LAS MÁQUINAS SUSTITUYEN A LOS HUELGUISTAS

Amazon, la primera huelga del siglo XXI: cuando los esquiroles son robots

La huelga de Amazon es algo más que un paro de trabajadores. Pone a prueba las relaciones laborales en el siglo XXI. La tecnología y los robots sustituyen a los huelguistas

Foto: Foto: Reuters.
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Karl Marx dejó escrito que el molino manual creaba señores feudales, y que el molino de vapor -en el origen de la primera revolución industrial- daba lugar al nacimiento de sociedades capitalistas. Todavía no está claro qué modelo de sociedad creará la revolución digital, pero hay una cosa clara. En el nuevo modelo económico tendrá un lugar preferente Amazon, la compañía de Jeff Bezos, que hoy sufre en sus carnes los rigores del sindicalismo tradicional.

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Los trabajadores de la planta de Madrid, como se sabe, han convocado un paro de dos días en apoyo del convenio colectivo. Un viejo instrumento del siglo XIX que golpea a una compañía del siglo XXI. En otras palabras, un conflicto que es algo más que una huelga.

No en vano, Amazon refleja con nitidez los cambios trascendentales que se están produciendo en el mundo del trabajo. Y que se manifiestan en una comparación muy significativa. El gigante de la distribución Walmart es quien tiene mayor número de metros cuadrados y la plantilla más numerosa en EEUU, pero su valor en bolsa no supera los 260.000 millones de dólares; mientras que Amazon, con menos empleados, un número muy inferior de metros cuadrados y unos beneficios sensiblemente más bajos, vale más de 760.000 millones de dólares a precios de mercado.

Detrás de esta realidad están, sin duda, las expectativas de beneficios a medio y largo plazo de una y otra compañía. Mientras que el modelo de distribución de Walmart puede considerarse maduro, el de Amazon está arrancando. Pero en el caso de la compañía de Bezos, con una singularidad: el modelo de relaciones laborales está por descubrir dada la fragmentación y la descentralización estructural de la economía 'online'.

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Walmart, por el contrario, que durante años fue considerada la empresa más exigente con sus trabajadores (fue puesta en el foco de los sindicatos de EEUU por las duras condiciones laborales impuestas a los inmigrantes que trabajaban en la compañía), se ha visto obligada a elevar en los últimos años de forma relevante el salario por hora de sus empleados. Un problema que Amazon puede eludir gracias a las nuevas formas de empleo: más fragmentado, más tecnológico y con menos capacidad de organización sindical.

En todo caso, hay una cosa clara. La rápida progresión tecnológica contrasta con un marco jurídico-laboral que sigue anclado en el formato clásico. Pero lo moderno, como diría la Organización Internacional del Trabajo (OIT), no es volver al siglo XIX. Y las huelgas, también en Amazon, son una realidad laboral y un instrumento de presión sindical.

La ley del silencio

Ahora bien, con una novedad. Si en las huelgas clásicas la posibilidad de que el empresario utilice a otros trabajadores para reventar el paro está taxativamente prohibido por los tribunales, en la economía digital los célebres esquiroles pueden ser sustituidos por robots. No solo en la distribución, también en la banca, en la industria eléctrica o, desde luego, en los medios de comunicación.

Es decir, que los algoritmos son hoy la nueva fuerza de trabajo alternativa en momentos de conflicto laboral, lo que provoca un cambio trascendental en las relaciones laborales. Una vieja institución como es la huelga, está cerca de entrar en el corredor de la muerte. Y en una empresa como Amazon, cimentada sobre la tecnología y los algoritmos, el campo es algo más que fértil. Está abonado. Hoy, la ley del silencio de Marlon Brando se haría contra un amasijo de hierros y plásticos instalado en cualquier nave industrial 4.0.

Existen, sin embargo, límites. Una sentencia del Tribunal Constitucional admitió hace ahora un año la licitud de sustituir a trabajadores huelguistas valiéndose de medios técnicos o automáticos. Pero siempre que esas tecnologías estuvieran previamente presentes en la empresa. Es decir, que está prohibido sustituir a los huelguistas por máquinas adquiridas con el fin único de reventar huelgas.

Como ha sostenido la OIT, en una primera aproximación podría pensarse que el Tribunal opta por una “visión normalizadora” del recurso a las herramientas tecnológicas, pero ello no es así realmente, pues uno de los argumentos utilizados es que la prohibición de sustitución de huelguistas que contiene el decreto-Ley que regula el derecho de huelga (año 1977) alude solo a la que se vale de recursos humanos. Es decir, de trabajadores.

Por tanto, el Tribunal Constitucional lo que ha hecho es aplicar una interpretación literal -no finalista ni acompasada al signo de los tiempos-, lo que permite entender que la sustitución mediante máquinas queda fuera de la conducta prohibida. Una máquina, por consiguiente, puede echar por tierra una huelga, lo cual es especialmente significativo en empresas tecnológicas, más propensas a utilizar, además, mano de obra con condiciones laborales más precarias. Y que al no estar dada de alta en la empresa, puede convertirse en un formidable ejército de reserva.

O expresado en otras palabras, el TC, en su discutida sentencia (tuvo tres votos particulares en contra), habilitó el uso de máquinas para amortiguar el impacto de una huelga. Alegría para Amazon, pero un drama en aquellas empresas en las que el trabajo manual puede ser sustituido fácilmente por máquinas. Se adivina un nuevo tiempo en las relaciones laborales. Los luditas tienen nuevas razones para rebelarse.

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