transformó al equipo italiano en tres años

Adiós a Sergio Marchionne, el huracán que cambió Ferrari, ¿qué pasará con la Scuderia?

Sergio Marchionne ha fallecido repentinamente cuando se empezaban a recoger los frutos de su dura transformación de Ferrari. Pero su marcha también afectará al futuro global de la F1

Foto: Sergio Marchionne con Bernie Ecclestone. (EFE)
Sergio Marchionne con Bernie Ecclestone. (EFE)

fiaSu impacto en la industria automovilística fue extraordinario. Y la misma píldora concentrada se tomó Ferrari y la Fórmula 1 con la llegada de Sergio Marchionne. Hoy, la onda expansiva de su fallecimiento y ausencia abre un período de incertidumbre tanto para el equipo italiano como para la cúspide del automovilismo deportivo.

14 años al frente del grupo Fiat Chrysler Automobiles NV. Multiplicó por diez el valor de sus acciones desde su llegada a la dirección. “Su intelecto, perseverancia y liderazgo salvaron a la Fiat”, escribía su presidente John Elkam en la carta enviada estos días a los empleados del grupo. Transformó primero la marca italiana, luego Chyrsler y multiplicó la dimensión del Grupo a nivel global. De extraordinario poder intelectual, capacidad de trabajo y exigencia a los suyos, este extraordinario bagaje impactó de lleno con su llegada a Ferrari y la Fórmula 1. Su labor se ha interrumpido en seco.

Montezemolo, en la mira

Desde los noventa, Luca Cordero di Montezemolo había ejercido como rey de la taifa de Ferrari en el seno del grupo Fiat. Pero en su objetivo de sacar al mercado a la marca italiana, la estrategia de Marchionne chocaba con la política seguida para la marca por Montezemolo. Exclusividad y emocionalidad, producción limitada y reducida, revalorización del producto clásico de la marca… Marchionne pretendía otra política de Ferrari para su salida al mercado. Además el equipo de carreras iba cada año de fracaso en fracaso hasta la derrota final.

Empezó un pulso de poder en el que Montezemolo estaba sentenciado desde que Marchionne le pusiera la proa. Primero le metieron con calzador al bisoño pero prepotente Marco Matiacci. Si Fernando Alonso tenía escasas probabilidades de seguir en Ferrari, el vendedor de Ferrari en Estados Unidos acabo por quemarlas . Su desconocimiento de la Fórmula 1 y algunos errores clamorosos de gestión hicieron que Marchionne le despachara para siempre de Ferrari y del Grupo con dos líneas finales de un simple comunicado.

Solo quedó Raikkonen

Marchionne impuso en Ferrari su estilo implacable de gestión. El equipo de carreras debía triunfar en los circuitos como un estandarte mediático para la cotización de la marca en el mercado. Llegó la limpieza general. Stefano Domenicali ya se había marchado por voluntad propia antes de la llegada de Mattiaci. Luego fue Alonso. Marchionne eligió para ejecutar sus decisiones a un antiguo ejecutivo de Phillip Morris, Mauricio Arrivabene. Y salvo Kimi Raikkonen, toda la cúpula de Ferrari fue renovada. Uno tras otro salían técnicos de prestigio, incapaces de rendir en el singular entorno organizativo, técnico y mediático que es Ferrari. James Allison, el director técnico, también acabó harto de las injerencias de Marchionne y sus planes, y terminó en Mercedes.

El presidente eligió al italiano Mattia Binotto (responsable de motores) para dirigir la vertiente técnica y reestructuró el organigrama para hacerlo más efecto e incentivar la capacidad de riesgo de sus técnicos. Con altas dosis de presión y exigencia, ni siquiera Sebastian Vettel se salvaba de las duras críticas ante sus errores. Incluso impuso una polémica política de silencio de Ferrari hacia los medios de comunicación para aislar al equipo de enorme ruido mediático que siempre ha acompañado a Ferrari. Cuando Marchionne fallecía esta semana, hasta Mercedes reconocía que el equipo italiano les había superado en Hockenheim con la última evolución de su unidad de potencia. Ferrari nunca fue tan fuerte en la pista desde los tiempos de Michael Schumacher y Jean Todt. Tristemente, Marchionne no vivirá para comprobar los frutos del trabajo de estos años.

Influencia en la F1

En comparación a su radio de acción tradicional, Sergio Marchionne también aplicó en el minúsculo mundo de la Fórmula 1 ese duro e implacable liderazgo forjado en la dura selva de la industria automovilística. Por un lado, amplió estratégica y políticamente el peso específico de Ferrari reforzando a los satélites de Sauber/Alfa Romeo y Haas. Pero sobre todo plantó cara a los futuros planes de Liberty para la Fórmula 1 a partir de 2021 en aquellos frentes que pudieran mermar los intereses de Ferrari, tanto desde el punto de vista deportivo (reglamento técnico) como el comercial (distribución de recursos y topes presupuestarios). Y para ello recuperó nuevamente esa amenaza tantas veces escuchada a Montezemolo en el pasado de abandonar la Fórmula 1 si esta se encaminaba por derroteros divergentes a sus intereses. En esta ocasión, la amenaza resultaba más creíble por los labios de quien partía. Y su estratégica alianza con Toto Wolff y Mercedes provocó grandes quebraderos de cabeza en Liberty.

Hoy, Ferrari aspira a los dos títulos en los circuitos. Su poder fáctico es más potente si cabe desde la llegada de Sergio Marchionne, quien iba a abandonar el próximo año la presidencia del Grupo Fiat Chrysler, pero quería conservar la de la marca y el equipo de carreras hasta 2020 para completar su obra. Muchas decisiones quedan ahora en el aire. Cuando todo marchaba sobre ruedas, se abren ahora tiempos de incertidumbre para Ferrari.

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