El asalto al Capitolio también podría ocurrir en Europa
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El asalto al Capitolio también podría ocurrir en Europa

En Europa están presentes muchos aspectos del embrollo social, político e informativo que llevó al asalto armado contra la sede de la democracia estadounidense.

placeholder Foto: El asalto al Capitolio por seguidores trumpistas, el pasado 6 de enero. (Foto: Reuters)
El asalto al Capitolio por seguidores trumpistas, el pasado 6 de enero. (Foto: Reuters)

Conforme los manifestantes irrumpían en el Congreso de los Estados Unidos el pasado 6 de enero, Europa miraba con horror, incredulidad y, como sucede a menudo al dirigir la mirada hacia los Estados Unidos de Trump, cierto grado de ‘Schadenfreude’ (palabra alemana usada para describir el placer que se siente ante la desgracia ajena). Los políticos se apresuraron a emitir declaraciones enérgicas de condena; los periódicos europeos publicaron titulares como "Anarquía en Estados Unidos" (The Independent), "EEUU: Un día para un golpe" (La Repubblica), "Democracia rota" (Le Figaro) y "¡Vergüenza!" (Hamburger Morgenpost).

Pero aquí, en Europa Occidental, no podemos permitirnos ser complacientes. Las políticas destructivas de la extrema derecha, basadas en la intimidación, la violencia y las teorías de la conspiración, no suceden exclusivamente "allá afuera" —o “por aquel entonces” en nuestro continente—. De hecho, aquí también están presentes muchos aspectos del embrollo social, político e informativo que llevó al asalto armado contra la sede de la democracia estadounidense.

Foto: Ilustración Pablo López Learte.

1: Violencia ultraderechista

Los eventos del pasado 6 de enero no sucedieron en el vacío: fueron simplemente la última conflagración de la serie de ataques por parte de la extrema derecha estadounidense contra sus enemigos sociales (como los ataques antisemitas y racistas en Pittsburgh, Charlottesville, El Paso y Charleston) y sus rivales políticos (en octubre de 2018 fueron enviados paquetes bomba a Obama, Biden, Clinton y las sedes de la CNN y del Partido Demócrata).

Este rastro de violencia no es producto de un diseño u organización específicos, sino más bien el resultado del "terrorismo estocástico": la movilización de individuos inestables a través de una demonización implacable y altamente pública de los enemigos políticos. En otras palabras, cuando un movimiento político prospera mediante el odio contra ciertos objetivos —ya sean inmigrantes, judíos o demócratas—, no hay necesidad de una instancia específica de incitación a la acción: tarde o temprano, alguien, en algún lugar, actuará guiado por ese odio.

placeholder Manifestantes de El Tercer Camino, partido político de extrema derecha alemán que reivindica el nacionalsocialismo (Foto: Reuters)
Manifestantes de El Tercer Camino, partido político de extrema derecha alemán que reivindica el nacionalsocialismo (Foto: Reuters)

Europa ha sido testigo de este mismo tipo de violencia —impredecible pero inevitable— en los últimos años, a medida que las tensiones étnicas y políticas se han inflamado cada vez más. Extremistas de derecha alemanes llevaron a cabo tiroteos masivos en sinagogas, mezquitas y comercios con propietarios inmigrantes en Halle y Hanau. En Italia, ataques racistas contra inmigrantes mataron a dos senegaleses en Florencia en 2011 e hirieron a seis personas en Macerata en 2018. Desde Bærum, en Noruega, hasta Finsbury Park, en Londres, desde Zurich, en Suiza, hasta Trollhättan, en Suecia, los musulmanes se han convertido en objetivos del terrorismo estocástico propio de Europa.

Los políticos también han estado en la mira de la violencia ultraderechista. La diputada del Partido Laborista británico Jo Cox fue asesinada una semana antes del referéndum del Brexit de 2016 entre gritos de "esto es por Gran Bretaña" por parte de un extremista de derecha. En 2019, un neonazi disparó y mató al político de la CDU alemana Walter Lübke frente a su casa en Istha, Hesse. Tras una campaña de odio dirigida por los medios de comunicación derechistas, el alcalde liberal de la ciudad polaca de Gdansk, Pawel Adamowicz, fue asesinado a puñaladas mientras estaba en el escenario de un evento benéfico. La policía española y francesa frustraron los planes de la derecha para asesinar al presidente del Gobierno Pedro Sánchez y al presidente Macron.

Los musulmanes se han convertido en objetivos del terrorismo estocástico propio de Europa.

Y si la revuelta en el Congreso de los Estados Unidos parece demasiado descabellada para el viejo y adormilado continente, es importante recordar cuánto se ha acercado la violencia política al corazón del poder en Europa. Durante las protestas por el coronavirus de 2020, manifestantes alemanes penetraron en el Bundestag mientras los legisladores estaban en la cámara. En 2019, los “chalecos amarillos” franceses tomaron el control de un montacargas y derribaron las puertas de un edificio ministerial, lo que provocó la evacuación del portavoz principal del gobierno, Benjamin Griveaux. Durante las protestas de los agricultores holandeses de 2019, los manifestantes intentaron ocupar el Binnenhof —la sede del Parlamento—, y el Ministerio de Agricultura. Los tres movimientos se han visto fuertemente infiltrados por la extrema derecha.

Foto: Un grupo de manifestantes de izquierdas protesta contra la marcha neonazi celebrada en Berlín (Alemania) en 2019. (EFE)

2: Legitimación política de la violencia

Sin duda, la violencia política en Europa no es una prerrogativa exclusiva de la derecha radical. Pero lo que hace que ésta sea particularmente preocupante es que hay actores dentro de las instituciones políticas que han estado dispuestos a justificar tal violencia o a dar cierto grado de legitimidad a los responsables. En Europa todavía no se ha visto algo similar a incitación a la violencia por parte de Donald Trump a través de Twitter o a la exaltación por parte de los votantes republicanos de Kyle Rittenhouse, el joven de 17 años que mató a sangre fría a dos manifestantes durante una marcha de Black Lives Matter, pero poco a poco nos estamos acercando a ello.

Sirvan de ejemplo las protestas de extrema derecha en la ciudad alemana de Chemnitz, las cuales fueron provocadas por la muerte de un alemán a manos de un ciudadano iraquí y otro sirio y que causaron decenas de heridos. Mientras se desarrollaban, el presidente de la Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), Alexander Gauland, expresó su simpatía por las multitudes que gesticulaban el saludo nazi: "Si el estado ya no puede proteger a sus ciudadanos, la gente tomará las calles y se protegerá", tuiteó. Otro legislador de la AfD, Martin Hohmann, desvió hacia los refugiados la culpa del asesinato de Walter Lübcke, afirmando en un comunicado de prensa que “si no hubiera habido una apertura ilegal de fronteras por parte de la canciller Angela Merkel, Walter Lübcke todavía estaría vivo”.

placeholder Protesta ultraderechista en la ciudad alemana de Chemnitz. En la pancarta se lee '¡Nosotros somos el pueblo!'. (Foto: EFE)
Protesta ultraderechista en la ciudad alemana de Chemnitz. En la pancarta se lee '¡Nosotros somos el pueblo!'. (Foto: EFE)

Después de que Luca Traini, ex candidato del partido italiano de la Liga en las elecciones municipales de Corridonia, disparara a seis personas de color en la cercana Macerata, en vísperas de las elecciones generales italianas de 2018, el líder de este partido político, Matteo Salvini, adoptó un tono muy similar al de su homólogo de la AfD. “Si alguien tiene la culpa es el gobierno que ha permitido que vengan cientos de miles de inmigrantes ilegales”. Anteriormente, había pedido una “limpieza masiva, calle por calle, camino por camino, usando la fuerza si fuera necesario" para hacer frente a la delincuencia protagonizada por inmigrantes.

La cooptación tácita de actores extremistas violentos por parte de la ultraderecha "institucional" proporciona otra vía de legitimación. La Liga italiana y los Hermanos de Italia han recibido con los brazos abiertos, tácita y abiertamente, el respaldo del movimiento político fascista CasaPound, al igual que la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, en Francia, mantiene una relación continua con Génération Identitaire, el grupo de jóvenes que fue noticia por sus intentos de sabotear el rescate de inmigrantes en el Mediterráneo.

Foto: Marine le pen visits mif expo in paris

La legitimación de los actores violentos no procede únicamente de la derecha radical. El político alemán Wolfgang Kubicki, del partido liberal FDP, también estuvo de acuerdo con la AfD a la hora de culpar a Angela Merkel por la violencia de Chemnitz. El Movimiento Cinco Estrellas (M5S) de Italia hizo guiños al neofascista CasaPound —entre cuyos miembros se incluye al autor del tiroteo masivo de 2011 contra los vendedores ambulantes senegaleses en Florencia— en el período previo a las elecciones generales de 2013. Luigi Di Maio, líder del M5S y viceprimer ministro de Italia, llegó a reunirse con líderes del movimiento de los “chalecos amarillos”. Uno de los cabecillas con los que habló, Christophe Chalençon, fue arrestado posteriormente por la policía por "provocación para tomar las armas contra la autoridad del Estado”.

3: Radicalización del ambiente mediático

La desinformación a gran escala es fundamental para comprender la crisis de la democracia estadounidense: los que irrumpieron en el Congreso la semana pasada —y una parte considerable de los que votaron por Trump hace dos meses— fueron impulsados ​​en parte por la creencia en teorías de conspiración demostrablemente falsas. Desde el Pizzagate hasta el “Estado Profundo” y QAnon, una minoría significativa de estadounidenses vive en su propia realidad repleta de hechos extraños y cuya lógica interna se ve reforzada a diario por un entorno mediático que crea demonios imaginarios a partir de la evidencia más débil y los prejuicios más bajos.

A raíz de los ataques al Capitolio, gran parte de la culpa recayó en las redes sociales y la radicalización ‘online’, pero la contribución de los medios de comunicación de derecha "tradicionales" —Fox News y programas de radio— no se puede destacar lo suficiente. Podría decirse que países de Europa central como Polonia y Hungría cuentan con maquinarias propagandísticas todavía más formidables, las cuales prosperan en una relación mutuamente beneficiosa con los gobiernos ultraderechistas de sus países.

Europa occidental todavía no ha llegado a ese punto. Sin embargo, redes de desinformación comparables prosperan en línea. En Francia, plataformas que obtienen millones de visitas al mes como ‘Fdesouche’, ‘Égalité et Réconciliation’, ‘Riposte laïque’ y ‘TV Libertés’ se encuentran entre los nodos clave de una 'fachosphére' masiva que une la política de derecha radical 'institucional' y el inframundo de los teóricos del gran reemplazo. Mientras tanto, los grupos detrás de esos sitios web aprovechan su vasta base de usuarios y sus provocaciones para inyectar ideas extremistas en el debate del ‘mainstream’.

Como reveló Nina Horaczek de Falter Magazine, el FPÖ de Austria puede contar con una red igualmente amplia de medios aliados: su propio canal de televisión, ‘Info-Direkt’ (publicado por la red extremista ‘Verteidiger Europas’) y la revista en línea ‘Wochenblick’. También ha surgido en Italia una nebulosa más inconexa y de menor escala de salidas de derecha a raíz de la crisis migratoria de 2015, centrada en sitios como ‘VoxNews’, ‘ImolaOggi’ y ‘StopCensura’.

Lo más preocupante es que se están preparando productos derivados del modelo de ‘Fox News a gran escala en al menos dos países de Europa occidental.

Los actores de medios de comunicación extranjeros, como las versiones en italiano, francés y alemán del medio de propaganda ruso Sputnik, también se han establecido como una presencia importante en los círculos teóricos de la conspiración de derecha. En otros lugares, los "medios antiguos" han intervenido para apuntar a la misma cuota de mercado. Periódicos como ‘Libero de Italia’, ‘Il Giornale’ y ‘La Verità’, ‘Daily Express’ del Reino Unido y ‘Compact’ de Alemania permiten a los votantes menos conocedores de Internet aprender todo sobre la inminente amenaza a la supervivencia de los blancos desde el quiosco de su barrio.

Lo más preocupante es que se están preparando productos derivados del modelo de ‘Fox News’ —canales de información partidistas las 24 horas del día— a gran escala en al menos dos países de Europa occidental. Se espera que el británico ‘GB News’, un canal conservador que hace alarde de sus credenciales pro-Brexit y anti-BBC, se lance este año. En los Países Bajos, ‘Ongehoord Nederland’, un canal de televisión respaldado por varias figuras de extrema derecha, acaba de ser aprobado.

placeholder Una partidaria de la teoría conspiratoria QAnon, durante una marcha trumpista contra los resultados electorales. (Foto: Reuters)
Una partidaria de la teoría conspiratoria QAnon, durante una marcha trumpista contra los resultados electorales. (Foto: Reuters)

4: Frágil confianza en la integridad electoral

Uno de los postulados centrales de la extrema derecha estadounidense es que sus oponentes políticos no solo están equivocados: son ilegítimos. “Los votos demócratas son ilegales”, “Obama nació en el extranjero”, “Clinton es una criminal”, etc. El intento de anular el resultado de las elecciones de 2020, primero por medios judiciales y luego por la fuerza, pueden considerarse como la última versión de esa cosmovisión. Sin embargo, esta vez, el cargo de ilegitimidad requiere del cuestionamiento del ingrediente básico de la democracia: las elecciones. La degradación de la integridad electoral a ojos de los votantes republicanos ha sido, durante décadas, parte integral de la retórica de supresión de voto del Partido Republicano. Pero realmente se convirtió en un elemento central del sistema de creencias de los republicanos durante el mandato presidencial de Trump.

¿Qué tan frágil es la creencia en la integridad electoral en Europa? Las acusaciones de fraude electoral de la extrema derecha han surgido en las elecciones presidenciales austriacas de 2016 y las elecciones parlamentarias suecas de 2018. Los políticos de la Lega venden con frecuencia teorías de conspiración sobre supuestos cambios de votos antes de las elecciones. Donde esté permitido, el voto por correo puede convertirse en un tema polémico para la derecha radical debido a las sospechas sobre los votantes de minorías étnicas: las acusaciones de fraude de Nigel Farage en las elecciones de Peterborough de 2019 son un buen ejemplo.

Foto: Nacionalistas blancos durante la marcha "Unid a la derecha" en Charlottesville. (Reuters)

Si bien es justo decir que las elecciones no han sido desacreditadas en Europa en la misma medida que en Estados Unidos, hay indicios que sugieren que el tema está listo para la politización. Para empezar, grandes sectores de la derecha radical europea —incluyendo a Marine Le Pen, Matteo Salvini y Beatrix von Storch, de la AfD— se subieron al carro de Trump de “detener el robo”, dejando en claro que su apego a las normas democráticas es tan firme como el de un Ted Cruz o un Lindsay Graham.

Además, las encuestas muestran que algunos votantes ultraderechistas ya han sido "preparados" para desconfiar de las elecciones, incluso en ausencia de señales explícitas de los políticos. La ‘World Values Survey’, una encuesta de opinión a gran escala realizada entre 2017 y 2020, incluye preguntas que piden a los encuestados que indiquen con qué frecuencia creen que, en sus países, "los votos se cuentan de manera justa" y "los funcionarios electorales son justos". Los resultados, resumidos en la siguiente tabla, son preocupantes.

placeholder Encuesta: World Values Survey
Encuesta: World Values Survey

Resulta que en países como Italia, Francia y Austria existe un número considerable de votantes que desconfían de la equidad de los procesos electorales; de hecho, en Italia esa creencia está todavía más extendida que en Estados Unidos. Resulta clave señalar que las cifras más bajas por parte de los votantes de la Liga y el Partido Republicano reflejan el hecho de que estos partidos acababan de ganar una elección cuando se realizó la encuesta. Pero con esas excepciones, la desconfianza en la integridad electoral es mucho más común en los electorados de derecha radical que en la población en general.

Quizás lo más preocupante de todo es que el porcentaje de votantes ultraderechistas que creen que las elecciones a menudo están "amañadas" es más alto que el porcentaje de republicanos que tenían poca confianza en las elecciones hace solo tres años. Esto sugiere que, al igual que sucedió con los votantes republicanos en los Estados Unidos, el nivel de sospecha hacia la institución electoral puede dispararse con bastante rapidez hasta una desconfianza generalizada en la democracia si una elección sale mal para estos votantes.

No hay lugar para la complacencia

En suma, desde el aumento de la violencia de derecha hasta su legitimación política por parte de actores institucionales, desde un ambiente informativo radicalizado hasta un frágil nivel de confianza en las instituciones electorales, las mismas tendencias que causaron el espectacular episodio de retroceso democrático televisado de la semana pasada en Washington pueden ser identificadas en los países de Europa occidental. Obviamente, también hay diferencias importantes: los sistemas políticos europeos son, en promedio, más inclusivos y, afortunadamente, nuestras legislaciones sobre las armas de fuego son mucho más estrictas.

En Europa, como en Estados Unidos, las mismas presiones culturales y demográficas abren brechas sociales propensas a la politización.

Pero la podredumbre también está entre nosotros. En Europa, como en Estados Unidos, las mismas presiones culturales y demográficas abren brechas sociales propensas a la politización; los mismos cambios económicos alimentan la desconfianza en las instituciones y la demanda de políticas populistas; los mismos cambios tecnológicos en la forma en que consumimos la política abren nuevos caminos para la radicalización.

Por lo tanto, no podemos ser complacientes. No podemos descansar tranquilos en la creencia de que nuestra historia nos ha vacunado contra el tipo de asalto violento a la democracia que hemos visto en los Estados Unidos de Trump. No existe una vacuna contra el fascismo. Deberíamos considerar los eventos en Washington como un vistazo a nuestro posible futuro, y no como una simple visión de nuestro pasado.

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