El gasto en pensiones de jubilación acelera tras la pandemia y ya crece casi al 4%
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Aún no recoge el 'efecto inflación'

El gasto en pensiones de jubilación acelera tras la pandemia y ya crece casi al 4%

El gasto se contuvo en 2020 por el incremento de los fallecimientos y el frenazo de las jubilaciones. La vuelta a la normalidad ha acelerado el gasto, que crece al ritmo más alto desde 2019

Foto: Manifestación de pensionistas en Bilbao reclamando una pensión mínima de 1.080 euros al mes. (EFE)
Manifestación de pensionistas en Bilbao reclamando una pensión mínima de 1.080 euros al mes. (EFE)
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No hay mes sin un escándalo político en torno a las pensiones. Esta vez, han sido las declaraciones del ministro de Inclusión, José Luis Escrivá, las que han encendido la pólvora. En medio del ruido político se pierde el foco de los datos de la Seguridad Social, que en las últimas semanas están mostrando una aceleración del gasto en pensiones de jubilación en los últimos meses como consecuencia de la salida de la crisis financiera. Y eso a pesar de que la revalorización que se está aplicando este año es del 0,9%, muy lejos de la inflación, que hasta agosto acumula una subida del 1,9%.

Entre junio y agosto, la nómina de pensiones de jubilación creció casi un 4% respecto a los mismos meses del año anterior. En agosto, el gasto total superó los 7.350 millones de euros por primera vez. Esto no es una novedad, ya que el gasto en pensiones marca récord tras récord y seguirá así durante varias décadas. La diferencia en esta ocasión es que el ritmo de variación anual del gasto ha vuelto a acelerar en los tres últimos meses, evidenciando los efectos del final de la pandemia.

Hay que remontarse a diciembre del año 2019, antes de la crisis, para encontrar un ritmo de crecimiento superior del gasto en pensiones de jubilación. En datos absolutos, se trata de un coste adicional de 270 millones de euros cada mes respecto al año anterior. El estallido de la pandemia provocó un brusco frenazo del crecimiento del gasto en pensiones por motivos obvios: el incremento de la mortalidad. También se produjo una ralentización de las jubilaciones, que se pueden achacar a tres factores. El primero, que los ERTE ya garantizaban una prestación a muchos trabajadores. El segundo, que el cierre de las oficinas y el confinamiento frenó las solicitudes de jubilación. Y el tercero, que el teletrabajo pudo suponer un incentivo a permanecer en la actividad.

Foto: Manifestación de pensionistas en Bilbao. (EFE)

Durante esos meses, el crecimiento interanual del gasto en pensiones fue inferior al 3%, el menor dato de toda la serie histórica moderna, que comienza en el año 1982. Sin embargo, el ritmo de las jubilaciones ha vuelto a crecer este año y el control de la pandemia ha permitido, por fin, rebajar la tasa de mortalidad. Para la Seguridad Social, ha implicado una aceleración en el crecimiento de las prestaciones hasta situarse ya cerca del 4%.

En los últimos 12 meses se han jubilado 324.000 personas (excluyendo las clases pasivas), lo que supone recuperar las cifras máximas de jubilaciones registradas en el año 2018. Si se realiza la comparativa interanual, se observa el parón en las salidas que se produjo durante la pandemia y cómo han acelerado en esta fase de salida de la crisis. En concreto, la variación interanual asciende al 21%, lo que arroja el mayor crecimiento de las jubilaciones nunca visto.

A partir de este punto, lo único que cabe esperar es que el ritmo de crecimiento se ralentice, pero siempre con una tendencia ascendente, ya que están llegando a la edad de retiro las generaciones más numerosas, las del ‘baby boom’.

También las bajas por fallecimiento están volviendo a la normalidad a medida que la pandemia remite. En los peores meses de la pandemia, el número de bajas casi se duplicó. Solo en abril de 2020 se produjeron 42.700 bajas de jubilación, un 91% más que en el mismo mes del año anterior. Este ritmo de crecimiento se ha frenado drásticamente desde la pasada primavera, hasta el punto de que en julio se produjeron casi las mismas bajas que en julio de 2019.

Estos dos factores combinados —aceleración de las altas de jubilación y ralentización de las bajas— están volviendo a generar importantes tensiones sobre el gasto en prestaciones de jubilación. El número de jubilados del Sistema de la Seguridad Social supera ya los seis millones de personas. A esta cifra hay que sumarle el casi medio millón de jubilados de las clases pasivas.

El ritmo de crecimiento del número de jubilados ha vuelto a situarse por encima del 1,3% interanual desde mayo. Se trata del mayor incremento registrado desde que comenzó la pandemia y se sitúa ya cerca de la media registrada en los últimos años previos al coronavirus.

La gran subida

El aumento del número de jubilados está provocando la aceleración de la nómina de las pensiones en los últimos meses. Sin embargo, el gasto que está soportando la Seguridad Social es inferior al gasto real que está comprometido. El motivo es que la revalorización que se está aplicando este año es muy inferior a la inflación, pero el Gobierno ha realizado la promesa de que compensará esta desviación con una ‘paguilla’ extraordinaria en el mes de enero.

Foto: El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá. (EFE)

La revalorización de las pensiones, aprobada en los Presupuestos de este año, es del 0,9%, pero la inflación acumulada en los nueve primeros meses del año alcanza ya el 2%. Si se mantiene la tendencia actual (inflación interanual del 4% en el último trimestre del año), la subida media de este año será del 2,6%, lo que significa que el Gobierno tendrá que compensar a los pensionistas con una paga de 1,5 puntos.

Cada décima de desviación implica un gasto en pensiones de jubilación de unos 100 millones de euros, por lo que la suma total de la ‘paguilla’ tendrá que ser de unos 1.500 millones. A esta cifra hay que sumarle todas las otras pensiones que paga la Seguridad Social, así como las de las clases pasivas.

Esta ‘paguilla’ compensatoria tiene que consolidarse en las pensiones que cobren los pensionistas a partir de entonces y, además, hay que sumar la nueva revalorización que se aplicará el próximo año. La reforma que entra este jueves en tramitación en el Congreso contempla que la subida se hará teniendo en cuenta la inflación del año anterior: en este caso, se aplicaría la de 2021, del 2,5%.

De esta forma, en enero subirá la nómina de pensiones de jubilación en torno a un 4% solo por la revalorización con el IPC. Además, hay que sumarle la 'paguilla' de 1.500 millones, que será un pago único compensatorio de 2021.

Y, sobre esta cifra, hay que aplicar la subida inercial del gasto que conllevan el envejecimiento y el efecto sustitución. El envejecimiento implica un crecimiento del número de jubilados de en torno al 1,5% anual. Por su parte, el efecto sustitución, que se produce por la diferencia entre la pensión media de las nuevas prestaciones respecto a las que causan baja, añade en torno a un punto adicional de crecimiento del gasto. El motivo es que las nuevas pensiones son todavía un 27% superiores a las bajas, en términos absolutos, son 300 euros al mes más. Este efecto ocasiona en torno a un punto adicional de gasto.

Esta acumulación de factores supone una gran presión al alza sobre el gasto que se está empezando a materializar en estos meses por la normalización de las altas y bajas de jubilación. Sin embargo, no será hasta enero cuando el gasto crezca con verdadera intensidad, ya que todavía no se está trasladando la inflación a la nómina mensual que paga la Seguridad Social.

No hay mes sin un escándalo político en torno a las pensiones. Esta vez, han sido las declaraciones del ministro de Inclusión, José Luis Escrivá, las que han encendido la pólvora. En medio del ruido político se pierde el foco de los datos de la Seguridad Social, que en las últimas semanas están mostrando una aceleración del gasto en pensiones de jubilación en los últimos meses como consecuencia de la salida de la crisis financiera. Y eso a pesar de que la revalorización que se está aplicando este año es del 0,9%, muy lejos de la inflación, que hasta agosto acumula una subida del 1,9%.

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