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Los ingredientes para acabar con una democracia: ¿podría volver a ocurrir?

José Luis del Hierro publica un estudio comparado de la República de Weimar y la Segunda República Española, dos "democracias frustradas" por el fascismo

Foto: El presidente de la República de Weimar, Paul von Hindenburg, y el canciller Adolf Hitler en 1933. (Bundesarchiv)
El presidente de la República de Weimar, Paul von Hindenburg, y el canciller Adolf Hitler en 1933. (Bundesarchiv)

“Ocurrió. En consecuencia, puede volver a ocurrir”, advirtió Primo Levi sobre el horror del Holocausto. El filósofo español George Santayana dio un paso más en la concepción cíclica: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Ocurre con la Historia, y con otras ciencias sociales, que se funda en una epistemología peculiar, a veces frustrante: el sujeto que estudia se funde con el objeto estudiado. No existen ensayos para predecir el comportamiento humano. La mirada al pasado, entonces, es un sucedáneo de laboratorio, y puede esconder señales de alarma o consejos.

Un pensamiento parecido le asaltó a José Luis del Hierro mientras escribía su estudio comparado de la República de Weimar y la Segunda República Española: “Vi que había una similitud importante entre las dos Repúblicas porque ambas se habían visto truncadas por una presión muy fuerte de los extremos del espectro político. Me pareció un buen punto de reflexión porque, cuando empecé a escribir el libro, empezaron a resurgir tendencias como el nacionalismo, el populismo… Su denominador común es estar en contra del parlamentarismo y del movimiento democrático”.

Cubierta de 'Democracia frustrada'. (Ediciones de la Torre)
Cubierta de 'Democracia frustrada'. (Ediciones de la Torre)

Del Hierro (Madrid, 1948) es Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y, actualmente, profesor emérito de Filosofía del Derecho, Moral y Política. Su última publicación es ‘Democracia frustrada’ (Ediciones de la Torre, 2018), el estudio comparado de las Repúblicas española y alemana de entreguerras.

“En momentos en los que vuelve a cuestionarse el modelo de convivencia democrática, no está de más, en fin, volver la vista al pasado para aprender de los errores cometidos: la historia no debe repetirse”, cuenta sobre el libro. Después matiza: no hay que sacar de quicio las comparaciones: “Hay similitudes, pero también grandes diferencias”. A través de su estudio, Del Hierro hace la autopsia de dos “democracias frustradas” y extrae los ingredientes que condujeron a su destrucción.

La crisis económica

“La República de Weimar no se entiende sin la crisis económica del 29. Que, por cierto, tiene muchos actores en común la crisis de 2008: Goldman Sachs, Lehman Brothers… Y las dos crisis se resolvieron casi de la misma manera. En los años 30, las medidas que se tomaron propiciaron a la aparición de regímenes totalitarios o fascistas. De esto podemos aprender la gran trascendencia democrática que tiene la forma de resolver una crisis”.

Del Hierro se refiere a la política económica del canciller Heinrich Brüning. Para combatir la fuerte crisis económica, el gasto público se redujo en busca de la estabilidad presupuestaria. En consecuencia, el desempleo y la pobreza de las clases medias alemanas crecieron, al tiempo que las prestaciones sociales se resintieron. Los extremos del espectro político, entre ellos el nacionalsocialismo, rentabilizaron la desesperación de los votantes. También la dureza de las condiciones de paz impuestas por el Tratado de Versalles: “la mutilación territorial, la aniquilación de su poder militar, la exigencia de reparaciones…”.

El gabinete de Heinrich Brüning en los años 30. (Joseph Schmidt)
El gabinete de Heinrich Brüning en los años 30. (Joseph Schmidt)

El académico reconoce algunos puntos en común con las políticas de recortes y austeridad abrazadas por los gobiernos europeos tras la crisis de 2008: “Creo que hemos caído en los mismos errores. Hemos propiciado el surgimiento de populismos al calor de la crisis de 2008, y esto ha tenido un efecto muy negativo. Aunque la situación de los años 30 no podría volverse a producir ahora, al menos con las mismas características, sí se han generado movimientos antidemocráticos. Lo estamos viendo fundamentalmente en la Europa del este: el Grupo de Visegrado, la República Checa… Son regímenes que han surgido en un contexto democrático, como en la Alemania nacionalsocialista, pero sus referencias no son nada democráticas. Por ejemplo,en la Italia de Salvini se están dando medidas y comportamientos poco democráticos. También en Estados Unidos. No se puede afirmar con rotundidad que no son democracias, pero son fenómenos preocupantes. La historia debería servirnos de lección”.

Los movimientos antisistema

El empobrecimiento de la clase media y la desesperación, según Del Hierro, son un caldo de cultivo para los que ofrecen soluciones fáciles. Hasta las últimas elecciones, España no había tenido entre sus diputados a Vox, el partido que muchos reconocen como interlocutor de la ultraderecha europea. “Efectivamente, es preocupante. Pero esto no es nuevo. La extrema derecha, que siempre ha existido, hasta cierto momento estuvo integrada en España dentro del Partido Popular. Muchos vieron como algo positivo que Fraga fuera capaz de incluir en Alianza Popular a la extrema derecha”.

“Fundamentalmente debido al problema de Cataluña, este sector del PP se desgajó y formó Vox. Este partido tiene características similares a los movimientos populistas de derecha en Europa, pero también diferencias. La prueba es que no se han integrado en el mismo grupo europarlamentario. Pero creo que este fenómeno todavía no es tan preocupante en España como el nacionalismo”.


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“Me preocupa el nacionalismo catalán más radical, el independentismo desde el enfrentamiento y las soluciones unilaterales. Además de la gravedad que encierra en sí mismo ese enfrentamiento con el modelo constitucional, ha generado un resurgimiento de cierto nacionalismo español. Es como si hubiera un enfrentamiento entre estos dos nacionalismos. Y esto conduce a una de las características del periodo de entreguerras y que destaco en el libro: la brutalización de la vida social. No hay más que ver el nivel de las intervenciones parlamentarias o el de algunas tertulias. Se está creando un nivel de confrontación en términos de violencia verbal que no ayuda nada”.

La conflictividad

En su estudio, Del Hierro destaca que tanto los fascistas italianos como los nazis utilizaron la violencia como “táctica y estrategia, medio y fin”. La creación de una sensación de inseguridad generalizada, de desestabilización del espacio público, sirvieron a los movimientos extremistas para hacer patente la debilidad del gobierno. La consecuencia fue, según Del Hierro, que la noción de “orden” se convirtiera en una “angustiosa necesidad”, en beneficio de aquellos que defendían la solución autoritaria.

“Efectivamente, es provocar una sensación de desorden público y, sobre todo, la sensación de que el gobierno es incompetente. En España, a partir del triunfo del Frente Popular en las elecciones del 36, fueron los grupos de derechas los que intentaban crear un estado de alarma social para aprovecharse de la situación. Sirve de excusa para decir: ‘¿Ven ustedes? El gobierno es incapaz, necesitamos un Estado más fuerte'. Esto no existe siempre, no podemos extrapolar miméticamente la situación y decir que es igual a la de entreguerras. Quizá la estrategia de los chalecos amarillos en Francia tenga en común la generación de inestabilidad, pero las diferencias son grandes”.

La desafección democrática

Según Del Hierro, la crisis del 29 y el empobrecimiento, entre otras causas, no sólo golpearon a España y Alemania, sino al Reino Unido, a Estados Unidos e incluso a Suecia. ¿Qué es lo que diferenciaba a los países que no sucumbieron al totalitarismo? “En la Alemania y España de entreguerras, no tenía a demócratas convencidos en la clase política ni en la sociedad. Ni siquiera los intelectuales tenían claro este sistema, no hay más que leer a Ortega y Gasset. Esta es la gran diferencia, desde mi punto de vista. Reino Unido tenía una democracia consolidada desde el siglo XVIII, y Estados Unidos no había conocido otra cosa”.

“Por eso es impensable que ahora ocurriera algo así, con las mismas características. Ahora sí existe un entendimiento social, democrático y colectivo. Esa es una gran barrera, pero tampoco podemos confiarnos. ‘Bueno, la sociedad tiene un alto nivel de educación y está mejor preparada…’. Es cierto y eso alienta al optimismo, pero no debemos bajar la guardia. Al mismo tiempo, estamos viendo crecer los ataques a la democracia”.

Adolf Hitler, durante un acto en Nuremberg. 1933. (Berliner Verlag / Archivo)
Adolf Hitler, durante un acto en Nuremberg. 1933. (Berliner Verlag / Archivo)

“Las libertades son difíciles de conquistar, pero se pueden perder rápidamente. Tenemos generaciones que siempre han vivido, afortunadamente para ellas, en democracia. No son conscientes de lo que significa perderla porque nunca se han visto en esa situación. Hay una tendencia a pensar que la democracia es una cosa que está ahí y que nadie puede deteriorar. Esto es un error, y lo hemos visto con medidas como la ‘ley mordaza’. Es una regresión muy clara en la libertad de expresión. Hay que estar muy alerta”.

Del Hierro advierte de que la democracia no es “garantía de nada”. El partido de Adolf Hitler nunca alcanzó una mayoría absoluta en unas elecciones, pero sí llegó a ser un partido mayoritario. “Se puede apoyar democráticamente a partidos cuya máxima aspiración es romper el sistema. Hay que estar conquistando la libertad todos los días”.

Preguntado por la actualidad, el académico matiza las comparaciones (“la sociedad no va por esos derroteros”), pero destaca un fenómeno que alejaría a los ciudadanos de la democracia: la repetición de elecciones. “Probablemente, unos nuevos comicios no resolverían nada. La correlación de fuerzas se mantendría igual, con algunos matices. Pero habría un daño colateral importantísimo: el descrédito para la democracia y una desafección hacia el modelo. La abstención se puede contemplar como un fracaso del modelo. Con determinadas actuaciones y decisiones, estamos alejando a la sociedad de la política. Si hay elecciones en noviembre, quizá nos encontremos con unos porcentajes de abstención superiores al 50%, y eso es tremendo”.

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