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El economista español en la Fed: el riesgo es causar una recesión para frenar la inflación
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Francisco Vázquez-Grande

El economista español en la Fed: el riesgo es causar una recesión para frenar la inflación

La escalada de los precios supone ya una gran preocupación para los bancos centrales, tanto que se plantean medidas contundentes que amenazan la recuperación económica

Foto: Francisco Vázquez-Grande, durante la entrevista de EsadeEcPol. (Esade)
Francisco Vázquez-Grande, durante la entrevista de EsadeEcPol. (Esade)

La escalada de la inflación en Estados Unidos ha llevado al IPC a subir un 7,5% en el inicio del año. Se trata de la mayor alza registrada desde el año 1982. La mayor parte de los economistas que hoy están gestionando esta escalada de los precios nunca habían vivido un escenario similar, ya que durante cuatro largas décadas los precios se mantuvieron bajo control en las economías occidentales. Es el caso de un economista asturiano que ocupa un alto cargo en la Reserva Federal estadounidense: Francisco Vázquez-Grande, que es economista principal en la Junta de Gobernadores del mayor banco central del mundo y que sigue los pasos de David López Salido, director asociado del Departamento de Asuntos Monetarios.

Vázquez-Grande forma parte de la segunda hornada de economistas españoles que dieron el salto a las instituciones económicas y monetarias de primer nivel mundial con el cambio de siglo y que ahora ya gozan de una trayectoria consolidada y un importante prestigio dentro de la profesión. El último caso relevante ha sido el de Óscar Arce, que este año estrena cargo como director general de Economía del Banco Central Europeo.

Foto: Christine Lagarde, presidenta del BCE. (EFE/Julien Warnand)

Estos economistas, entre otros, son los encargados de gestionar el escenario actual de elevada inflación. Y, si bien las causas son muy diferentes a las de la década de los setenta, la persistencia de las presiones de precios ha mostrado que no se puede menospreciar este riesgo económico. Vázquez-Grande lo explica en un artículo y una entrevista publicados en el último 'Informe económico' de EsadeEcPol, donde reconoce que “todas las autoridades monetarias de Occidente están muy preocupadas por el reciente repunte de la inflación subyacente”.

La inflación subyacente es la que recoge la variación de los precios de los bienes y servicios que consumen las familias descontando la energía y los alimentos frescos, que son los componentes más volátiles del IPC. Esto es, lo que mide este indicador es hasta qué punto las tensiones inflacionistas se extienden por los sectores económicos más estables. En España la inflación subyacente registró un avance del 2,4% en enero, y en Estados Unidos alcanza ya la cifra preocupante del 6%.

"Las autoridades monetarias están muy preocupadas por la inflación subyacente"

Esto significa que la inflación está siendo más persistente de lo que esperaban los economistas hace apenas unos meses, pasando a ocupar una buena parte de sus preocupaciones. Vázquez-Grande explica que esta escalada de los precios se debe a los problemas de oferta resultantes de la pandemia y el rápido incremento de la demanda impulsada por las políticas fiscales de los países. “La caída del producto potencial unida a un incremento del producto real ha revivido la curva de Phillips transformada en inflación”, señala en su entrevista en EsadeEcPol. Esto es, aunque los estímulos de los gobiernos han conseguido sostener la demanda interna, la oferta no se ha mantenido al mismo nivel, lo que ha provocado tensiones de precios y ha reducido el desempleo, como ocurre en la mayor parte de países desarrollados.

El gran riesgo es que esta escalada de los precios se traslade a las expectativas de los agentes económicos. ¿Usted empieza a pensar que los precios seguirán subiendo? Si la respuesta es afirmativa, ahí está el peligro. Los bancos centrales necesitan romper este círculo vicioso y, para ello, las recetas que llevan funcionando medio siglo son el endurecimiento de la política monetaria. “Pocos dudan ya de la necesidad de políticas para revertir la subida de precios”, escribe el economista. Sin embargo, estas medidas tendrán un impacto negativo sobre la recuperación de la economía.

“El riesgo es que, para evitar que esto pase [frenar la inflación], se acabe provocando una recesión”, señala Vázquez-Grande. Este escenario de una recesión provocada por los bancos centrales para frenar la inflación no es nuevo, de hecho, fueron las medidas que impulsó Paul Volcker a finales de los setenta y que, a la larga, resultaron exitosas. Si el endurecimiento de la política monetaria da resultados para frenar la inflación en la primera fase, el riesgo de que provoquen una recesión será menor, pero si es necesaria una subida de tipos agresiva, el escenario de una contracción económica no es descartable. De hecho, para Vázquez-Grande es uno de los grandes retos a los que se enfrentará la Reserva Federal este año.

"El riesgo es que, para frenar la inflación, se acabe provocando una recesión"

Una de las claves estará en los precios de la energía, que han sido los que más han presionado la inflación desde mediados de 2021. Las tensiones geopolíticas como consecuencia del conflicto en Ucrania mantienen los precios del gas y del petróleo muy elevados, lo que supone un riesgo evidente para la estabilidad de precios. Vázquez-Grande apunta que este foco de inflación “es más difícil de contener para un banco central”, ya que no necesariamente responden a la evolución de la demanda. No hay más que ver los episodios de estanflación vividos en el pasado en los que la escalada de los precios energéticos no frenaba ni siquiera cuando la economía se estancaba o incluso se contraía.

El economista de la Fed también realiza una reflexión sobre el nivel de deuda pública y otros países desarrollados durante la pandemia. En el caso de España, la deuda pública se situó en el 119% del PIB al cierre del año 2021 con más de 1,4 billones de euros en el pasivo. Aunque se trata del nivel de deuda pública más alto nunca alcanzado, Vázquez-Grande resta dramatismo al dato. Si bien es cierto que la deuda pública es muy alta, el Tesoro se está financiando a un coste reducido, de modo que la carga de intereses se mantiene en el entorno del 2% del PIB.

"En un mundo con tipos reales muy negativos y en el que no parece que vayamos a pasar al equilibrio malo inflacionista, la deuda pública es sostenible a tipos relativamente bajos", explica el economista. De ahí que augure: "No parece que, a corto plazo, vaya a ser causa de una restricción de las políticas públicas". En otras palabras, no hay que fijarse en el montante de deuda en sí mismo, sino en el coste financiero que supone y, dada la caída estructural de los tipos de interés por diversos factores, por el momento no supone un riesgo financiero.

La inflación se moderará

Otro de los economistas que participan en el informe es el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, quien expone la interpretación de este ciclo inflacionista centrado en la eurozona. El gobernador señala los tres factores que están detrás del repunte de los precios: el ‘efecto base’ por los bajos precios registrados durante la pandemia, la intensa recuperación de la demanda con una oferta más lenta y la escalada de los costes de la energía.

Foto: El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. (Fernando Alvarado/EFE)

“La naturaleza de los tres factores mencionados sugiere que, en ausencia de perturbaciones adicionales, el repunte de la inflación que se ha observado hasta la fecha debería comenzar a desacelerarse a lo largo de 2022”, explica Hernández de Cos. Además, la nueva ola del virus de este invierno provocada por la variante ómicron ha frenado las expectativas de crecimiento de la demanda, lo que contribuiría a moderar los precios.

Sin embargo, si el IPC modera su avance, puede igualmente situarse por encima de la tasa de referencia del Banco Central Europeo, que es del 2%, dado que actualmente está en el 6%. El gobernador asume que existen riesgos sobre estas previsiones de moderación de la inflación que “no son desdeñables”. Entre ellos, están las tensiones geopolíticas en Ucrania, el contagio a la inflación subyacente de la escalada de los precios energéticos o el encarecimiento de costes a futuro provocados, o la persistencia de los cuellos de botella.

En definitiva, la inflación supone hoy un riesgo para la estabilidad macroeconómica y, si bien es cierto que las expectativas parecen ancladas en la estabilidad de precios, para consolidar esta situación podría ser necesario un esfuerzo en términos de políticas monetarias contractivas. Aunque parezca contradictorio, la gestión de esta fase del ciclo para los bancos centrales es incluso más complicada que la parte de las recesiones, ya que en ese momento lo óptimo es lo más sencillo: poner estímulos. Ahora, por el contrario, les llega el momento de vigilar la estabilidad en un momento en que la economía ha entrado en una fase de intenso crecimiento.

La escalada de la inflación en Estados Unidos ha llevado al IPC a subir un 7,5% en el inicio del año. Se trata de la mayor alza registrada desde el año 1982. La mayor parte de los economistas que hoy están gestionando esta escalada de los precios nunca habían vivido un escenario similar, ya que durante cuatro largas décadas los precios se mantuvieron bajo control en las economías occidentales. Es el caso de un economista asturiano que ocupa un alto cargo en la Reserva Federal estadounidense: Francisco Vázquez-Grande, que es economista principal en la Junta de Gobernadores del mayor banco central del mundo y que sigue los pasos de David López Salido, director asociado del Departamento de Asuntos Monetarios.

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