España fue el país de la UE donde más cayó la esperanza de vida en 2020
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EL NIVEL DE ESTUDIOS ALARGA LA VIDA

España fue el país de la UE donde más cayó la esperanza de vida en 2020

La pandemia lo ha cambiado todo. También ha provocado intensos cambios demográficos que tenderán a normalizarse en los próximos años. La educación es clave para vivir más

placeholder Foto: Un anciano en su casa de A Coruña. (EFE)
Un anciano en su casa de A Coruña. (EFE)

La pandemia lo ha trastocado todo. O casi todo. También, un indicador clave que refleja las condiciones socioeconómicas, geográficas y hasta culturales, de un territorio concreto, y que no es otro que la esperanza de vida. En particular, la que afecta a los mayores de 65 años. Lo que dice Eurostat —la agencia de estadísticas de la UE— es que en 2020 la esperanza de vida al nacer cayó en al menos un año en nueve países a consecuencia del covid, pero en España ese descenso fue 1,6 años, el mayor ajuste de la Unión Europea. España, sin embargo, se mantiene como el segundo país de la UE en esperanza de vida, 82,4 años (hombres y mujeres), solo superada por Malta (82,6 años) y al mismo nivel que Italia.

¿Qué es lo que ha sucedido si en vez de tener en cuenta la esperanza de vida al nacer se calcula a los 65 años? Pues algo muy parecido. En este caso, el descenso fue de 1,5 años, en línea con Polonia y por encima de Bélgica, Italia y Rumanía. El caso más singular es el de Dinamarca, que fue el único país de Europa en el que la esperanza de vida no descendió pese a la pandemia. Ya saliendo de la UE, pero en el mismo ámbito geográfico, Islandia y Noruega tuvieron, incluso, un pequeño avance.

¿Qué esconden estos datos? En primer lugar, la eficacia de las autoridades sanitarias en la lucha contra el coronavirus o factores como el envejecimiento de la población. En particular, protegiendo a los segmentos más vulnerables, pero también cuestiones de fondo que tienen que ver con lo que los expertos llaman esperanza de vida en buena salud, y que tiene en cuenta no solo aspectos cuantitativos (la longevidad), sino cualitativos. Es decir, en qué condiciones de salud llegan los españoles cuando alcanzan los 65 años de edad. Un dato muy relevante porque, como se sabe, las personas mayores son el colectivo que más ha sufrido la pandemia. Algo que puede explicar, en parte, que España esté a la cabeza de la mortalidad en términos relativos. Según Estadística, el año pasado se registraron 76.532 defunciones más que un año antes.

Se entiende mejor con ejemplos. La esperanza de vida de los hombres a los 65 años en 2018, último año publicado, se situó en 19,2 años, pero en buena salud baja hasta los 11,5 años. En el caso de las mujeres, alcanza los 23,1 años y 11,3, respectivamente. Aparentemente son niveles similares en buena salud, pero si se analiza porcentualmente, el resultado es distinto. Los hombres viven en buena salud el 59,8% de los años que les quedan a partir de los 65 y las mujeres, por el contrario, el 49%.

Suicidios y accidentes de tráfico

Esta relación está afectada por múltiples factores. Entre ellos, los hábitos de vida, los estrictamente biológicos, como han evidenciado algunos estudios, o, incluso, el trabajo y sus condicionantes, que tiene una enorme influencia en la mortalidad, sobre todo en determinados tramos de edad. Aunque también factores como los accidentes de tráfico o los suicidios, que afectan, fundamentalmente, a los hombres. También, y de una forma muy significativa, el nivel de estudios.

Y esto es, precisamente, lo que se han preguntado los expertos del Centro de Estudios Demográficos de Cataluña, y su respuesta no deja lugar a dudas. Tener estudios superiores supone aumentar la esperanza de vida a los 30 años en cinco años adicionales respecto de quienes solo han podido acreditar estudios primarios o inferiores. En concreto, 53,5 años frente a 48,4 años. La distancia, dice el informe, es especialmente significativa en el caso de los hombres, mientras que para las mujeres la diferencia se sitúa en tres años.

El estudio lo han elaborado los investigadores Amand Blanes y Sergi Trias-Llimós, y parte de un hecho indiscutible. En las últimas décadas, la longevidad ha crecido de forma muy relevante, pero no lo ha hecho de forma homogénea. Al contrario. La desigualdad no es solo cuantitativa, es decir, teniendo en cuenta el número de años vividos, sino también cualitativa, por lo tanto, a la luz de la calidad de vida de quienes alcanzan las edades más avanzadas.

Esta desigualdad, según los autores, está condicionada por causas socioeconómicas, pero también, y de una forma determinante, en función del nivel educativo. Es más, sostienen, entre la población con educación superior, y en las mujeres también con estudios secundarios, las duraciones de la vida “no solo son en promedio más extensas, sino que también son más homogéneas, reflejando más equidad en la supervivencia”.

Los datos que aportan son los siguientes. Entre 2017 y 2019, en el conjunto de España, la mortalidad debida a “causas evitables” representó alrededor del 60-70% de las defunciones registradas de 30 a 74 años, tanto en los hombres como en las mujeres. Sin embargo, en la población con edades comprendidas entre 30 y 49 años la tasa de mortalidad por causas evitables de los menos instruidos multiplica por 3,4 en los hombres y por 2,4 en las mujeres a la de los de mayor cualificación, situándose esas ratios en 2,1 y 1,5 en el segmento de 50 a 74 años.

Estilos de vida

¿Por qué tanta diferencia? La investigación de uno de los centros de análisis demográficos de España más prestigiosos de España concluye que las causas relacionadas con los comportamientos y los estilos de vida, se cita expresamente al trabajo y al alcohol, tienen un peso relativo mayor en los hombres que en las mujeres. En concreto, de los 30 a los 49 años entre las principales causas evitables que presentan diferencias significativas de mortalidad entre nivel educativo bajo y alto se encuentran el cáncer de pulmón, las enfermedades isquémicas y los accidentes de tráfico en ambos sexos, además de los suicidios, el resto de accidentes y las muertes por consumo de alcohol o de drogas en los hombres, y las cerebrovasculares en las mujeres.

Los autores del estudio señalan expresamente que la relación entre mayor educación y menor mortalidad evitable se presenta con una significativa excepción en el caso del cáncer de pulmón en las mujeres con edades comprendidas entre 50 a 74 años. Esto se debe a que fue en las más instruidas donde se extendió, fundamentalmente a partir de los años 60 y 70, primero el hábito del tabaquismo, mientras que en las cohortes más recientes las tasas más elevadas ya se dan en las mujeres con nivel educativo bajo.

En términos cualitativos, es decir, teniendo en cuenta la calidad de vida, los datos son llamativos. El informe evidencia que, a partir de los 30 años, los hombres con menores niveles de educación tienen una expectativa de vida sin limitaciones (no condicionada por la salud) ocho años inferior a la de los más instruidos, mientras que en las mujeres esa diferencia se aproxima a los 11 años.

Mortalidad y morbilidad

Su conclusión es que, de mantenerse las actuales condiciones de salud y mortalidad de la población española, “las desigualdades entre grupos educativos en relación con la calidad de vida, la autonomía personal y la dependencia serían muy relevantes”. Así, las mujeres con bajos niveles educativos solo disfrutarán de buena o muy buena salud poco más de la mitad de los años que le restaban de vida a partir de su trigésimo aniversario, mientras que las de nivel educativo superior percibirán su salud como buena durante tres cuartas partes de su vida. La paradoja, como dice el estudio, es que las mujeres viven más años, pero lo hacen en peores condiciones de salud que los hombres.

Ahora bien, esa distancia entre mortalidad y morbilidad, es decir, la proporción de personas que enferman en un lugar determinado, se matiza cuando se considera el nivel educativo, pues entre la población con estudios superiores el porcentaje de años en vida en buena salud o sin limitaciones es similar entre los hombres y las mujeres, a pesar de que ellas viven más años. Por el contrario, para la población con nivel educativo más bajo, y en menor medida para la de estudios secundarios, los años de vida de más que viven las mujeres en relación con los hombres son años con salud regular o mala

La noticia positiva, como dice el artículo, es que en los próximos años, a medida que vayan aumentando los niveles educativos de la población mayor asociado al cambio generacional, especialmente entre las mujeres, los niveles agregados de salud y de mortalidad irán mejorando.

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