El nuevo 'enfermo de Europa'

El Gobierno de Italia tenía razón: el país se encuentra al borde de la recesión

La economía transalpina no creció nada durante el verano a pesar de que es un periodo tradicionalmente bueno gracias al turismo. En tasa interanual, crece ya por debajo del 1%

Foto: El vicepresidente italiano y líder del Movimiento 5 Estrellas, Luigi Di Maio. (Reuters)
El vicepresidente italiano y líder del Movimiento 5 Estrellas, Luigi Di Maio. (Reuters)

Para encontrar un tercer trimestre peor al actual es necesario retrotraerse al verano de 2012, justo cuando el euro se debatía entre la supervivencia o la fragmentación en 17 monedas nacionales. Este verano, Italia ha revivido el fantasma de su estancamiento, que no se aleja desde la década de los noventa. Su economía no creció nada entre julio y septiembre, a pesar de coincidir con los meses de mayor afluencia turística, según el dato adelantado este martes por la mañana por el instituto de estadística del país, Istat. La desaceleración vino provocada por el parón de la industria, lo que refuerza el discurso del Gobierno italiano, que pide a Europa mayor margen fiscal para realizar políticas de estímulo de la demanda y así evitar la temida recesión.

El PIB trimestral se estancó en el 0% a lo largo del tercer trimestre, lo que supone dos décimas menos de crecimiento que en los tres meses anteriores y consolida la tendencia a la desaceleración del último año. El siguiente paso atrás de Italia significará llevar el país a la recesión (técnicamente, ocurre cuando se suceden dos trimestres en negativo). En tasa interanual, la economía italiana avanzó un 0,8% en la primera expansión inferior al 1% desde el año 2015. Este frenazo de la economía coincide con un momento de gran tensión entre el Gobierno italiano y la Comisión Europea de cara a la aprobación de las cuentas públicas de 2019.

La atonía de la economía italiana en los últimos tres meses solo evidencia los grandes problemas económicos, fiscales y financieros que atraviesa el país desde hace lustros y que las autoridades han sido incapaces de solucionar. De ahí que los italianos hayan perdido la paciencia con los partidos tradicionales y hayan dado la responsabilidad de reconducir al país al Gobierno de la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas.

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La recuperación en Italia tardó en llegar más que al resto de Europa, ya que vivió una prolongada recesión desde 2011 hasta 2013. Además, su ciclo expansivo ha sido leve y ha estado plagado de obstáculos. En tasa interanual, el mayor ritmo de crecimiento que llegó a alcanzar el país en la fase económica positiva no superó el 1,7% en 2017, esto es, la mitad de lo que crece ahora España en plena desaceleración.

Tanto la demanda externa como la interna se estancaron en el tercer trimestre del año, señala el instituto de estadística italiano. Pero lo que es más grave es que el único sector que se ralentizó fue el industrial, en el que Italia basa una buena parte de su actividad. El resto, agricultura y servicios, apenas se expandió durante este periodo. Estos datos son todavía preliminares, ya que quedan pendientes de la revisión desagregada en las próximas semanas, pero muestran cómo Italia se aproxima peligrosamente a la recesión.

La incertidumbre política en el país se une a la desaceleración de la economía europea, que continuará durante los próximos años. Un escenario que convierte Italia en el nuevo 'enfermo de Europa'. Estos datos dan todavía más argumentos al Ejecutivo para aplicar políticas de estímulo por la vía de la demanda para incentivar el consumo y así reanimar la actividad económica. Sin embargo, el país se encuentra con la oposición frontal de la Comisión Europea, que teme que un mayor déficit público pueda hacer caer la economía italiana cuando comiencen a subir los tipos de interés.

La deuda pública del país supera el 130% del PIB y lleva años estancada en esa cota, lo que hace que sea muy vulnerable a cambios en el mercado. Es cierto que Italia cuenta con un punto a su favor: el ahorro de los nacionales en bonos del tesoro, lo que hace que apenas tengan acreedores externos. Pero Italia no ha conseguido superar el círculo vicioso entre deuda soberana y riesgo bancario, lo que provoca que cualquier problema en una de las partes pueda contagiar rápidamente a la otra. Y la situación de su sector financiero no es mejor que la del soberano, de hecho, Moody's recortó la semana pasada su calificación a 12 entidades del país.

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Italia camina sobre el alambre. Por un lado, necesita un estímulo a su maltrecha economía y, por otro, necesita un ajuste para evitar caer en el 'bono basura', que sería la puntilla a su delicada situación financiera. Y esta labor de funambulista la tiene que llevar a cabo un Gobierno populista formado por dos partidos de ideología opuesta y que, a su vez, están enfrentados a sus socios europeos. ¿Qué puede salir mal?

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