Tributación

Así han sustituido las familias a las empresas en el pago de impuestos

Los grandes impuestos que gravan a las familias están ya en máximos históricos de recaudación, pero el impuesto sobre sociedades apenas aporta la mitad que en 2007

Foto: La ministra de Hacienda María Jesús Montero (i) conversa con el diputado popular y exministro Cristóbal Montoro. (EFE)
La ministra de Hacienda María Jesús Montero (i) conversa con el diputado popular y exministro Cristóbal Montoro. (EFE)

La mayor parte de las figuras tributarias conseguirán este año una recaudación récord. Tiene sentido que así sea, ya que el PIB del país está en máximos históricos. Sin embargo, no todos los impuestos gozan de la misma salud o, lo que es lo mismo, no todos los agentes económicos contribuyen al sostenimiento del Estado del Bienestar igual que hacían antes del estallido de la crisis.

El Estado alcanzó su máximo histórico de recaudación en el año 2007 y todavía no ha conseguido superar esta cifra. Y eso a pesar de que el PIB ha superado ya los niveles previos a la crisis y de que muchos de los tributos sí que están en su nivel máximo de recaudación. El esfuerzo fiscal exigido a las familias no ha sido suficiente para compensar el hundimiento del impuesto sobre sociedades, lo que hace que España todavía tenga que esperar uno o dos años hasta volver a los niveles de 2007.

Los hogares pagaron en 2017 más impuestos que nunca. Los principales tributos que gravan la renta (IRPF) y el consumo (IVA y especiales) superaron los niveles de récord del año 2007. El mayor crecimiento de la recaudación se ha producido en el IVA, gracias a la recuperación del consumo y a la subida del impuesto que aprobó el Gobierno de Mariano Rajoy en 2012. Según los datos de la Agencia Tributaria, en 2017 se ingresaron 63.600 millones de euros con el IVA, lo que supone superar en 7.800 millones de euros el registro de 2007. Esto es, un 14% más.

También el IRPF ha crecido en este periodo a pesar del aumento del desempleo, la pérdida de población y la cantidad de parados sin prestación que no abonan este impuesto. Los ingresos con este tributo en 2017 superaron los 77.000 millones por primera vez en la historia. En comparación con los años de la burbuja, la Agencia Tributaria recauda ahora un 6,1% más. Este tributo se hundió en el inicio de la crisis, pero el Ejecutivo de Rajoy consiguió apuntalarlo a partir del año 2012 con su primera subida de impuestos a los hogares.

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Los impuestos especiales van algo más rezagados, ya que gravan algunos productos que cada día se consumen menos. Por ejemplo, el consumo de cajetillas de tabaco se ha desplomado casi un 50% desde 2007 y el de las gasolinas ha caído un 18%. Si cae el consumo, es normal que la recaudación se resienta. Sin embargo, los ingresos por los impuestos especiales también están en máximos históricos, superando en casi un 3% los niveles de la burbuja. En 2017 la Agencia Tributaria ingresó 20.300 millones de euros con estos tributos, 520 millones más que antes de la crisis.

El único impuesto de los grandes del país que está muy lejos de sus máximos es el impuesto sobre sociedades. Las empresas pagan hoy casi la mitad de impuestos de los que abonaban durante la burbuja. En concreto, la recaudación en 2017 se quedó en 23.100 millones de euros, un 48,4% menos que hace una década.

El esfuerzo fiscal

Desde los máximos del año 2007 las empresas han conseguido rebajar su factura fiscal en 21.700 millones de euros. Un desplome que el país todavía no ha conseguido compensar pese a la subida del resto de impuestos. En el año 2012, el Gobierno de Rajoy introdujo una serie de limitaciones para elevar y anticipar el pago de impuestos de las sociedades en un momento en el que España estaba al borde de la quiebra, lo que permitió frenar una caída mayor del impuesto.

Para 'compensar el agravio', el mismo Gobierno rebajó el tipo efectivo a las empresas en dos años consecutivos, pasándolo del 30% al 25% en 2016 (en el caso de los bancos, mantuvo el 30%). Esta rebaja contribuyó a que las compañías mantuviesen bajo mínimos su factura fiscal. El resultado es que en 2017 la recaudación de este tributo apenas ha crecido en 1.700 millones desde el año 2012. Un comportamiento que contrasta con los impuestos soportados por las familias. El IRPF genera ahora 6.400 millones de euros más y el IVA aporta 13.200 millones más.

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El motivo para que las sociedades tributen tan poco no se puede encontrar en los beneficios, ya que su renta ascendió en 2017 a máximos históricos. La base imponible consolidada del impuesto sobre sociedades ascendió a 220.400 millones de euros, un 1,1% más que antes de la crisis. Los hogares también tienen más renta y por eso pagan más impuestos, pero con las empresas no ocurre esto.

Si se restringe la base imponible exclusivamente a los resultados consolidados en España, el resultado es de 106.500 millones de euros. En este caso sí que está lejos de los máximos históricos de 2007, un 32,5% por debajo. Un descenso que ni se acerca a la caída de la recaudación efectiva del tributo, que se ha hundido un 48,4%.

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En el caso del IVA ocurre justo lo contrario. El gasto final sujeto a este tributo se ha reducido un 7,3% desde el año 2007, sin embargo, la recaudación de este tributo se ha disparado un 14%. Un claro reflejo de las consecuencias de la subida del impuesto del año 2012 y de cómo la presión fiscal ha virado de las empresas a las familias.

Además, la Agencia Tributaria se enfrenta a un grave problema a la hora de conocer cuáles son los verdaderos beneficios generados por las multinacionales tecnológicas en España. Estas compañías emplean resquicios legales y otros no legales (como los precios de transferencias o la tributación sin sede permanente) para ocultar beneficios al Fisco y, por tanto, minimizar su carga tributaria. De ahí que sea difícil conocer cuál es el verdadero beneficio empresarial en España que debería tributar en el impuesto sobre sociedades.

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La caída de la contribución de las empresas responde a dos cuestiones: la cantidad de deducciones que tienen las compañías y las bases imponibles negativas generadas durante la crisis. Las pérdidas de años anteriores compensan los beneficios actuales, de modo que las empresas aumentan sus ganancias mientras reducen el tipo efectivo que pagan a la Agencia Tributaria. Un efecto que se acabará cuando las empresas agoten todos sus créditos fiscales o cuando el Estado limite su uso.

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