¿Habrá una 4ª ola de coronavirus? Estos son los posibles escenarios que nos esperan
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"Toca evitar una explosión descontrolada"

¿Habrá una 4ª ola de coronavirus? Estos son los posibles escenarios que nos esperan

Las variantes, las vacunas y la "fatiga pandémica", entre otros factores, marcarán los próximos meses, que aún pueden ser complejos

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Foto: EFE.

Predecir la evolución de la pandemia es un ejercicio que conduce al fracaso, como hemos visto a lo largo de este último año. Sin embargo, resulta imprescindible tratar de dibujar todos los escenarios probables si queremos anticiparnos y gestionar el covid lo mejor posible. El descenso en el número de contagios de este último mes es espectacular y la perspectiva de la vacunación llama al optimismo, pero las incertidumbres no son menores. ¿A qué ritmo nos vacunaremos? ¿Afectarán las variantes a esa protección? ¿Conseguiremos evitar una nueva ola devastadora?

Un informe del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), publicado hace unos días, analiza los riesgos y oportunidades que se presentan. En líneas generales, todo gira en torno a las variantes y a las vacunas; pero, al igual que hasta ahora, las medidas restrictivas y el cansancio de la población van a ser elementos fundamentales, sin olvidar la posible influencia de la llegada del buen tiempo –para bien y para mal– en la actividad social.

Foto: Vacunación en un hospital catalán. (EFE)

Tras analizar la situación actual y los datos disponibles, los autores consideran que el riesgo que representa el coronavirus para la población de la Unión Europea va a seguir siendo "muy alto" en los próximos meses, y en particular para las personas vulnerables. Salvo que las medidas no farmacológicas (distanciamiento social, mascarillas e higiene) continúen o incluso se refuercen, su previsión es que volverán a aumentar los contagios y los fallecimientos, pero dibujan escenarios muy diferentes en función de la penetración de las nuevas variantes, de los retrasos en la vacunación y de la efectividad de las vacunas frente a las mutaciones del virus. En el mejor de los casos, volveríamos a tener una curva muy leve entre abril y mayo. En el peor, la curva sería mucho más pronunciada y se prolongaría hasta el verano.

Para tomar decisiones, según el ECDC, es importante seguir realizando pruebas diagnósticas, rastrear los contactos de los positivos y someter a una estrecha vigilancia la evolución de las variantes a través de la secuenciación del virus. En cuanto a las vacunas, el objetivo a corto plazo sería acelerar su administración, y más adelante adaptarlas a la realidad de las nuevas variantes. Además, sería importante conocer la percepción de la población para gestionar las expectativas de flexibilizar las restricciones.

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Foto: EFE.

Salvador Peiró, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio), considera que el informe es "razonable" y que tiene un gran interés porque "está marcando las líneas de lo que toca hacer ahora". No obstante, "el problema de fondo es cuánta intensidad le pones a cada medida, porque todos tenemos dudas en todas partes".

En su opinión, en el momento actual "es importante ganar tiempo" aprovechando que las cifras de contagios tienden a la baja y que se mantienen las medidas restrictivas mientras se amplía la cobertura de las vacunas. Aun así, "es posible y probable que haya un repunte por la extensión de las nuevas variantes, pero desde luego que todo depende de lo que hagamos y cómo lo hagamos". Si los países europeos siguen siendo estrictos con las medidas ya no es una cuestión de bajar la curva, sino de "enlentecer todo lo posible la expansión de la variante británica".

La importancia de las variantes

De todos modos, "yo diría que mucha gente y el propio ECDC están confundiendo dos cosas distintas", advierte. Es cierto que conocer la penetración de cada variante importa, sobre todo porque la británica (B117) es más transmisible que el virus dominante hasta ahora y parece imponerse. Sin embargo, el Reino Unido, Irlanda y Portugal han tenido un gran porcentaje de casos de este linaje y, aun así, han podido contener de forma efectiva y rápida su ola más reciente, muy dura en los tres casos. La lección sería que "la variante británica se puede contener de la misma forma que el resto del coronavirus".

Las medidas restrictivas para evitar contagios "funcionan con todas las variantes, si un virus no encuentra una célula en la que meterse no se transmite", recuerda Peiró. Por lo tanto, la clave siempre está en evitar los contactos humanos. No obstante, es cierto que en las mismas circunstancias dos variantes se pueden comportar de forma diferente: "Ahora llegan al hospital familias completas contagiadas y no solo alguno de los contactos de una persona infectada. La variante británica se transmite mucho mejor, pero en definitiva han tenido que estar en contacto". Por eso, a pesar de que se va imponiendo, "en el caso de España y de otros países europeos la expansión está coincidiendo con medidas restrictivas importantes y tardará en reemplazar al resto", explica.

"Es un proceso de selección natural, al generarse miles de variantes, si alguna funciona mejor, son las que persisten"

El informe también alerta de la posible llegada a Europa de la variante sudafricana (B.1.351), restando importancia a la brasileña (P.1) por el momento, ya que solo se ha detectado en el caso de algunos viajeros. En principio, estas mutaciones no aportarían un cambio tan significativo en la transmisión –aunque en parte es posible que también–, sino que su ventaja estaría en poblaciones ya inmunizadas de manera natural al haber pasado la enfermedad o incluso en poblaciones ya vacunadas, debido a que los anticuerpos no la neutralizan.

Por lógica evolutiva, es muy probable que surjan variantes que tengan las dos mutaciones, la que mejora la transmisibilidad y la que dificulta la acción de los anticuerpos. "Es un proceso de selección natural, al generarse miles de variantes, si alguna funciona mejor, son las que persisten", destaca el experto. Por eso, dando por supuesto que las vacunas actuales son buenas frente a la variante británica, podría ocurrir que a medida que nos vamos inmunizando, se vayan imponiendo las otras.

Un efecto inesperado de las vacunas

En ese sentido, "habría que tener cuidado con las variantes y con las poblaciones no vacunadas", destaca el epidemiólogo Joan Carles March, exdirector de la Escuela Andaluza de Salud Pública. "Hay sectores poblacionales que van a tardar meses y meses en vacunarse y se puede incrementar el porcentaje de casos en estas franjas. Es verdad que variará el perfil de los ingresados y la gravedad de los mismos, pero no quita que la incidencia acumulada llegue a ser muy alta", advierte.

Según March, vamos hacia otro modelo de pandemia. El inicial duró varios meses, pero ya ha cambiado a raíz de la aparición de las tres nuevas variantes que se consideran peligrosas. "El tercer modelo va a unir ahora las variantes con población vacunada", explica, "y podemos fijarnos en lo que está pasando en Israel: baja el número de contagios, de ingresos y de muertes en determinadas edades porque ya se han vacunado, pero en otras se está incrementando".

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Foto: EFE.

En la misma línea se manifestaba hace unos días en 'Der Spiegel' el conocido virólogo alemán Christian Drosten: "Estoy bastante preocupado por lo que podría suceder en primavera y verano", aseguraba. Según argumentaba, una vez que los ancianos y los grupos de riesgo hayan sido vacunados, "habrá una inmensa presión económica, social, política y quizás también legal para poner fin a las medidas". El resultado será que "una gran cantidad de personas se infectarán en poco tiempo, más de lo que podemos imaginar en este momento". Aunque los más jóvenes tienen menos posibilidades de tener síntomas graves, "si una gran cantidad de ellos se infectan, las UCI se llenarán de todos modos y muchas personas morirán", advertía.

En cambio, el experto de Fisabio pone el acento en el avance que supondrá ir protegiendo a los más vulnerables. "Ya se nota cómo caen los casos que van a los hospitales procedentes de residencias, porque casi todas han completado las dos dosis. Si vamos descendiendo progresivamente por tramos de edad y vacunando a la gente que tiene más riesgo de ser hospitalizada y de fallecer, la mortalidad cambiará radicalmente", asegura.

Una flexibilización limitada

No obstante, concede que para el resto de la población el factor de cansancio o "fatiga pandémica" siempre ha sido un elemento clave y lo va a seguir siendo a partir de ahora quizá con mayor intensidad. Los comportamientos de la gente, más allá de las medidas, son fundamentales y dependen de factores poco medibles. Por ejemplo, en esta tercera ola, "casi todos le hemos visto las orejas al lobo, hemos tenido algún familiar o conocido hospitalizado o que ha fallecido y esto ha generado comportamientos restrictivos personales, mucho más allá de las medidas, que están siendo claves en esta bajada tan rápida que estamos viviendo".

"Toca evitar una explosión descontrolada", más probable aún con el aumento de las horas de luz y la llegada del buen tiempo

Pero cuando ese efecto desaparezca "toca evitar una explosión descontrolada", más probable aún con el aumento de las horas de luz y la llegada del buen tiempo. El único aspecto positivo del transcurrir de los próximos meses es que se podrá hacer más vida al aire libre y eso disminuye los contagios. Aun así, lo razonable sería "ir soltando poco a poco", es decir, "tomar medidas de desescalada suaves, empezando por las que claramente tengan un menor impacto en la transmisión".

Dicho de esa forma parece fatal pero una vez más los expertos en salud pública se enfrentan a la falta de evidencias. "Está claro que el toque de queda funciona, porque en el fondo es un confinamiento nocturno”, pone como ejemplo, "pero ¿cuánto funciona una hora arriba o abajo? No lo sabemos. Depende de los países, de la cultura y de la propia luz. Si un país se encierra por costumbre a las siete de la tarde, la medida será poco útil, pero en los que tenemos mucha actividad nocturna una medida así entorpece mucho los contactos", reflexiona.

Y otro aspecto relevante es que, al final, todas las medidas están íntimamente relacionadas. Por ejemplo, "aquí en la Comunidad Valenciana los bares están cerrados y los comercios solo abren hasta las seis, así que a esa hora es como si hubiera toque de queda, la gente desaparece de las calles. Pero si abres algo, ya empieza a cambiar todo", asegura Peiró. De ese tipo de decisiones dependerán nuestras vidas en un futuro cercano.

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