La ciencia resumida que explica por qué engordamos y cómo podemos adelgazar
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CÓMO PERDER PESO Y NO VOLVER A GANARLO

La ciencia resumida que explica por qué engordamos y cómo podemos adelgazar

“La ciencia detrás de la pérdida de peso es muy sencilla. Si quieres perder peso, debes gastar más calorías que las que consumes”. Pero en realidad es algo más complejo

Foto: Engordar o adelgazar depende de muchos más factores que de quemar las calorías que consumimos. (iStock)
Engordar o adelgazar depende de muchos más factores que de quemar las calorías que consumimos. (iStock)

“La ciencia detrás de la pérdida de peso es muy sencilla. Si quieres perder peso, debes gastar más calorías que las que consumes”, reza un artículo publicado en la página del Centro Médico de la Universidad de Rochester. “Sobre el papel, adelgazar es simplemente matemáticas”. Si comes un donut de 200 calorías, debes hacer el ejercicio necesario para quemar esa cantidad, sugiere la premisa del equilibrio energético. Es un juego de suma cero.

Bien sabemos que, en realidad, nada es tan simple. Como reconoce el propio texto, “la vida es mucho más compleja”, y no sólo porque toda pérdida de peso requiera muchos otros cambios en nuestra vida diaria que simplemente equilibrar lo comido por lo gastado, sino también porque ni siquiera la ciencia se ha puesto de acuerdo en toda la larga cantidad de factores que influyen en nuestro peso. Todos ellos van más del “come menos y haz más ejercicio” que suele figurar como la fórmula sagrada de la pérdida de peso.

Cada persona responde de manera diferente a la misma cantidad de comida consumida y al mismo tiempo de ejercicio físico practicado. No sólo eso, sino que la actitud que mantenemos frente a la comida depende de nuestra psicología, que engloba nuestra fuerza de voluntad, nuestros niveles de ansiedad o simplemente nuestro humor diario, que puede hacer que un buen día corramos hacia la nevera y otro apenas probemos bocado. ¿Qué podemos afirmar con seguridad y qué pequeños cambios podemos introducir en nuestra dieta para encaminarnos en el camino correcto?

  • No todas las calorías son iguales. Hasta hace relativamente poco, todos los nutricionistas se mostraban más o menos de acuerdo en que una caloría de grasa causaba el mismo efecto que una caloría de hidratos, pero no es así. Científicos como Gary Taubes o el español José María Ordovás sugieren que los carbohidratos y el azúcar influyen de manera aún más significativa en nuestro engorde que las grasas saturadas.
  • Medicación. Aunque es evidente, hay muchas personas que no tienen claro que determinados medicamentos pueden estar haciéndoles ganar peso. Es el caso de medicinas como los antidepresivos, la cortisona, los ansiolíticos o los antiepilépticos. Obviamente, la solución no se encuentra en dejar de tomarlos, sino en tener conciencia de que es un factor más que influye en nuestro organismo.
  • Dormir mal. Diversas investigaciones han puesto de manifiesto que la falta de sueño influye en nuestra alimentación diaria. Como explicó un estudio publicado en la revista Sleep, dormir menos hace que se reduzca la producción de las hormonas que nos dicen que estamos saciados, por lo que sentimos mucho más apetito.
  • Todos tenemos un punto base que define nuestro peso. Es una de las grandes preguntas que se ha hecho la nutrición durante los últimos años: ¿estamos determinados por un peso “por defecto” determinado genéticamente que determina cuánto podemos adelgazar? Es lo que se pregunta, por ejemplo, una investigación publicada en Medicine Reports que sugiere que, efectivamente, hay un rango en el que nuestra biología equilibra nuestro peso, pero que las dietas occidentales han contribuido a destruir. Por esa razón, el conocido como genotipo ahorrador (aquellos que almacenan más energía en su cuerpo) presentan un alto riesgo en sociedades como la nuestra, puesto que su punto base se encuentra más alto que en el resto.

  • La herencia de nuestros padres. Al igual que ocurre con ese punto base, cada vez más investigaciones sugieren que la gordura puede ser hereditaria. La página de la Escuela Médica de Harvard sugiere que la influencia de la genética en nuestro peso puede suponer entre el 70 y el 80%, y este mismo año, científicos de Chicago y de Sevilla han identificado un supuesto gen de la obesidad, llamado iroquois.
  • Bacteria estomacal. Miles de pequeños organismos viven en nuestro estómago. Pero no, no debemos temer por nuestra salud ni acabar con ellos, ya que son los que nos ayudan a digerir los alimentos que consumismos. Las nuevas investigaciones científicas sugieren que nuestra flora intestinal condiciona más de lo que pensábamos nuestra capacidad de adelgazar o engordar. Como puso de manifiesto una investigación realizada con ratas, transferir la flora intestinal de un animal obeso a otro delgado provocaba inmediatamente que este último comenzase a ganar peso. Sin embargo aún nos falta mucho por descubrir sobre el funcionamiento de dichas bacterias, por lo que muchos científicos dudan sobre la utilidad real de los alimentos probióticos, que han constituido una potente industria durante los últimos años.
  • Factores ambientales. El principio y el fin de casi todo. Por mucho que culpemos a nuestros padres o a las pequeñas bacterias que habitan en nuestro interior de que engordamos sin parar, lo cierto es que la epidemia de obesidad en la que vivimos tiene un gran culpable y es nuestra forma de vida. En ocasiones, como señala la Escuela de Medicina de Harvard, no podemos hacer nada contra ello, como ocurre en el caso de que nuestra madre fumase o nos amamantase durante más de tres meses, factores que contribuyen al sobrepeso. Comemos mucho, mal, y de forma poco meditada, nos sentamos delante del televisor cuando deberíamos estar caminando (como habrían hecho nuestros antepasados) y, aun así, pensamos que la culpa no la tenemos nosotros.

La respuesta del millón de dólares, y que puede responderse atendiendo a lo anteriormente expuesto. No, evidentemente no podemos cambiar de padres ni comprar nuevos genes, pero sí ser conscientes de los problemas de nuestra vida diaria. Consultar a un médico siempre viene bien, pero hay una serie de pequeños cambios que podemos introducir, que quizá no se nos habían ocurrido y que exponen los centros médicos de las universidades a las que hemos aludido en este artículo: introducir en nuestra dieta más frutas y verduras, así como alimentos con más proteínas, como el pescado, el pollo o las judías; reducir el consumo de azúcar, sal y de las grasas trans; no saltarse comidas; y, sobre todo, ponerse metas realistas en las dietas que seguimos, pues de lo contrario es probable que las dejemos pronto de lado. Si quiere conocer más métodos para adelgazar, los puede consultar en nuestra sección dedicada a ello.

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