El potencial de crecimiento se hunde y ya es el segundo más bajo de la UE
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INFORME DE SOSTENIBILIDAD DE LA CE

El potencial de crecimiento se hunde y ya es el segundo más bajo de la UE

La pandemia no solo tiene efectos en el corto plazo. También en el largo. Esto es lo que estima la Comisión Europea para España en relación con su potencial de crecimiento

placeholder Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)

La crisis económica derivada del coronavirus ha golpeado en el corto plazo de forma contundente: más desempleo, menor actividad empresarial o un incremento vertiginoso de la deuda pública, pero también ha causado estragos en el medio y largo plazo. Y eso tiene que ver con lo que los economistas denominan crecimiento potencial del PIB, que supone hacer una estimación sobre cuánto puede crecer una economía sin generar desequilibrios macroeconómicos.

Y lo que dice la Comisión Europea es que ese potencial se ha hundido. Hasta el punto de que España será en el bienio 2020-21 el segundo país de la Unión Europea, tras Italia, con menor potencial de crecimiento. Los servicios técnicos de la Comisión, en concreto, lo sitúan en el 0,2%. Es decir, muy por debajo del 1,4% que calculaba la propia Comisión inmediatamente antes de la pandemia, en otoño de 2019. Italia, con un -0,2%, está a la cola, mientras que en sentido contrario se sitúan Grecia y Letonia, con crecimientos superiores al 3%, sin que ello suponga un ensanchamiento de los desequilibrios.

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Esto se debe, según los economistas de Bankia Research, a que la pandemia no solo es devastadora en el corto plazo, sino que tendrá un impacto negativo en el largo plazo provocado, entre otros, por los retrasos, o la cancelación, de ciertas inversiones; por la interrupción de la educación y el desigual acceso a la enseñanza y formación en remoto, y por las dificultades de acceder al mercado de trabajo de amplios colectivos de desempleados cuya formación y conocimientos no se adaptan a las necesidades de un mercado laboral diferente al que existía antes del covid (lo que se conoce como histéresis).

El informe de la Comisión Europea es especialmente relevante, porque hace una proyección a medio plazo sobre cuál puede ser el potencial de crecimiento hasta el final de esta década, y su conclusión es que se situará en un 0,9%, por lo tanto, tres décimas menos de lo que preveía anteriormente.

Productividad

Ese nivel se sitúa en la media de la eurozona, pero hay que tener en cuenta que la situación de partida de España es sensiblemente más negativa. En particular, por las altas tasas de desempleo, que prácticamente duplican las de la unión monetaria. También por el elevado endeudamiento. Esto se debe, fundamentalmente, al pobre comportamiento de la productividad, que avanzará apenas un 0,3%, dos décimas menos que en la eurozona y cuatro menos que en el conjunto de la UE.

La estimación de la Comisión Europea choca con la calculada por el Ministerio de Economía, que en octubre de 2020 publicó un informe de situación en el que preveía que, gracias a las reformas, el potencial de crecimiento aumentaría de forma muy relevante. En concreto, estimaba que “el impacto a largo plazo [2030] del plan puede llegar a suponer un incremento en el PIB potencial de la economía de entre cuatro y cinco décimas, lo que permitiría situarlo por encima del 2%”.

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Según esas estimaciones, sensiblemente más optimistas de las que hacen los técnicos de la Comisión Europea, el PIB potencial se cerró con un avance del 0,8% en 2020, mientras que este año se situará en el 1,3%. Eso quiere decir que la llamada brecha de producción ('output gap') habría sido del -9,9% en 2020 y del -2,2% este año. Es decir, que España, a consecuencia de la pandemia, crecerá mucho menos de lo que permitiría el potencial de crecimiento sin generar desequilibrios.

En el anterior ciclo económico, a consecuencia de la doble recesión que sufrió la economía española, la mayor brecha de producción (la diferencia entre el PIB observado y el potencial) se dio en 2013, pero a partir de ahí se fue cerrando hasta situarse en 2018 y 2019 en niveles ligeramente superiores a los de su potencial, según Economía.

La importancia de este indicador radica en que cuando la economía logre una velocidad de crucero tras dejar atrás los efectos más visibles del coronavirus, tenderá a generar desequilibrios macroeconómicos si no logra aumentar su potencial de crecimiento. O lo que es lo mismo, el Gobierno debería hacer ajustes para evitar que esos desequilibrios se conviertan en algo crónico y puedan producir crisis futuras. En particular, en lo relacionado con el endeudamiento público.

Desequilibrios

La sostenibilidad de la deuda, que este año se situará en torno al 120% del PIB (y un 140% al final de la década, según la Comisión Europea), depende, por ejemplo, de cuánto crezca la economía, de ahí que el objetivo de las políticas económicas siempre sea ensanchar el potencial mediante reformas para no acumular desequilibrios.

Como sostienen los economistas de Bankia Research, “esta menor capacidad de crecimiento tendrá importantes consecuencias a nivel individual [por países] a la hora de afrontar el reto de implementar las medidas de consolidación fiscal necesarias para devolver las cuentas públicas a una posición sostenible”.

La propia evolución del 'output gap', como se ha dicho, está muy ligada a la evolución de los saldos fiscales, y si Bruselas observa que existe un déficit estructural cuando vuelvan a funcionar las reglas fiscales, puede reclamar políticas presupuestarias más restrictivas, ya que lo que le interesa a la Comisión no es tanto el déficit nominal (influido de forma determinante por el ciclo económico) sino su sostenibilidad a medio plazo.

Esta ralentización del PIB potencial, en todo caso, no es particular de España, como han puesto de relieve muchos estudios, sino que también se observa en otras economías avanzadas a consecuencia de distintos factores como el agotamiento del impacto que haya tenido la globalización, la integración europea, la ralentización en la contribución que ha tenido la tasa de participación o un menor impacto de la inversión durante los últimos años.

La crisis económica derivada del coronavirus ha golpeado en el corto plazo de forma contundente: más desempleo, menor actividad empresarial o un incremento vertiginoso de la deuda pública, pero también ha causado estragos en el medio y largo plazo. Y eso tiene que ver con lo que los economistas denominan crecimiento potencial del PIB, que supone hacer una estimación sobre cuánto puede crecer una economía sin generar desequilibrios macroeconómicos.

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