Críticas de cine: La casa torcida: ¡por clemencia, dejen de adaptar a Agatha Christie!
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'La casa torcida': ¡por clemencia, dejen de adaptar a Agatha Christie!

Gilles Paquet-Brenner adapta la novela de la que más orgullosa decía sentirse la escritora inglesa en una película con Glenn Close, Christina Hendricks y Gillian Anderson

Foto: Gillian Anderson y Jullian Sands, en 'La casa torcida'. (DeAPlaneta)
Gillian Anderson y Jullian Sands, en 'La casa torcida'. (DeAPlaneta)

Después de pasar años relegados al ámbito de la ficción televisiva más rancia, los relatos de Agatha Christie vuelven a ser tendencia, en buena medida gracias al repentino interés de Hollywood en adaptar algunos de los más célebres echando mano de grandes presupuestos y lustrosos repartos. Poco importó que 'Asesinato en el Orient Express', dirigida el año pasado por Kenneth Branagh, resultara ser un fiasco: por un lado, Ben Affleck dirigirá una nueva versión de 'Testigo de cargo'; por otro, Branagh amenaza con volver a probar suerte, esta vez con una nueva versión de 'Muerte en el Nilo'. Eso, de momento.

'La casa torcida', eso sí, es una producción inglesa y por tanto contribuye a este 'revival' solo por extensión —para la ficción británica, de todos modos, Christie nunca dejó de estar de moda—. La película está basada en una de las novelas de las que su autora decía sentirse más orgullosa, y por eso resulta sorprendente que nunca antes fuera llevada a la pantalla, especialmente considerando que posee todos los ingredientes distintivos: un asesinato y un círculo cerrado de sospechosos, un escenario único y opresivo —en este caso, una mansión familiar— y un detective a través del que vamos acumulando pistas, casi todas falsas.

Glenn Close protagoniza 'La casa torcida'. (DeAPlaneta)
Glenn Close protagoniza 'La casa torcida'. (DeAPlaneta)

Aquí, en concreto, el misterio rodea la muerte de Aristide Leonides, un octogenario repulsivo al que sobrevive un nutrido grupo de parientes plausiblemente sospechosos: como su cuñada Edith —Glenn Close en plan Cruella de Vil—, máxima autoridad de la residencia; o como sus hijos —un ludópata y un patán— y sus nueras —una actriz fracasada y una experta en toxicología—; o como su nieta Sophia y los hermanos menores de esta, Josephine y Eustace. Y, claro, como su viuda, Brenda (Christina Hendricks), que es 50 años más joven que él y heredará la fortuna, y que quizá tenga un 'affaire' con el tutor de los niños.

Por supuesto, todos tienen sus motivos para envenenar al viejo

Tras descubrir el cadáver, Sophia pide ayuda a un antiguo amante, Charles Hayward, un sabueso de poca monta que inicialmente se muestra algo reacio a trabajar para alguien con quien estuvo vinculado sentimentalmente —y que quizá sea una asesina—, pero que necesita el empleo. En cuanto empieza a interrogar a los habitantes de la mansión Leonides, Hayward comienza a descubrir hasta qué punto los celos, la codicia y la inquina han infectado el lugar. Por supuesto, todos tenían sus motivos para envenenar al viejo. Unos necesitaban dinero, otros estaban hartos de sufrir las maldades del patriarca, otros ansiaban escapar de un entorno que odiaban con toda su alma.

Christina Hendricks es Brenda, la joven viuda heredera. (DeAPlaneta)
Christina Hendricks es Brenda, la joven viuda heredera. (DeAPlaneta)

Mientras relata ese proceso, el director Gilles Paquet-Brenner hace ademán de intentar juguetear con las convenciones del género. Aquí, por ejemplo, el detective está muy lejos de ser un Hercules Poirot o una Miss Marple o siquiera una Jessica Fletcher —quien más quien menos se lo toma a chiste—; asimismo, la casa es un escenario autoconscientemente incongruente, en el que cada habitación está decorada de forma singular y en función de la personalidad de quien la ocupa. Y la pequeña Josephine es presentada como una amante de las historias de detectives, y por eso a menudo habla con Hayward sobre las pautas narrativas del género.

Cartel de 'La casa torcida'.
Cartel de 'La casa torcida'.

Muchas de las resoluciones de los misterios planteados por Christie llegan vehiculadas por un giro final, pero incluso teniendo eso en cuenta hay que destacar la que ofrece 'La casa torcida' por inesperada pero sobre todo por nihilista: tras ella, la familia Leonides parece condenada a pudrirse en sus propias miserias. Es una pena, eso sí, que Paquet-Brenner tarde tanto en insuflar algo de energía a su película. Todo lo que sucede antes de ese clímax es lineal y monótono y previsible. Como la interminable introducción de los personajes, que ocupa más de un tercio del metraje; o los procesos interrogativos, que por supuesto desvelan rutinarios secretos. Entretanto, ninguno de los personajes logra generar dosis sustanciales de empatía. En última instancia, 'La casa torcida' tiene tan poca vida como el cadáver que le da su razón de ser.

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