'Un lugar tranquilo 2': una secuela terrorífica y extraordinaria
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'Un lugar tranquilo 2': una secuela terrorífica y extraordinaria

John Krasinski mantiene el pulso en su cuarto largometraje como director, en una distopía alienígena que vuelve a integrar los juegos con el sonido en su narración

placeholder Foto: Los Abbott son la familia protagonista de 'Un lugar tranquilo 2'. (Paramount)
Los Abbott son la familia protagonista de 'Un lugar tranquilo 2'. (Paramount)

Un día como cualquier otro, mientras alguien hace la compra o juega un partido de fútbol en el parque o se quita las pelotillas de los dedos de los pies, la realidad más anodina puede romperse por, pongamos, la caída de un meteorito en el que viajan extraterrestres antropófagos. Con un arranque de infarto, John Krasinski explica los antecedentes al momento en el que la vida de la familia Abbott —bueno, la de todas las familias del mundo— cambió por completo antes de 'Un lugar tranquilo' (2018), el debut del actor de 'The Office' en la dirección de terror con una propuesta muy original basada en los juegos con el sonido y el silencio. Gracias a su conocimiento del lenguaje de signos —Regan, la hija mayor de los Abbott, es sorda—, la familia protagonista intenta sobrevivir manteniendo silencio absoluto a una especie depredadora que se guía por el sonido. Con esta premisa, y utilizando el punto de vista sonoro de Regan (Millicent Simmonds) para aportar u ocultar información —como una especie de fuera de campo acústico— y como recurso expresivo, Krasinski aportó un enfoque original al género que les valió a los sonidistas Ethan Van der Ryn y Erik Aadahl una nominación al Oscar.

Tráiler de 'Un lugar tranquilo 2'

A pesar de no contar con la novedad de la primera entrega, 'Un lugar tranquilo 2' es una secuela a la altura de la primera y cuya mayor virtud radica en la habilidad del cineasta —que esta vez escribe el guion tomando el relevo a Bryan Woods y Scott Beck— en la construcción del suspense. Después de una introducción trepidante a modo de 'flashback' con la que comienza el filme —que sirve también para presentar a nuevos personajes—, la historia retoma el punto en que terminó la anterior entrega: con dos hijos adolescentes (Simmonds y Noah Juppe) y un bebé recién nacido, Evelyn (Emily Blunt) vive escondida en una casa en medio del bosque. Desde que comenzó la invasión alienígena, los Abbott han aprendido algunos trucos que les han permitido sobrevivir: para evitar que si el bebé llora atraiga a las bestias, la madre encierra al pequeño en una especie de caja de madera conectada a una bombona de oxígeno; también han descubierto que el chirrido que produce el audífono de Regan, ampliado con un altavoz, provoca que los extraterrestres entren en un estado de colapso que los hace vulnerables.

placeholder Emily Blunt y Noah Juppe, en la secuela de 'Un lugar tranquilo'. (Paramount)
Emily Blunt y Noah Juppe, en la secuela de 'Un lugar tranquilo'. (Paramount)

La familia Abbott sale huyendo de su casa después de que esta quede totalmente destruida e inundada. En silencio, como siempre, Evelyn y sus hijos deciden buscar otro refugio y llegan a las ruinas de una fábrica en la que se encuentran con un antiguo vecino Emmett (Cillian Murphy), solo y atrincherado después de perder a su mujer y su hijo. Sin embargo, Emmett no quiere que se queden por mucho tiempo: no quiere preocuparse por nadie, no quiere ponerse en peligro, no quiere sufrir. Como es habitual en el género distópico —recuerda a otros títulos de invasión zombi—, Krasinski utiliza el cebo de un mensaje codificado a través de la radio —que da a entender que alguien más, aparte de ellos, podría haber sobrevivido— para obligar a los protagonistas a salir de la zona de seguridad y emprender un viaje hacia lo desconocido. Y, esta vez, la iniciativa la toma Regan.

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Con la chica como heroína, 'Un lugar tranquilo' recicla algunas de las ideas de la anterior entrega —Krasinski vuelve a utilizar el dolor físico para comprometer el silencio de los personajes— y vuelve a hacer una apología de la familia, de la necesidad de cuidar los lazos y de ser generosos con los demás. Pero aquí también celebra el carácter valiente e intrépido de la protagonista, como metáfora vital sobre la necesidad de enfrentarse a los miedos y los peligros para alcanzar la meta deseada, y para crear un mundo nuevo y mejor, incluso cuando todo se ha desmoronado. Simmonds, sorda en la vida real, lleva sobre su interpretación gran parte del peso dramático de la película y lo hace sin afectación y con una naturalidad casi desinteresada.

placeholder Millicent Simmonds, en 'Un lugar tranquilo 2'. (Paramount)
Millicent Simmonds, en 'Un lugar tranquilo 2'. (Paramount)

Como contraste frente a la vitalidad y el arrojo de Regan, Emmett representa al hombre al que las circunstancias han rendido. La principal transformación la experimenta el personaje de Murphy, cínico y descreído, que se ha dejado llevar por el pesimismo y la tristeza. El director y guionista entreteje el 'thriller', el terror y el drama familiar de manera efectiva, aunque da prioridad al espectáculo frente a una reflexión más profunda y compleja: aquí hemos venido a ver a los protagonistas correr, disparar y taparse la boca para reprimir los gritos.

Krasinski está más interesado en utilizar los códigos del género y experimentar con ellos. No hay nada especialmente novedoso

Pero en esta ocasión los Abbott no solo se enfrentan a los monstruos, sino que la amenaza puede provenir también de los congéneres: cuando el Estado colapsa y los seres humanos se reorganizan, los grupos pueden tener buenas o malas intenciones. También se plantea cómo la colectividad, la unión, es la única fórmula para la supervivencia. Pero, de nuevo, no hay mucho más allá del mensaje de primera capa. Krasinski está más interesado en utilizar los códigos del género y experimentar con ellos. No hay nada especialmente novedoso ni nada increíblemente original una vez ya se conoce la premisa. Pero 'Un lugar tranquilo 2' transmite una angustia casi física, palpable. El tempo y los 'set pieces' —perdón por el anglicismo que vendría a denominar cada una de las escenas con una unidad espacial y que contienen los momentos más dramáticos del filme— sumergen al espectador en un paraje espectral, en el que cada momento de aparente calma queda roto por una explosión violenta brutal.

Si el filme precursor basaba gran parte de su potencia dramática en la limitación de elementos —pocos personajes, pocos diálogos, ningún exceso— y en pocos golpes de efecto muy bien escogidos, sí es verdad que la segunda entrega tiende más al espectáculo hollywoodiense, con muchos más recursos y mucha más espectacularidad. Ya solo en su escena inicial la película revela su naturaleza incorporando una acción que bien podría haber protagonizado alguien como Tom Cruise y el uso de efectos especiales que presentan a los monstruos mucho más de cerca: en ningún momento lo oculta, sino que se recrea en ellos, diseñados como un híbrido de humanoide cuadrúpedo y criatura abisal, acercando la cámara hasta casi sus dientes. Y es esa tensión entre el silencio absoluto y, de repente, el estruendo de la acción lo que hace de la película una montaña rusa de la que uno no quiere bajar.

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