Vía libre a eventos multitudinarios: la gran prueba de fuego en la vacunación
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¿Es hora de juntarnos?

Vía libre a eventos multitudinarios: la gran prueba de fuego en la vacunación

En las próximas semanas, partidos de fútbol y conciertos comenzarán a poner a prueba la 'nueva normalidad'. Los epidemiólogos instan a mantener las medidas de control

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Foto: Reuters.

La tendencia a la recuperación de actividades masivas previas a la pandemia cada vez es más fuerte. Impulsados por la mejora de la situación epidemiológica, el ritmo de vacunación y algún que otro experimento con buenos resultados, parece inevitable que en fechas próximas se vayan sumando al calendario eventos inéditos desde hace un año y tres meses. Así, está previsto que el próximo 4 de junio en el amistoso entre las selecciones de fútbol de España y Portugal, en el Wanda Metropolitano de Madrid, haya un 30% del aforo (22.590 espectadores). También se van recuperando los conciertos en grandes escenarios, de momento, con aforos bastante limitados y numerosas medidas de seguridad. Desde Pablo Alborán a Celtas Cortos varios cantantes y grupos siguen confirmando fechas para pequeñas giras.

El debate sobre cómo y cuánto abrir la mano está abierto. Al igual que en otras decisiones relacionadas con momentos de desescalada, el objetivo de los organizadores y de las autoridades sanitarias es encontrar un equilibrio entre la salud y la economía, pero a menudo las evidencias científicas no son tan claras como para saber si nos estamos pasando o nos estamos quedando cortos. En este caso, además, nos enfrentamos ante una de las claves de la pandemia: los eventos de supercontagio (en los que una sola persona o unas pocas contagian a muchas) fueron el gran motor de propagación del covid cuando todo empezó, tal y como demuestran los estudios posteriores, y nadie quiere caer en el mismo error. Por lo tanto, ¿estamos preparados para recuperar las citas multitudinarias?

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“Hay que tener en cuenta cómo está la evolución epidemiológica en cada territorio. Donde la situación lo permita, sería posible siempre y cuando se cumplan una serie de requisitos”, opina Óscar Zurriaga, vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), en declaraciones a Teknautas. “Tenemos que ir incorporando actividades, pero en la medida de lo posible evitando riesgos”, añade. Por eso, la SEE recomienda que solo se abra la mano en comunidades autónomas que alcancen el nivel de ‘nueva normalidad’, con una incidencia a 14 días inferior a los 25 casos por 100.000 habitantes y con una ocupación de camas UCI por parte de enfermos de covid que no supere el 5% del total.

Aun así, teniendo en cuenta que ya no hay cierres perimetrales, los expertos consideran que habría que mantener la mayor parte de las medidas que sea posible, en especial aquellas que permiten realizar una búsqueda activa de contactos si se registra algún positivo tras la celebración de un evento. Sin embargo, hay que ser conscientes de que “poner demasiadas reglas puede ser inviable” y de que “a medida que avance el verano nos iremos encontrando con situaciones más descontroladas”, apunta Salvador Peiró, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica (Fisabio) de la Comunidad Valenciana.

Al aire libre

Así que puestos a simplificar, la primera regla y la más importante sería programar todos los eventos al aire libre. “En exteriores, un individuo infectado podría contagiar a un par de personas que tenga justo enfrente, pero no al resto, porque los aerosoles se van a disipar”, recuerda el experto. Sin embargo, en interiores, el virus puede mantenerse en el aire y puede haber transmisión a distancia “incluso después de que el contagiador se haya ido”. Aunque “el riesgo cero no existe en ninguna circunstancia”, apunta Zurriaga, estar en la calle es una condición importante para reducir drásticamente las posibilidades.

Si inevitablemente el evento se celebra en un espacio cerrado, “mejor con ventilación natural, con ventanas”, destaca. Aunque hay otras opciones que pasan por la tecnología de filtrado de aire, como los filtros HEPA que retienen virus y bacterias, lo habitual es que la mayoría de los recintos aún no estén preparados. “A largo plazo les tocará revisar la calidad del aire y hacer inversiones”, apunta Peiró, porque más allá de esta pandemia será útil para combatir cualquier enfermedad respiratoria.

Por supuesto, el aforo juega un papel fundamental, pero a la hora de establecerlo la diferencia entre interiores y exteriores también es clave. Así, “no me preocupa meter 10.000 personas en un estadio de fútbol de 70.000, eso no es un problema”, comenta el epidemiólogo de Fisabio. En cambio, unas pocas decenas o cientos de personas en un interior mal ventilado podrían ser el origen de un brote bastante serio si no se ponen otras medidas.

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Foto: EFE.

Por ejemplo, el vicepresidente de la SEE recuerda la importancia de la mascarilla y pide “que se evite el consumo de alimentos y de bebidas en el lugar del evento”, porque es la excusa perfecta para desprenderse de ella. Si además se vende alcohol, este podría contribuir a la desinhibición. Por supuesto, el comportamiento de los asistentes depende del tipo de evento y algunas normas que pueden resultar sencillas en unos casos serían casi inviables en otros. Incluso el tipo de música puede influir, porque marca el perfil de los asistentes y sus acciones: una ópera y un concierto de rock dan lugar a ambientes muy diferentes.

El control que pueden ejercer los organizadores para hacer cumplir las normas también varía en función de las circunstancias. En un concierto normal sería viable, pero en un festival de música resultaría mucho más complejo y en una verbena de pueblo, sin entradas para acceder, casi imposible. La SEE recomienda que haya personal suficiente para garantizar el cumplimiento de las medidas de protección, pero salta a la vista que no siempre será posible.

El cribado previo

Los promotores de muchos espectáculos han optado por los test de antígenos como medida para garantizar la seguridad. Los expertos consideran que, aunque no es una solución infalible, es una buena medida siempre que las pruebas se realicen muy próximas a la hora del evento. “Si sale negativo, te garantiza que durante rato, al menos unas cuantas horas, esa persona no tiene una carga viral alta”, apunta Peiró. En ese sentido, “bajas mucho la probabilidad de que alguien pueda contagiar, aunque alguno siempre se puede escapar”.

Frente a la PCR, aparte del precio, “tiene la ventaja de que es rápida y de que solo da positivo a partir de una carga viral relativamente alta, que es la que puede contagiar”. No obstante, realizar el test antes de las 24 horas previas es inútil. “Es como si te haces una prueba de alcoholemia tres días antes de subirte al coche”, compara el experto.

placeholder Seguridad en los accesos a la Sala Apolo en Barcelona. (EFE)
Seguridad en los accesos a la Sala Apolo en Barcelona. (EFE)

No obstante, “un test de antígenos negativo no quiere decir que no vayan a aparecer casos”, destaca el vicepresidente de la SEE, “por eso, insistimos en que es absolutamente fundamental que haya un adecuado protocolo de vigilancia y unos recursos apropiados por parte de la organización para tener perfectamente identificadas a todas las personas que asisten”. La clave es tener a los asistentes perfectamente identificados, de manera que si sucede algo, se pueda contactar con ellos. Del mismo modo, se debería establecer un protocolo estricto que incluyese el procedimiento para comunicar las incidencias a las autoridades sanitarias y cómo se realizaría el seguimiento de los casos y el rastreo de los contactos.

¿Funcionan los experimentos?

Eso es lo que se ha hecho hasta ahora en alguno de los conciertos que han sido señalados como experimentos con supervisión científica de cara a la recuperación de eventos. Tras pasar un test de antígenos, los asistentes tenían que llevar una mascarilla FFP2 durante todo el acto. El más conocido ha sido el concierto de Love of Lesbian en el Palau Sant Jordi de Barcelona ante casi 5.000 personas.

Según el seguimiento de la Fundación Lucha contra el Sida y las Enfermedades Infecciosas y el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol, hubo seis positivos después del evento y al menos en cuatro de esos casos pudieron establecer que el lugar de contagio no había sido el concierto. Los resultados de otro concierto experimental en la sala Apolo de la Ciudad Condal, celebrado en diciembre, ya han sido publicados en forma de 'preprint': ocho días después no se registró ningún caso positivo entre los 465 asistentes. Los requisitos fueron los mismos: cribado previo y mascarillas FFP2 que, en este caso, solo podían retirarse para beber.

Los expertos consideran que estas experiencias son interesantes, pero se muestran escépticos a la hora de extrapolar los resultados a otro tipo de situaciones, ya que en la realidad es mucho más complicado controlar todos los factores de riesgo. “Es el equivalente a los ensayos clínicos que se realizan en el mundo de la industria farmacéutica. Sabemos que no cubren todo lo que puede llegar a ocurrir en la vida real y en este caso sucede exactamente lo mismo, es decir, en estos eventos de prueba los organizadores y los asistentes son infinitamente más cuidadosos”, opina Zurriaga. “La realidad es bastante distinta”, coincide Peiró. “Conozco bien el caso de la Sala Apolo y se controló mucho que la gente no se quitara la mascarilla. En una situación normal, con la gente más o menos animada, lo veo complicado”, afirma.

A estas alturas de la película, otra posibilidad es limitar los accesos a estos eventos a las personas vacunadas. En teoría, el pasaporte covid (un código QR personal que, además, puede incluir los test) serviría para este fin, pero a la hora de la verdad plantear esa restricción tiene muchos problemas prácticos. “Lo normal es que a muchos de estos eventos acuda gente joven, que son precisamente los que no están vacunados, salvo que pertenezcan a profesiones esenciales”, recuerda Peiró. Por otra parte, estar vacunado no imposibilita contagiarse y contagiar, “aunque darían lugar a casos leves y con cargas virales más bajas, de manera que una infección sería menos peligrosa para terceros”.

La desaparición de las restricciones para eventos multitudinarios no ocurrirá, muy probablemente, hasta el final de la pandemia. Además, estará vinculada no solo a los avances en el proceso de vacunación, sino a la situación epidemiológica. Un solo evento de supercontagio “puede hacer subir la incidencia de un lugar”, recuerda el experto de Fisabio, así que “ni siquiera desde el punto de vista económico se pueden considerar situaciones de bajo riesgo”.

La tendencia a la recuperación de actividades masivas previas a la pandemia cada vez es más fuerte. Impulsados por la mejora de la situación epidemiológica, el ritmo de vacunación y algún que otro experimento con buenos resultados, parece inevitable que en fechas próximas se vayan sumando al calendario eventos inéditos desde hace un año y tres meses. Así, está previsto que el próximo 4 de junio en el amistoso entre las selecciones de fútbol de España y Portugal, en el Wanda Metropolitano de Madrid, haya un 30% del aforo (22.590 espectadores). También se van recuperando los conciertos en grandes escenarios, de momento, con aforos bastante limitados y numerosas medidas de seguridad. Desde Pablo Alborán a Celtas Cortos varios cantantes y grupos siguen confirmando fechas para pequeñas giras.

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