¿Y SI COBRASES SEGÚN DoNDE VIVIESES?

¿Vivir en Madrid y cobrar más o teletrabajar por menos? El covid abre la puerta al reajuste

Facebook bajará el sueldo a los trabajadores que abandonen San Francisco para teletrabajar en otras zonas del país. ¿Podría ocurrir en España?

Foto: Ilustración: El Herrero.
Ilustración: El Herrero.

La pasada semana, Mark Zuckerberg presentó la estrategia de Facebook para la era poscovid. Entre los principios de una nueva etapa de teletrabajo “meditada y razonable”, llamó la atención la letra pequeña salarial. Si el empleado emigraba del área de la bahía de San Francisco, probablemente la ciudad más cara del mundo, su sueldo sería ajustado proporcionalmente. Un mendigo en Silicon Valley puede ser un rey en Nebraska.

La gran pregunta es hasta qué punto podría ocurrir algo semejante en España, en qué sentido y de qué forma podría beneficiar (o perjudicar) a empresas y trabajadores. No se trata de un debate nuevo. Ya se abrió a principios de año con el aumento del sueldo mínimo interprofesional, se ha reabierto en las últimas semanas con el ingreso mínimo vital y puede aplicarse también a la variación de sueldos en la empresa privada según regiones. En otras palabras, no cunde lo mismo un salario mínimo en Madrid que en Ceuta, pero siguen siendo 1.050 euros mensuales.

"Un ajuste así tiene sentido porque la misma cantidad no te saca de la pobreza en Madrid pero puede desalentar a buscar trabajo en Badajoz"

¿Qué ocurre cuando se aplica la misma lógica a los sueldos? Ante un previsible aumento del teletrabajo tras la pandemia, ¿es viable un ajuste que recompense a los trabajadores de las ciudades con mayor nivel de vida y permita a algunos desempeñar su trabajo desde su casa en el pueblo con el ahorro que ello conlleva y, eso sí, con un sueldo inferior? Para empezar, explica Fernando Rubiera, profesor de Economía Urbana de la Universidad de Oviedo, “las diferencias en EEUU en todos los sentidos, incluyendo las espaciales, son abismales, como las que hay entre países europeos”. Sin embargo, “vamos por un camino parecido, porque se están abriendo brechas salariales que se parecen mucho a las de EEUU”.

El propio Rubiera publicó junto a Diana Gutiérrez Posada un artículo sobre la prima salarial urbana en España, es decir, la brecha entre las grandes metrópolis y las pequeñas ciudades o zonas rurales en materia salarial. Mientras que en España rondaba el 5%, en EEUU podía alcanzar el 30%. En otras palabras, en nuestro país no sale a cuenta económicamente para muchos trabajadores residir en Madrid, puesto que sus sueldos no se ven compensados en función del coste del nivel de vida. ¿Puede ser esta una oportunidad para replantear el sistema?

“Un ajuste de este tipo tiene sentido porque a lo mejor la misma cantidad no te saca de la pobreza en Madrid y puede desalentar a buscar trabajo en Badajoz”, prosigue. Algo que también ocurre con las pensiones de jubilación, comunes en todo el territorio. Es un debate conflictivo y complejo de llevar a la práctica. “Es difícil decir que un jubilado de Madrid debe ganar 1.500 y otro de Asturias 900 porque con ese dinero puede hacer lo mismo”. Pero no es nada nuevo a nivel europeo, añade, ya que “hay investigadores ingleses que ganan cinco veces lo que un investigador español haciendo lo mismo”. A nivel salarial, tendría sentido “un ajuste salarial que equiparase por ejemplo Madrid con Londres”. Una ciudad donde ya existe la “ponderación de Londres” ('London weighting'), un complemento para funcionarios y trabajadores que residan en la capital.

Corporaciones a distancia

Una aplicación directa de la medida de Facebook en España sería de entrada imposible, recuerda el sociólogo Óscar Molina Romo, catedrático en la Universitat Autònoma de Barcelona y parte del grupo de investigación QUIT, que acaba de publicar un estudio sobre teletrabajo. “Legalmente, no lo es, porque no puedes establecer distintos salarios para la misma tarea”, explica. “Sin embargo, podría abrirse una ventana de flexibilidad y cierto ajuste salarial dependiendo de la zona de residencia si hay una regulación del teletrabajo como la que está en marcha”. Una petición de sindicatos como UGT, que exigen un mayor control sobre el derecho a la desconexión digital o el resarcimiento de los gastos en el hogar.

"A algunos trabajadores les compensa cada vez menos el coste de residir en una gran ciudad por lo que reciben a cambio"

En opinión del sociólogo, puede tratarse de una medida positiva “siempre y cuando no se utilice como una forma de reducción de salarios o para erosionar las condiciones laborales, que es el riesgo que entraña y lo que habría que vigilar muy de cerca”. Para la empresa, podría contribuir a la reducción de masa salarial, y para el trabajador, podría ser beneficioso “porque es justo ofrecer una mayor remuneración a un trabajador que vive en una ciudad con un nivel de vida más elevado”.

El mayor peligro es que se derive en modelos de ‘crowd employment’, es decir, de trabajo en plataforma o de externalización de tareas a un coste más bajo. Si no es así, puede resultar útil a la hora de facilitar el acceso a la vivienda, conseguir captar talento fuera de los núcleos urbanos o incluso frenar la despoblación. “Les ocurre a mis estudiantes de doctorado: las becas son iguales en todo el territorio, pero el coste de una habitación en Barcelona es mucho más alto”, recuerda Molina. “A algunos le compensa lo que les da a nivel cultural y de ocio, pero llega un punto en el que empieza a ser un elemento negativo de cara a atraer talento a las ciudades”.

Para Marta Martínez Matute, economista de la Universidad Autónoma de Madrid, tiene sentido que se introduzca “cierta variabilidad” en la fijación de salarios en los convenios colectivos, que son los principales reguladores salariales en España, tanto por nivel de vida como por sector o tipo de estudios. “En el tema del teletrabajo, ocurre algo poco parecido, las condiciones se fijan a nivel de convenio colectivo, y hay de todo tipo (por sectores, por regiones) y normalmente están superpuestos”, añade. Como ella misma explicó a propósito del SMI, la negociación colectiva es universal (afecta a todos los trabajadores y empresas aunque no hayan negociado), aún más debido al mecanismo de extensión de convenios que facilita que las empresas puedan acogerse a otro convenio aunque no sea de su ámbito.

“Hay mucha más variación a nivel sectorial que regional, aunque si comparamos teleoperadores de Guadalajara y Toledo con Madrid, veremos grandes diferencias”, prosigue la economista. “A nivel de industria, es mucho más complicado extender las condiciones laborales, hay mucha más variabilidad. Este es un contexto favorable para implantar cualquier tipo de medida para que las empresas o industrias se puedan adaptar más a la realidad actual”. Martínez ve con buenos ojos nuevos acuerdos alrededor del teletrabajo que generen mejoras de productividad, favorezcan la satisfacción de los trabajadores o la posibilidad de alargar la vida laboral. Sin embargo, “no puedes promoverlo con una ley nacional, sino para que a nivel local o de sector se favorezcan”.

Empresas como Buffer ofrecen complementos de 22.000 dólares si vives en San Francisco o Londres que se quedan en cero si vives en Hanoi

Una lógica muy diferente a la de EEUU, donde la negociación es mucho más “de individuo a individuo”, como recuerda Rubiera. “Aquí, la negociación se produce a nivel nacional y luego por sectores y regiones que acumulan muchas diferencias muy pequeñas, incorporando un poco, pero no todo”, añade. De ahí que en su trabajo apuntase a los mecanismos de negociación laboral como una de las razones por las que no hay mayores diferencias salariales entre regiones: “Existen cláusulas de ajuste provincial pero, salvo excepciones, no hay negociaciones salariales locales o a nivel empresa o individuo”.

En las corporaciones americanas, es cada vez más habitual percibir un sueldo en función del lugar de residencia. Buffer hizo públicas hace años sus tablas salariales, que también recogen sus compensaciones locales: +22.000 si vives en San Francisco o Londres, +6.000 en Varsovia, ningún plus si lo haces en Vietnam. Automattic cerró sus oficinas en 2017 y dejó a sus 1.000 empleados trabajar desde donde quisieran, repartiéndolos por 75 países, e intentando compensar siempre al alza, como explica su CEO en ‘Techcrunch’.

¿Teletrabajo para quién?

Así visto, es posible argumentar que un sueldo inferior podría cundir mucho más que un sueldo más elevado fuera de Madrid o Barcelona, como suelen señalar las comparaciones respecto a nivel de vida. La respuesta a la pregunta de por qué entonces hay tanta concetración es obvia: porque hay muchos sectores que prácticamente no existen fuera de estos polos de atracción. Tan solo San Sebastián suele ofrecer unos sueldos acordes con el coste de vida, por lo que el ajuste a través del teletrabajo podría servir de herramienta para aliviar estas diferencias.

"Tiene sentido una modulación por CCAA, que puedan decidir dentro de unos márgenes si el SMI o el ingreso mínimo vital es más alto o bajo"

“El problema de la concentración no son los salarios en sí, sino que nunca vas a tener las mismas oportunidades en Madrid que en Asturias”, recuerda Rubiera. “Los procesos de promoción no ocurren solos, se necesitan interacciones personales y oportunidades, y eso en las profesiones creativas se ve muy claro, pero también ocurre en las grandes tecnológicas como Google o Apple. Por ese tipo de cosas, la gente sigue marchando a Madrid a pesar de los sueldos. Eso la gente quizá no lo formaliza, pero lo tiene claro: o vas a Madrid o no progresas”. Como ha recordado con anterioridad, la homogeneización de salarios frenaba la despoblación al desincentivar la migración.

Otra dificultad añadida es el cálculo del coste de la vida, prosigue el economista, a partir de una cesta básica con los precios medios para una familia española. “Hacemos medias de medias de medias, y no es lo mismo la de un madrileño que la de un asturiano, pero todo eso queda oculto, infravalorando la inflación en Madrid y sobrevalorando la de Asturias”, lamenta. “El IPC es una media, y las medias solo funcionan bien si son homogéneas, pero con un territorio tan heterogéneo como España, está empezando a fallar. Este procedimiento cada vez refleja peor la realidad, porque el país está cambiando y hay una concentración mayor”.

En ese sentido, cada vez tiene menos sentido el café para todos económico, tanto a nivel público como de sueldos. “Tiene sentido una modulación por comunidades autónomas, que puedan decidir dentro de unos márgenes que el SMI o la renta sea un poco más baja o alta”, añade. “Mucha gente lo vería como una disfunción, como que el territorio se rompe, pero si se hace bien y no se hace por otro tipo de criterios sino por coste de vida, es mucho más preciso”.

Otra obviedad es que el teletrabajo no se reparte igual ni entre todas las regiones ni entre todos los sectores. Mientras que el índice de teletrabajo en Madrid se encuentra en un 43%, otras regiones como Castilla y León (24%), Extremadura (25%) e Islas Baleares (25%) se quedan muy lejos, por lo que solo beneficiaría a labores de cuello blanco muy concretas. “La diferencia con Europa es muy alta, hay países en el norte de Europa que tienen mucha más facilidad para el teletrabajo, y otros en el este o el sur, basados en hostelería y sector servicios, que no”, recuerda Martínez Matute.

Además, medidas como el ajuste de sueldo por teletrabajo tienen sentido en las grandes empresas, pero no en las de pequeño y mediano tamaño, que componen el tejido empresarial español. Una barrera más ante un supuesto futuro de teletrabajo y flexibilidad que, como concluye Molina, aún está lejos: “Tengo mis dudas de que esto sea la consolidación del teletrabajo que algunos están anunciando”.

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