Marruecos o el arte de morder la mano que te da de comer
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EL SOCIO PREFERENTE TENSA LA CUERDA

Marruecos o el arte de morder la mano que te da de comer

Marruecos es algo más que la frontera sur de Europa. Es el cancerbero contra la inmigración, y por eso Bruselas ha mimado históricamente al reino alauí. Lo seguirá haciendo

placeholder Foto: Inmigrante en la frontera con Ceuta. (EFE)
Inmigrante en la frontera con Ceuta. (EFE)

Dos no se pegan si uno no quiere, dice el saber popular. Y eso es lo que ha hecho prácticamente desde su fundación la Unión Europea con Marruecos: silenciar con dinero cualquier conato de conflicto gracias a ser considerado un socio algo más que prioritario.

¿El resultado? La UE es el primer cliente comercial de Rabat, mientras que Marruecos también lo es entre los países del sur de Europa en la otra orilla del Mediterráneo, incluidos Argelia, Egipto, Israel, Jordania o Túnez, algunos de mayor tamaño. Nada menos que el 64% de las exportaciones marroquíes se dirige a los mercados europeos, mientras que el 51% de las importaciones de Marruecos procede de la UE, que es, también, el mayor inversor en el país. La mitad de la inversión que llega del exterior al reino alauí procede de Europa.

Estos datos reflejan hasta qué punto Rabat es estratégico para Bruselas, que hace dos décadas firmó un Acuerdo de Asociación que convierte ambos territorios en una zona de libre comercio, incluido, desde julio de 2019, el Sáhara occidental.

Foto: Miembros del Ejército de Tierra detienen a migrantes que han logrado cruzar la frontera de Ceuta. (Reuters)

Esto es importante, porque una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE de febrero de 2018 precisó que aquel Acuerdo de Asociación solo podía cubrir el territorio de Marruecos, pero no el Sáhara, toda vez que se trata de un territorio no autónomo sometido a un proceso de descolonización, casi eterno, tutelado formalmente por Naciones Unidas, aunque políticamente por EEUU y Francia. Pues bien, pese a aquella sentencia, la Comisión Europea ha ampliado las preferencias arancelarias a los productos originarios del Sáhara (597.339 habitantes en 2019) con el argumento de que se pretende mejorar el desarrollo económico en la zona, tanto en términos de empleo como de bienestar para población.

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Un informe publicado recientemente por los servicios técnicos de la Comisión (diciembre de 2020) refleja que el acuerdo estaría funcionando, sobre todo en la industria pesquera, lo que en el fondo significa una especie de política de hechos consumados. Es decir, el Sáhara es hoy un territorio que forma parte del perímetro de acuerdos económicos entre Bruselas y Rabat, y gracias a ello la renta per cápita de la región ha crecido hasta los 2.050 dólares, lo que representa todavía, sin embargo, las dos terceras partes de la marroquí.

Externalización de fronteras

En el 25 aniversario del Proceso de Barcelona se decidió, igualmente, ampliar el marco de colaboración, lo que refleja el interés estratégico que tiene la región para la UE a partir de una constatación. El Sáhara es un paso obligado de las migraciones del Sahel, principalmente a través de la ruta atlántica (Senegal y otros países de su entorno). Pero también la puerta de entrada del terrorismo islamista, como ha analizado el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), y del tráfico de drogas, lo que explica que se haya hablado de la externalización de las fronteras europeas, como sucede en el caso de Turquía.

No es de extrañar, por eso, que hace apenas tres meses se hayan decidido nuevas inyecciones en el marco del Plan Económico y de Inversiones de los Vecinos del Sur. Eso sí, en el caso de España, haciendo buena aquella cita bíblica que aconseja que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a Ceuta. (EFE)

Los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf son, de hecho, el principal destino de la ayuda humanitaria de España, como recuerda el Plan de Acción Exterior 2021-24. Marruecos, lógicamente, lo sabe, pero prefiere mirar a otro lado a la espera de que algún movimiento en falso de la diplomacia española le pueda ser útil para lograr determinados objetivos que se pondrán sobre la mesa (o bajo el tapete) en el futuro inmediato. Por ejemplo, la prórroga de los acuerdos de libre comercio en agricultura, que caducan en 2021.

Habría que decir que no ha funcionado el ‘colchón de intereses’ construido desde los años noventa para evitar los conflictos periódicos

En este caso, por lo tanto, habría que decir que no ha funcionado el ‘colchón de intereses’ construido desde los años noventa para evitar los conflictos periódicos. La idea procede de la diplomacia española, que pensaba en aquella época que si se estrechaban los lazos desde un enfoque múltiple, se podrían superar las dificultades que siempre genera el roce directo. Máxime cuando Marruecos sigue reclamando la soberanía sobre Ceuta y Melilla, el centro de operaciones del conflicto actual. Marruecos es tan estratégico para Europa que hace apenas dos años, en la última cumbre del Consejo de Asociación, se alabó a Rabat porque "su estabilidad política y las numerosas reformas que ha llevado a cabo hacen de Marruecos uno de los socios clave de la Unión Europea en la región".

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Las cifras, por lo tanto, reflejan un enorme flujo de intereses entre Rabat y Bruselas, pero con una diferencia obvia: el tamaño de ambos territorios, lo que hace que la economía de Marruecos, en realidad, esté en manos de la UE, que a cambio recibe protección migratoria en la frontera sur.

Una declaración retórica

Lo paradójico, sin embargo, es que el reino alauí ha decidido morder la mano que le da de comer, o al menos una parte significativa de la UE. Precisamente, el país con el que históricamente ha tenido más conflictos debido a que España, con frontera terrestre con Marruecos, es el único país europeo con presencia territorial en el norte de África. Probablemente, porque Rabat es consciente de que su gran aliado en Europa, Francia —el otro es EEUU—, no moverá ni un dedo en favor de España más allá de una declaración retórica. Hueca. La mañana de este miércoles, la policía marroquí ha vuelto a sellar el paso fronterizo del Tarajal y ha interrumpido, en parte, el éxodo migratorio.

Toda esta situación sugiere la existencia de problemas de fondo en Marruecos que irían más allá que la simple hospitalización de Brahim Gali, el líder del Frente Polisario. En particular, en términos económicos y sociales. No hay que olvidar que el PIB marroquí se desplomó un 7% en 2020, mientras que el PIB per cápita pasó de 3.005 dólares a 2.765, apenas la décima parte del español. Esto refleja, ni más ni menos, un duro castigo para la economía alauí a consecuencia de la pandemia.

Foto: Foto: Javier Sakona.

Sobre todo, por el retroceso del turismo (el 11% del PIB y 450.000 empleos directos) en un contexto de fuertes presiones demográficas (el 45% de la población tiene menos de 25 años). En particular, en el norte del país, más abierto a la influencia europea. Sin olvidar su enorme dependencia de la agricultura, un 10% del PIB, en medio de una persistente sequía que ha dejado a muchos marroquíes sin trabajo. Y ya se sabe, cuando hay problemas en el interior, lo mejor es hacer ruido en el exterior. La diplomacia de toda la vida.

Dos no se pegan si uno no quiere, dice el saber popular. Y eso es lo que ha hecho prácticamente desde su fundación la Unión Europea con Marruecos: silenciar con dinero cualquier conato de conflicto gracias a ser considerado un socio algo más que prioritario.

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