hace un año que dejó la presidencia

Alierta y su abrupta transición en Telefónica: “Esto no es lo que hemos hablado”

El empresario aragonés se despidió este jueves del consejo de administración después de dos décadas vinculado a la empresa con más poder político y mediático de España

Foto: El presidente de Telefonica, José María Álvarez-Pallete (i), y su antecesor en el cargo, César Alierta. (EFE)
El presidente de Telefonica, José María Álvarez-Pallete (i), y su antecesor en el cargo, César Alierta. (EFE)

César Alierta se despidió este jueves del consejo de administración de Telefónica después de dos décadas en la empresa con más poder político y mediático de España, a la que llegó en 1997 tras el proceso de privatización culminado por Rodrigo Rato. Y lo hace quejándose del trato recibido por el que ha sido su delfín y mano derecha en los últimos años, José María Álvarez-Pallete, que quiere implantar en la multinacional un modelo de gestión más centrado en los números y en la tecnología que en los intangibles que atesora como antiguo monopolio público de las telecomunicaciones.

“Esto no es lo que hemos hablado”, ha sido la frase que Alierta (72 años recién cumplidos) ha repetido en los cenáculos de Madrid en los dos últimos meses, cuando comprobó que su papel como representante de Telefónica en asuntos institucionales no contaba con el apoyo del hombre que le sustituyó como presidente. El empresario aragonés, que se va con 54 millones en concepto de blindaje/pensión, comprobó recientemente que el aura con el que había sido capaz de manejar la antigua empresa pública con dos gobiernos del PP, otros dos del PSOE y el último del partido conservador ya no alcanzaba para su última maniobra: desembarcar en Prisa en nombre de Telefónica, accionista de referencia.

Esta fue una de las condiciones que Alierta pactó con Pallete hace un año cuando decidió abandonar la presidencia, acuerdo que incluía la permanencia de al menos un año en el consejo de administración y la gestión de los temas relacionados con la influencia. El ascendente dentro de la organización era todavía tan relevante que seguía recibiendo a líderes políticos de ambos bandos en la sede oficial de la compañía, en el barrio de Las Tablas, en un despacho de dimensiones más discretas que las del nuevo primer ejecutivo.

Pedro Sánchez, Susana Díaz, la vieja guardia del PP y hasta el Rey emérito no preguntaban por Pallete cuando se acercaban a la Ronda de las Telecomunicaciones, el castillo de Telefónica. Directamente, iban al nuevo salón donde el expresidente despachaba con la misma naturalidad con la que antes se participaba en cuestiones de Estado ajenas a la cuenta de resultado de la multinacional. Consideraba que su posición trascendía la mera presidencia de una empresa cotizaba, a la que había accedido —primero a Tabacalera, después a Telefónica— por decisión de José María Aznar. Seguía siendo el emperador 'in pectore'.

Su sombra era tan alargada que las decisiones de Pallete, las primeras de ellas cuestionadas desde el punto de vista financiero, apenas trascendían. Esta situación terminó provocando una incomodidad creciente, que no desapareció cuando Alierta decidió cambiar su oficina a la madrileña calle de Gran Vía, sede de la Fundación Telefónica, a la que antes de dejar la presidencia dotó con 300 millones para financiar sus proyectos solidarios, incluido el Vaticano. La tensión alcanzó un punto de no retorno cuando el aragonés hizo saber a su delfín que era la hora de mover ficha en Prisa, en cuya salvación había participado con todos los avales institucionales, y descabezar a Juan Luís Cebrián.

El nuevo presidente de Telefónica quiere alejarse del perfil institucional de su antecesor

Alierta intentó hacer ver a Pallete el riesgo de insolvencia que corría la editora de 'El País' en manos del veterano periodista. En sus planes, daba por hecho que con las participaciones de Telefónica, CaixaBank, Santander y el 'hedge fund' Amber tenía controlado el 50,01% del capital del grupo de medios. Pero el presidente de Prisa, conocedor también de la fontanería del 'establishment', ha podido aguantar el pulso. Cebrián interpeló a Pallete sobre las maniobras existentes del que en otros tiempos había sido un estrecho accionista. El septuagenario editor, dolido por esa traición, movió todos los hilos a su alcance para detener el golpe, y a fuerza que lo consiguió.

En esta batalla, Pallete se puso de perfil, tal como quiere mostrarse con todo aquello ajeno al día a día de Telefónica. Alierta interpretó que su delfín le daba de lado, que no cumplía con su parte del pacto no escrito alcanzado hace un año. La intervención de Juan Carlos I, adelantada por El Confidencial a finales de marzo, quien intercedió ante el propio Alierta e Isidre Fainé para que dejaran de arrinconar a Cebrián, fue la otra puntilla que le hizo ver que, muy a su pesar, su tiempo ya había acabado. Algo parecido a lo que había sucedido meses antes con el Consejo Empresarial de la Competitividad, liquidado por su inoperancia a la hora de influir en la planta séptima de Génova.

La recuperación por Álvarez-Pallete de un directivo despedido por Alierta ha tensado la relación

Por si esto no fuera poco, entre las pocas decisiones adoptadas por Pallete, una molestó a Alierta y a su compañero de pupitre, Luis Blasco, jefe ahora de Movistar+. El nuevo presidente recuperó para la causa a José Luis Rodríguez Zarco, el exdirector de relaciones institucionales de Telefónica Argentina, del que Blasco prescindió cuando dirigía la filial de Buenos Aires. De esta manera, el nuevo presidente fichaba a un directivo (testigo de toda la etapa Kirchner) destituido por Alierta para recomponer las relaciones con el nuevo equipo de Mauricio Macri.

De esta manera, la transición con condiciones entre Alierta y Pallete ha terminado con un sabor agridulce, en parte por la resistencia del primero a dejar de influir y por la falta de determinación del segundo a la hora de montar su propio equipo. Mientras, la compañía afronta la gestión de una deuda de casi 50.000 millones de euros y la acción y el dividendo siguen a años luz de los mejores momentos de la que fue la primera empresa de España y una de las grandes telecos de Europa y Latinoamérica. Ahora toca le demostrar al discípulo que es mejor que el maestro.

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