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El peligro de no escuchar a los gurús de la no proliferación: ante el abismo atómico en Ucrania
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a las puertas de una nueva era nuclear

El peligro de no escuchar a los gurús de la no proliferación: ante el abismo atómico en Ucrania

Una vez superada la Guerra Fría, con sus tratados de limitación y reducción de arsenales, el progresivo declive de las estructuras de negociación entre las grandes potencias se ha encontrado con un desinterés generalizado de los medios

Foto: Un monumento a la primera bomba atómica rusa fabricada en masa. (EFE/Maxim Shipenkov)
Un monumento a la primera bomba atómica rusa fabricada en masa. (EFE/Maxim Shipenkov)
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"La posibilidad de una guerra nuclear, antes impensable, vuelve a ser parte de la ecuación". Parece el comienzo de una película de ciencia ficción, pero la frase es de António Guterres, secretario general de la ONU. Y lo dijo el mes pasado.

La invasión rusa de Ucrania ha servido, entre otras cosas, para difuminar tabúes. El miedo a una guerra atómica, relegado durante años a recurso argumental de películas como 'Terminator' o 'Juegos de guerra', ha encontrado un eco siniestro en las palabras del presidente de Rusia, Vladímir Putin, cuando, cuatro días después del comienzo de su "operación militar especial" anunció al mundo que ponía a sus fuerzas nucleares estratégicas en un nuevo "nivel de alerta de combate". Aunque las implicaciones reales de este anuncio son debatibles, el mensaje era claro: las armas nucleares son parte de esta guerra.

Y el miedo está justificado: existen en el mundo aproximadamente 13.080 cabezas nucleares, repartidas entre países que comparten pasados conflictivos. Estados Unidos y Rusia, India y Pakistán, Israel, Corea del Norte… Un legado de destrucción sin límites del que las generaciones más jóvenes, las que heredarán las armas, los silos y los juegos políticos de la disuasión nuclear, apenas hablan.

Foto: El vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvédev. (EFE/ Yander Zamora)

Una vez superada la Guerra Fría, con sus tratados de limitación y reducción de arsenales, el progresivo declive de las estructuras de negociación entre las grandes potencias se ha encontrado con un desinterés generalizado de los medios. Más allá de temas puntuales —como la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán—, la pérdida de tratados como el INF o el Open Skies apenas han suscitado siquiera parte del terror existencial que sí produce, por ejemplo, asomarse al abismo climático. Y, sin embargo, este deterioro de las estructuras internacionales se encuentra en la base de las tensiones nucleares de hoy.

Los hay que sí se preocupan. Que llevan tiempo avisando. Profesores, investigadores, diplomáticos… Predicadores en el desierto que, año tras año, aprovechan eventos y conferencias para advertirnos del peligro que supone para la humanidad que un pequeño grupo de países mantenga un arsenal capaz de aniquilar la vida sobre la Tierra. Gente como Patricia Lewis, de Chatham House, o Francesca Giovannini, del Centro Belfer de la Universidad de Harvard: ambas han publicado en estas semanas sendos artículos explicando las posibilidades reales de un ataque nuclear ruso en Ucrania o los peligros de una escalada con la OTAN. Y es que la guerra les ha cogido por sorpresa, como a todos. Pero a ellos, ahora, se les exigen explicaciones. Y muchos están preparados para darlas.

El Confidencial ha hablado con tres investigadores, expertos en armamento y política internacional, de los riesgos nucleares del conflicto. Pero también de cómo llegamos a este momento de la historia habiendo perdido gran parte de la estructura de no proliferación que construimos durante la Guerra Fría, y, sobre todo, de por qué deberíamos preocuparnos más por las armas nucleares.

Foto: Líderes del G7 durante la cumbre de la OTAN. (Reuters/Henry Nicholls)

Una tercera era nuclear

"Es fácil mirando atrás, pero se podría decir que [la invasión de Ucrania] es la culminación de un proceso que en control de armamento se remonta a hace dos décadas", explica Andrew Futter, profesor de Política Internacional de la Universidad de Leicester. Futter dirige un proyecto, financiado por el Consejo de Investigación Europeo (ERC), que busca estudiar el impacto que el desarrollo tecnológico está teniendo sobre el orden nuclear internacional.

Según el investigador, la sociedad se encuentra inmersa en los comienzos de una "nueva era nuclear" —concretamente, la tercera—, marcada por el impacto de las nuevas tecnologías sobre la estabilidad y los riesgos atómicos.

"En realidad, ni siquiera se trata de control de armamento. El debilitamiento del control de armamento es un síntoma del debilitamiento de las relaciones entre Oriente y Occidente durante, probablemente, la última generación", dice Futter sobre la actual alarma nuclear. Lo que no significa que la invasión no nos pillara a todos por sorpresa.

Foto: Imagen de un test nuclear a cielo abierto

El investigador considera que, especialmente en Occidente, nos hemos insensibilizado completamente ante la idea de la guerra. Creíamos, dice Futter, arrebatados por una visión "romántica y liberal" del mundo moderno, que esas cosas no podían suceder en Europa. Y esa misma insensibilidad nos ciega también en el terreno de las armas nucleares.

"Durante años, las armas nucleares eran algo que podían robar terroristas, o que podían usar Corea del Norte o los iraníes. Pero nos olvidamos de ellas como un problema importante de las relaciones internacionales. Y en cierto sentido, eso era bueno", explica el profesor, ya que no suponían un peligro inminente.

Sin embargo, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, las armas nucleares se convirtieron de nuevo en parte de la retórica internacional. "[Mi botón nuclear] es mucho más grande y más poderoso [que el de Kim Jong-un]", escribió en uno de sus famosos tuits el expresidente. Esta vuelta a la retórica nuclear, ligada a la confrontación entre grandes potencias, es una tendencia a la que Putin se ha sumado con gusto, y es también una de las claves de la investigación del equipo de Futter en el proyecto de la tercera era nuclear.

Futter ha recibido un gran número de llamadas de periodistas pidiéndole explicaciones sobre riesgos nucleares

"Es preocupante, porque esta vuelta a las armas nucleares, esta reducción de los requisitos para el uso no necesariamente de las propias armas, pero sí de las amenazas, se une a un nivel mucho más bajo de entendimiento sobre lo que significan estas cosas que en los años ochenta", lamenta Futter. Como ejemplo, el investigador explica que, en las últimas semanas, ha recibido un gran número de llamadas de periodistas, pidiéndole explicaciones sobre riesgos nucleares, que muestran un enorme desconocimiento del funcionamiento y capacidades de este tipo de armamento.

El renovado interés de los medios, sin embargo, sí que tiene una parte positiva. Antes de que Rusia invadiera Ucrania, explica Futter, quizá recibía una llamada al mes de la prensa para pedir su opinión sobre alguna historia; en las últimas semanas, ha recibido más de 20.

placeholder Fotografía de un misil ruso Topol. (Reuters)
Fotografía de un misil ruso Topol. (Reuters)

Gracias a la presencia que las armas nucleares han adquirido en los medios, el investigador pronostica que a los equipos como el suyo les será mucho más fácil conseguir financiación para proyectos como el de la tercera era nuclear, que antes dependían sobre todo de las becas de estudio de organizaciones estadounidenses como el Fondo Carnegie o la Fundación MacArthur. "La diferencia es que las armas nucleares están en las noticias. Y si bien eso no es algo bueno, hace que sea más fácil para gente como yo llegar a los organismos de financiación que se preguntan, '¿en qué asunto de relevancia nos podemos gastar el dinero?".

En cuanto a la guerra, Futter cree que no es inconcebible que el Kremlin considere viable un ataque nuclear sobre Ucrania, aunque lo ve muy poco probable, pero que el mayor problema tiene que ver con la retórica: "Al hablar de estos temas, generas las condiciones para que se conviertan en una profecía autocumplida; generas la percepción y el miedo y la posibilidad de un error" que acabe llevando a una escalada.

Foto: Trinity, la primera arma nuclear detonada en el mundo. (United States Department of Energy)

Por eso es importante, según el investigador, que la gente conozca la ciencia básica detrás de estas armas: qué supondría una explosión nuclear, qué países tienen qué armamento y cómo se gestionan estos arsenales y su importancia en mantenernos a salvo. "No es algo que no se esté haciendo", explica Futter, "pero creo que no hay suficiente conocimiento general".

Fuerzas estratégicas nucleares rusas

Una de las personas que llevan años contribuyendo a ese conocimiento general de las fuerzas nucleares es Pavel Podvig, analista ruso basado en Ginebra que lleva años documentando y analizando el estado de los arsenales nucleares de Rusia. Lo que comenzó, a finales de los ochenta, como un proyecto para recopilar en un libro detalles sobre las fuerzas nucleares soviéticas, preparado con varios colegas del Instituto de Física y Tecnología de Moscú, se ha ido convirtiendo, con el paso de los años, en una auténtica biblioteca de material técnico sobre los arsenales rusos que puede consultarse en internet.

"El objetivo era mantener informado al público", explica Podvig. Si bien es cierto que, al tratarse de una información tan especializada, uno de sus principales usos es el de asistir al analista en sus investigaciones, de forma que cuando se produce un evento —como, por ejemplo, el ensayo de un sistema de lanzamiento de misiles— Podvig puede acudir a su archivo y encontrar información de contexto. "Es algo que mucha gente encuentra útil, el saber dónde está cada cosa, cuántas [armas nucleares] hay, ese tipo de cosas", dice.

Podvig advierte: las armas nucleares sirven para proteger a un agresor, pero no ofrecen tanta protección al agredido

Así que el investigador lleva unos 30 años siguiendo muy de cerca el estado y la evolución de las fuerzas nucleares rusas. ¿Su primera impresión al escuchar a Putin hablar del nuevo estado de alerta de combate? "Era un mensaje político. Era decir que estamos preparados, si pensáis en atacarnos o en una 'decapitación militar' [eliminando de forma preventiva a los mandos militares y políticos del país], hemos tomado medidas para asegurar una respuesta", explica.

En el fondo, es un caso de manual de disuasión nuclear. A un nivel mucho más alto del que estamos acostumbrados, ya que se produce en un contexto de guerra y retransmitida por televisión, pero disuasión nuclear al fin y al cabo. Sin embargo, Podvig advierte: las armas nucleares sirven para proteger a un agresor, pero no ofrecen tanta protección al agredido. Es la razón por la que Israel está tan preocupado por el programa nuclear iraní, o por lo que la OTAN se afana ahora en reforzar el flanco oriental.

Muchos analistas han coincidido en señalar que el papel que las armas atómicas están teniendo en el conflicto es el de permitir a Rusia atacar a Ucrania, mientras impiden que Estados Unidos o la OTAN se involucren por miedo a una escalada. "Es absolutamente cierto", lamenta el analista.

Foto: El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. (Reuters/Pool/John Macdougall) Opinión

Aun así, a pesar de la permanente retórica nuclear que acompaña al conflicto, Podvig cree que en las altas esferas, en los círculos donde se toman las decisiones militares importantes, la posibilidad de una escalada atómica es todavía muy remota. Se puede ver, por ejemplo, en la decisión firme —hasta el momento— de no establecer una zona de exclusión aérea sobre Ucrania, algo que requeriría la entrada en el conflicto de terceros países. Aun así, existe mucha presión popular para hacer más. Y eso puede suponer un problema.

"Ciertos pasos, que pueden parecer completamente inocuos, podrían acabar no siéndolo, y la decisión sobre si se ha cruzado una línea no la van a tomar en Washington DC. La van a tomar en Moscú", avisa Podvig. Lo que es peor: debido en parte a ese deterioro de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos del que advertía Andrew Futter, debido al deterioro de los sistemas de control de armamento y los foros diplomáticos entre ambas potencias, los razonamientos y expectativas del Kremlin son, ahora mismo, un misterio.

"La decisión sobre si se ha cruzado una línea no la van a tomar en Washington DC. La van a tomar en Moscú", avisa Podvig

A pesar del crudo escenario, Podvig pone en valor los esfuerzos que se han hecho para evitar llegar a este punto: el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW), aprobado en la ONU y ratificado por 57 Estados, tendrá su primera reunión de participantes en junio de este año, aunque ninguno de los países con armas nucleares lo reconoce, y todos los países de la OTAN —salvo Holanda, que votó en contra— se negaron a participar en su discusión. La organización que se dedica a promover su implementación, ICAN, recibió el Premio Nobel de la Paz en 2017.

"El esfuerzo está ahí", dice Podvig.

Escenarios impensables

Dmitry Stefanovich, analista de estrategia militar e investigador en el Centro de Seguridad Internacional del Instituto Primakov de Rusia, lamenta no haber hecho un mayor esfuerzo por avisar a sus colegas, tanto orientales como occidentales, de las consecuencias de la rigidez de los líderes políticos. "Resulta que lo que parecía obvio, y lo que parecía imposible, debía ser pronunciado literalmente sílaba a sílaba, letra a letra", escribió en Twitter Stefanovich durante la primera semana de marzo, poco después de que comenzara la invasión.

"Deberíamos prestar más atención a los escenarios impensables", razona ahora el investigador. "No porque nadie involucrado esté loco, no creo que ese sea el caso. Simplemente porque no somos capaces, como analistas, de tener una visión completa, y nunca lo seremos", explica.

Stefanovich reconoce que él también "perdió los nervios" cuando Vladímir Putin hizo el anuncio del nuevo nivel de combate de las fuerzas nucleares, pero que, después de pensarlo más detenidamente, y de leer otras perspectivas, se dio cuenta de que el anuncio probablemente no implicaba un cambio sustancial, más allá de asignar más personal a los puestos regulares y de ordenarles un mayor nivel de alerta. Es más, la respuesta de la OTAN y de Washington fue muy explícita y directa, asegurando que no iban a entrar en un conflicto militar con Rusia.

A pesar del optimismo, Stefanovich recuerda que la posibilidad de una escalada nuclear existirá siempre que siga habiendo armas atómicas. Pero, según su opinión, no existe actualmente la necesidad militar de una escalada tan drástica. "Incluso con armamento convencional, el nivel de intensidad y destrucción podría incrementarse de forma dramática", advierte el investigador.

placeholder Lanzamiento de un misil intercontinental ruso en unos ejercicios militares. (Reuters)
Lanzamiento de un misil intercontinental ruso en unos ejercicios militares. (Reuters)

Sobre la idea de que Rusia pudiera utilizar una bomba atómica en Ucrania para mandar un mensaje, Stefanovich se muestra escéptico también. "Si nos fijamos en ejemplos recientes como Siria o Afganistán, no es demasiado difícil convertir ciudades enteras en un paisaje lunar sin tener que recurrir a las armas nucleares, desgraciadamente", explica.

Esta idea se ve reflejada en los manuales de instrucción para soldados rusos, que Stefanovich ha estudiado como parte de sus investigaciones. "A partir de los setenta y ochenta, las armas nucleares desaparecen de la ecuación porque los ejércitos desarrollaron otras herramientas para lanzar ataques de precisión", y poder alcanzar objetivos que previamente solo podían ser destruidos con armas nucleares.

Foto: Refugiados ucranianos esperan en fila para cruzar la frontera de Polonia en un puesto de control en Shehyni, Ucrania. (Reuters/Hannah McKay)

Esta es la razón, cree el analista, por la que, en los años ochenta y noventa, se desarrollaron tantos programas de desarme nuclear, más allá del acercamiento entre potencias tras la Guerra Fría. Y en los 'Principios básicos de políticas estatales de disuasión nuclear de la Federación Rusa' —la guía del Kremlin para el uso de armas nucleares— no se contempla un escenario de disuasión posterior al uso de bombas atómicas. Un ataque nuclear es el final del camino.

Stefanovich arroja luz también sobre una importante distinción entre Rusia y Occidente. Mientras que los países cercanos a la órbita de Washington se han olvidado en gran medida de sus arsenales nucleares, el pueblo ruso considera las armas atómicas como la principal garantía de su independencia y seguridad. "Sea cierto o no, es una idea muy extendida", explica.

¿Significa eso que no hay futuro para el control del armamento nuclear? Stefanovich no es muy optimista, pero avisa: a Rusia le convendría recordar que la actual Administración estadounidense es mucho más proclive al diálogo que la Administración Trump. "Siempre habrá una solución diplomática", dice.

"La posibilidad de una guerra nuclear, antes impensable, vuelve a ser parte de la ecuación". Parece el comienzo de una película de ciencia ficción, pero la frase es de António Guterres, secretario general de la ONU. Y lo dijo el mes pasado.

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