La última incógnita sobre las vacunas que afecta a enfermos de cáncer y trasplantados
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PANDEMIA DEL CORONAVIRUS

La última incógnita sobre las vacunas que afecta a enfermos de cáncer y trasplantados

Los pacientes inmunodeprimidos generan menos anticuerpos tras la inyección, lo cual es motivo de preocupación. Los investigadores tratan de averiguar si están protegidos

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Foto: EFE.

Proteger a los más vulnerables ha sido uno de los grandes objetivos de la sociedad en esta pandemia. Los casos graves de covid se han concentrado en algunos colectivos, especialmente, las personas mayores. Para colmo, al principio había dudas sobre la eficacia que tendrían las vacunas en ellos porque su sistema inmunitario está más deteriorado con el paso del tiempo. Sin embargo, la respuesta ha sido magnífica: los ensayos clínicos, primero, y la realidad, después, muestran que la protección vacunal es excelente. La incógnita, ahora, está en otra parte.

Con el éxito en los mayores, las dudas se mantienen para las personas cuyo sistema inmunitario está debilitado por cuestiones de salud. Los ensayos clínicos no incluyeron a pacientes inmunodeprimidos por seguridad y para agilizar la investigación, así que la respuesta hay que buscarla entre la población real que ya está siendo inmunizada. Algunos indicios son preocupantes, porque hay estudios en EEUU e Israel, países con el proceso de vacunación muy avanzado, que indican que los pacientes de algunos tipos de cáncer o aquellos que han recibido un trasplante generan muy pocos anticuerpos. Sin embargo, la inmunología es muy compleja y los expertos no descartan que una pequeña protección sea suficiente para descartar que sufran una infección grave por coronavirus.

Foto: Una mujer es vacunada. (EFE)

“Sabemos que nuestros pacientes oncohematológicos desarrollan menos anticuerpos cuando reciben las vacunas habituales, como la del neumococo, la hepatitis o la gripe”, comenta en declaraciones a Teknautas José Luis Piñana, experto del Grupo Español de Trasplante Hematopoyético de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH). “Por eso, teníamos la sospecha que con las vacunas del SARS-CoV-2 iba a pasar lo mismo y estamos viendo que las primeras publicaciones lo confirman”, añade.

Un ejemplo es un estudio israelí publicado en la revista 'Blood' que mostró cómo los pacientes de leucemia linfocítica crónica solo desarrollaban anticuerpos en el 39,5% de los casos (se incluyeron 167 participantes con esta enfermedad). Por el contrario, todas las personas sanas incluidas en el grupo de control que el grupo control habían logrado esa respuesta inmunitaria. No obstante, los que estaban en pleno tratamiento respondieron mucho peor que aquellos que ya lo habían completado. Por eso, los investigadores consideran que “el momento en el que administras la vacuna puede ser muy importante”, en el caso de los pacientes oncológicos, según destaca el experto.

En cuanto a las personas que han recibido un trasplante, ocurre algo similar de acuerdo con los primeros análisis. Una investigación publicada hace pocos días en la revista 'JAMA' mostraba que el 46% de un total de 658 pacientes no tenían respuesta de anticuerpos frente al covid. El estudio, realizado por la Universidad Johns Hopkins, incluyó pacientes estadounidenses que ya habían recibido las dos dosis de una de las vacunas de ARN mensajero, Pfizer o Moderna.

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Foto: EFE

En cualquier caso, los expertos creen que no hay que meter en el mismo saco diferentes circunstancias y enfermedades relacionadas con la inmunosupresión porque existen muchas variables que pueden influir en la respuesta a la vacuna. Por eso, la SEHH está desarrollando un estudio para registrar los datos de pacientes que se hayan vacunado en toda España y dispongan de datos de pruebas serológicas (nivel de anticuerpos). “Cuando tengamos un volumen de pacientes importante, podremos analizar cuál ha sido la respuesta vacunal en función de cada patología, cada procedimiento y cada tratamiento”, afirma Piñana. Es posible que esta investigación también muestre diferencias entre unas vacunas y otras. “Aunque estos datos no nos sirvan para esta pandemia, de cara al futuro tendremos las ideas mucho más claras”, asegura.

Por otra parte, aunque haya menos seroconversión (menos anticuerpos), “sospechamos que existe la posibilidad de que logren la inmunidad por células, que la vacuna logre que los linfocitos sean capaces de reconocer al virus gracias a las proteínas de las vacunas y nos puedan defender aunque no se fabriquen anticuerpos”. Es una hipótesis que tendrá que ser estudiada, pero viene avalada por la experiencia. En vacunas contra otras enfermedades “se produce esa inmunidad celular en algunos pacientes que no tenían anticuerpos, pero no en todos”. No obstante, la mayoría estudios que hay al respecto son muy limitados, explica el especialista, por el escaso número de pacientes que suelen incluir.

En ese sentido, los expertos rechazan la idea de tratar de evaluar cuál es la protección real de un paciente a nivel particular a través de la realización de test de anticuerpos posteriores a la vacunación. “Un test de anticuerpos es parte de la película, pero no toda”, comenta Ignacio Molina, catedrático de Inmunología de la Universidad de Granada. Si la generación de anticuerpos (respuesta humoral) es potente, “es esperable que la respuesta celular también lo sea, pero una respuesta humoral baja no necesariamente quiere decir que estés en riesgo”.

La relación entre covid e inmunodepresión

Este tipo de cuestiones ilustran muy bien la complejidad del sistema inmunitario. Según este inmunólogo, siempre cabe esperar que el efecto de las vacunas sea menor en pacientes con una inmunodeficiencia primaria o asociada a algunas enfermedades. Ocurre lo mismo en el caso de que la inmunodepresión se deba a un tratamiento médico, como en el caso de los trasplantes, en los que se busca evitar el rechazo del nuevo órgano. Sin embargo, “el hecho de que esa respuesta sea menor no quiere decir que la vacuna no funcione lo suficiente como para protegerlos de una enfermedad grave”. En ese sentido, recuerda que el fin último de las vacunas del covid es evitar hospitalizaciones y fallecimientos. Por eso, es posible que solo funcionen parcialmente en algunos pacientes, pero que esto sea suficiente para que no sufran una infección severa de coronavirus.

Por otra parte, “los enfermos inmunodeficientes, a la hora de pasar la enfermedad, no tienen un riesgo especial”, recuerda el experto. Precisamente, el tener una respuesta inmune más débil juega a su favor, porque los casos graves de covid se caracterizan por una reacción exagerada del sistema inmunitario ante la invasión del virus. Eso provoca la hiperinflamación característica de los casos más graves. ¿Hasta qué punto ese balance entre estar poco protegidos por la vacuna, pero tener un riesgo menor que otras personas es suficiente para considerar que estarían protegidos? La solución a esta complicada ecuación pasa por realizar más estudios y recopilar más información.

Algunos de estos pacientes podrían convivir durante más tiempo con el virus

Otro ejemplo de que la situación de inmunodeficiencia tiene una doble cara es la sospecha de que algunos de estos pacientes podrían convivir durante más tiempo con el virus y facilitar que se produjeran mutaciones. “Es pura especulación, pero este podría ser el origen de la variante británica, según el trabajo que la dio a conocer. Para explicar cómo se habían podido originar tantos cambios en el virus planteaban la posibilidad de que hubiera sido en algún paciente inmunodeficiente, que habría estado en contacto con el virus durante mucho tiempo, lo suficiente para acumular mutaciones y transmitirse”, apunta Molina. Aunque solo es una posibilidad teórica, es un argumento más para proteger a estos pacientes.

Soluciones

La cuestión es cómo hacerlo si se confirma que las vacunas no ofrecen una protección suficiente. Una de las posibilidades es que estos pacientes reciban más dosis de refuerzo que la población general. En el caso de las vacunas de la gripe, la hepatitis o el neumococo, los estudios muestran que las dosis de recuerdo logran “rescatar” a pacientes que no han tenido una respuesta inicial. Aun así, “no sirve para todos”, advierte el experto de la SEHH.

Así que una de las claves fundamentales es “que todo el entorno de los pacientes esté vacunado, en particular, los convivientes. Si no tienen enfermedades, ellos sí van a responder a las vacunas y evitarán que el virus entre en casa de una persona inmunosuprimida”, señala Piñana. De hecho, la SEHH ha reivindicado que no solo se le dé prioridad en la vacunación a ciertos pacientes vulnerables sino que, ante la posibilidad de que su respuesta sea escasa, debería inmunizarse de forma prioritaria a sus familiares. La evidencia, cada vez más clara, de que las vacunas además de evitar enfermedad evitan la posibilidad de transmisión de la enfermedad refuerza esta idea. Asimismo, “pese a estar vacunados, es imprescindible que estos pacientes sigan con medidas de protección, distanciamiento social y mascarilla”, afirma, “otros virus respiratorios han desaparecido de la circulación en esta pandemia, evidentemente, gracias a estas medidas contra el covid”.

"Pese a estar vacunados, es imprescindible que estos pacientes sigan con medidas de protección"

Por otra parte, al margen de las soluciones individuales, cualquier persona que no esté suficientemente inmunizada también estaría protegida por el conjunto de la sociedad si alcanzamos la famosa inmunidad de grupo. “Al haber un número elevado de miembros de la comunidad que están protegidos y que no desarrollan la enfermedad, la capacidad de circulación del virus es mucho menor, con lo cual, esto protege a los individuos no vacunados de manera indirecta”, recuerda el inmunólogo de la Universidad de Granada. En este caso, esa protección se referiría a individuos en los que la vacuna no ha hecho su efecto todo lo bien que sería deseable. En este sentido, la inmunidad de grupo con respecto al covid no solo es deseable y necesaria como país “sino también a nivel global”, apunta.

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