El superávit se redujo un 44% hasta febrero

Las pensiones son ya la mitad del déficit: el gasto crece el doble que los ingresos

El gasto hasta febrero se ha incrementado en 2.200 millones de euros, mientras que los ingresos aumentaron en 575 millones. El déficit en 2018 cerró en 16.962 millones, un 8% menos

Foto: La ministra de Trabajo y Seguridad Social, Magdalena Valerio. (EFE)
La ministra de Trabajo y Seguridad Social, Magdalena Valerio. (EFE)

La 'tormenta perfecta' ha caído sobre las cuentas de la Seguridad Social en el inicio de 2019. Todos los factores que pueden presionar al alza de los gastos lo están haciendo: la subida de las pensiones, de la jubilación anticipada y las bajas médicas. El resultado es que se está generando un fuerte desequilibrio en las ya maltrechas cuentas del Sistema. El gasto se ha disparado un 10,9% en los dos primeros meses del año en comparación con el mismo periodo de 2018, mientras que los ingresos 'apenas' avanzan un 4,9%. El resultado es que la Seguridad Social supone ya el 54% del déficit público.

Según los datos de ejecución presupuestaria de los dos primeros meses del año, publicados este viernes por el Ministerio de Trabajo, el gasto del Sistema de la Seguridad Social se está disparando a ritmos del 10,9%. Esto significa que en solo dos meses se ha acumulado un incremento del gasto de 2.213 millones de euros. Tal ritmo es inalcanzable para los ingresos, y eso a pesar del fuerte incremento de las cotizaciones sociales. En concreto, entre enero y febrero, han aumentado los ingresos por cuotas un 4,9%. Este avance es resultado de la recuperación del mercado laboral (creación de empleo y subidas de salarios) así como por la subida de las bases de cotización que aprobó el Ejecutivo al final de 2018.

En total, los ingresos de la Seguridad Social han crecido en 1.110 millones de euros en los dos primeros meses del año. Pero, ni siquiera este fuerte crecimiento de la recaudación es suficiente para contrarrestar el gasto. El resultado es que el superávit del Sistema de la Seguridad Social, que siempre se mantiene hasta que hay que abonar la primera paga extra, se ha reducido un 44%.

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Una parte del incremento del gasto en pensiones desaparecerá en julio. Es la consecuencia de la revalorización aprobada en 2018, que no entró en vigor hasta que no se aprobaron los Presupuestos Generales del Estado. En ese momento, la Seguridad Social tuvo que abonar una paga para compensar la subida que hubiesen tenido desde enero, pero en las cifras de gasto computa en el mes en el que se pagó, de modo que la comparativa interanual de estos primeros meses del año sea incluso superior.

Pero el resto de los componentes del gasto en pensiones no desaparecerán en lo que queda de año. La Seguridad Social abonó el pasado mes de enero una 'paguilla' compensatoria de la desviación de la inflación, que ya pesa sobre el gasto de este año. Además, este año se ha concedido la jubilación anticipada a 3.000 policías que no solo engrosan el número de beneficiarios, también tienen una pensión superior a la media. No solo eso, este año también se ha aplicado la revalorización del 1,6% de las pensiones, cuantía idéntica a la de 2018. En teoría esta subida se hace para evitar la pérdida de poder adquisitivo, pero el problema es que las previsiones de IPC son ligeramente inferiores, en el entorno del 1,3%.

Por último, en el inicio del año se ha disparado el gasto en incapacidad temporal. Esta tendencia ya venía ocurriendo desde la segunda mitad de 2018 y ha puesto en alerta a la Inspección de la Seguridad Social por un posible aumento del absentismo. Si durante la crisis los trabajadores dejaron de cogerse bajas médicas por miedo a ser despedidos, ahora está ocurriendo justo lo contrario: el número de bajas se ha disparado. El resultado es que el gasto en incapacidad temporal en los dos primeros meses del año se ha disparado un 173%, hasta superar los 1.000 millones de euros en solo dos meses.

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Por tipo de pensión, la que más rápido crece es la de viudedad, que se ha disparado un 9,2% en los dos primeros meses del año. Es normal que así sea, ya que el Gobierno de Rajoy subió la base reguladora (que se utiliza para el cálculo de la prestación) un 7,7% en 2018 y este año ha subido otro 7,1%. En el caso de las pensiones de jubilación, el gasto aumenta a ritmos del 7%, también superior a los ingresos por cotizaciones.

El déficit mejoró en 2018

El Ministerio de Trabajo también ha publicado este viernes los datos de ejecución al cierre de 2018 y este dato sí que ha dejado una noticia positiva: el déficit del Sistema de la Seguridad Social se redujo en 1.549 millones de euros, hasta 16.962 millones de euros. La creación de empleo y la subida salarial permitió elevar con fuerza los ingresos del Sistema, que avanzaron un 5,5% hasta superar los 135.000 millones. También crecieron los gastos, pero lo hicieron en una cuantía inferior: un 3,8%.

Sin embargo, dado el ritmo del gasto en 2019 la reducción del déficit de 2018 parece solo una excepción. Los 17.000 millones de desfase presupuestario de 2018 son algo más de la mitad del déficit total del conjunto de las Administraciones Públicas, que fue de 31.800 millones de euros. Y el problema no es que se trate solo de un pico de déficit, sino que se ha convertido en estructural. Esto es, con una situación de equilibrio en la economía, la Seguridad Social mantendría un déficit cercano al 1,5% del PIB. Si se tiene en cuenta que el déficit estructural de España está entre el 2,3% y el 3%, significa que el verdadero agujero que tiene que afrontar España es el de las pensiones.

Por mucho que crezca la economía, difícilmente se podrá superar ya este problema que se ha ido agravando a base de años de inacción. Si las pensiones crecen cada año más de un 4% como consecuencia del envejecimiento de la población y la revalorización con el IPC, difícilmente se logrará conseguir que los ingresos por cotizaciones avancen al mismo ritmo.

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Esto significa que el déficit de la Seguridad Social requiere una reforma en profundidad que eleve significativamente los ingresos de las Administraciones Públicas o que recorte fuertemente el gasto. Solo así se podrá cubrir, desde los presupuestos generales del estado, el déficit que la Seguridad Social ya no puede atajar.

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