un estilo más vertical y con carácter

La España de Luis Enrique: menos sobar y más zurrar a la pelota

Verticalidad y definición. Dos palabras que gustan de la nueva España de Luis Enrique, que en su estreno deja la huella de un equipo con personalidad, agresividad y gol

Foto: Luis Enrique da instrucciones durante el Inglaterra-España en Wembley. (EFE)
Luis Enrique da instrucciones durante el Inglaterra-España en Wembley. (EFE)

La España de Luis Enrique tiene buena pinta porque ha evolucionado en la definición y esto ya es para empezar a aplaudir al nuevo seleccionador. Reponerse de un gol inicial y hacer dos goles en media hora es un éxito. Por algo hay que empezar a crecer para volver a ser un equipo competitivo y si la mano de Luis Enrique se va a notar en mejor eficacia, se puede ser optimista. La pegada puede con todos los debates sobre el estilo de juego y por lo visto en la primera media hora en Wembley se puede confirmar que hay brotes verdes. Luis Enrique se empeñó, desde el primer día que cogió la Selección, en construir un patrón de juego más práctico que coral. Encontrar los atajos del gol era una de las asignaturas pendientes de las anteriores Selecciones que fracasaron en las tres últimas grandes citas: Mundial de Brasil, Eurocopa de Francia y Mundial de Rusia. Solo es un partido, el estreno y un debut para sacar unas primeras conclusiones.

La felicidad en el fútbol la da el gol y esta nueva España parece que lo tiene claro. Menos sobar la pelota y más zurrar al rival con un fútbol directo que se fabrica con un alto ritmo, intensidad y verticalidad. El andamiaje de Luis Enrique empieza con De Gea en la portería que respondió en la primera parte con una buena parada arriba y en la segunda con un brazo de hierro. Para la polémica queda si le hicieron falta o se le escapó el balón en el segundo gol anulado a Inglaterra. No había VAR porque no le gusta a la UEFA. Su actuación fue más que notable.

Luis Enrique apostó por una defensa con sello madridista —Carvajal, Nacho y Sergio Ramos-—y Marcos Alonso para 'olvidar' a Jordi Alba. Del centro del campo hacia delante nada será lo mismo sin Iniesta y David Silva. Quedó enterrada la España de los bajitos y el 'tiqui-taca' que construyeron los últimos que se han ido con los Xavi y Xabi. En Wembley se pasa página, definitivamente, a una de los estilos más bellos del mundo que entró en decadencia por la pérdida de los originales y el vicio de enredarse con la pelota de los que llegaron a coger el relevo.

Con Luis Enrique no se pierde la identidad de salir al ataque, tener la iniciativa en el partido, más posesión y activarse en la presión arriba para recuperar el balón lo más cerca del área rival. Pero el fútbol lo cocinan diferentes chefs. Con Saúl, como principal novedad en el primer once de Luis Enrique, el juego fluye más vertical que horizontal. Se acabó la música celestial que en los últimos años desafinaba por la sequía de gol para transformar el estilo en un equipo incisivo y agresivo, que está aleccionado para definir con una elaboración con mayor velocidad y la idea de atreverse a disparar desde fuera del área. Bendito sea Saúl porque es de esos futbolistas versátiles y prácticos. Una esponja para sus entrenadores porque hace de lo sencillo algo dañino. Suyo es el honor de ser el primer goleador de la era Luis Enrique. Un tipo que no jugó ni un solo minuto en el pasado Mundial. Grave error. Entre los muchos que se cometieron.

Con Luis Enrique hay que zurrar al rival y pasa a un segundo plano manosear la pelota. Había momentos en los que el espectador se dormía y la posesión era estéril. España está en otra onda, aunque conserve jugadores de buen pie y talento como Thiago e Isco. Ha llegado el momento del desenredo. Isco tiene la confianza del nuevo entrenador, pero con Luis Enrique no vale el ralentí. Busca el carácter. En Wembley, buena plaza para estrenarse, se vio el trazo de un equipo que tiene nervio, altas pulsaciones, agresivo y quiere evitar ser previsible.

Isco, en Wembley. (EFE)
Isco, en Wembley. (EFE)


Mentalidad para un cambio

Hay buen armazón para ilusionar con una Selección que necesita reinventarse y ha entrado con buen pie en la Liga de Naciones. Ganar a Inglaterra es un triunfo de prestigio. No solo porque España fue superior e hizo méritos para esta victoria, sino porque la sensación es que le metió el miedo en el cuerpo y se rebeló con un gol en contra. Hay hambre de triunfos, disciplina táctica, pese a que el primer gol llegara en una contra, esfuerzo colectivo y mentalidad para zurrarse sin caer en los vicios del pasado. Hasta De Gea, uno de los señalados en el Mundial, parece que tiene puños de acero.

Verticalidad y definición. Dos palabras que gustan de la nueva España de Luis Enrique que en su estreno deja la huella de un equipo con personalidad, agresividad y capacidad de sufrimiento. Ahora toca la segunda prueba. Croacia, en territorio español, es un buen test para confirmar las primeras sensaciones, que son positivas y generan confianza y esperanza. En menos de una semana el librillo de Luis Enrique ha sido como un curso exprés para formar un nuevo equipo que tiene que tener conceptos tácticos, actitud y compromiso. Un buen trabajo de un entrenador que es un volcán.

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