entrevista

Ramón Fontseré (Els Joglars): "En Cataluña prevalece una euforia de fantasía y delirio"

Els Joglars regresan a los escenarios después del confinamiento con una gira por toda España de 'Señor ruiseñor', en la que abordan el procés catalán y los nacionalismos

Foto: Ramón Fontseré como Santiago Rusiñol
Ramón Fontseré como Santiago Rusiñol

Ramón Fontseré contesta a esta entrevista telefónica desde la cúpula geodésica donde suelen ensayar los espectáculos de Els Joglars desde hace ya varias décadas. Un lugar tranquilo, perfecto en medio de masías y naturaleza en Cataluña. En 2012 cogió las riendas de la compañía después de Albert Boadella y ya ha puesto en marcha varios espectáculos. El último es 'Señor ruiseñor', que aborda la vida del pintor catalán bohemio y cosmopolita Santiago Rusiñol. Esta figura, que también interpreta Fontseré, les sirve para hacer una crítica aguda -en su línea satírica- del procés y de todos los nacionalismos. Porque el montaje, que se estrenó por primera vez en 2018, pero ha estado parado un tiempo, es un canto al cosmopolitismo. Ahora se podrá ver en la próxima gira en varios lugares como La Bañeza (León), Madrid, Águilas (Murcia), Montoro (Córdoba), Toledo, Zamora, Guadalajara y otras tantas ciudades españolas. Si el covid-19 lo permite, vayan reservando las entradas.

PREGUNTA: Después de este parón pandémico retomáis 'Señor ruiseñor' para la gira. ¿Ha cambiado algo?

RESPUESTA: No, no. No hemos cambiado nada porque creo que es un tema que va a continuar y ya está todo muy bien englobado y muy bien puesto. Hay pocas variaciones desde que lo estrenamos hasta ahora. Y durante la pandemia cada uno se ha apañado como ha podido. Yo he hecho cosas de 'Dalí' que colgaba en nuestra web… Y te tengo que decir que se me han pasado los días muy rápido.

P: ¿Ah sí? ¿Lo has llevado bien entonces?

R: Sí. Yo vivo en una masía, por lo tanto no he sufrido los problemas de espacio. He podido pasear, leer… Al principio era un poco aburrido, pero luego ha sido todo muy rápido. Y ya volvemos a hacer algún bolo con todas las medidas de seguridad… Yo creo que la gente en general tiene ganas. Igual es una percepción optimista mía, pero creo que la gente tiene ganas de salir al teatro y de volver a una normalidad.

P: Has interpretado a Pla, Dalí y ahora a Santiago Rusiñol. ¿Cómo es meterese en la piel de estos artistas catalanes? ¿Y cómo es Rusiñol?

R: Yo creo que son ejemplares muy singulares que desgraciadamente han desaparecido. Es decir, no han sido sustituidos. Dalí, un Pla, un Rusiñol. Rusiñol era un tipo magnífico, un ciudadano fantástico, divertido, trabajador. Es un hombre que estaba destinado a ser el heredero de la fábrica textil de su abuelo porque sus padres murieron muy jóvenes. Y el tío decide ser artista. Dibuja a escondidas de su abuelo porque el abuelo consideraba una pena que fuera artista. Pero este hombre escoge el camino de la libertad. Cuando interpretas a estos tipos lo importante es bucear en torno a ellos. Rusiñol tiene una frase que dice, “he sido un hombre sin calvario”. Cuando le hacían homenajes, él decía, “no, no, no me hagan homenajes que yo he tenido todo lo que he querido y todo lo que he deseado para mí ha sido asequible”. Su vida fue esa.

P: Pues qué bien y qué envidia.

R: Sí, sí, son tipos que a mí me fascinan mucho.

Montaje de 'Señor ruiseñor'
Montaje de 'Señor ruiseñor'

P: En la obra señaláis que Rusiñol fue “un representante de la Cataluña cívica, culta y abierta al mundo”. ¿La obra es porque echais de menos más Rusiñoles?

R: Sí, sí, claro, se echa de menos el espíritu del mundo de Rusiñol, abierto, cosmopolita. Un espíritu renacentista. Porque Rusiñol, aparte de pintor, era un dramaturgo con mucho éxito, y también fue actor y coleccionista de obras de arte. Fue el primero que introdujo los Grecos en España. Fue un hombre que conocía muy bien España porque viajó muchísimo por España, por todos los pueblecitos y todos los rincones. Fue un avant la lettre de toda la generación de 98. En frase de Josep Pla, era un destructor de fanáticos. Era un tío que la política no le interesaba para nada. Era un bohemio, un noctámbulo que iba a la tertulia de los republicanos y cuando cerraba se iba a la de los monárquicos y si esta cerraba se iba a la de los socialistas. Lo importante para él era ir a dormir tarde.

Se echa de menos el espíritu del mundo de Rusiñol, abierto, cosmopolita. Un espíritu renacentista

P: Una de las cosas en la que incide la obra es la pérdida de cosmopolitismo de Cataluña.

R: Claro, el nacionalismo son las barreras, las fronteras. Se tiene que ver hace cuatro días en Yugoslavia como se las gasta. Es el terruño y yo soy el mejor y lo demás es lo peor, el enemigo. Y estos hombres como Rusiñol, aunque les gustaba su lugar de nacimiento, rompían con esto. Era un espíritu abierto, esa cosa cosmopolita, visión amplia, que es todo lo contrario del nacionalismo.

P: La obra también gira en torno a la identidad. Meses antes de morir me dijo Rosa María Sardá que en Cataluña el racismo todavía continuaba. ¿Tambien lo crees?

R: Lo que hay es eso de nosotros somos los mejores y los demás están a años luz de nosotros. Es esta autoeuforia de fantasía, de delirio que aún prevalece con la gasolina del victimismo. Es la queja constante de, si no hubiera sido por eso, por lo otro, porque no sé qué seríamos de esta manera… Pero la realidad es la que es. Este es uno de los motores que sustenta todo esto. El otro es la pasta, el negocio. Porque esto es un negocio con el que todos viven fantásticamente. Están todos enchufados. Sus mujeres, sus hijos, sus parientes… Si te fijas todos están en esa red de la pela.

P: Rusiñol se enfrenta a los bárbaros, ¿Quiénes son los bárbaros?

R: (risas) Pues precisamente estos que son incapaces de tener una visión más cosmopolita de la vida, más amplia, de esa Cataluña amable y abierta, de convivencia, de vivir juntos los distintos, que es una cosa que enriquece. Todo lo contrario de lo que ahora tenemos.

P: Habéis criticado a políticos como Jordi Pujol en los ochenta, noventa. ¿Creeis que estas obras que hicistéis ya algunas décadas ahora serían más difíciles? Un 'Ubu president' actualizado, por ejemplo.

R: Yo te diría que los años ochenta y noventa fueron unos años maravillosos en cuanto a la libertad. Ahora hay esta dictadura del puritanismo. A medida que hemos avanzado hemos ido retrocediendo. Por ejemplo, las series de televisión que hacíamos nosotros en los años noventa ahora serían impensables. Cuando hacíamos ‘orden especial’ o ‘vaya día’. Ahora nos crujirían. Y también obras de teatro. Tendrían dificultad para tener unos bolos seguidos o unas giras largas.

P: Rusiñol también decía aquello de que todo lo que hizo lo hizo para divertirse. ¿Por qué crees que la sátira, el humor, decir algo un poco fuera de madre (que no quiere decir un insulto), es tan complicado hoy?

R: El humor y el poder nunca se han llevado bien. Ya el señor Aristófenes lo sabía. El humor es distanciamiento. Es reírse de las cosas sagradas que los políticos quieren que sean sagradas para mantenerse ellos en el poder. Pero cuando sale un tío y dice, esto no es así, que los dioses también se tiran pedos, esto para ellos es… pues imagínate. Esa es la potencia del humor. A través de una metáfora o una mentira en un escenario, contar una verdad. Se trata de desvelar al público la falsedad o el seductor mensaje de los políticos. Hacerles descubrir una falsedad que a veces el público, muchas veces por pereza o porque tanto le da, no lo ve. Por eso muchos de nuestros espectáculos son catárticos, porque el público se identifica con eso que ve en el escenario.

P: ¿Crees que el público hoy está más adocenado?

R: Creo que no ha habido un relevo… Los tiempos también son distintos. En los ochenta y noventa quizá porque se venía de una dictadura la gente tenía como más ganas. La gente iba al teatro y tenía más ganas y estaba más… Los espectadores griegos de la época, cuando se hacía una referencia a una obra de Sófocles y esos grandes trágicos, sabían de que hablaban. Estaban familiarizados. Sabían qué frases se decían y a quien correspondían. Era un público más enterado. Pero ahora creo que el público está menos enterado. No está tan dispuesto a abrirse, incluso de lo que él mismo cree. Y echo en falta esa cultura que quizá antes tenía el público y ahora tiene menos. Les cuesta entender las cosas porque no está enterado, no está al loro.

El humor es reírse de las cosas que los políticos quieren que sean sagradas para mantenerse en el poder. Pero cuando sale un tío y dice que los dioses también se tiran pedos, esto para ellos es… pues imagínate

P: Quizá como llevamos más de cuarenta años de democracia nos hemos convertido en una democracia aburrida y aburguesada. No sé si comparte esta apreciación.

R: (risas) Quizá sí. En los tiempos actuales no sé cómo acabaremos. Antes había como una cierta abundancia en todo. Yo soy de una generación… que nunca tuve una moto y vacaciones iba lo justito. Quizá este exceso de abundancia ha propiciado todo esto, ha propiciado que las cosas no se valoren como se tienen que valorar. Parece que todo venía por ciencia infusa. Esta especie de burbuja que vivimos de repente pues una pandemia o una peste pues te vuelve a la puta realidad.

P: Igual esta peste pone en su lugar a muchos.

R: Igual sí. Igual es un bicho que pone a los ciudadanos, el Gobierno y todo dios en su lugar. Porque también pienso que el Gobierno se las prometía muy felices pero, joder, le ha salido esto de la peste y también pone las cosas en su lugar. Por desgracia, lo jodido es que son muchos muertos, pero en fin, es la madre naturaleza, que es una madrastra porque es un hija de puta. En eso estoy de acuerdo con Pla, que decía que la naturaleza era indiferente a todo. Es decir, puede pasar una gran catástrofe y al día siguiente levantarse con un sol fantástico dejando atrás todo lleno de muertos.

P: Y desde el punto de vista del teatro, cómo ves estos tiempos que vienen.

R: Sí, son tiempos duros. Desde el 2008 en el teatro íbamos con no demasiadas reservas y ahora será más complicado. Una gira con una cierta duración… Será complicado porque se acumularán todas las funciones que se deberían haber hecho en tiempo de pandemia. Se tendrán que recolocar. Será una época más de resistencia y de apañarnos como hacían los estoicos. Es decir, nos ha tocado bailar con esto así que intentar sobrevivir, como decía Rusiñol, de la manera más divertida que podamos. Porque rasgarse las vestiduras yo creo que no sirve para nada.

Igual este es un bicho que pone a los ciudadanos, el Gobierno y todo dios en su lugar. El Gobierno se las prometía muy felices pero, joder, le ha salido esto de la peste y también pone las cosas en su lugar


P: Llevais más de 50 años como compañía. Hacéis un teatro vanguardista, pero a la vez es muy popular. Uno al final qué prefiere, que le consideren teatro vanguardista o más tradicional.

R: Somos una mezcla de tradición, porque ensayamos en el bosque, al lado de un pueblecito muy bonito y de masías, gente que vive de la agricultura. Es decir, un sitio en el que nos podemos aislar y trabajar muy artesanalmente. Pero eso lo podemos combinar con una pantalla de tecnología punta hecha para el espectáculo. Combinamos este ritual artesanal y de los tiempos de maría castaña con tecnología o métodos más actuales. Es una combinación fantástica. Me acuerdo del 'Dalí', que cogimos una pantalla que se hizo especial porque se podía ver desde la primera a la última fila del teatro más grande con una definición perfecta. Y esto lo combinábamos con unos mínimos elementos de atrezzo que sugerían otras cosas. Es esa cosa magnífica del teatro de poder manipular el tiempo, el espacio… A veces una cosa de diez euros tiene más efecto que una cosa de 100.000. Eso me gusta mucho. Con unas tiras elásticas puedes montar unos cuadros para contar la vida de Rusiñol.

P: Sí, eso se ve al inicio de la obra y es genial.

R: Esto es teatro. Es lo que me gusta. Teatro combinado con la música. La música me parece algo que me recuerda a mi infancia. A veces me pongo una cosa de Chopin o Beethoven y me veo allí niño… Tiene esa cosa emotiva, poética, que te toca cosas que la palabra a veces. Pero una música con una acción yo lo encuentro magnífico.

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