden a ahorrar su renta disponible cuando el futuro no está despejado, y, por el contrario, tienen más propensión a gastar en la medida que aumenta su confianza. Y lo que ha sucedido en el tercer trimestre de este año es un claro ejemplo.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran, en concreto, que eliminando los efectos estacionales y de distinto calendario, la tasa de ahorro de las familias creció durante ese periodo en 1,7 puntos, hasta el 10,9% de su renta disponible. Lo relevante es que se interrumpe la senda de reducción del ahorro que se había venido produciendo desde el segundo trimestre de 2020, cuando las restricciones a la movilidad —los hogares tenían más limitaciones para gastar— llevaron la tasa de ahorro hasta un histórico 22,3% de su renta disponible. Solo en el primer trimestre de este año, aunque de una manera mucho más suave, se produjo un ligero aumento, en aquel momento por las malas condiciones climatológicas (tormenta Filomena) y por un repunte de los casos de covid.

Ahora, sin embargo, la tasa de ahorro ha vuelto a crecer de forma significativa, pero sin que en el tercer trimestre de este año (antes de la sexta ola) se haya producido un incremento relevante de los casos de covid o de las restricciones a la movilidad. El verano, de hecho, funcionó cerca de la normalidad en el caso del turismo nacional y todavía alejado en el extranjero. El resultado es que la tasa de ahorro se sitúa hoy en los mismos niveles que existían en 2011 (un 10,7%). Es decir, en medio de la segunda recesión de la economía española tras haberse pinchado la burbuja de crédito.

Esto explicaría, en parte, la pobre evolución del consumo privado respecto de lo que cabría suponer en un contexto más favorable, y significa, ni más ni menos, que la recuperación económica —financiada, precisamente, con el ahorro— tardará más en llegar. No será tan rápida como cabía prever hace pocos trimestres.

Ahorro y reglas fiscales

La literatura económica, como ha recordado en alguna ocasión el Banco de España, avala la idea de que los hogares deciden mantener un nivel de ahorro relativamente elevado porque anticipan futuras subidas de impuestos en respuesta al notable incremento de la deuda pública que se ha producido en esta crisis. Y en este sentido, cabe recordar que las reglas fiscales, que permiten barra libre presupuestaria a los gobiernos, volverán a estar vigentes, previsiblemente, en 2023.

Foto: Foto: iStock.

Además, algunos trabajos, como recuerda el Banco de España, han identificado posibles secuelas negativas de esta crisis sobre el gasto futuro. En particular, las situaciones extremas que se han producido en los últimos meses “podrían modificar estructuralmente el patrón de comportamiento de los individuos, haciéndolos más propensos a ahorrar en la medida en que pasen a asignar una mayor probabilidad a este tipo de eventos extremos”.

El Ministerio de Economía, en concreto, confió en el Programa de Estabilidad parte de la recuperación de la demanda interna y, en particular, del consumo privado a la evolución del mercado laboral (lo que sí se está cumpliendo) y a la utilización de la bolsa de ahorro forzoso generado en 2020. No es el caso. Esto quiere decir que la reducción de la tasa de ahorro precautorio y forzoso de los hogares será muy progresiva. Hasta el punto de que habrá que esperar a 2024, como estima el propio departamento de Calviño, para volver a niveles semejantes a los registrados en 2019, antes de la pandemia.

Esta moderación en la utilización del ahorro tiene causas estructurales, como el envejecimiento, pero también coyunturales. En este último caso, derivadas de la naturaleza de la actual crisis, que ha castigado con mayor intensidad a las rentas bajas, cuya propensión al gasto es mayor (las familias gastan casi todos sus ingresos porque no tienen capacidad para ahorrar); mientras que, por el contrario, ha tenido un efecto menor en las rentas altas, cuya propensión al ahorro es mayor (no gastan todos sus ingresos). Sobre todo si se trata de personas de más edad que ya tienen en régimen de propiedad su vivienda.

Foto: Una camarera trabaja en una cafetería de Toledo. (EFE/Ismael Herrero)

El gasto en consumo de los hogares, como se sabe, es la clave de bóveda de la economía. No en vano, en el tercer trimestre de este año lo que gastaron las familias ascendió a 168.148 millones de euros, lo que significa un aumento del 3,3%. El ahorro, por su parte, llegó a los 6.547 millones, por debajo del mismo periodo del año 2020, pero hay que tener en cuenta que por entonces había más restricciones a la movilidad. Es decir, había más ahorro obligado.

Lo que ha sucedido en el tercer trimestre de este año, en todo caso, tiene otra novedad relevante: el incremento de la inflación. Y entre julio y septiembre fue, precisamente, cuando se comenzó a visualizar de una manera nítida el repunte del IPC, que empezó el verano en el 2,7% y acabó en el 4%. En la literatura económica hay múltiples evidencias de que hogares y empresas tienden a gastar menos cuando los precios suben, y eso lo que hace es engordar el ahorro. Es decir, se retrasan las decisiones de compra a la espera de que bajen los precios. Y la inflación, cabe recordar, ha acabado en el 6,7% anual, o en el 3,1% si se tiene en cuenta la media del ejercicio.

El grado de incertidumbre de una economía se puede medir de muchas formas, pero es probable que la más precisa sea la tasa de ahorro. Hay evidencias de que los agentes económicos —familias y empresas— tienden a ahorrar su renta disponible cuando el futuro no está despejado, y, por el contrario, tienen más propensión a gastar en la medida que aumenta su confianza. Y lo que ha sucedido en el tercer trimestre de este año es un claro ejemplo.

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