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'¡Que salga Aristófanes!': Els Joglars se apunta a la moda de disparar contra la izquierda 'woke'
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'¡Que salga Aristófanes!': Els Joglars se apunta a la moda de disparar contra la izquierda 'woke'

La compañía catalana cumple 60 años con la bandera cultural contra el lenguaje inclusivo, la cancelación y el identitarismo; pecan de cierta obsesión, pero te ríes

Foto: Els Joglars, en '¡Que salga Aristófanes!'. (Teatros del Canal)
Els Joglars, en '¡Que salga Aristófanes!'. (Teatros del Canal)

La compañía Els Joglars lleva 60 años tocando las narices. Se las ha tocado al franquismo, a la Iglesia —sus obras son feroces propuestas anticlericales—, al pujolismo, a próceres catalanes —Pla y Dalí—, a los independentistas —como ocurrió en ‘Señor Ruiseñor’— y a todo aquel que se ponga el traje de moralista, proselitista y demagogo. No sorprende que su última propuesta, ‘¡Que salga Aristófanes!’, dispare sin rubor contra lo que, a su juicio, es la nueva ola de puritanismo —en todos los sentidos— que tenemos encima. Contra el lenguaje inclusivo, contra los ofendiditos, contra los que cancelan, contra el identitarismo. Els Joglars ve ‘wokes’ y castramiento de la libertad de expresión por todas partes y, pese a que el conjunto les queda algo neurótico y obsesivo, lo cierto es que siguen siendo muy buenos. Se ponen a jugar y a cachondearse de todo con una habilidad tremenda para encajar todas las piezas y es que te tienes que reír. Si no, sí que habría que darles la razón.

"Se ponen a cachondearse de todo con una habilidad tremenda y es que te tienes que reír. Si no, sí que habría que darles la razón"

La obra, que se puede ver hasta el 6 de marzo en los Teatros del Canal de Madrid y a cuyo estreno el pasado miércoles asistió el ministro de Cultura, Miquel Iceta, insiste en una de las características nucleares de la compañía que fundara Albert Boadella allá por 1962: “En arte no se puede ser correcto porque eso sería convertir un elefante en un insecto”, según dice Aristófanes/Ramón Fontseré en uno de los momentos de la función. Y jugando con la incorrección hacen entrar desde el inicio al espectador en un Centro de Reeducación Psicocultural por donde pululan medio locos, medio sedados o, por el contrario, bastante lúcidos —el apoyo en Cervantes es cristalino desde el primer minuto— una mujer que dice venir de Lesbos “y ser lesbiana”, un homófobo escaldado en las redes sociales y un tal José Redondo, profesor de Clásicas en la universidad que fue cancelado por sus alumnos debido a sus comentarios “hirientes”, y que ahora dice ser el comediógrafo griego Aristófanes.

Foto: Ramón Fontseré como Santiago Rusiñol

No es casualidad que los juglares hayan escogido a este dramaturgo y poeta del siglo IV a.C. como el loco/cuerdo Quijote que guía al resto de pacientes y al que se le revuelve el cerebro cuando escucha expresiones como 'taller de nuevas masculinidades'. Aristófanes se caracterizó por enfrentarse a Sócrates, al teatro innovador de Eurípides y a todos los sofistas vendehúmos y engañabobos ductos en retórica que hoy podrían pasar por manipuladores de Twitter.

placeholder Ramón Fontseré, en primer plano como Aristófanes.
Ramón Fontseré, en primer plano como Aristófanes.

Porque a este Aristófanes (y a este texto) no se les ha pasado ni una. Aristófanes contra el adanismo, contra la cancelación cultural. Aristófanes a favor de las figuras femeninas voluptuosas y desnudas que se pueden ver en los cuadros de Tiziano en el Prado. Aristófanes a favor del falo grande, ande o no ande. Aristófanes a favor del toro. Aristófanes en contra del derribo de estatuas del conquistador de turno para cambiarlo por la mexicana que no se sabe de dónde salió. Aristófanes en contra del burka. Aristófanes en contra del niñe, el usuarie y el idiote. Efectivamente: una obra de teatro que podría ser una columna de opinión.

Es un chiste, es teatro

Y les podría quedar mal, pero el caso es que Els Joglars llevan sesenta años sobre la escena y saben hacer muy buen teatro. Y hay veces que no queda otra que asentir porque dejan bastante desnudo al emperador de la idiotez (o idioteza) —aquí que cada cual ponga a quien desee—. Desde el inicio, las piezas están perfectamente enganchadas. Es un teatro performático, físico (y no es nada fácil). Hacen mimo, hacen teatro de objetos. El engrase es perfecto. Bravísimo Ramón Fontseré.

Aristófanes contra el adanismo, contra la cancelación cultural. Aristófanes a favor de las figuras desnudas del Prado

Y después está el humor. Cómo no reírte cuando aparece un mega pene gigante de cartón piedra sobre el escenario con el que juguetean y se disfrazan (y que viva el falo). Cómo no dibujar la sonrisa cuando ese profesor que se cree Aristófanes recrimina a su alumno Martínez que deje los estupefacientes y coja un libro. El público soltó carcajadas —y aplausos— el día del estreno.

placeholder El mega pene de Els Joglars.
El mega pene de Els Joglars.

Entre los personajes que sufren la ira de Aristófanes se encuentran el aliado, los puritanos que desembarcaron del Mayflower en Nueva York y el director de la Universidad de Harvard. Los dardos van más bien dirigidos hacia las corrientes moralistas procedentes de Estados Unidos, lo cual no resultaría llamativo si no pareciera decirnos la obra que todo eso —quizá les ha faltado el 'him/her'— ya está aquí instalado.

Dicen desde Els Joglars que “el teatro es un espacio de libertad no moral. La moral es algo cambiante... Lo que hace unos siglos era prohibitivo, ahora es 'trending topic'. Si hoy sometiéramos el arte a la moral, más del 80% de piezas artísticas deberían desaparecer. Reivindicamos el arte como libre, sin tabúes, y contra las actuales hogueras en redes sociales”. Y lo cierto es que eso es lo que hacen sobre el escenario, con un público que aplaude, que se ríe y que no cancela. El chiste puede que no te haga gracia, pero no es más que eso, un chiste. Cualquier otra cosa es entender poco que esto es teatro. Y en algo hay que darles la razón: también es verdad que hay mucho 'idiote'.

La compañía Els Joglars lleva 60 años tocando las narices. Se las ha tocado al franquismo, a la Iglesia —sus obras son feroces propuestas anticlericales—, al pujolismo, a próceres catalanes —Pla y Dalí—, a los independentistas —como ocurrió en ‘Señor Ruiseñor’— y a todo aquel que se ponga el traje de moralista, proselitista y demagogo. No sorprende que su última propuesta, ‘¡Que salga Aristófanes!’, dispare sin rubor contra lo que, a su juicio, es la nueva ola de puritanismo —en todos los sentidos— que tenemos encima. Contra el lenguaje inclusivo, contra los ofendiditos, contra los que cancelan, contra el identitarismo. Els Joglars ve ‘wokes’ y castramiento de la libertad de expresión por todas partes y, pese a que el conjunto les queda algo neurótico y obsesivo, lo cierto es que siguen siendo muy buenos. Se ponen a jugar y a cachondearse de todo con una habilidad tremenda para encajar todas las piezas y es que te tienes que reír. Si no, sí que habría que darles la razón.

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