no festejó el gol de la victoria en levante

El desprecio de Bale que el Real Madrid no le puede consentir

El Real Madrid ganó con mucho sufrimiento y dos penaltis al Levante en un partido en el que Bale se negó a celebrar el gol y despreció a Lucas Vázquez cuando fue a felicitarlo

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Gareth Bale escenificó con el gol de penalti su enfado con Solari. El galés marcó el segundo tanto en la victoria contra el Levante (1-2) y se quitó de encima a Lucas Vázquez cuando se disponía a darle un abrazo para festejar el tanto del triunfo. El galés tuvo un feo gesto con su compañero. Apretó los dientes, cerró la boca, se fue trotando al centro del campo sin muestras de alegría ni júbilo. Quiso reivindicar que no está contento con su suplencia y este gesto de rebeldía puede aclarar que el famoso corte de mangas que hizo en el Wanda Metropolitano cuando marcó el tercer gol del equipo no era para la grada sino para el entrenador. Bale despreció a Lucas Vázquez y el resto de compañeros entendieron que no era el momento de acercarse al galés por el calentón que llevaba. En el palco del Ciutat de Valencia estaba Florentino Pérez y el presidente tendrá que tomar nota de otro capítulo de un jugador que tiene gestos contestatarios y antepone sus intereses a los colectivos.

Este es el egoísmo de Bale. Tardó en salir del banquillo cuando le mandaron calentar en la banda y se lo tomó con calma cuando recibió órdenes de entrar en el campo por Benzema –minuto 69–. Si ya no le sienta bien ser suplente, todavía es peor cuando no es ni el primer cambio. Antes que él, entró Fede Valverde para sustituir a Kroos. Lo que se vio contra el Levante no es nuevo. Contra el Girona, el galés también fue suplente y el segundo cambio. Esos minutos que estuvo en el campo para ser uno de los revulsivo se los tomó como el que va a la huelga a hacer bulto. Indolente con su presencia. Silencioso, pero reivindicativo con su apatía y desgana.

Bale no soporta ver cómo Vinicius y Lucas Vázquez están en el once y a él, ahora que está sano, le toca esperar su oportunidad. Se teme el galés que Solari haya encontrado su once de gala y si el técnico es capaz de prescindir de Isco, Marco Asensio y Marcelo, lo suyo también vaya en serio. Se toma como una deshonra que el joven brasileño esté jugando en la banda que tenía que ser para él. Considera que es algo así como una humillación que, sin Cristiano Ronaldo, esté en un segundo plano. Tiene muy malas pulgas. Lo demostró cuando amenazó con marcharse después de la final de la Champions contra el Liverpool. Es el egoísmo de un futbolista que no tiene muy buena fama entre sus compañeros porque se relaciona poco, no habla y decide cuándo puede jugar con dolor.

Vinicius dispara a portería ante el Levante. (Efe)
Vinicius dispara a portería ante el Levante. (Efe)

Se mete en problemas

Lo que ha hecho Bale a Lucas Vázquez le puede pasar factura en el vestuario. En el césped no estaba Sergio Ramos, que cumplía sanción. Un capitán le debería llamar al orden. Cuando los jugadores del Madrid se esfuerzan en pedir unión y ponen el equipo por encima de las individualidades aparece el desplante de Gareth Bale para echar por tierra la 'piña'. No se puede esperar otra cosa de un compañero que no va a las cenas de confraternización y que, como ha dicho Marcelo –que lo tiene a su lado en la taquilla–, es difícil de cruzar palabra porque no aprende el castellano. 'El golfista', como le llaman en el vestuario, se ha metido en un problema. Intolerable.

Fuera de Bale está un pobre partido del equipo de Solari. El Real Madrid está a tres días para saber de qué pasta está hecho. El partido contra el Levante hace daño a los de Solari y ahora viene la mejor versión de un Messi que es protagonista por una fantástica actuación en Sevilla con tres goles y una asistencia. Con lo que se vio contra el Levante es difícil apostar por un Real Madrid capaz de eliminar al Barcelona y tener mecanismos de control para frenar a Leo Messi. El consuelo que queda en las filas blancas es que en el Ciutat de Valencia no estuvo Sergio Ramos y el equipo mostró su cara más tierna. La fragilidad del Real Madrid –atrás, en el medio y delante– nos devolvió al equipo mediocre de la crisis con Lopetegui.

Superado en intensidad, ritmo y agresividad por un Levante que le hizo una gran cantidad de ocasiones y que el Madrid consiguió doblegar por dos penaltis. El primero por una mano antinatural de Bardhi en un centro de Modric. Lo revisó en el monitor el árbitro –Iglesias Villanueva–. Marcó Benzema. El segundo fue polémico por una caída extraña de Casemiro. El contacto de Doukouré no parece suficiente como para derribar al madridista. El árbitro aprecia una patada con roce y desde la sala de VAR no le contradicen. El Madrid sufrió y ganó en un mal partido. Ahora recibe al Barcelona, tiene el resultado favorable del empate a uno en el Camp Nou y se juega el pase a la final de la Copa del Rey en su estadio. Mucho tiene que mejorar.

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