el cambio de estambul a eibar

Los kilos de fantasía de Eden Hazard y otras claves del nuevo Real Madrid

Zidane empieza a dar con la tecla y encontrar las soluciones para construir un Real Madrid que no recibe goles, tiene continuidad en el juego y ve portería

Foto: Sergio Ramos celebra el gol marcado de penalti en Ipurua. (EFE)
Sergio Ramos celebra el gol marcado de penalti en Ipurua. (EFE)

El Real Madrid pasa, en 19 días, de plantearse si hay que echar a Zinédine Zidane a gozar en la goleada contra el Eibar. Es el tiempo que va desde el 'match-ball' contra el Galatasaray hasta el fútbol colectivo que arrolló al Eibar. En Estambul tuvo que salir Sergio Ramos a la sala de prensa para decir, antes del partido y en un atmósfera con fuego, que estaban a muerte con Zidane. En Ipurua bastó con los kilos de fantasía que tiene Eden Hazard. La mejoría está en el compromiso que tienen los futbolistas cuando se trata de mantener al entrenador que les conviene. El nombre de Mourinho planeó en el vestuario y se produjo una nueva reacción. Otra actitud. Desde Estambul hasta Eibar el juego tiene una marcha más y la estructura está mejor engrasada. La velocidad, el ritmo y la intensidad son mejores y la calidad marca las diferencias.

Las claves del nuevo Real Madrid están en el paso adelante en todas las líneas. Desde la portería (Courtois), defensa (crece con la contundencia de Mendy), centro del campo (Fede Valverde) y delantera (Rodrygo y Eden Hazard). No podían sostener al equipo los mismos. Sergio Ramos, Casemiro, Kroos y Benzema eran los únicos que tenían un rendimiento regular. Pocos efectivos para un entrenador nervioso y en apuros por los fallos (despistes, parsimonia, fragilidad, lesiones y poca puntería). Muy enfadado con la derrota en Mallorca. Hubo tirón de orejas.

La remontada de Thibaut Courtois

El belga, criticado por su inseguridad, es más fiable. Empieza a realizar paradas salvadoras. Su peor momento, sus horas más bajas, las vivió en el partido contra el Brujas en el Bernabéu. Se tuvo que retirar en el descanso por culpa de un virus estomacal, con mareos y vómitos. No estuvo acertado en los dos goles del equipo belga. Se sospechó que la ansiedad podía estar detrás de un guardameta que no tenía actuaciones al nivel de Ter Stegen en el Barcelona y Oblak en el Atlético de Madrid. Zidane creyó que era el momento de dar una oportunidad a Areola.

A Courtois le vino bien desconectar del Real Madrid en el último parón de Selecciones. Desde su regreso es otro y acumula una excelente racha de cinco partidos seguidos con la portería a cero. Más de 500 minutos sin recibir un gol. Por aquí se empieza a explicar la mejoría del nuevo Real Madrid. Courtois fue clave en el decisivo partido contra el Galatasary en Estambul con paradas de mérito en momentos puntuales. Sujetó al equipo, lo metió en el partido y evitó el desastre. Desde ese día tiene más confianza y transmite seguridad.

La contundencia de Mendy

Ferland Mendy ha dado un paso adelante. El joven lateral francés aprovecha las oportunidades que le da Zidane. Tiene mucho margen de mejora y el entrenador prioriza una adaptación más lenta y segura a darle una mayor responsabilidad. Para eso tiene a Marcelo. El brasileño, más experto y escarmentado después del bajo rendimiento en la pasada temporada, siente la competencia de un lateral que tiene frescura y unas excelentes condiciones físicas.

Se atisba en Mendy un enorme potencial para desplegar el fútbol vertical y de altísima intensidad que propone Zidane. Se vio la fuerza, potencia y resistencia en el partido contra el Galatasaray en el Bernabéu (en la segunda parte cuando entró al campo por la lesión de Marcelo), y en la goleada contra el Eibar. Sube y baja. Llega hasta la línea de fondo y pone el pase atrás. Centra. Busca salir a la contra. Le falta la frialdad en la definición. Es un lateral poderoso. Hay que seguir puliéndolo. Distinto a Marcelo. Menos fino, pero más contundente.

La energía y el equilibrio de Fede Valverde

El uruguayo es necesario para el entrenador. En los dos últimos partidos ha dejado en el banquillo a Modric (contra el Galatasary) y a Kroos (en Ipurua). El centro del campo tiene dos pilares: Casemiro y Fede Valverde. El brasileño encuentra oxígeno en el uruguayo. Ayuda en la salida del balón, va a los balones divididos, hace coberturas y llega a posiciones de remate (marcó el cuarto gol al Eibar de un disparo desde la frontal del área). El 'Pajarito' tiene enamorado a Zidane por su juventud, hambre, energía y el equilibrio que le da un equipo que tiene más ritmo, intensidad y verticalidad. Y ahora suma en el apartado ofensivo. Zizou le califica como el centrocampista "moderno".

El relevo generacional ha llegado. Fede Valverde va a jugar mucho esta temporada si mantiene este nivel. Rompe con el centro del campo campeón de las Champions (Modric y Kroos tendrán que rotar y dosificarse) y adelanta a Isco. Al malagueño lo quiere recuperar Zidane, pero cuesta verle por delante de Fede Valverde.

El gol y la fantasía de Rodrygo y Hazard

Los problemas de gol los soluciona un chico de 18 años: Rodrygo. La fantasía le corresponde a Eden Hazard. Son los dos fichajes que ayudan a recuperar la ilusión. Le hacía falta al Real Madrid que aparecieran futbolistas diferentes y que destacan por su calidad. Rodrygo y Hazard, asociados con Benzema, sacan al juego del equipo de la espesura y la monotonía. Rodrygo está para competir el puesto en la banda derecha a Bale, James, Lucas Vázquez y Vinicius. Tiene facilidad para entender el juego y hacer goles. Es joven, aunque ya se sabe que Zidane va más despacio con estos chicos (como Mendy) aunque tiren la puerta.

Hazard ya no está gordo. Es lo mejor que le puede pasar al Real Madrid. El fichaje de los 100 millones de euros aparece en un campo complicado como Ipurua y ante un rival exigente como el Eibar de Mendilibar. Los kilos de Hazard están en la fantasía de su juego cuando demuestra que su condición física es mejor de lo que aparenta su fisonomía. No se puede hacer una jugada a tanta velocidad para driblar a rivales, llegar a la línea de fondo y centrar de rabona sin trastabillarse como la que protagonizó en Ipurua. Le falta la guinda del gol.

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