SU valor añadido se ha hundido, pero mantiene los salarios

El argumento del Gobierno para el impuesto a la banca: los salarios desproporcionados

El valor añadido que crea la banca se ha desplomado con la crisis, y también el empleo creado. Sin embargo, las rentas salariales muestran cómo unos pocos son los grandes beneficiados

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters)

El Gobierno de Pedro Sánchez se ha marcado como objetivo que las grandes empresas contribuyan al Estado de bienestar en función de su capacidad económica real y no de sus trucos para minimizar la factura fiscal. El impuesto a la banca tendrá un papel protagonista en la “estructura fiscal para el siglo XXI” que está elaborando el Ministerio de Hacienda. Para los socialistas, la reforma tributaria debe adaptarse a la nueva economía para que todos los contribuyentes realicen el mismo esfuerzo. Ahí es donde el Ejecutivo justifica el nuevo impuesto a la banca que está terminando de elaborar.

La banca ha realizado un gran ajuste desde el estallido de la crisis, tanto, que es uno de los sectores que más han recortado su aportación al PIB. No solo eso, además, es uno de los pocos que siguen destruyendo empleo. Sin embargo, la masa salarial que tiene el sector se mantiene más cerca de los niveles precrisis. En resumen, los problemas económicos de la banca no son de renta, sino de cómo se reparten sus ingresos y, por lo tanto, de quién se queda con los beneficios. Las pruebas son irrefutables y son el argumento que baraja el Gobierno para poner en marcha este impuesto a la banca.

Desde el año 2009, el valor añadido del sector financiero ha caído casi un 30%. Un descenso que muestra la contracción que ha experimentado la banca y la caída en su aportación al PIB. Sin embargo, este descenso no se ha visto reflejado en la evolución de las rentas salariales del sector.

Según las cuentas no financieras del INE, hasta el primer trimestre de 2018 la caída de la renta salarial ha sido de casi el 17%. Esto significa que el valor añadido que origina el sector ha caído casi el doble que la renta salarial.

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El sector financiero ha vivido unos años de fuertes ajustes para reducir una red de oficinas que estaba sobredimensionada antes de la crisis. Por lo tanto, es normal que su aportación al PIB haya caído y también haya destruido empleo. Sin embargo, la diferencia está en que la destrucción de empleo ha sido también más intensa que la caída de las rentas salariales.

Los datos son claros: el número de ocupados en el sector se ha reducido en un 22% desde el año 2009, mientras que las rentas salariales solo se han contraído un 27%. Esto significa que la corrección del empleo ha sido más agresiva que la de las rentas salariales. La explicación es que la mayor parte de los trabajadores despedidos han sido los de las oficinas, que tienen salarios más bajos. Por eso la destrucción de empleo ha sido más intensa que la de salarios.

Los mejores salarios

El resultado es que el sector financiero se ha deshecho de muchos de los sueldos más bajos, pero ha mantenido las remuneraciones más generosas. Más datos del INE avalan este análisis. El salario medio mensual en el sector financiero se ha incrementado un 14% desde el estallido de la crisis. Un incremento que ha sido superior al del resto de la economía, en la que ha crecido un 9%.

La brecha se ha agrandado en los últimos años, que es cuando más rápido han crecido los salarios en el sector financiero. Desde el primer trimestre del año 2016 hasta el primer trimestre de 2018, el salario medio del conjunto de la economía se ha incrementado un 1%. En este periodo, el salario medio del sector financiero se ha incrementado un 7%, esto es, siete veces más.

El resultado es que el sector financiero se ha consolidado como el más generoso en sus retribuciones. El salario medio mensual en el sector supera los 4.600 euros, casi cuatro veces más que en el sector con las retribuciones más bajas, la hostelería. Ningún sector tiene unos salarios tan altos como el bancario, una media que solo es posible alcanzar si las retribuciones más altas son muy elevadas. Es por eso que el PSOE empezó a plantearse cuál tiene que ser su contribución justa al Estado de bienestar. Si el valor que aporta el sector se ha hundido y los ajustes no han afectado a los empleados de más alto rango, es porque la ‘tarta’ se está repartiendo de forma desigual. ¿Qué sentido tiene que el sector siga pagando los sueldos actuales si el valor que crea para el país ha caído tanto?

Además, el sector cuenta con el 'agravante' del rescate financiero que disparó la deuda de España. El Gobierno quiere que la banca contribuya a reparar ese gasto y, además, ahora también tiene un argumentario para hacerlo. Pocas dudas quedan de que el sector financiero tiene una gran capacidad económica y que los ajustes que ha realizado han sido desiguales. Una buena parte de sus ingresos se emplean en los salarios más altos, al tiempo que sigue el ajuste entre los trabajadores con menor retribución.

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Si el sector tiene capacidad para abonar los sueldos que está pagando y se ha resistido a hacer ajustes en este tramo, es porque su situación no es tan delicada. De ahí que el Gobierno se haya planteado abordar el impuesto a la banca. El tributo comenzará a funcionar en el año 2019 y tendrá un papel fundamental para reducir el déficit estructural de España, como pide la Comisión Europea.

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