'Faminazis' contra madres punk: guerra en la maternidad
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'Faminazis' contra madres punk: guerra en la maternidad

Cátedra publica un ensayo colectivo sobre la evolución del papel de la mujer como madre a lo largo de la historia que apunta a uno de los grandes debates actuales

placeholder Foto: 'Escena de parto', de autor francés desconocido, pintado a principios del XIX.
'Escena de parto', de autor francés desconocido, pintado a principios del XIX.

Dicen que la maternidad es un asunto privado, pero, como bien señala Pilar Carrera en 'Maternidades' (Cátedra, 2021), en realidad se trata de un tema "muy, muy, muy público". Instagram se ha convertido en la red social de las 'mamis influencers' —mujeres madres de familia numerosa que han convertido su estilo de vida en un modelo a seguir y que aconsejan a otras mujeres a exprimir el tiempo y los recursos para repartirlos lo mejor posible—, mientras en Twitter proliferan los hombres que han descubierto la paternidad como si fuese la última Coca-Cola en el desierto, hablando de las bondades del asunto y demandando su espacio en primera línea del frente familiar, acuñando incluso el término 'faminazi'. En los últimos años, hemos pasado de las buenas a las malas madres y ahora a las madres meridianas, pero, por fin, se ha abierto el debate de un rol que ha cambiado más en los últimos 40 años que en los anteriores dos milenios.

La nueva corriente pro paternidad tuitera, cuyos miembros no dejan de exponer públicamente ni los sacrificios ni las medallas autoconcedidas, parece una translocación moderna de los estereotipos tradicionales: la madre abnegada que actúa como pegamento del entramado familiar que tiende al caos y el padre incapaz y despistado que ha delegado toda la crianza en su esposa. Sin embargo, esta "apropiación del papel activo" no es algo nuevo, como explica Carmen Arocena en este ensayo colectivo que aborda los diferentes relatos sobre qué es la maternidad y en el que han participado 10 autoras procedentes del mundo académico, las artes visuales y la comunicación. ¿Saben lo que es 'la covada'? Más adelante, la respuesta.

placeholder Verdeliss es una de las 'instagrammers' madres de familia numerosa con más seguidores. (Instagram @verdeliss)
Verdeliss es una de las 'instagrammers' madres de familia numerosa con más seguidores. (Instagram @verdeliss)

Si el hogar ha sido el principal espacio de desarrollo de la mujer tradicional, en las sociedades matrilineales el hombre no podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo durante el parto y la maternidad la mujer se convertía en el centro de atención. Arocena recuerda que aquello de usurpar el puesto materno es algo tan viejo como Esquilo, que dedicó unos versos en 'Las Euménides' a la mujer como "nodriza" de la "semilla del varón". Arocena remite al "rito paternal romano" del que derivó la covada, donde "el padre representa las labores del parto que sufre la madre; se tumba en la cama esperando el momento [del parto] y, tras el nacimiento, es cuidado y alimentado mientras la mujer vuelve al trabajo. Esta suplantación de las vivencias de una parturienta se da en culturas tan alejadas entre sí como los galibias de las Guayanas o los ainúes en Japón". Pero no hay que irse tan lejos: en España, también se ha dado tradicionalmente en Cantabria, Asturias y algunas provincias del norte de Castilla y de Aragón. Al parecer, el ritual sirve para manifestar "la función paterna en la generación de los hijos, así como los derechos del padre sobre el hijo recién nacido". ¿Les suena de 'El cuento de la criada'?

El parto, como acto biológico, siempre ha estado rodeado de tabúes, explican las autoras. Hay muchos cuadros que representan a la mujer embarazada o a la mujer con el bebé en brazos, pero pocos que representan las carnes abiertas y ensangrentadas de una parturienta. Tampoco el cine es que haya sido muy profuso en el registro de un momento tan sobrecogedor como es la llegada de una persona al mundo desde el interior de otra. Cuando el documental 'Helga, el milagro de la vida' (1967), de Erich F. Bender, registró un parto real para la gran pantalla, su estreno fue un escándalo mayúsculo en la España de la dictadura. Mucha gente acudía a verla al cine porque mostraba las partes íntimas de la mujer, en su mayoría hombres. Pero tuvieron que poner un servicio médico específico en las salas porque muchos se desmayaban al ver la escena. Las mujeres, por el contrario, vieron el filme como un acto de depravación de la modernidad. ¡¿A quién se le ocurre mostrar una vagina, aunque esta esté expulsando una cabeza?!

placeholder 'Mi nacimiento', de Frida Kahlo, (1932).
'Mi nacimiento', de Frida Kahlo, (1932).

El ensayo, editado por Pilar Carrera y Carmen Ciller, incide en las dificultades de las mujeres para relacionarse con la maternidad antes y ahora. Porque, ¿qué es ser madre, al fin y al cabo? Una mujer que aborta, ¿es madre o no lo es? Una mujer que pare y que entrega el niño a una familia, ¿es madre o no lo es? ¿Y qué hacemos con ese eufemismo llamado maternidad subrogada? Respecto a los vientres de alquiler, la académica Germaine Greer ya lo tenía claro en 2007, cuando publicó su libro 'La mujer completa' (Kairós): "Cualquier sociedad capaz de considerar factible y también tolerable la posibilidad de pedirle a una mujer que actúe como madre sustituta y que acceda a dejarse implantar un óvulo fecundado de otra mujer en el útero, donde presidirá la gestación hasta que nazca la criatura, que entonces será entregada, es una sociedad que por fuerza ha de conceder escasa importancia a dicho proceso y al papel que cumple la madre en el mismo".

Fue en los años sesenta, con el acceso de la mujer al amor libre, a la píldora anticonceptiva y al aborto, cuando de una manera más mayoritaria y abierta se empezó a cuestionar aquello de que una mujer solo se realiza a través de la maternidad. Resulta muy interesante el capítulo que le dedican Ángela Brosoms y Rosa Franquet a la encrucijada que vivieron las mujeres del punk —un movimiento antisistema y emancipatorio que buscaba tirar el orden establecido— respecto a la cuestión de la maternidad. Si simplemente por cantar 'Me gusta ser una zorra' —que tan solo era la réplica feminista al 'I Wanna Be Your Dog', de Iggy Pop— en directo en el programa 'Caja de ritmos' de Televisión Española en 1983, Las Vulpes tuvieron que disolverse por el escándalo, ¿cómo podría adaptarse una institución clásica como la familia al ritmo endiablado de este movimiento díscolo? ¿Puede una mujer ser madre y, a la vez, irse de gira, tener mucho sexo y pasárselo bien? ¿Por qué en el caso de los hombres no es incompatible el girar por el mundo con la crianza de los hijos?

placeholder Alice Bag, en uno de sus conciertos.
Alice Bag, en uno de sus conciertos.

La cantante punk californiana Alice Bag plantea los problemas que encaró ella para conciliar ambas facetas de su vida. "En mi caso me sentía muy culpable por tomarme el tiempo para tocar la guitarra o escribir una canción cuando sabía que podría haber tareas domésticas que necesitaban mi atención. Es especialmente difícil para las mujeres en la música, porque generalmente trabajan hasta altas horas de la noche. Parece que los hombres siempre han podido trabajar de noche y tener una familia, porque muchos de ellos han dependido de las mujeres en sus vidas para cuidar de los niños mientras están en el trabajo". Además —y esto puede ser lo más polémico hoy día-, Bag cuestiona que los padres —y, sobre todo, las madres— antepongan las necesidades de sus hijos a las propias, lo que "aunque es bienintencionado podría ser contraproducente para la familia". Sin embargo, las autoras también ponen como ejemplo el caso de Björk, que gracias a las ayudas estatales a la maternidad pudo ser madre joven —apenas tenía 20 años— de su hijo Sindri y continuar con su carrera musical.

El último escollo de la maternidad, cuando ya se ha aceptado que la soltería en la mujer ha dejado, más o menos, de ser un estigma, apela a las mujeres jóvenes-pero-ya-no-tan-jóvenes que se encuentran ante la decisión más transformadora de su vida: ser o no ser madre. Todavía hoy la mujer tiene que lidiar contra la presión —las presiones— de la maternidad, que además empuja en direcciones contrarias según el ámbito. Mientras que todavía se asume como válido y de forma "acrítica" el mantra de que "existe un instinto maternal, sobre todo por lo que al amor materno se refiere" —lo que convierte la maternidad "en un destino" y no en una determinación—, en el entorno laboral sigue penalizándose. Aparte de que la conciliación, como se ha visto a lo largo de los meses de confinamiento, pertenece al género de la ciencia ficción. Maternidades no hay una. Hay muchas y hay ninguna. Sigue siendo una cuestión política, pero, por fin, las mujeres tienen algo que decir al respecto.

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