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El aumento de la desigualdad durante la pandemia lastra la recuperación de España
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Frena el crecimiento del consumo

El aumento de la desigualdad durante la pandemia lastra la recuperación de España

Los expertos esperaban una rápida liberación del ahorro embalsado que estimularía la recuperación del consumo de los hogares, sin embargo, en el cierre del año estaba todavía un 8% por debajo de los niveles precrisis

Foto: Varias personas pasan ante un escaparate en Madrid. (EFE/Mariscal)
Varias personas pasan ante un escaparate en Madrid. (EFE/Mariscal)
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La caída de la renta disponible de los hogares es una de las explicaciones del retraso en la recuperación del PIB de España en comparación con el resto de Europa. Sin embargo, la renta de las familias ha caído menos que el consumo, lo que no deja de resultar sorprendente. En concreto, en el tercer trimestre de 2021 la renta disponible de los hogares era un 2,2% inferior a la del año 2019, sin embargo, el consumo era todavía un 5,8% inferior. Esto es, el consumo ha caído el triple (ambos datos en precios corrientes).

La divergencia de los dos indicadores viene explicada, en gran medida, por el aumento de la desigualdad durante la pandemia. Las transferencias del sector público contribuyeron a reducir el incremento de la desigualdad de mercado gracias a los ERTE y las prestaciones de desempleo, pero este escudo social fue insuficiente para cubrir a las rentas más bajas y a los jóvenes. Por el contrario, las rentas altas y los jubilados mantuvieron sus ingresos estables, lo que les permitió incrementar rápidamente su ahorro.

Foto: EC Diseño.

Una serie de estudios de CaixaBank Research elaborados por Javier García-Ardenas, Alberto Graziano, Eduard Llorens y Màxim Ventura y publicados en la revista 'Nuevos Paradigmas 2022' pone números a la evolución del consumo y de los ahorros a partir de los datos de los clientes de la entidad. Por primera vez se estiman las diferencias por tramos de renta y por edades, lo que permite analizar cuál fue el impacto de la crisis sobre los distintivos ciudadanos y cómo esto está afectando a la recuperación económica.

Lo que muestran estas cifras es que el ahorro forzoso durante los meses más complicados de la pandemia se concentró en las rentas altas y los jubilados, mientras que los jóvenes y las rentas bajas apenas tuvieron margen para ahorrar debido a la caída de sus ingresos. De hecho, aunque el 'escudo social' minimizó el incremento de la desigualdad de mercado, el índice de Gini (una de las principales metodologías para el cálculo de la desigualdad) refleja un importante incremento durante los tres primeros trimestres de 2020, marcando niveles nunca antes vistos en la serie del INE. Si bien es cierto que la protección social redujo en dos terceras partes la desigualdad de mercado, principalmente gracias a los ERTE, no consiguió proteger a todos los trabajadores, dejando especialmente descubiertas a las clases bajas y los jóvenes.

Los cálculos de CaixaBank apuntan a que casi el 60% del exceso de ahorro durante el año 2020 lo acumularon los mayores de 60 años. En total, acumularon 27.000 millones de euros a lo largo del año, diez veces más del que acumularon los jóvenes de entre 16 a 19 años. En cuanto al reparto del ahorro por tramos de ingresos, las rentas altas y medias-altas (el 40% con más ingresos) sumaron un ahorro adicional de 29.000 millones de euros, algo más del 60% del total.

En el extremo opuesto se sitúan los jóvenes y las rentas bajas, cuya capacidad de ahorro fue mínima a pesar de la reducción forzosa del consumo que se produjo por las restricciones. El problema para estos grupos sociales fue que el ahorro forzoso vino acompañado de una caída de sus ingresos, principalmente por la destrucción de empleos temporales y de economía sumergida, donde estos grupos sociales son mayoría.

Este reparto de la renta durante la pandemia ha jugado un papel clave en la recuperación económica. Las expectativas de una rápida liberación de la demanda embalsada, esto es, las compras que los hogares pospusieron durante la pandemia, ha resultado ser un espejismo. De hecho, durante el pasado verano (tercer trimestre de 2021) la tasa de ahorro todavía era superior a la existente antes de la crisis, situándose cerca del 11% de la renta disponible, lo que contrasta con el 8,25% del año 2019.

Sin embargo, si se analiza por grupos sociales, se observa que el ahorro se liberó rápidamente en el caso de los jóvenes y las rentas bajas, mientras que las rentas altas y los séniors todavía mantienen un colchón de ahorro elevado. Todo el ahorro forzoso que acumularon las rentas bajas (el 40% con menos ingresos) durante el año 2020 lo consumieron en 2021. Sin embargo, su capacidad para tirar de la demanda fue muy baja, ya que su ahorro apenas representaba un 13% del total. De hecho, los hogares del primer quintil de renta (el 20% con menos recursos) no solo agotaron su ahorro, sino que también incrementaron su deuda para consumir.

Por el contrario, las rentas superiores han utilizado una parte menor de su ahorro que, en su gran parte, sigue embalsado. En concreto, el último quintil de renta apenas utilizó en 2021 un tercio de su ahorro, el resto, más de 11.000 millones, sigue estancado. El resultado es que las el 20% con mayores ingresos acumulan la mitad del exceso de ahorro generado durante la pandemia hasta ahora, mientras que al 40% con menos renta ya no le queda nada.

Esta distribución del ahorro por hogares y la diferente propensión al consumo explica que la liberación del consumo embalsado esté siendo tan lenta. De hecho, ahora que los hogares con menos recursos han agotado todo su ahorro forzoso de la pandemia, es previsible que el resto del dinero se movilice más lentamente. Esto explica que la recuperación del consumo esté siendo tan lenta y que se haya comportado mucho peor que la renta disponible.

En este punto, el crecimiento del consumo estará más vinculado a la creación de empleo y las subidas de los salarios más precarios que a la liberación de la demanda embalsada. Esto es, que crezcan los ingresos de los hogares con menos recursos, ya que son quienes dedicarán la mayor parte de su renta al consumo. Por el contrario, el crecimiento de las rentas de las familias más acomodadas supondrá un freno adicional a la liberación de la demanda embalsada durante la pandemia.

La caída de la renta disponible de los hogares es una de las explicaciones del retraso en la recuperación del PIB de España en comparación con el resto de Europa. Sin embargo, la renta de las familias ha caído menos que el consumo, lo que no deja de resultar sorprendente. En concreto, en el tercer trimestre de 2021 la renta disponible de los hogares era un 2,2% inferior a la del año 2019, sin embargo, el consumo era todavía un 5,8% inferior. Esto es, el consumo ha caído el triple (ambos datos en precios corrientes).

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