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España retrocede a la casilla de salida del euro: la brecha del PIB per cápita vuelve a 1999
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Pierde la convergencia lograda

España retrocede a la casilla de salida del euro: la brecha del PIB per cápita vuelve a 1999

La convergencia ha sido un espejismo para España. El euro, que en un primer momento contribuyó a inflar la burbuja inmobiliaria, no ha sido aprovechado para dar un salto de calidad cualitativo

Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (EFE/Armando Babani)
La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (EFE/Armando Babani)
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En el año 1999, cuando se introdujo el euro, el PIB per cápita de España era casi un 30% inferior al de la eurozona*. Llegaba a ese momento después de una intensa fase de convergencia interrumpida desde la entrada en la Unión Europea y el mercado único. Durante los años posteriores, España disfrutó de los beneficios de tener una moneda fuerte y unos tipos de interés bajos y aceleró esta senda de convergencia. Una década después había recortado este diferencial en nada menos que 14. Logrado tal hito, alguno se atrevió a celebrar que España había entrado ‘en la Champions League de la economía’.

Era un espejismo, como bien sabemos hoy. Las ventajas del euro se utilizaron para inflar una burbuja inmobiliaria, pero no se emplearon en mejorar el capital productivo del país. El país tuvo que hacer una digestión lenta de los excesos del 'boom' financiero. Durante cinco años largos y duros el país estuvo perdiendo una buena parte de la convergencia lograda y hasta 2014 no comenzó realmente la recuperación. El problema es que, una vez purgados los excesos de la burbuja, España no consiguió volver a la senda de convergencia. Durante todo el anterior ciclo expansivo, aunque el PIB sí que creció más rápido que el de la eurozona, no lo hizo así el PIB per cápita, que prácticamente no mejoró, lo que evidencia un crecimiento con poca productividad. El país suma ya más de una década sin saber a qué sabe la convergencia en términos de valor añadido por habitante.

Foto: Imagen de la plaza de Colón en Madrid. (Reuters/Susana Vera)

En estas se encontraba España cuando estalló la pandemia del coronavirus y llegó una recesión como no había visto el país en casi un siglo, siendo el más afectado de Europa. En esa caída se perdió lo que quedaba de la convergencia con la eurozona. En 2021 la brecha de España con el PIB per cápita de Europa volvió a ampliarse, situándose, otra vez, un 30% por debajo de la media ponderada de la eurozona, según los datos publicados por Eurostat. Una distancia que no se veía desde el año 1999.

En concreto, el PIB per cápita de España fue de 25.410 euros frente a los 35.740 euros del conjunto de la eurozona. España vuelve a la casilla de salida del euro. La convergencia ganada ha desaparecido y ahora tiene el objetivo por delante de cimentar un crecimiento que incluya mejoras de la productividad para retomar la convergencia. De lo contrario, el crecimiento seguirá siendo extensivo y no intensivo: un avance por la incorporación de empleos de bajo valor añadido y no tanto por una mejora en la calidad del empleo.

Las comparativas de España con otros grandes países del euro también evidencian los pobres datos económicos cosechados por España en este periodo. La brecha respecto a Alemania superó en 2021 el 40%. Esto es, el PIB per cápita de España es poco más de la mitad del alemán: 24.400 euros frente a los casi 43.000 de Alemania. La brecha entre los dos países no solo ha crecido por la pandemia, sino que lleva ampliándose desde el año 2008 de forma casi ininterrumpida.

Si se compara con Francia, el diferencial del PIB per cápita escaló hasta el 31% en el año 2021, niveles idénticos a los que había hace dos décadas. La comparativa con Italia también es clarificadora, ya que el país es considerado el gran perdedor del euro en tanto que ha complicado gravemente la competitividad de su industria. España se ha comportado mejor que Italia durante el periodo de vida del euro, aunque los datos de la pandemia empañan esta comparativa. En el año 1998 España tenía un PIB per cápita casi un 30% inferior al de Italia y en el año 2020 la distancia se había recortado a la mitad, hasta el 15%. Si bien es cierto que la pandemia ha afectado más a España que a Italia, la realidad es que España lo ha hecho mejor que Italia durante todo este tiempo.

Un consuelo menor que no oculta todos los males económicos de España. Los problemas han sido ampliamente diagnosticados por la literatura económica. Los años de aparente convergencia se destinaron a la acumulación de capital físico en el sector inmobiliario que no transformaron el modelo productivo, pero que dejaron un agujero en forma de deuda que el país ha pagado durante años.

España desaprovechó entonces los beneficios de la pertenencia al euro y capitalizó solo las desventajas. Ahora, más de dos décadas después, tiene (al igual que Italia) otra gran oportunidad para impulsar su productividad gracias a los fondos europeos del programa Next Generation. España e Italia serán los países que más recursos reciban, la clave es si los utilizarán correctamente para impulsar un cambio de modelo productivo. La evolución de la convergencia de las próximas dos décadas está en juego.

Sorpaso de Eslovenia y Lituania

Eurostat ha publicado también los datos del PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPP) para los países europeos correspondientes al año 2020. Este indicador tarda un año más en caer, ya que es necesario hacer el ajuste del coste de la vida en los distintos países. Es el indicador que más se utiliza a la hora de hacer comparaciones internacionales y el saldo del año de la pandemia no deja en buen lugar a España.

Foto: Foto: iStock.

En 2020 Eslovenia y Lituania superaron a España en PIB per cápita. Si bien este sorpaso estuvo acelerado por la pandemia, que afectó especialmente a España, también es cierto que los países del este ya venían recortando terreno en los años anteriores. De hecho, Chipre y la República Checa hicieron este sorpaso en 2019, antes de la crisis del coronavirus. Estonia es el siguiente país que viene pisando fuerte, ya que en 2020 se quedó apenas un 0,3% por debajo del PIB per cápita de España.

Es cierto que España podría recuperar estos puestos perdidos por la coyuntura de la guerra en Ucrania, puesto que los países del este tienen conexiones económicas mucho más fuertes con Rusia y con la propia Ucrania. Pero más allá de oscilaciones de corto plazo, la tendencia de fondo marca una clara progresión de las economías del este respecto a los países del suroeste del continente.

os datos muestran esta divergencia de fondo. Por ejemplo, en el caso de Eslovenia, hace dos décadas España tenía un PIB per cápita un 20% superior. Este diferencial fue recortándose incluso durante los años de la burbuja financiera, burbuja que, por otra parte, también experimentó Eslovenia y que estuvo a punto de ser rescatada como España. De hecho, en los años 2014 y 2015 esta brecha volvió a crecer. Sin embargo, a partir de 2016 volvió a reducirse rápidamente hasta el punto de que antes de la pandemia Eslovenia estaba ya solo un 2,6% por debajo de España. Situación perfecta para culminar el sorpaso.

La tendencia de fondo marca una clara convergencia de las economías del este. Ahora está por ver cómo atraviesan la crisis de Rusia y, sobre todo, cómo afrontan el siguiente paso en su fase de convergencia: pasar de competir en bajos salarios a competir en valor añadido. Este es el gran reto en el que España ha tropezado y al que, poco a poco, se ven enfrentados estos países.

(*) Para hacer la comparativa de la serie histórica respecto a la eurozona se utiliza la composición actual de 19 países. Si se tiene en cuenta la composición de la eurozona en cada momento (miembros de cada año), las diferencias no son relevantes, ya que la ampliación hacia el este de la moneda común incorporó a países con un peso reducido sobre el PIB total.

En el año 1999, cuando se introdujo el euro, el PIB per cápita de España era casi un 30% inferior al de la eurozona*. Llegaba a ese momento después de una intensa fase de convergencia interrumpida desde la entrada en la Unión Europea y el mercado único. Durante los años posteriores, España disfrutó de los beneficios de tener una moneda fuerte y unos tipos de interés bajos y aceleró esta senda de convergencia. Una década después había recortado este diferencial en nada menos que 14. Logrado tal hito, alguno se atrevió a celebrar que España había entrado ‘en la Champions League de la economía’.

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