El lastre de los bajos salarios

España vuelve a 2,2 afiliados por pensionista, pero ya no sirve para cuadrar las cuentas

Esta fue la última 'cifra mágica' que garantizó el equilibrio presupuestario de la Seguridad Social en 2011. Los bajos salarios y la subida de las pensiones han disparado el déficit en 18.000 millones

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

La última vez que España tuvo una ratio de 2,2 trabajadores afiliados por pensionista fue en mayo de 2011. En ese momento, la crisis económica había borrado el superávit de la Seguridad Social, pero las cuentas todavía se mantenían en equilibrio. Fue la última vez que el sistema de pensiones estuvo en ‘números negros’. En 2012 se reprodujo la crisis y la ratio se hundió a menos de 1,95 trabajadores por pensionista.

Desde entonces, han pasado ocho largos años de crisis y recuperación hasta recuperar la ‘cifra mágica’ de los 2,2 trabajadores por pensionista. Sin embargo, esta vez esa ratio ya no garantiza el equilibrio presupuestario. En realidad, es justo lo contrario, el déficit de las pensiones previsto para este año supera los 18.000 millones de euros.

La ratio de 2,2 trabajadores ya no sirve, y es la consecuencia de tres factores que empujan en la misma dirección deficitaria: la precariedad del empleo, la subida de las pensiones y la acumulación de paro de larga duración. El resultado es que en este periodo los ingresos de la Seguridad Social han crecido un 15% y los gastos un 30%, el doble.

El número de trabajadores afiliados a la Seguridad Social subió en mayo hasta los 19,4 millones de cotizantes, el segundo dato más alto de toda la serie histórica, solo superado por el récord de julio de 2007, cuando coincidieron la temporada alta y el pico de la burbuja inmobiliaria. En los próximos meses se romperá ese máximo histórico, pero la situación de la Seguridad Social seguirá siendo igual de alarmante.

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La receta para salir de la crisis, la devaluación interna, permitió recuperar la competitividad para crear empleo. El problema es que esta devaluación interna no solo redujo la renta de los trabajadores, también lastró los ingresos de la Seguridad Social. Con bajos salarios no se pueden pagar pensiones altas; sencillamente, los números no dan.

En 2008, la cotización media por trabajador era de 5.700 euros, y en 2018 apenas alcanzó los 6.150 euros. Esto significa que los ingresos por cada trabajador en alta laboral apenas han crecido un 8% en un periodo en el que la inflación se ha incrementado casi un 13%. O lo que es lo mismo: la cotización real por trabajador se ha reducido.

Los bajos salarios están en la base del déficit de la Seguridad Social y, mientras no se recuperen, será muy complicado reducir el ‘agujero’ actual sin otras medidas de ingresos. El empleo está creciendo muy rápidamente (con más de 500.000 cotizantes nuevos cada año), pero apenas sirve para cubrir las nuevas pensiones y la dinámica del gasto no parece que vaya a frenar en los próximos años.

La revalorización

Desde 2011, el gasto en pensiones contributivas se ha incrementado un 36% y este año superará los 158.000 millones de euros, según las proyecciones de la Seguridad Social. Por el contrario, los ingresos por cotizaciones apenas han crecido un 17%. Esto significa que el gasto ha crecido más del doble que los ingresos.

El gasto en pensiones ha acelerado en el último año tras la recuperación de la indexación al IPC. La supresión del índice de revalorización ha acelerado la tendencia creciente del gasto. Un factor que se une al envejecimiento de la población y al efecto sustitución (las nuevas pensiones son un 38% más altas que las que causan baja). El resultado es que en 2019 el gasto en pensiones está creciendo a ritmos del 8% anual.

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La inercia del gasto, acelerada por la recuperación de la indexación al IPC, hace que sea imposible reducir el déficit solo con la creación de empleo. Es necesario que los salarios se recuperen. Esto es, que suban las remuneraciones ya existentes y que los nuevos contratos (especialmente a jóvenes) dejen de ser tan precarios, tanto en sueldo como en intensidad.

El último factor que afecta negativamente al déficit de las pensiones es el paro de larga duración. En los primeros años de crisis, desde 2008 hasta 2010, los ingresos por cotizaciones no sufrieron el impacto del estallido económico a pesar del hundimiento del empleo. Esto fue así gracias a la cotización del desempleo.

La prestación a los parados cotiza a la Seguridad Social, lo que permitió asegurar una buena parte de los ingresos durante un periodo. Entre diciembre de 2007 y diciembre de 2010, el número de cotizantes desempleados aumentó en 1,5 millones de personas. El problema es que a medida que estos parados agotaban su prestación, también dejaban de cotizar. El resultado es que la pérdida de ingresos de la Seguridad Social se retrasó hasta que se convirtieron en parados de larga duración. En la práctica, esto era una transferencia desde los Presupuestos hacia la Seguridad Social que limitó durante un tiempo el 'agujero' de las pensiones.

Nadie espera que la cifra de 2,2 trabajadores por cotizante vuelva a servir para equilibrar el sistema por sí misma, al menos en los próximos años

A partir de 2011, se empezó a reducir el número de desempleados afiliados a la Seguridad Social. Esto, unido a la segunda fase de la crisis y al aumento de la pensión media, provocó un déficit galopante que ha llevado hasta la situación actual. El deterioro de la situación es tal que ahora la esperanza para reducir el desfase entre ingresos y gastos pasa por que los impuestos financien una parte de las pensiones. Nadie espera que la cifra de 2,2 trabajadores por cotizante vuelva a servir para equilibrar el sistema por sí misma, al menos no durante los próximos años.

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