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Los temidos efectos de segunda ronda ya están aquí y retroalimentan la inflación
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Afecta a toda la cesta de la compra

Los temidos efectos de segunda ronda ya están aquí y retroalimentan la inflación

La subida de precios de la energía empieza a contagiarse también a varios productos de la cesta de la compra, lo que eleva la incertidumbre sobre el carácter temporal de la inflación

Foto: La inflación se extiende por los distintos bienes y servicios. (EFE/Chema Moya)
La inflación se extiende por los distintos bienes y servicios. (EFE/Chema Moya)
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La inflación ha sido el fenómeno económico imprevisto del año 2021. El gran cisne negro que ha afectado a empresas y familias restando renta disponible y generando una transferencia de recursos hacia los países productores de petróleo. Este salto de los precios, que parecía tener los días contados cuando la situación del comercio de bienes se normalizara, está mostrando una gran resistencia.

A estas alturas de 2022, todo apunta a que los precios de la energía seguirán altos durante el resto del año debido al conflicto de Ucrania. Esto significa que la energía seguirá generando tensiones inflacionistas al menos hasta el mes de septiembre. El motivo es que como la inflación se mide en tasas interanuales, el coste será superior al de 2021 al menos durante los nueve primeros meses del año por el efecto base.

Foto: Christine Lagarde, presidenta del BCE.

El problema es que una subida de precios tan brusca y persistente de la energía podría acabar generando los temidos efectos de segunda ronda sobre el resto de bienes y servicios que consumen los hogares. Esto es, cuando la subida de los costes de producción vaya permeando hacia los precios finales, que son los que pagan los consumidores. Este camino ya ha comenzado y, si bien todavía está en una fase inicial, ha roto las expectativas de los expertos, quienes pensaban que este camino nunca iba a comenzar.

Durante los primeros meses de encarecimiento de la energía a partir de la primavera de 2021, las empresas optaron por cargar estos costes sobre sus márgenes sin trasladarlos a los clientes por dos motivos. El primero, porque la recuperación del consumo era todavía muy débil y ninguna empresa quería arriesgarse a quedarse sin los pocos clientes que podía tener. El segundo, que la inercia de precios estancados o incluso a la baja de los últimos años pesaba sobre el comportamiento de empresas y también de consumidores. Sin embargo, a medida que la inflación de costes se ha consolidado y que los hogares ya saben que este riesgo es inevitable, las empresas han comenzado a trasladar la inflación a sus clientes.

Estos son los efectos de segunda ronda que amenazan con generar una espiral inflacionista en la que el encarecimiento de los bienes y servicios se retroalimente. El mejor ejemplo de cómo esto empieza a ocurrir es la subida de la inflación subyacente, la que excluye los productos energéticos y los alimentos frescos, que son los componentes con los precios más volátiles. Este indicador registró una inflación del 2,4% en enero, el dato más alto desde 2012, cuando la primavera árabe llevó el precio del petróleo a superar los 120 dólares el barril (un tercio más caro que ahora).

Sin embargo, lo más interesante es analizar la aceleración de los precios de los distintos bienes y servicios que consumen los hogares para comprobar hasta dónde llegan estos efectos de segunda ronda. La mejor forma de observar el desplazamiento de la inflación es con el siguiente gráfico:

El gráfico muestra cómo la curva de inflación se ha desplazado hacia la derecha desde junio hasta diciembre, lo que indica que la mayor parte de los productos han experimentado una subida acelerada de precios. El gráfico ordena los diferentes bienes y servicios por el nivel de inflación que soportan, ponderados en función del consumo de los hogares. Así, por ejemplo, en la curva de junio (pintada en azul), se observa que la mayor parte de los bienes y servicios consumidos por los hogares estaban prácticamente con los precios congelados. En concreto, el 20% del consumo de los hogares estaba con los precios estancados en el 0% y el 42% del consumo apenas subía un 1%.

Un estudio publicado la semana pasada por CaixaBank Research reflexiona sobre estos efectos de segunda ronda sobre la inflación. "Si estos efectos de segunda ronda son suficientemente severos y persistentes, el 'shock' alcista de la inflación podría acabar siendo mucho más perseverante y perdurar incluso después de la hipotética moderación de los precios energéticos y otros inputs", escribe el economista Màxim Ventura.

Foto: Varias personas pasan ante un escaparate en Madrid. (EFE/Mariscal)

Por el momento, los efectos de segunda ronda son modestos, ya que la mayor parte de los bienes y servicios soportan una inflación del entorno del 3%. Sin embargo, Ventura advierte que "viendo la tendencia que siguen los datos, el mensaje cambia: la situación ha empeorado notablemente desde septiembre". El desplazamiento generalizado de la curva de precios en apenas unos meses aumenta el riesgo de que estos efectos de segunda ronda sean más persistentes de lo esperado inicialmente. Sobre todo si las empresas han conseguido vencer ya la inercia de precios congelados y ya no tienen dudas en trasladar al precio final el encarecimiento de los costes intermedios.

La duda se resolverá cuando los precios energéticos dejen de subir. En ese momento se verá si los efectos de segunda ronda tienen suficiente fuerza como para seguir tirando de la inflación al alza. Por el momento, el riesgo sigue siendo moderado porque no hay subidas de precios desbocadas, pero este riesgo es hoy mucho más cierto que hace apenas cuatro meses.

La inflación ha sido el fenómeno económico imprevisto del año 2021. El gran cisne negro que ha afectado a empresas y familias restando renta disponible y generando una transferencia de recursos hacia los países productores de petróleo. Este salto de los precios, que parecía tener los días contados cuando la situación del comercio de bienes se normalizara, está mostrando una gran resistencia.

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