No es solo la luz: los problemas de suministro disparan los precios y paralizan las fábricas
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Crisis de oferta

No es solo la luz: los problemas de suministro disparan los precios y paralizan las fábricas

El mundo se enfrenta a una escasez de oferta no vista en medio siglo por las restricciones a la producción y la paralización del transporte marítimo, con efectos que ya se notan en las fábricas españolas

Foto: Imagen del puerto de Vancouver, en Canadá. (Reuters)
Imagen del puerto de Vancouver, en Canadá. (Reuters)

Seat anunció esta semana a sus trabajadores la activación de un ERTE que durará nueve meses y que afectará a los trabajadores de sus plantas de Martorell, El Prat y Barcelona. Este ajuste de plantilla puede parecer sorprendente si se tiene en cuenta la intensidad de la recuperación económica, pero es que este es justo el problema. El crecimiento de la demanda tras la pandemia se ha topado con una oferta todavía lastrada por los problemas de producción en muchos países, dando como resultado un grave desabastecimiento de bienes intermedios y materias primas en la industria.

Las plantas de Seat acumulan varios meses de retrasos en la producción por la escasez de semiconductores y la perspectiva es que este mercado seguirá saturado por la demanda, al menos, un año. Lo sabrá cualquiera que haya comprado un vehículo y que lleve varias semanas esperando. La empresa ha decidido frenar la producción en sus plantas y prescindir de una parte de sus trabajadores hasta el próximo verano con un expediente de regulación temporal de empleo.

Foto: Baile inaugural del presidente Herbert Hoover en el Hotel Mayflower de Washington en marzo de 1929, justo antes del final de los felices años 20. (Reuters)

La escalada del precio de la luz es solo la punta del iceberg de los problemas de abastecimiento que están sufriendo los países en esta fase inicial de la recuperación. La demanda ha crecido rápidamente en los países desarrollados, pero la oferta sigue siendo inestable porque la situación sanitaria no se ha normalizado en muchas regiones del mundo. El resultado es que se están multiplicando los problemas de suministro y, en consecuencia, se ha producido una competencia en precios.

En el caso concreto de la luz, la subida responde al encarecimiento del gas por las dificultades de suministro que está atravesando Europa. En cierta medida, esta escasez es consecuencia de las luchas geopolíticas, que han frenado el suministro de gas desde Rusia y también desde el Norte de África (gaseoducto Magreb-Europa que conecta con el gas argelino a través de Marruecos).

A estas alturas del año, las reservas de gas en los almacenes europeos apenas alcanzan el 70% de la capacidad instalada, casi un 25% menos de lo que era habitual en años anteriores. Los países están obligados a seguir comprando todo el gas que puedan, incrementando así la demanda y disparando los precios, que finalmente acaban trasladándose al coste de la electricidad. Lo seguirán haciendo durante todo el invierno, de modo que será casi imposible que se produzca una bajada de precios hasta la próxima primavera. Solo un invierno de temperaturas altas podría evitar este escenario.

Los problemas de suministro son generalizados en la industria manufacturera. Según la última encuesta de la Comisión Europea, hasta el 40% de las empresas tiene problemas de abastecimiento. Esto es, casi la mitad. En España, la cifra es algo mejor, del 20%, pero igualmente preocupante. “Los desabastecimientos están afectando a bastantes materias primas y productos intermedios”, explica Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores, “se ha hablado mucho de los chips, pero hay desabastecimiento de otros muchos productos, como cartón para embalajes, madera, hierro…”.

Las dos consecuencias principales de los problemas de suministro están siendo el retraso en los pedidos, hasta el punto de que algunos centros de producción han tenido que detener sus actividades, y la subida de los precios. En algunos casos los datos son verdaderamente sorprendentes. El precio del aluminio se ha duplicado desde los mínimos de la pandemia y desde el inicio del año ha subido un 50%. Cada tonelada de aluminio cuesta ya casi 3.000 dólares y se queda a poco más de un 10% de alcanzar los máximos históricos que se registraron durante la burbuja inmobiliaria.

El flete del tesoro

Por primera vez en décadas, el mundo se está enfrentando a problemas de oferta. Sencillamente, las empresas no pueden comprar todos los bienes que necesitan para realizar su producción. La pandemia ha afectado de varias formas a la oferta. La más evidente, frenando la producción cuando se levantan restricciones a la producción, escenario que en los países desarrollados está casi superado, pero que sigue golpeando al mundo en vías de desarrollo.

Foto: Foto: EFE.

También se han producido desplazamientos de la demanda, por ejemplo, los chips que antes compraban las empresas automovilísticas, ahora se venden a empresas de telefonía y aparatos electrónicos, que fueron quienes siguieron comprando durante el gran confinamiento. Los fabricantes de automóviles han vuelto a pedir piezas a sus proveedores, pero se han encontrado con que toda la oferta estaba copada. La falta de inversión en capacidad instalada durante estos meses explica que la producción esté ralentizada.

Por último, existe un gran problema de fletes. No hay barcos suficientes para transportar todos los bienes, desde materias primas hasta productos finales, lo que paraliza toda la cadena de valor. “El transporte marítimo es un mercado bastante libre donde funciona la oferta y la demanda”, explica Bonet, “como ha aumentado la demanda de transporte, el precio de los contenedores se ha multiplicado por cuatro o por cinco”.

En las últimas semanas, las empresas exportadoras se han visto obligadas a pujar por los fletes. El que paga más se queda con el contenedor y el que no acepta esta inflación se queda fuera. Uno de los mejores indicadores del precio del transporte marítimo es el Baltic Dry Index, que mide el precio medio de los fletes de materias primas secas en las principales rutas marítimas mundiales. Desde el inicio del año, los precios se han disparado más de un 200% y marcan máximos en más de una década.

Y eso para los bienes que finalmente son embarcados, pero los que se quedan en tierra producen un efecto más pernicioso sobre la economía. Según la encuesta que el ISM estadounidense (Instituto para la Gestión del Suministro, por sus siglas en inglés) ha reportado en las últimas semanas, más del 50% de las empresas de EEUU han sufrido retrasos en el abastecimiento, el peor dato registrado desde mediados de los 70, hace casi medio siglo.

En China hay otro hecho que explica la subida de precios: los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebrarán en Pekín. Las autoridades del país quieren que sus pistas de esquí brillen en todo su esplendor ante el mundo entero y para ello necesitan que el cielo luzca despejado. Para lograrlo, han lanzado una serie de medidas que reducen las actividades contaminantes, entre las que se encuentra una reducción de la producción de industrias electrointensivas y que emitan muchos gases en toda la región norte. Esto está afectando especialmente a los productores de metales, como aluminio o acero, lo que contribuye a la escalada de precios.

El encarecimiento del transporte, los combustibles y las materias primas está provocando una inevitable subida de precios en los productos finales que va más allá del coste de la electricidad. Aunque a medio plazo es previsible que el mercado termine ajustándose y la oferta crezca para satisfacer la demanda, todavía quedan por delante meses complicados. La pandemia no ha desaparecido, al contrario, sigue muy presente en muchos países del mundo en los que la vacunación apenas ha comenzado.

Los cuellos de botella se mantendrán durante todo el invierno, lo que anticipa presiones inflacionistas y problemas de suministro en casi todos los sectores. En los mercados internacionales de materias primas, los futuros cotizan a precios muy elevados hasta los meses de febrero y marzo, para cuando se espera un ajuste considerable.

Es el caso del aluminio, por ejemplo, los precios disparados de las últimas semanas se mantendrán durante algunos meses más. Así lo descuentan los mercados de futuros, que sitúan el precio de cada tonelada en 2.900 dólares a final de año y no caerá por debajo de 2.800 dólares hasta septiembre de 2022.

Los futuros anticipan una evolución similar para la mayor parte de las materias primas que se han encarecido en los últimos meses, desde metales como el cobre o el hierro hasta bienes energéticos como el gas, el petróleo o el uranio. El encarecimiento de los costes intermedios supondrá un freno a la recuperación, como señalan ya la mayor parte de los analistas. Fitch, por ejemplo, ha rebajado en tres décimas la previsión de crecimiento global por los problemas de abastecimiento en los mercados internacionales, hasta el 6%. Se trata de un ritmo de crecimiento igualmente elevado, pero que frenará la intensidad de la recuperación hasta que la situación sanitaria esté mejor controlada en todo el mundo y, por extensión, se recuperen los niveles de producción previos a la pandemia.

En el caso de España, según los datos de la Comisión Europea y del Banco de España, en la industria automovilística el 43% de las empresas están sufriendo problemas de suministro, en las empresas de equipo eléctrico el porcentaje asciende al 48% y en las de caucho y plásticos supera el 53%. Todas estas fábricas están obligadas a funcionar a un ritmo inferior a su capacidad, frenando así la recuperación por los problemas de abastecimiento. Por eso esta situación tan complicada.

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