La lección que no aprendió el Barcelona con Neymar y el pacto de caballeros

Al PSG se le llamó club-estado por estar financiado desde Qatar con inyecciones de dinero que no podían ser generadas por el propio negocio del fútbol. Faltaba transparencia e información

Foto: La salida de Neymar del PSG está cerca. (Reuters)
La salida de Neymar del PSG está cerca. (Reuters)

Hace dos años, los viejos clubes de Europa, con el Real Madrid y el Bayern de Múnich al frente, pusieron el grito en el cielo con el escandaloso desembolso que hizo el París Saint-Germain con los fichajes de Neymar (222 millones de euros al contado) y Mbappé (180 millones camuflados con una cesión con opción de compra de un año). La gran mayoría se sintió amenazada y protestó a sus federaciones y a los organismos que rigen el fútbol por unas maniobras que calificaron de peligrosas porque producirían una inflación el mercado y perjudicarían, a medio plazo, la economía del deporte rey.

Al PSG se le llamó club-estado por estar financiado desde Qatar con inyecciones de dinero que no podían ser generadas por el propio negocio del fútbol. Faltaba transparencia e información y se abrieron diversas investigaciones para comprobar si realmente se estaba saltando las normas. Desde Francia pasaron por encima de las instituciones más tradicionales y prestigiosas del fútbol. Incluidos los clubes ingleses, que como Madrid, Barcelona y Juventus tienen más músculo para el gasto.

Poco o nada se ha podido demostrar del presunto dopaje financiero del club parisino, que es evidente que tiene las espaldas cubiertas desde Qatar y hace y deshace bordeando la ilegalidad. El primer equipo que sufrió el doble efecto PSG con los 402 millones gastados solos en Neymar y Mbappé fue el Barcelona. Josep María Bartomeu enfureció por la traición del brasileño y fue a la desesperada a buscar y gastar el dinero para aliviar la ofensa e ilusionar a la afición. Acabó gastando más de 300 millones de euros en Dembélé y Coutinho. El argumento a su favor es que tenía dinero fresco y suficiente liquidez con los 222 millones de Neymar para permitirse 'mear más largo'.

En 2017, el PSG gastó 400 millones de euros en Neymar y Mbappé. (Reuters)
En 2017, el PSG gastó 400 millones de euros en Neymar y Mbappé. (Reuters)

Algo parecido ha sucedido este verano con los fichajes del Atlético de Madrid. Con los 120 millones de Antoine Griezmann (en el club guardan la esperanza de que sean 80 millones más por las presuntas irregularidades cometidas por el Barcelona), más los 80 de Lucas Hernández y los 70 de Rodrigo, Miguel Ángel Gil Marín emula al PSG con el fichaje de Joao Félix y no para. El último puede ser Rodrigo Moreno y los 60 millones de euros al Valencia de Peter Lim y Jorge Mendes. Porque el agente portugués consigue que clubes como Atlético y Valencia sean socios en los negocios y no se hable de una inflación en el mercado, aunque sí se puede sospechar que los utiliza como agencias de representación.

El presunto dopaje financiero del PSG

El otro perjudicado por el presunto dopaje financiero del PSG y ese pacto entre clubes que nada o poco se respeta para parar la inflación en los fichajes y las consecuencias en los sueldos por las cifras tan elevadas y las altas comisiones que se llevan los representantes, es el Real Madrid. Cuentan desde el club blanco que no quieren entrar en este juego que califican de perjudicial y dañino para el equilibrio salarial en las plantillas y los altos porcentajes que se comen del presupuesto. Florentino Pérez sigue en sus trece y descarta a Paul Pogba cuando le piden 170 millones de euros igual que no ve a Neymar cobrando una ficha de 37 millones de euros netos al año en una plantilla de la que presume tener controlada en límites salariales altos, pero asumibles.

Sus jóvenes fichajes costaron 45 millones de euros cada uno (Vinícius y Rodrygo). A Florentino le costó una bronca con Cristiano Ronaldo el fichaje de Neymar por el PSG y la última renovación de Messi por el Barça (50 millones de euros netos por temporada entre todas las partidas fijas y variables). Estalló la relación y el portugués acabó, por 100 millones de euros, en la Juventus. Un año después ha fichado a Eden Hazard por el mismo precio y forzado por una mala temporada. No da más pasos porque está atado de manos con el bloqueo de la salida de Bale y James, sobre todo, aunque si consiguiera colocarlos parece difícil creer que Florentino tuviera una predisposición seria a gastarse los 170 millones en Pogba o los 200 que pide el PSG por Neymar. Mucho tendría que cambiar el escenario en pocos días o apretar Zidane.

Tampoco quiere entrar en este juego uno de sus mejores aliados, el Bayern de Múnich. Los alemanes tienen las cuentas saneadas, como Florentino, y apelan a una cordura que se puede volver a perder si Bartomeu se tira al monte y provoca el regreso de Neymar. Es posible y pone a los dirigentes de los clubes en una situación de discrepancia.

Al PSG no le pillaron con las manos en la masa. No hubo sanción. Trazó una buena estrategia para desmontar la teoría de que recibe inyecciones de dinero fuera del fútbol y se salta las reglas del juego limpio financiero. Dos años después, desde Qatar se quieren cobrar su venganza con aquellos clubes y dirigentes que les acusaban de hacer trampas. Algunos se quitan de en medio ante la realidad de lo duro que negocian desde el emirato y otros, como el Barcelona, parecen no haber aprendido la lección. Bartomeu vuelve a entrar en un terreno salvaje y pantanoso.

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