Franco llegó a Tetuán el 19 de julio de 1936

El aviador inglés que llevó a Franco a Tetuán y decidió el curso de la Guerra Civil

El piloto inglés Cecil Bebb transportó de Canarias a Marruecos en avión a Francisco Franco al comienzo de la Guerra Civil

Foto: Francisco Franco
Francisco Franco

Tal día como hoy, el 19 de julio de 1936 el general Francisco Franco tomaba el mando del ejercito español sublevado de Marruecos a su llegada a Tetuán, después de que 24 horas antes, el 18 de julio de hace 83 años se iniciara la Guerra Civil Española con el objetivo de derrocar al Gobierno de la Segunda República. Ese desembarco en el norte de África marcó el devenir de la guerra y de la historia de España, una historia que podría haber sido diferente y en la que tiene mucho que ver un inglés.

Hasta entonces, el general Franco estaba en las Islas Canarias al frente de su delegación, de acuerdo al plan de Manuel Azaña, que después de recuperar la presidencia del Consejo de Ministros —tras las elecciones del 36 cuando la izquierda republicana volvió al Gobierno— alejó de la Península a algunos de los principales generales del Ejército que consideraba proclives a una insurrección. Desde allí comenzó, junto a otros altos cargos del Ejército como Fanjul o Mola, a planear el alzamiento. Para ello, cuando estuviera todo listo, necesitaba salir del archipiélago sin ser visto, ya que estaba altamente vigilado por las fuerzas gubernamentales, para llegar al Marruecos español, por lo que idearon un plan para el traslado a Tetuán antes de que se proclamara la sublevación.

El inglés que marcó el rumbo de la historia

El plan consistía en conseguir llevar una avioneta hasta Canarias sin ser localizada para que de allí llevaran a Franco al norte de África. Dicha misión la llevaron a cabo Juan March, un político y empresario millonario el cual puso el dinero para conseguir el avión, Juan Ignacio Luca de Tena, director de ABC, Juan de la Cierva, inventor aeronáutico que elegiría el transporte, Luis Bolín, corresponsal de ABC en Londres que se encargó del alquiler del avión y Cecil Bebb, un piloto inglés sin relación con el conflicto que fue elegido para ponerse a los mandos del viaje.

Según el libro ‘El primer asesinato de Franco’ de Ángel Viñas, Miguel Ull Laita y Cecilio Yusta Viñas, el piloto del avión, Charles William Henry Bebb, más conocido como Cecil Bebb, se había formado en la Real Fuerza Aérea británica (RAF) en régimen de piloto militar de complemento. Por lo que aseguran “no podía tener muchas horas de vuelo”, pero sin embargo le reconocen que “demostró gran pericia y claridad de juicio. El trabajo que se le había encomendado lo realizó bien y, en momentos críticos, tomó las decisiones adecuadas”.

Hasta ahí este personaje que podría ser considerado secundario en lo que fue la guerra, y de hecho así fue como se trató su figura, pero tiene una gran importancia en la trama, ya que esas decisiones que se han mencionado fueron las que consiguieron que Francisco Franco llegara a Tetuán y que la historia siguiera su curso, el que llevaría al por entonces comandante a ser lo que luego se llamó Generalísimo de España en una dictadura de 40 años.

Un vuelo con condiciones

El 11 de noviembre de 1936, en Londres, Bebb concedió una entrevista al medio inglés 'News Chronicle', que fue a su vez recogida también por el periódico 'The Sun and Guardian' (que la publicó el 29 del mismo mes) en la que contó como se llevó a cabo el traslado.

En ella cuenta como le indicaron que este viaje se trataba de un vuelo secreto en el que las condiciones que le pusieron para dirigirse a Canarias para recoger a un viajero desconocido fueron que no sobrevolara la península ni aterrizaran en aeródromos españoles como medidas de precaución para no ser descubiertos. Por su parte, en el libro antes mencionado, sus autores aseguran que Bebb ya había volado en junio a España “en un viaje que lo llevó a Cannes, Marsella, Barcelona, Sevilla, Granada, Casablanca, Tánger y Fez” y dejan entrever que este podría haber sido un ensayo para el de Canarias.

Sobre las dos de la tarde del 14 de julio llegaron a Las Palmas, donde recibió instrucciones de que debía de esperar hasta que le dijeran lo contrario. Según el propio piloto, la muerte de José Calvo Sotelo fue lo que apresuró todo. Tras unos días, cuenta que le llamaron diciéndole que cogiera su maleta rápidamente. Lo llevaron hacia el aeródromo escoltado por media docena de coches y allí esperó hasta que apareció la persona a la que tenía que transportar, “ahí me dí cuenta que mi pasajero era el general Franco, el líder del movimiento insurgente”.

El General arrojó su uniforme, el pasaporte y todos sus papeles al mar para evitar que le reconocieran en caso de un aterrizaje forzoso”

Bebb explicó en la entrevista que era consciente de que, por la hora a la que habían comenzado el viaje, le quedaban pocas horas de luz para pilotar, por lo que era complicado el poder parar si querían llegar antes de anochecer. Conociendo esto, Franco le comentó que se debía de cambiar en pleno vuelo, algo que el piloto concibió como algo inverosímil pero que hizo de todos modos. “El general arrojó su uniforme, el pasaporte y todos sus papeles al mar para evitar que le reconocieran en caso de un aterrizaje forzoso en un territorio hostil”.

Llegaron a Agadir (Marruecos) a las cinco de la tarde, como previo paso a llegar a su destino, para después partir hacia Casablanca, donde pasarían la noche en un hostal de la ciudad con la idea de viajar después, ya finalmente, a Tetuán, y así fue. Una vez llegaron allí, y según relata Cecil Bebb, la Legión Extranjera del Ejército Español le dio la bienvenida al general, que se dio un baño de multitudes en lo que describe que parecía “un recibimiento a la realeza”.

Cecil W. H. Bebb confesó en la mencionada entrevista para News Chronicle que “el momento más dramático de mi vida fue la primera vez que me encontré con el general Franco” aquella mañana del 18 de julio de 1936 en el aeródromo de Las Palmas, la cual relató así:

“Estaba parado junto al avión, esperando con el motor encendido, detrás de las montañas y frente al mar. Vi llegar al remolcador y un hombre vestido con uniforme de general subió por un costado acompañado con una escolta de seis hombres. Caminaba enérgicamente e hice un llamamiento a sus compañeros para que lo metieran en la máquina rápidamente. Se acercó al avión y me presentaron. Hasta entonces no sabía que mi pasajero sería el líder insurgente. Se puso de pie ante mí una inteligente figura militar, sonriente y con la esencia del frescor.”

El piloto inglés cumplió su cometido, sin hacer ruido y llevando a cabo todo lo que le dijeron las personas que le contrataron. No se sabe qué hubiera pasado de haber sabido antes del encargo quién era su pasajero, lo que sí se sabe con certeza es que, aunque no muy conocida, se convirtió en una figura clave en la historia de la Guerra Civil y de España.

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