EL FUTURO DEL PARTIDO, A DEBATE EN VISTALEGRE ii

Populismo 'light' o impugnar el 'régimen': las diferencias Iglesias-Errejón y sus referentes

Más allá del debate de caras, la confrontación entre los dos grandes sectores de Podemos tiene que ver con sus diferentes respuestas a cuatro preguntas básicas sobre el rumbo del partido

Foto: Íñigo Errejón y Pablo Iglesias. (Ilustración: Raúl Arias)
Íñigo Errejón y Pablo Iglesias. (Ilustración: Raúl Arias)

El choque entre los sectores pablista y errejonista ha subido de intensidad durante los últimos días, una vez fijadas las fechas para el congreso estatal de Vistalegre II —del 10 al 12 de febrero— y tras la toma de posiciones internas en torno a uno u otro proyecto a través de manifiestos. Algunos de los referentes de cada sector quedaron retratados en la campaña de las batallas autonómicas de Madrid y Andalucía, en las que se impusieron Ramón Espinar y Teresa Rodríguez, respectivamente, ambos apoyados por el secretario general, frente a Rita Maestre y Begoña Gutiérrez, vinculadas al secretario Político, aunque la segunda no recibió apoyo de todos sus afines en Andalucía tras dividirse éstos en dos candidaturas. Unos posicionamientos que ahora han llegado también al grupo parlamentario, donde los apoyos a Pablo Iglesias se limitan a una treintena.

Entre el núcleo duro de Pablo Iglesias, destacan su jefa de gabinete, Irene Montero, los diputados Rafa Mayoral y Juanma del Olmo, el secretario de Organización, Pablo Echenique, o el fundador Juan Carlos Monedero, que ya realizó campaña a favor de Espinar. A nivel autonómico, cuenta también con el apoyo de los líderes territoriales en Castilla-La Mancha, Castilla y León, Galicia, Extremadura, Madrid (Espinar) y Aragón (Echenique). Asimismo, en su alianza táctica con el sector anticapitalista, con el que mantiene una creciente sintonía estratégica y política, ampliaría estos apoyos a Andalucía, Navarra y Cataluña.

El número dos del partido cuenta por su parte con los apoyos de los secretarios autonómicos de Valencia, Murcia y País Vasco. En su núcleo duro, destacan el responsable de discurso del partido, Jorge Moruno, los diputados Eduardo Maura y Juan Pedro Yllanes, la diputada madrileña Clara Serra, el portavoz regional José Manuel López o el responsable del 'think tank' de Podemos, Jorge Lago. Además, se han adherido al manifiesto firmado por Errejón una quincena de diputados en el Congreso, entre ellos Tania Sánchez, que ya concurrió en la lista de Rita Maestre para las primarias autonómicas.

Populismo 'light' o impugnar el 'régimen': las diferencias Iglesias-Errejón y sus referentes

A nivel orgánico, Iglesias mantiene una extensa ventaja de apoyos, aunque esta se reduce a nivel de militancia, como se demostró en el proceso madrileño. El fuerte de Errejón, según aseguran cargos próximos, sería el electorado, por lo que una de sus reivindicaciones en el manifiesto encabezado por 300 cargos públicos y orgánicos es que no se cierre el censo para realizar una campaña de inscripciones que permita participar en Vistalegre II a votantes de la formación y simpatizantes que no están registrados.

Más allá de las caras, la confrontación entre los dos modelos para marcar la hoja de ruta del partido durante los tres próximos años todavía se sostiene sobre premisas generalistas y eslóganes que aún no permiten una gran profundización. A falta de que se plasmen estos debates en documentos políticos, poco a poco se van desgranando algunas de las premisas que los caracterizan. Las diferencias políticas (en lo organizativo, existen más similitudes) entre ambos se centran principalmente en la táctica, aunque comienzan a visibilizarse matices también en lo estratégico.

¿Qué tipo de oposición?

Se trata de una cuestión de prioridades e intensidad, pues ambos sectores defienden que puede complementarse la labor de oposición en la calle y en las instituciones. Para Iglesias, la tarea fundamental del partido durante esta legislatura debe centrarse en la calle, tejiendo “poder popular” con los movimientos sociales y la sociedad civil en general, pues entiende que es el espacio más idóneo para torcer el brazo al Gobierno. En la última sesión de control al Ejecutivo, el líder de la formación quiso dejar patente la capacidad de veto del Gobierno a las iniciativas parlamentarios que afecten a los Presupuestos para apuntalar este argumento de oposición en las calles. Su reto, en esta línea, es que Podemos no se limite a convertirse en una fuerza institucional.

Populismo 'light' o impugnar el 'régimen': las diferencias Iglesias-Errejón y sus referentes

Para Errejón, por el contrario, la prioridad es el Parlamento, como el mejor espacio donde “demostrar” la capacidad de la formación para cambiar las cosas y hacer oposición responsable al Gobierno. Priorizar el “Podemos de la protesta” frente al “Podemos de la propuesta” se vincula con una suerte de “resistencia” que impediría construir los mimbres para poder gobernar el país en el medio plazo. Asimismo, el número dos y sus afines defienden que para atraer al votante socialista desencantado con esta formación, se deben ofrecer “garantías” de gobernabilidad mediante el trabajo institucional.

¿Con quién?

La oposición parlamentaria obligaría a buscar acuerdos con el PSOE y otras fuerzas, lo que desde el sector pablista y anticapilista se considera una forma de contribuir a su lavado de imagen. Un extremo que no están dispuestos a favorecer. Frente a ello, apuestan por posicionarse como fuerza antagónica a lo que denominan triple alianza o fuerzas del búnker. Una dialéctica que choca con la “mano tendida” que prefiere utilizar el número dos. Este tacticismo se justifica desde el sector errejonista como una forma de ensanchar sus apoyos entre el electorado menos convencido con las tesis de Podemos y que no les apoya, para conseguir que, ante la crisis del PSOE, una suerte de “voto prestado” con el tiempo se acabe reteniendo. Este era uno de los principales argumentos utilizados por los líderes de Podemos Euskadi, que consiguieron irrumpir en las generales arañando varios escaños a PNV y PSE, pero que en las autonómicas no consiguieron retener los votos.

El proyecto de Iglesias apuesta por un tipo de unidad popular que se traduce en el denominado "bloque histórico", donde se profundizaría la relación orgánica con otras formaciones aliadas, como Izquierda Unida o Equo, pero también con otras más minoritarias (Izquierda Castellana, Por un Mundo más Justo o Partido Pirata) y, sobre todo, con los movimientos sociales. El registro del partido Unidos Podemos por parte de dirigentes afines a Iglesias camina en esta dirección, coincidiendo tanto con anticapitalistas como con el propio coordinador federal de IU, Alberto Garzón, en apuntalar orgánicamente la coalición electoral y parlamentaria Unidos Podemos, dejando atrás incluso la marca con la que nació la formación morada hace casi tres años.

Íñigo Errejón marca como línea roja que Podemos mantenga su “independencia” orgánica, y sus afines ya fueron quienes más resistencia presentaron a la alianza con IU en las pasadas elecciones, al entender que no sumaba, e incluso achacaron la pérdida de votos a la confluencia. Después de que este diario publicase la información sobre el registro del partido Unidos Podemos en el Ministerio del Interior, volvieron a marcar diferencias con la formación liderada por Alberto Garzón acotando sus nexos a la mera actividad parlamentaria y reconociéndose como "un matrimonio de conveniencia".

¿Cómo?

De las dos premisas anteriores, se deriva el cómo. Iglesias ha defendido recientemente las acciones políticamente incorrectas que han caracterizado a la formación en las últimas semanas en el Congreso de los Diputados. Una actitud, "sin miedo", que choca con el “Podemos amable” y pretendidamente más centrado para evitar “asustar”. Errejón defiende que Podemos debe parecerse más a la sociedad a la que quiere representar y dar solución en la medida de lo posible a los problemas cotidianos de la mayoría social. Rescatando la analogía que puso sobre la mesa Pablo Iglesias en la Universidad de Podemos tras estallar el debate: parecerse más al PSOE o parecerse más a la PAH, pues la “transversalidad” también se ha convertido en un significante vacío que ambos sectores tratan de redefinir en función de sus preferencias estratégicas. La hoja de ruta errejonista, por tanto, se centra más en el corto plazo, y la pablista, en el largo plazo, al rehusar las concesiones ideológicas para atraer a un electorado más moderado.

El tono y el estilo son fundamentales para caracterizar ambas tácticas. También las apelaciones e identificaciones simbólicas. Así, Iglesias quiere que Podemos se convierta en el referente de la clase obrera, dejando de lado las apelaciones a la clase media. Un giro de 180 grados respecto a la identidad que ha tenido la formación hasta ahora y que choca frontalmente con la concepción de transversalidad con que Errejón pretende asociar a Podemos. En este punto, vuelven a ponerse de manifiesto dos matices de populismo de izquierdas: el más 'light' y el más impugnador.

¿Para qué?

Impugnar el 'régimen del 78', provocando un cambio socioeconómico profundo y abriendo un proceso constituyente que supere el marco político actual y su sistema de partidos, es el horizonte que Pablo Iglesias pretende marcar a Podemos. Como sintetizaban varios miembros de su equipo asesor en un artículo reciente: “Asumimos nuestro papel de alternativa no solo frente a un gobierno concreto, sino frente a todo un modelo político identificado con el régimen del 78 y sus partidos asociados”. Lo contrario, añadían en referencia al proyecto errejonista, “implica asumir nuestro papel como oposición de gobierno frente a un enemigo único y central que sería el Partido Popular y su actual gobierno del Estado”.

Frente al cambio rupturista del sistema político e institucional español, el proyecto errejonista, y de ahí que sus rivales lo apoden como 'populismo light', basa su estrategia en centrarse en problemáticas transversales sobre las que ya existen consensos establecidos entre las mayorías sociales. Siguiendo su retórica, cuestiones “de sentido común” de defensa de derechos básicos como la Sanidad, la Educación o el acceso universal a recursos básicos “con los que pueden estar de acuerdo votantes del PSOE o del PP”. Se renuncia así a un cambio rupturista, de mayor calado, evitando posicionarse en cuestiones que dividen más a la sociedad, como el modelo de Estado, monarquía o república, o el propio proceso constituyente, que no se encuentran entre las demandas mayoritarias de la sociedad. Una renuncia que no deja de ser táctica o temporal, para facilitar el acceso al poder y desde este contar con una mayor capacidad para impulsar transformaciones de calado.

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