El BdE se suma al FMI y pide manos libres para luchar contra la inflación sin presiones políticas
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El BdE se suma al FMI y pide manos libres para luchar contra la inflación sin presiones políticas

Todo indica que los bancos centrales comienzan a preparar el terreno para un endurecimiento gradual de la política monetaria ante la persistencia de altas tasas de inflación

Foto: Sede del Banco de España. (iStock)
Sede del Banco de España. (iStock)
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La inflación comienza a agitar la política monetaria. Y no precisamente en la dirección de los últimos años: tipos de interés ultra bajos para combatir la pandemia económica. Primero fue el Fondo Monetario Internacional (FMI) quien pidió en su último informe de perspectivas que los bancos centrales tuvieran manos libres para actuar en aras de controlar la inflación. Y ahora lo ha hecho el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, miembro del consejo de gobierno del BCE, quien ha reivindicado la independencia de los bancos centrales a la hora de actuar contra el alza imparable de los precios.

No parece casualidad la coincidencia en el tiempo de ambas instituciones. Todo indica que los bancos centrales comienzan a preparar el terreno para un endurecimiento gradual, aunque no inmediato, de la política monetaria ante la persistencia de altas tasas de inflación, que en los últimos meses siempre han querido ver como un fenómeno transitorio y temporal, pero que en Fráncfort comienza a preocupar de forma cada vez más intensa. Y el primer paso es dejar bien claro que los bancos centrales son independientes del poder político. Es decir, que si tienen que actuar, lo harán y aguantarán el pulso.

“Cuando la autoridad monetaria no es independiente y, atendiendo a objetivos de corto plazo, utiliza la política monetaria para estimular la demanda de forma repetida y por encima de lo que sería coherente con su objetivo de inflación, se genera un sesgo inflacionista”, ha dicho Hernández de Cos en el Consejo General de Economistas, donde ha recibido la Gran Cruz al Mérito en la Economía. Todo un aviso a navegantes en unos momentos en que existe un fuerte debate sobre la naturaleza y el recorrido de la inflación (3,4% en la eurozona y un 4% en España). Es decir, si es pasajera o calará, como la lluvia fina, en el sistema productivo con alzas de segunda ronda.

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Y lo que temen los bancos centrales es que emerjan presiones políticas para evitar que se endurezca la política monetaria —tipos de interés más elevados o reducción significativa de los programas de compras de activos públicos—, porque eso puede enfriar la recuperación, además del impacto que puede tener en términos electorales (elecciones en Francia en 2022). La inflación castiga, sobre todo, a las rentas medias y bajas y a quienes no pueden defenderse ante un alza de los precios. En palabras del gobernador, “asumir la visión de largo plazo que requiere la estabilidad de precios resulta más difícil para el poder político, que puede tener incentivos a dar prioridad a consideraciones de más corto plazo, ligadas al ciclo electoral”.

Pocas veces un gobernador se ha puesto la venda antes de la herida de una forma tan clara, lo que parece indicar un cambio de sesgo. O lo que es lo mismo, de lo que se trata es de dejar claro que el banco central actuará como lo estime oportuno sin plegarse a las presiones políticas (la propia presidenta del BCE, Christine Lagarde, y su vicepresidente, Luis de Guindos, vienen de la política). Entre otras razones, como asegura Hernández de Cos, porque lo que está en juego es que los agentes económicos (empresas y familias) incorporen en su toma de decisiones expectativas de inflación elevadas, lo que acabaría afectando a los salarios. Iniciándose, así, una espiral de imprevisibles consecuencias.

Es por eso por lo que reclama manos libres para actuar “con la legitimidad que otorga el hecho de que ese estatus de independencia se adquiere por decisión de las máximas instituciones políticas del Estado: los parlamentos”. Difícil hablar más claro.

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Formalmente, el hecho de que se prepare el terreno, que en última instancia es una de las labores de la política de comunicación del BCE, no significa que se haya cambiado la orientación táctica de la política monetaria. Un miembro del comité ejecutivo del banco central, la alemana Isabel Schnabel, considerada uno de las palomas pese a su procedencia germánica, aseguraba recientemente que no había “el menor indicio” de que la política monetaria actual (bajos tipos de interés) conducirá a una inflación permanentemente más alta, y “mucho menos a una hiperinflación”. Su principal argumento es que la inflación es tan alta ahora porque fue muy baja el año pasado. “Si ajustamos estos efectos de base, la inflación sigue siendo demasiado baja en lugar de demasiado alta”, aseguró.

Schnabel, desde luego, no representa a todos los miembros del comité ejecutivo del BCE, pero está en línea con Lagarde, quien recientemente recordó que la baja tasa de inflación del año pasado y la alta tasa de inflación de este año equivalen, en promedio, a la tasa de inflación observada en 2019 antes de la pandemia. Es decir, no habría problemas.

"No se puede excluir que la resolución de los cuellos de botella del lado de la oferta pueda llevar más tiempo ahora"

¿Es eso cierto? No está tan claro. Entre otros motivos, porque hay imponderables que se le escapan completamente al BCE, como los cuellos de botella y las interrupciones en las cadenas de suministro, que son completamente ajenas a lo que puedan hacer los banqueros centrales. También el imparable aumento de algunas materias primas y de la energía. Pero alguna información deben tener cuando ya se ponen la venda antes que la herida reclamando independencia para actuar sin presiones políticas. Incluso antes de que hayan adoptado alguna decisión para controlar la inflación.

La propia Lagarde lo reconoció en esa misma intervención. “Es más difícil predecir cuánto durarán las interrupciones de la cadena de suministro, pero su impacto final sobre la inflación dependerá de cuán persistentes sean y si se traducen en aumentos salariales más altos de lo previsto. No se puede excluir que la resolución de los cuellos de botella del lado de la oferta pueda llevar más tiempo ahora”. Y si ese escenario se cumple, lo que se pide es actuar sin interferencias.

La inflación comienza a agitar la política monetaria. Y no precisamente en la dirección de los últimos años: tipos de interés ultra bajos para combatir la pandemia económica. Primero fue el Fondo Monetario Internacional (FMI) quien pidió en su último informe de perspectivas que los bancos centrales tuvieran manos libres para actuar en aras de controlar la inflación. Y ahora lo ha hecho el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, miembro del consejo de gobierno del BCE, quien ha reivindicado la independencia de los bancos centrales a la hora de actuar contra el alza imparable de los precios.

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