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Angélica Liddell, 'enfant terrible' del teatro: "Nací con un gemelo deforme en mi nuca"
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Angélica Liddell, 'enfant terrible' del teatro: "Nací con un gemelo deforme en mi nuca"

Tras 'Una costilla sobre la mesa: Madre', la singular dramaturga estrena este sábado en los Teatros del Canal 'Una costilla sobre la mesa: Padre', dedicada a la muerte de su progenitor

Foto: La actriz y dramaturga Angélica Liddell el pasado verano en el Festival Grec (EFE/Susanna Sáez)
La actriz y dramaturga Angélica Liddell el pasado verano en el Festival Grec (EFE/Susanna Sáez)

A los montajes de Angélica Liddell (Figueres, 1966) hay que acudir con el estómago preparado. El viaje será entre tinieblas con incursiones en el dolor y la violencia. Todo el sufrimiento de este mundo empaquetado sobre el escenario. Y con escenas que no se olvidan: en su teatro hay autolesiones, hay sexo (de verdad). Pero por estas creaciones, la actriz y dramaturga se ha ganado un espacio muy respetable. En Francia se la adora. Y en España, donde cada vez se deja caer más tras algunos años de sonados desencuentros, tiene un público muy fiel. “Quiero que el espectador rompa las barreras que le unen al mundo de lo mensurable, de lo explicable, de lo material. Quiero que experimente una Epifanía a través de la Belleza. Devolverles un mundo interior mediante la catarsis. Algo antiguo”, dice Liddell. Los espectadores ya saben que van a meterse en un mundo oscuro, pero Liddell también sabe por qué lo hace: “Las tinieblas son el camino hacia la luz”.

"Quiero que el espectador rompa las barreras que le unen al mundo de lo mensurable, de lo explicable, de lo material"

Esto lo cuenta la dramaturga al hilo del estreno este sábado de su última creación 'Una costilla sobre la mesa: Padre' en los Teatros del Canal de Madrid junto a Oliver Laxe y en alternancia con Llorenç Barber y Yuri Ananiev. Se suma a ‘Una costilla sobre la mesa: Madre’, homenaje ambas a sus padres, fallecidos en 2018. Este periódico se puso en contacto con ella para una entrevista que decidió contestar solo mediante cuestionario. Esquivó algunas de las preguntas sobre su espinosa relación con España sobre todo tras serias diferencias en 2014 al sentirse ninguneada por las instituciones teatrales españolas que no la programaban mientras que en el país vecino se le abrían las puertas en lugares tan prestigiosos como el Festival de Avignon donde triunfó con las obras ‘La casa de la fuerza’ y ‘El año de Ricardo’ (2010). Liddell había sido programada en el CDN en 2007 y en 2012 se le otorgó el premio Nacional de Literatura Dramática, pero con una frase sobre su estancia en Francia y no por aquí zanjó la cuestión: “Francia me dio una casa cuando aquí no la tenía. Eso no lo olvidaré nunca”. En 2017, la República francesa la nombró Caballero de las Artes y las Letras.

El toreo, el teatro y lo español

Bien es cierto que la presencia de la dramaturga en los escenarios españoles es cada vez mayor. La prueba es que el verano pasado estuvo en el Festival Grec con ‘Liebestod’, que era una homenaje al torero Juan Belmonte. La cosa no puede ser más española. La propia Liddell se siente bastante inspirada por el toreo y ha dicho en alguna ocasión que hace teatro “como Belmonte toreaba”. ¿A qué se refería exactamente? “Se torea como se es, se torea como se ama. Me levanto del suelo sin mirarme la ropa”. Liddell es sangre, sudor y la arena de las tablas.

placeholder Angélica Liddell en su último montaje
Angélica Liddell en su último montaje

La otra prueba es que tras pasar por el último Festival de Otoño con la obra ‘Terebrante’, sobre el cantaor Agujetas (más flamenco, más España), vuelve a los Canal, donde también estuvo este verano y más veces, con la obra en la que se enfrenta a la muerte de su padre. En sus obras hay mucha filosofía y en esta ocasión recurre a Sacher Masoch, pero no a través de la cosa clínica, como se encarga de puntualizar. No, no estamos hablando aquí del masoquismo entendido prosáicamente por el duelo por el padre. “He partido del estudio de Deleuze, no exactamente de Sacher Masoch. Este duelo por mi padre es una obra eminentemente intelectual, puesto que él perdió la razón. Deleuze aborda el masoquismo desde un punto de vista estructuralista, por tanto se trata de un masoquismo de orden simbólico, no clínico. Se desexualiza el amor para sexualizar la muerte. Es la base del contrato masoquista”, explica Liddell.

“Se torea como se es, se torea como se ama. Me levanto del suelo sin mirarme la ropa”

Dolor, muerte y Biblia

Pero en la relación entre padres e hijos siempre hay algo de dolor, le pregunto. De hecho, las consultas de los psicólogos están llenas por esta cuestión. Y Freud tiene el gran máster sobre este tema. Liddell regresa a otro asunto que suele orbitar por sus obras: la Biblia. O más bien el peso de este libro sobre todos nosotros. Curiosamente esto recuerda a las obras de Rodrigo García, otro creador español al que tampoco le ha ido mal en Francia. “La relación heleno- hebraica con respecto al concepto de Padre viene expresada en los mitos y la Biblia”, afirma la dramaturga. Y, luego, claro, está Freud, “quien nos legó un lenguaje extraordinario para abordar todas estas complejidades. Es imposible desprenderse de todo ese bagaje. Los tabúes más importantes nacen de esa dependencia entre padres e hijos”.

placeholder Cartel de 'Una costilla sobre la mesa: Padre'
Cartel de 'Una costilla sobre la mesa: Padre'

Sin haber visto la obra se me ocurre que debe apelar a todo un mundo místico. Al de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. A esa cosa tan religiosa española que parece pervivir desde el siglo XVI. El gran universo de lo místico (y lo mítico). Pero ahí la dramaturga niega la mayor y señala que hace tiempo que España dejó de ser espiritual. “Nos hemos quedado sin ritos y sin conciencia de aquello que está más allá de los límites naturales. Nos falta lo trascendente. Es un mundo desacralizado. No hemos superado el materialismo decimonónico”, manifiesta. E insiste en que lo espiritual no está incluso en los ritos cuya imagen hemos exportada al mundo como la Semana Santa. “La Semana Santa española está desarraigada de lo propiciatorio, de cualquier Teofanía. En lo popular ya no prima aquella inocencia de la religión natural que tanto añoraba Pasolini. Todo eso murió. El hombre común está devorado por lo pragmático”, indica.

Figueres, Dalí y lo deforme

Filosofía, violencia, tinieblas, epifanías, belleza, catársis. Esa es la propuesta de una creadora que no es fácil. Quizá todo tenga algo que ver con que fue bautizada en la misma pila que Salvador Dalí, según se puede leer en su wikipedia. Otro creador que se podría incluir en la sobada etiqueta afrancesada de los enfant terribles. “Quién sabe hasta dónde llega el influjo de las partículas, quién sabe”, manifiesta para, una vez más, llevárselo a su propio terreno: “Creo que lo que más marca son las partes deformes. Una vez le preguntaron a Steiner qué le había marcado más en su pensamiento, él contestó que haber nacido con un brazo y una mano atrofiadas. Yo nací con un gemelo deforme en mi nuca”.

"Siempre siento que falta algo. Una insatisfacción natural”

Liddell consuma este sábado en Madrid el homenaje a sus padres. ¿Es el final de algo? No, no es el final de nada. ¿Y qué se siente? “Siempre siento que falta algo. Una insatisfacción natural”, zanja.

A los montajes de Angélica Liddell (Figueres, 1966) hay que acudir con el estómago preparado. El viaje será entre tinieblas con incursiones en el dolor y la violencia. Todo el sufrimiento de este mundo empaquetado sobre el escenario. Y con escenas que no se olvidan: en su teatro hay autolesiones, hay sexo (de verdad). Pero por estas creaciones, la actriz y dramaturga se ha ganado un espacio muy respetable. En Francia se la adora. Y en España, donde cada vez se deja caer más tras algunos años de sonados desencuentros, tiene un público muy fiel. “Quiero que el espectador rompa las barreras que le unen al mundo de lo mensurable, de lo explicable, de lo material. Quiero que experimente una Epifanía a través de la Belleza. Devolverles un mundo interior mediante la catarsis. Algo antiguo”, dice Liddell. Los espectadores ya saben que van a meterse en un mundo oscuro, pero Liddell también sabe por qué lo hace: “Las tinieblas son el camino hacia la luz”.

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