UN QUÍMICO BLOQUEÓ LAS ENZIMAS DESTRUCTIVAS

Este cerebro humano ha sobrevivido intacto durante 2.600 años: ¿cómo ha sido posible?

Todo el cuerpo de un sujeto que murió entre el 673 y el 482 a. C. se había descompuesto, pero una parte de su cerebro había quedado intacta

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Un tejido cerebral humano ha logrado permanecer intacto durante 2.600 años y ahora la ciencia parece haber descubierto la manera en la que lo ha conseguido.

Hace 12 años, cerca de lo que hoy es el pueblo británico de Heslington, se encontraron los restos de un hombre fallecido entre el 673 y el 482 a. C. La descomposición había afectado a todas las partes de su cuerpo, excepto a los huesos y a un pequeño trozo de su cerebro.

Después de meses de investigar pacientemente las proteínas del tejido, un equipo internacional de investigadores finalmente ha encontrado pistas que explican este notable caso de preservación, y que podrían ayudarnos a entender mejor cómo funcionan realmente los cerebros.

¿Misterio resuelto?

En una muerte típica, el tejido cerebral comienza a descomponerse de una manera más rápida que la del resto del cuerpo. Las proteínas se encargan de demoler la infraestructura celular con relativa celeridad. Por eso, cuando los arqueólogos descubrieron el cráneo del hombre de Heslington, se llevaron una gran sorpresa al ver los restos marchitos de lo que parecía un trozo de cerebro humano reconocible.

La actuación de un compuesto químico desconocido habría detenido la descomposición

Los investigadores, según nos cuenta Science Alert, examinaron más de cerca la naturaleza de sus proteínas y descubrieron que una matriz de filamentos intermedios, encargada en cerebros vivos de mantener las conexiones neuronales, se había mantenido una vez que las células habían muerto. En el caso del cerebro de Heslington, la microscopía reveló tejidos de filamentos intermedios que se asemejaban a los largos hilos de axones que forman un cerebro vivo, sólo que más cortos y estrechos.

Los resultados invitaron a la especulación sobre un producto químico que bloqueó las enzimas destructivas llamadas proteasas en los meses posteriores a la muerte, permitiendo que las proteínas se fusionaran en agregados estables que podrían persistir a temperaturas más cálidas.

Futuras investigaciones

Así, las grasas y las proteínas del tejido cerebral se unieron entre sí para formar una masa de grandes moléculas complejas. Esto dio lugar a la contracción del cerebro, pero también a la conservación de su forma y muchas características microscópicas que sólo se encuentran en el tejido cerebral. "Combinados, los datos sugieren que las proteasas del cerebro antiguo podrían haber sido inhibidas por un compuesto desconocido que se había difuminado desde el exterior del cerebro a las estructuras más profundas", escriben los investigadores en un estudio publicado en la revista científica 'Journal of the Royal Society Interface'.

Pero incluso si el "bloqueador desconocido" propuesto resulta ser inexacto, la investigación sobre la forma en que los filamentos intermedios forman agregados estables podría darnos información valiosa de cómo se forman las placas destructivas en nuestro cerebro.

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