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Cuál es la verdadera situación de Chernóbil: esto es lo que sucedería en el peor escenario
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¿AÚN IMPLICA RIESGOS?

Cuál es la verdadera situación de Chernóbil: esto es lo que sucedería en el peor escenario

El corte del suministro eléctrico a la antigua central del Chernóbil ha vuelto a poner de relieve la amenaza nuclear, pero ¿realmente sigue siendo un riesgo esta instalación?

Foto: Imagen de la central de Chernóbil. (Reuters)
Imagen de la central de Chernóbil. (Reuters)
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Situada junto a la frontera con Bielorrusia y cerca de Kiev, la vieja central nuclear de Chernóbil y sus alrededores, la zona de exclusión contaminada por radiactividad, fueron uno de los primeros objetivos militares de las tropas rusas cuando comenzó la guerra de Ucrania el pasado 24 de febrero. Sin embargo, no ha tardado en volver a la actualidad. Primero, porque la semana pasada un incendio en la central de Zaporiyia hizo recordar el accidente nuclear de 1986. Después, porque esta semana la empresa Ukrenergo, que gestiona el suministro eléctrico, advirtió que Chernóbil estaba desconectada de la red. Rusia aseguró este jueves que técnicos bielorrusos habían restaurado la conexión, pero ¿qué peligro implican estos cortes?

Según las autoridades ucranianas, los generadores solo tenían combustible para aguantar hasta este viernes y, sin suministro eléctrico, no se puede seguir refrigerando la central y se podrían producir fugas radiactivas. Sin embargo, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), aunque reconocía que los sistemas de monitorización habían dejado de transmitir datos desde la central, ha sido mucho menos dramático, asegurando que estaba descartado “un impacto crítico de seguridad”. ¿Quién tiene razón? ¿Qué puede pasar a partir de hoy? ¿El lugar del mayor desastre nuclear de la historia sigue siendo un riesgo para el mundo 36 años después?

Foto: Imagen de archivo de la central nuclear de Chernóbil. (Reuters/Gleb Garanich)

Chernóbil contaba con cuatro reactores nucleares cuando se produjo el accidente en el número cuatro. Los otros tres siguieron funcionando algún tiempo, pero el cierre definitivo de la central se completó en diciembre de 2000. El combustible nuclear de esos tres últimos reactores es el que preocupa. “Cuando se desconectaron, su combustible fue almacenado en una instalación dispuesta al efecto en un edificio separado, y se sumergió en una piscina, proporcionando tanto blindaje de las radiaciones como refrigeración para el calor residual que sigue emitiendo”, explica a Teknautas Luis Enrique Herranz, responsable de la Unidad de Investigación en Seguridad Nuclear del Ciemat (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas)

Una vez utilizado en el reactor y extraído del mismo, el combustible nuclear continúa emitiendo radiación y calor, aunque a niveles muy inferiores al de su vida anterior en el reactor. Estas características hacen necesario disponer de sistemas de refrigeración que eviten la evaporación del agua de las piscinas. Por eso, la alimentación eléctrica es imprescindible para la refrigeración y recirculación del agua de la piscina. Además, hay unidades de filtración “donde la escasa contaminación radiactiva del agua, resultante de defectos microscópicos en una pequeña fracción de barras de combustible, queda retenida y reducida a los niveles admisibles por la regulación”, explica el experto. Este sistema de filtrado también necesita energía eléctrica para funcionar. En la actualidad, la piscina alberga más de 20.000 elementos de combustible cuya carga térmica (el calor emitido) es muy reducida, teniendo en cuenta el tiempo ya transcurrido desde su paso por los reactores.

¿Qué pasa si finalmente la falta de electricidad es total, sin ni siquiera contar con el respaldo de los generadores? “La cantidad de agua que hay es enorme, así que tardaría mucho tiempo en calentarse, aunque lo vaya haciendo progresivamente”, explica el experto del Ciemat. Esto supone que “las emisiones radiactivas no sufrirían un incremento significativo durante semanas”. Teniendo en cuenta que los elementos combustibles ya no son muy activos, los expertos esperan que no se produzca una evaporación importante, de manera que, probablemente, “el nivel del agua nunca sería inferior a la altura de los elementos de combustible”. En definitiva, el incremento de la radiactividad sería mínimo en el entorno.

placeholder Chernóbil. (EFE)
Chernóbil. (EFE)

Garantías de seguridad

Según explica Eloy Sanz, doctor en Ingeniería Química y profesor de Tecnologías Energéticas y Energías Renovables en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), tras el accidente de Fukushima, el OIEA realizó una serie de cálculos que incluían las consecuencias que podría tener el corte del suministro eléctrico en Chernóbil y llegó a la conclusión de que el agua no superaría los 70 ºC. En las peores circunstancias, “la atmósfera sería parecida a la de una sauna”, comenta. A mayor temperatura, habrá más evaporación, incluyendo los elementos radiactivos que pueda haber en la piscina, así que está claro que “los alrededores de la piscina estarán más contaminados con isótopos radiactivos”. Que esta situación llegue a ser significativa o no en cuanto a niveles de radiación, “habría que verlo en las mediciones, pero el OIEA considera que no tendría un impacto en el exterior en términos de liberación de material radiactivo o fugas”. En definitiva, ni siquiera en las peores circunstancias sería un riesgo importante. No obstante, el factor tiempo es importante, porque, si esta situación se mantuviera indefinidamente, hay que tener en cuenta que con 70 ºC se evapora mucha agua, así que este experto no descarta que en algún momento se pudiera agotar.

En este caso, si hablamos de riesgo nuclear, la diferencia entre una instalación en activo y una que no lo está es abismal. “Cuando una central está en activo, el suministro eléctrico es vital para asegurar la refrigeración del núcleo”, afirma Sanz. “Si vas en un coche y tienes problemas, te paras y no vas a tener ningún riesgo adicional; pero esto no funciona así, cuando paras una central nuclear tiene que estar refrigerándose muchas horas y, si no lo consigue, el proceso de fisión sigue y puede llegar a fundir, literalmente, los metales que componen los elementos del núcleo”. Ocurrió en Chernóbil en 1986 y ocurrió en Fukushima en 2011.

En ese sentido, una central parada plantea un problema menos grave, aunque no es desdeñable. “Cuando retiras el combustible, tienes que meterlo en piscinas que tienen un volumen enorme y el agua va eliminando el calor. Si cortas el suministro eléctrico, detienes el circuito que va sacando el agua caliente para meter agua fría. Además, siempre hay isótopos radiactivos que pasan a esa agua y hay que filtrarla”, destaca Sanz. En Chernóbil, “el combustible lleva más de 20 años enfriándose”, así que “el problema no es tan grave como si fuera un combustible recién sacado del reactor”.

Foto: Ataque aéreo ala central nuclear de Zaporiyia. (Reuters)

¿Y qué pasa con el reactor cuatro, el que sufrió el accidente? Dos sarcófagos lo protegen. El primero se construyó inmediatamente después del accidente, pero se fue deteriorando con el tiempo, así que, en 2019, el actual presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, inauguró una segunda bóveda. “Tiene una estructura metálica especial, de manera que sirve tanto para evitar cualquier tipo de emisión como para impedir que el agua entre en el reactor”, asegura Herranz. Aunque esta estructura sigue conteniendo material nuclear, la existencia de los dos sarcófagos, garantiza que hoy por hoy “no supone ningún riesgo”.

¿Qué preocupa de otras centrales?

Así que, en relación con la energía nuclear y la guerra, la mayor preocupación no está en Chernóbil, sino en las otras cuatro centrales activas del país, que suman un total de 15 reactores. El incendio que tuvo lugar hace días en la de Zaporiyia puso el foco sobre esta cuestión. “En realidad, el misil alcanzó un edificio administrativo donde se imparten cursos, no estamos hablando del reactor”, recuerda Herranz, de forma que el peligro fue mínimo.

No obstante, “no conozco estudios específicos de lanzamiento de misiles contra edificios de contención de reactores nucleares”, señala. Sin embargo, “el hecho de que su diseño se realice basado en situaciones de cargas térmicas y mecánicas extremas supone que la probabilidad de su pérdida de integridad sea extremadamente escasa”, afirma. En pruebas realizadas tras los atentados del 11-S de Nueva York, se demostró que un avión proyectado contra el edificio de un reactor nuclear a más de 700 kilómetros por hora “apenas produciría una huella en su pared externa de algunos centímetros”. En general, su espesor total es superior a 70 centímetros.

placeholder Zona de exclusión de Chernóbil. (EFE)
Zona de exclusión de Chernóbil. (EFE)

A pesar de todo, el ingeniero de la Universidad Rey Juan Carlos no es tan optimista y cree que el impacto directo de un misil sí podría destruir un reactor a pesar de la protección. “Un avión no está diseñado para penetrar en una construcción, sino para volar; mientras que los misiles sí pueden atravesar el hormigón. Si llegan hasta la estructura de contención, no me cabe duda de que podrían con ella, pero también es verdad que eso supone lanzarlos a propósito”, afirma.

Un incendio exterior como el de Zaporiyia no afectaría de manera directa a los reactores, pero, en determinadas circunstancias, sí puede llegar a ser muy grave. Sin embargo, en función de dónde ocurra, sí que podría ser un “evento iniciador”, es decir, que desencadene otros problemas. “Si ocurre en la sala de control o en el edificio de turbinas, no afecta al reactor, que está muy protegido, pero corta lazos esenciales”, advierte Sanz.

Otra cuestión que preocupa es la situación de los empleados, tanto de Chernóbil como de la central de Zaporiyia, que, según las autoridades ucranianas y el OIEA, están retenidos por las tropas rusas en estas instalaciones. “El factor humano es muy importante y el trabajo por turnos de los empleados es uno de los condicionantes indispensables para garantizar la seguridad física y técnica de los emplazamientos nucleares”, comenta Herranz. Incluso en Chernóbil, donde no hay reactores en funcionamiento, el mantenimiento de los residuos nucleares requiere atención e implica tomar decisiones, así que el descanso es fundamental.

Según ha explicado el OIEA, hay siete pilares indispensables para garantizar la seguridad nuclear, incluyendo los relacionados con el personal y el suministro eléctrico. Uno esencial es garantizar la integridad física de tres tipos de instalaciones: reactores, piscinas de combustible y almacenes de desechos radiactivos. Los demás puntos hablan de mantener en funcionamiento todos los equipos tecnológicos, el transporte ininterrumpido de suministro logístico, la monitorización radiológica y la comunicación fiable entre todas las entidades. En el conflicto de Ucrania ya se han vulnerado casi todos estos principios.

Situada junto a la frontera con Bielorrusia y cerca de Kiev, la vieja central nuclear de Chernóbil y sus alrededores, la zona de exclusión contaminada por radiactividad, fueron uno de los primeros objetivos militares de las tropas rusas cuando comenzó la guerra de Ucrania el pasado 24 de febrero. Sin embargo, no ha tardado en volver a la actualidad. Primero, porque la semana pasada un incendio en la central de Zaporiyia hizo recordar el accidente nuclear de 1986. Después, porque esta semana la empresa Ukrenergo, que gestiona el suministro eléctrico, advirtió que Chernóbil estaba desconectada de la red. Rusia aseguró este jueves que técnicos bielorrusos habían restaurado la conexión, pero ¿qué peligro implican estos cortes?

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