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Inés Martín Rodrigo, Premio Nadal 2022: "No hay nada más universal que una familia española"
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Inés Martín Rodrigo, Premio Nadal 2022: "No hay nada más universal que una familia española"

"Tengo muy claro dónde empieza la Inés periodista y dónde acaba la Inés escritora". La novela con la que Martín Rodrigo ha ganado el Nadal se titula 'Las formas del querer' y ya va por la tercera edición

Foto: La periodista y escritora Inés Martín Rodrigo. (Lucía Faraig/cedida)
La periodista y escritora Inés Martín Rodrigo. (Lucía Faraig/cedida)

Cuenta Inés Martín Rodrigo (Madrid, 39 años) que, durante el confinamiento, una pareja de monjas se convirtió en su "motor cotidiano". Todas las mañanas hacia la misma hora, las dos mujeres pasaban bajo su ventana. "Estuve teletrabajando hasta hace poco, así que las escuchaba hablando y salía al balcón. Después, podía seguir con mi día". Y el día es largo para Martín Rodrigo: esta periodista cultural se levanta unas cuantas horas antes de partir a la redacción para alimentar su otra escritura, la que no empieza y termina en las páginas de un periódico. Y la que, hace unas semanas, le ha concedido el Premio Nadal 2022.

'Las formas del querer' (Destino, 2022) es el título de la obra premiada, que llegó a las librerías en febrero y va ya por su tercera edición. Esta escritora ya publicó su primera obra de ficción en 2016, 'Azules son las horas' (Espasa), y una antología de entrevistas literarias, 'Una habitación compartida' (Debate). Pero se enteró de que había ganado el Nadal de Novela cuando estaba en la redacción de 'ABC', donde trabaja, lejos de su escritorio y de las monjas que le sirvieron como ancla al paso del tiempo cuando el virus parecía detenerlo todo. Es el anclaje el que da nombre a su protagonista, Noray —el mástil que se usa para fijar las amarras de un barco—. En 'Las formas del querer', Martín Rodrigo se aferra a la memoria como lo hace su personaje cuando se encierra en la casa de su pueblo para "enfrentarse a la novela que lleva años postergando: la historia de su familia". El texto no es una autoficción ni una autobiografía novelada, aclara su autora, pero sí se han filtrado en él algunos episodios y heridas propios. A un día de comenzar una gira literaria por toda España, Inés Martín Rodrigo responde a El Confidencial desde el lugar donde dice sentirse cómoda como escritora: esa frontera de invención y realidad en la que nacen los recuerdos, y también 'Las formas del querer'.

placeholder La escritora Inés Martín Rodrigo. (Lucía Faraig/cedida)
La escritora Inés Martín Rodrigo. (Lucía Faraig/cedida)

PREGUNTA. Noray, la protagonista de la novela, menciona una "ansiedad narrativa" que la empuja a escribir. ¿Es así en su caso? ¿También siente una inquietud por contar?

RESPUESTA. Es una combinación de palabras que me gusta mucho, la de ansiedad y narración. Lo que me ha pasado con esta novela ha sido, precisamente, que sentía una necesidad de escribir. Un pulso muy potente que conseguí al poco tiempo de empezar y que me impedía dejarlo. En nuestro oficio, hay que combinar la escritura con el periodismo y ese equilibrio es complicado de conseguir... Durante las horas al día que dedicaba a la novela, sentía esa ansiedad de contar la historia de Noray, que en parte es mi historia. Me sentía reconfortada por poder contar por fin esta historia que estaba en mi cabeza, probablemente, más tiempo del que soy consciente. Necesitaba escribir, de ahí la 'ansiedad' por hacerlo.

P. Como periodista, las palabras le resultarán cotidianas: son su medio de trabajo. Pero ¿en qué momento se sienta ante el ordenador, abre un documento en blanco y teclea la primera oración de una novela?

R. Sí, esa página en blanco... [ríe]. Cada escritor tiene su método. En mi caso, la verdad es que le doy bastantes vueltas antes de ponerme a escribir. La novela habita en mi cabeza, me amoldo a ella, a los personajes. Pienso cómo los quiero perfilar y retratar. Utilizo esos términos de forma consciente, porque al estar en mi mente, escribir no deja de ser como un dibujo a carboncillo. Ante ese proceso, que puede ser un largo tiempo, me paso el día escribiendo y perfilando mentalmente la historia.

Luego, llega un día en el que me planteo sentarme. En mi caso, muy temprano. Soy bastante diurna para trabajar, por la noche mi mente solo sirve para leer, no para escribir. Para mí, la escritura es disciplina, esfuerzo y dedicación. Y así fue. Abrí un Word y me puse a ello. Cada día, unas cuantas horas. Hay veces que sale más de corrido, otras que solo consigo un párrafo... Pero hay que sentarse todos los días. No creo demasiado en las musas.

placeholder La escritora Inés Martín Rodrigo. (Lucía Faraig/cedida)
La escritora Inés Martín Rodrigo. (Lucía Faraig/cedida)

P. ¿Periodismo y literatura nacen del mismo árbol?

R. El periodismo y la literatura no son pareja, sino hermanos. Es decir, comparten lecho, pero no techo. Los dos parten de la misma matriz, que son las palabras. Además, es una materia prima muy frágil. Los dos trabajan con ella, pero yo tengo muy claro dónde empieza la Inés periodista y dónde acaba la Inés escritora. De hecho, son dos mundos totalmente diferentes. Lo que me permite la literatura no me lo permite el periodismo y viceversa. Realidad y ficción son dos caras de la misma moneda, que son las palabras.

P. También dice la protagonista de 'Las formas del querer' que vive en "los márgenes de la realidad, en el borde en el que esta se confunde con la ficción". ¿Esta novela nace de esos márgenes?

R. Sobre todo y ante todo. En la novela hay una intención de homenajear a esas personas convertidas en personajes que viven en los márgenes no ya de la realidad, sino de la sociedad. Mi intención era poner el foco sobre ellos y darles ese papel protagonista que nuestra historia reciente no les ha concedido. Creo que 'Las formas del querer' bebe de esa frontera. No diré que es un lugar sombrío, pero sí 'no iluminado'. Es un sitio en el que me siento cómoda. No me gusta el protagonismo... El otro día, me decía Luis Landero en una conversación que a él no le gustaba nada hablar de sí mismo. A mí me pasa lo mismo, y quizá por eso somos escritores. Me gusta observar lo que me rodea, la realidad, las personas con las que me cruzo... Que, por mi trabajo, son muchas y muy peculiares. Tengo esa suerte.

"Mi mayor miedo siempre ha sido el olvido. Probablemente, por eso me agarro a la literatura"

P. "No un teórico de la lengua, sino un carterista de las palabras", se define Juan Mayorga en uno de sus textos...

R. Yo me quedo con muchísimas frases, con gestos, anécdotas... Me las apropio y las coloco en la narración, en la escritura. Me parece una manera muy bonita de dialogar que tienen la realidad y la ficción. Volvemos a esos márgenes. Probablemente, en esta novela estén presentes muchas cosas que he vivido, pero no necesariamente en primera persona. Por ejemplo, puedo integrar algo que he visto o que he escuchado en este bar. Así también se nutre la literatura.

P. ¿Es aquí donde escritora y periodista se dan la mano?

R. Con una diferencia. Cuando llevo el mono de trabajo de periodista, no puedo inventar. No cuento con la herramienta maravillosa que es la imaginación. Cuando me pongo el mono de trabajo de escritora, la imaginación se dispara. Con esa misma conversación que he escuchado por ahí, invento y hago virguerías. Me lo paso muy bien.

P. Queriendo o sin querer, en la novela aparecen temas de la conversación pública reciente: la memoria histórica, las heridas de la guerra, la salud mental, el papel reclamado de las mujeres en la historia... ¿La conexión con la actualidad era pretendida?

R. La novela tiene mucho de memoria, pero de memoria familiar. Estoy convencida de que los recuerdos son lo que nos configura como personas, lo que nos da una identidad. Mi mayor miedo siempre ha sido el olvido. Probablemente, por eso me agarro a la literatura. Todas las familias españolas se parecen y no hay nada más universal que una familia española. Noray, en la novela, cuenta la historia de una familia que ha vivido en la historia reciente de nuestro país. Era inevitable que los personajes pisaran escenarios que nos resultan conocidos, pero que no son lugares comunes sino propios.

Foto: Los galardonados. (EFE/Albir)

La salud mental también está presente, pero tampoco de una manera intencionada. No hay una intención de reivindicar nada. Fue todo muy natural... Sentí que esos personajes, con los que ya me empezaba a sentir cómoda, debían sentir eso. Si ayuda a ponerle rostro a dolencias tan importantes como la salud mental, la anorexia o a problemas tan graves como el suicidio, pues bienvenido sea.

P. Su novela se construye en el recuerdo, y los recuerdos a veces son engañosos... Hacer memoria es volver al pasado para observar como una especie de intruso. ¿Es así como ha imaginado 'Las formas del querer'?

R. En realidad, es un universo que me resulta muy familiar y en el que me siento como en casa. Me gusta mucho que en la novela haya un juego de realidad y ficción, planteado precisamente a través de esos recuerdos. Noray escribe su novela apoyándose en lo que su abuela le ha ido contando desde que era niña. ¿Qué hay de verdad, qué hay de invención? Realmente, no lo sabemos. Ahí está el juego para el lector. Al final recordamos de una manera muy creativa, me gusta que eso estuviera planteado en 'Las formas del querer'.

P. La protagonista comienza a escribir tras un hecho traumático. Se plantea el texto casi como una terapia. ¿Se siente identificada?

R. Así ha sido sobre todo con esta novela. Para mí, la escritura no es sanadora porque creo que hay heridas que no se pueden curar. Permanecen siempre abiertas o latentes... Hablo siempre por mí. Pero en el caso de 'Las formas del querer', la historia me ha permitido reconciliarme con partes de mí misma que eran heridas muy latentes. Pensaba que estaban más cerradas de lo que realmente estaban. Escribiendo he iniciado un viaje hacia dentro de mí misma, me he mirado por dentro. He iluminado zonas que permanecían en la oscuridad absoluta desde hace probablemente dos décadas. No diré que he salido indemne de este viaje, pero sí orgullosa. De este proceso ha salido una Inés diferente. Una Inés más orgullosa de sí misma, más contenta y más preparada para dejarse querer y quererse a sí misma un poquito mejor.

placeholder Cubierta de 'Las formas del querer'. (Destino)
Cubierta de 'Las formas del querer'. (Destino)

P. ¿Hay que querer mucho y de muchas formas para escribir esta novela?

R. Creo que sí. Hay una intención de reivindicar ese querer, ese amor, la bondad, la generosidad... Solo habiéndome querido a mí misma y, sobre todo, habiéndome sentido tan querida, he sido capaz de escribirla. Están presentes todas las formas que tiene el querer, que son infinitas y no excluyentes. Creo que en el libro conviven de una manera muy natural.

P. 'Las formas del querer' va ya por la tercera edición. ¿Le da vértigo?

R. Me siento muy feliz al pensar que esta historia tan personal se convierta en algo universal. La novela no es una autobiografía, no es autoficción... Es una novela. Lo que pasa es que en la escritura se han filtrado muchas cosas de mí misma, de mi pasado y de gente con la que me he cruzado por la calle. El mono de trabajo del escritor es muy poroso [ríe]. Todo se filtra. Ojalá la historia de Noray trascienda y se convierta en algo universal.

Cuenta Inés Martín Rodrigo (Madrid, 39 años) que, durante el confinamiento, una pareja de monjas se convirtió en su "motor cotidiano". Todas las mañanas hacia la misma hora, las dos mujeres pasaban bajo su ventana. "Estuve teletrabajando hasta hace poco, así que las escuchaba hablando y salía al balcón. Después, podía seguir con mi día". Y el día es largo para Martín Rodrigo: esta periodista cultural se levanta unas cuantas horas antes de partir a la redacción para alimentar su otra escritura, la que no empieza y termina en las páginas de un periódico. Y la que, hace unas semanas, le ha concedido el Premio Nadal 2022.

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