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El espectáculo de Alaphilippe antes de que el Tour realice su salida más extraña
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saldrán como en una parrilla de motogp

El espectáculo de Alaphilippe antes de que el Tour realice su salida más extraña

Juliene Alaphilippe ganó su segunda etapa en este Tour recordando que los rodadores tienen siempre un hueco en un deporte que vivirá una etapa de solo 65 kilómetros y tres puertos para asustar

Foto: Julien Alaphilippe, en la llegada a Bagneres de Luchon. (EFE)
Julien Alaphilippe, en la llegada a Bagneres de Luchon. (EFE)

La tradición ciclista nunca tuvo muy en cuenta el arranque de cada jornada. Los corredores ruedan a velocidad moderada hasta que empiezan los primeros ataques, a ver si hay batalla. El Tour, en la necesidad de innovar que comparten todos los deportes, busca este miércoles darle una vuelta de tuerca a la tradición y acercarlo, al menos visualmente, a la emoción de la salida de la Fórmula 1 o MotoGP. Habrá una parrilla de salida como la de un circuito de velocidad, será cuesta arriba y será el principio de una extraña etapa de 65 kilómetros. Espectáculo que llega después del que ha dejado Julien Alaphilippe este martes, el francés del maillot de la montaña que más cariño está recibiendo de esta edición por sus intentos de colarse en cada escapada y por protagonizar ya dos victorias de etapa. Está siendo lo opuesto a un ciclismo aburrido y de control.

Por la naturaleza del deporte, la singular salida d eeste miércoles no podrá hacerse todos los días, pero quizá, si la etapa sale bien, se convierte en tradición. Esta vez la organización prepara un recinto para que los aficionados vean la salida, algo que normalmente no se plantean porque es intrascendente. Hay un motivo, los corredores saldrán y se encontrarán un muro de piedra, una montaña de primera categoría, así que todos tendrán que estar atentos desde el primer metro. Porque, además, los organizadores han dispuesto todo para que haya ataques, o al menos eso piensan que conseguirán al poner solo 65 kilómetros de etapa. Más que eso, 65 kilómetros de subida. El miedo a perder una minutada debería ser menor, pero las ganancias para los valientes pueden ser grandes. Tres puertos importantes, Peyragydes, Val Louron-Azet y el imponente Col du Porter para terminar.

Para darle una vuelta de tuerca más al concepto, ASO, la organizadora, ha dispuesto una parrilla de salida en la que el líder, Geraint Thomas, será punta de lanza y los 20 primeros corredores se situarán de un modo si milar al de una parrilla de motociclismo. Es más algo estético que otra cosa, en principio solo tardarán unos metros en reagruparse todos, pero la idea es sorprender al espectador, más que sorprender a los ciclistas. Estos, de todos modos, tienen que cambiar un poco la mentalidad en este día clave, porque ni están acostumbrados a enlazar tantos puertos seguidos, ni a afrontar etapas así de cortas, ni a empezar el día con un puerto de primera. Tendrán que calentar especialmente bien para entrar entonados en la etapa y plantear el día casi como una durísima cronoescalada, porque tiene que haber movimiento.

El encomiable esfuerzo de Alaphilippe

Este modo de parrilla puede ser perjudicial para uno de los protagonistas de este Tour, el ganador de la etapa de este martes, Julien Alaphilippe. El Tour, como toda gran competición deportiva que se precie, no tiene solo una lectura. Sí, en París solo uno vestirá de amarillo y llorará y escuchará el himno, pero no será el único en salir triunfante de Francia. Tampoco los que le escolten en el podio, que llegado el caso pueden hasta salir enfadados de la prueba. Más allá de esos habrá un buen puñado de ganadores de etapa, y el ganador de la montaña, y el equipo y unos pocos nombres que se recordarán con cariño por su entrega y su talento.

Foto: Chris Froome, durante una etapa del pasado Tour de Francia. (EFE)

Ese es Alaphilippe, que saldrá en la parrilla más allá de la posición 30, pero enfundado en un jersey de topos rojos y con la sensación de que este Tour está siendo un poco suyo. Perdió una minutada, casi una hora, en las primeras jornadas de la competición y eso, de algún modo, fue lo mejor que le podía pasar. Él, que es un excelente rodador, no aspiraba tampoco a ganar la vuelta entera. El resto de corredores dejaron de verle como un peligro para la general, así que tuvo cierta libertad de movimientos que ha abrazado espectacularmente. Él se empeña en meterse en la escapada de cada etapa, en correr como el que más y en cazar lo más posible. En este caso, dos etapas.

Un sprint de 65 kilómetros

Y, vistas como están las cosas, también luchar por ser el mejor de la montaña. Que igual no era un objetivo real al inicio de todo esto, tampoco es un sublime escalador, pero con tanta lucha y tanta historia se lo está ganando. La etapa de los 65 kilómetros, durísima, le puede venir algo grande pero, con ese corto kilometraje ¿por qué no intentar dar un poco más que lo de siempre? Al fin y al cabo, Alaphilippe tiene motor y, ahora, también un objetivo difícil de esperar de antemano.

Foto: Geraint Thomas logró la victoria en Alpe d'Huez una de las cimas más míticas del ciclismo mundial. (Reuters)

El ciclismo para no iniciados tiene mucho que ver con el Tour, pero hay mucho más, lugares en los que la gente como Alaphilippe reina. Este año ha ganado la Flecha Valona, en el pasado ha sido segundo en clásicas importantes como Lombardía o la Lieja-Bastoña-Lieja. Es un gran ciclista, capaz de tirar de grupos, con motor suficiente para hacer daño. De esos que en Bélgica son venerados, que no por tópico el término deja de tener sentido.

Le quedan tres etapas con montaña para resistir. Una de ellas, una concesión a la modernidad en un deporte que prácticamente no ha cambiado su formato con el paso del tiempo. Toca innovar, y es difícil saber realmente cuál es el camino correcto. Prueba y error, estos 65 kilómetros pueden cambiar el ciclismo, pero el deporte nunca perderá la necesidad de corredores como Alaphilipe.

La tradición ciclista nunca tuvo muy en cuenta el arranque de cada jornada. Los corredores ruedan a velocidad moderada hasta que empiezan los primeros ataques, a ver si hay batalla. El Tour, en la necesidad de innovar que comparten todos los deportes, busca este miércoles darle una vuelta de tuerca a la tradición y acercarlo, al menos visualmente, a la emoción de la salida de la Fórmula 1 o MotoGP. Habrá una parrilla de salida como la de un circuito de velocidad, será cuesta arriba y será el principio de una extraña etapa de 65 kilómetros. Espectáculo que llega después del que ha dejado Julien Alaphilippe este martes, el francés del maillot de la montaña que más cariño está recibiendo de esta edición por sus intentos de colarse en cada escapada y por protagonizar ya dos victorias de etapa. Está siendo lo opuesto a un ciclismo aburrido y de control.

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