¿Sin mascarilla ni distancia social en España en otoño? Esperando el momento
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Ya queda menos para vernos las caras

¿Sin mascarilla ni distancia social en España en otoño? Esperando el momento

EEUU da vía libre a los vacunados para abandonar las restricciones y marca el camino, pero los expertos consideran que es importante distinguir entre interiores y exteriores

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Foto: EFE.

Los países más avanzados en la vacunación marcan el camino. Por eso, la noticia de que EEUU permitirá que las personas inmunizadas prescindan de la mascarilla y de mantener la distancia social casi en cualquier situación tuvo un gran impacto el pasado jueves. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) actualizaron sus recomendaciones levantando restricciones tanto en exteriores como en interiores para quienes hayan completado su vacunación, una medida que permite vislumbrar cierta vuelta a la normalidad en el horizonte.

Por el momento, hay excepciones importantes, como los viajes en autobús, avión, tren y cualquier otro transporte público, incluyendo el paso por estaciones y aeropuertos. Tampoco se recomienda desprenderse de la mascarilla en las visitas al médico, hospitales, cárceles o residencias de ancianos. Además, los estados son los que tienen la última palabra (en la mitad de ellos es obligatoria en público) a la hora de hacer efectivas o no las recomendaciones. No obstante, parece que el final de uso está cerca.

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De hecho, algunos ya están pensando en cuándo llegará el momento en España. Antes de conocer las novedades en EEUU, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, se aventuró a anticipar que "por el mes de julio o agosto" ya no sería necesaria la mascarilla al aire libre. Si todo va bien en las próximas semanas, ya bien entrado el verano "empezaremos otra vez a poner cara a todas las personas que vemos por la calle", aseguró, pero dejando claro que todavía no sería posible en interiores.

Lo cierto es que el acelerón del proceso no nos deja tan lejos de los estadounidenses como parecía hace tan solo unas semanas. Con 328 millones de habitantes, ya han conseguido ponerle al menos una dosis a 155 millones, mientras que 119 millones ya tienen la pauta completa, algo más de un tercio del total de la población. En España, esa cifra está a punto de alcanzar los siete millones, que en nuestro caso es el 14%. Sin embargo, mientras que aquí aumenta el ritmo de vacunación, al otro lado del Atlántico se ha ralentizado notablemente. A mediados de abril EEUU llegó a poner 3,3 millones de vacunas diarias, mientras que ahora la cifra apenas supera los dos millones.

placeholder Biden retirándose la mascarilla. (Reuters)
Biden retirándose la mascarilla. (Reuters)

El temor a que la vacunación se estanque antes de alcanzar la inmunidad de grupo, que se suele situar en el 70% de la población, es una de las claves que parece explicar el cambio de postura de los CDC de EUUU, que hace poco más de dos semanas recordaron a los vacunados que podían quitarse las mascarillas al aire libre, pero no en otras situaciones. “El ritmo ha bajado de forma muy importante, así que están planteando maneras de favorecer que las personas reticentes se abran a vacunarse, es un estímulo”, explica el epidemiólogo Joan Carles March, exdirector de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

En su opinión, los CDC “son un poco osados” al incluir los espacios interiores en su recomendación, dado que los lugares cerrados sin ventilación son los más susceptibles de propiciar los contagios. Para justificar su decisión, aludieron a estudios recientes sobre la efectividad de las vacunas en el mundo real no solo para evitar el covid, sino también para frenar la transmisión. Una investigación publicada hace unos días recogía los datos de profesionales sanitarios en Israel, en los que la vacuna de Pfizer alcanzó un 97% de protección frente a los síntomas e incluso un 86% frente a infecciones asintomáticas, lo que en la práctica que equipara con el hecho de haber evitado contagios.

Esperar al 70% de vacunados

Por este y otros estudios similares es cada vez más evidente que los vacunados transmiten menos, pero no se elimina por completo esa posibilidad y con un porcentaje de población aún alto sin vacunar eliminar la mascarilla y la distancia en interiores entraña cierto riesgo, así que los CDC han recibido algunas críticas no solo porque la recomendación pueda ser prematura, sino porque genera ciertas dudas. Por ejemplo, ¿cómo distinguir los vacunados de los no vacunados que aprovechen para saltarse la norma? En EEUU esta cuestión ha sido bastante espinosa. La posición del expresidente Donald Trump contra el tapabocas hizo que su uso se convirtiera en una cuestión política que distinguía a demócratas de republicanos. Pero llegados a este punto y con la posibilidad de los vacunados se libren de llevarla, ¿cómo comprobar quién está cumpliendo?

Así, los expertos consideran que, en el proceso de desescalada que vendrá, diferenciar vacunados y no vacunados puede ser relativamente útil y sencillo en algunas circunstancias concretas (como a la hora de coger un avión, con los pasaportes verdes), pero será muy difícil en el ámbito social diario. “Es bueno que la gente vacunada se pueda reunir con otros vacunados sin tomar medidas, pero plantear que en un interior haya gente con mascarilla y otros que no en función de si están vacunados puede generar más problemas que ventajas”, señala March.

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Foto: EFE.

Por eso, sería recomendable esperar a que el porcentaje de vacunados supere el 70%. España tenía previsto que esto ocurriese a finales del verano, pero estas expectativas podrían mejorarse. De hecho, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el jueves que en junio llegarán un 59% más de vacunas de Pfizer (la marca más utilizada) de las estipuladas inicialmente. Otra variable importante para tomar la decisión sería la incidencia acumulada. “No desescalemos más rápido que lo que toca. En Chile pensaron que ya estaban muy protegidos y sufrieron un incremento importante”, advierte el epidemiólogo.

En cualquier caso, las objeciones serían en espacios interiores, porque en el exterior no habría ningún problema en levantar la mano. “Hay muchos países europeos en los que no se lleva mascarilla por la calle. Solo habría que tenerla en cuenta en lugares con una gran acumulación de gente; pero cuando no sea así, es algo factible, posible y deseable”, afirma March. En ese sentido, las aglomeraciones del 9 de mayo cuando se levantó el estado de alarma y algunos decidieron celebrarlo en la calle, son un antecedente que habría que tener en cuenta. “Lo que vimos era en exteriores y, por lo tanto, había poco peligro; pero la distancia es un elemento que hay que valorar. Además, después de juntarse mucha gente se va a otros sitios cerrados”, comenta.

¿Cuándo dar ese primer paso y abandonar el uso de la mascarilla en las calles? En ese sentido, el experto va por delante de Feijóo. “A finales de junio sería un buen momento, en los inicios del verano. Especialmente porque los adultos jóvenes necesitan recibir un mensaje que abra la vía a otras formas de relacionarse”. De hecho, “podría ser ya, al menos en comunidades donde la incidencia acumulada es baja, pero como no estaría bien distinguir entre territorios, habría que esperar unas semanas” y ver si las cifras van por el buen camino.

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