Los escándalos de la monarquía británica

Una Corona prueba de balas: ¿qué pueden aprender los Borbones de los Windsor?

Los Windsor han podido sobreponerse a todos sus escándalos, desde Lady Di al príncipe Andrés o los Paradise Papers. ¿Podrán hacerlo los Borbones, y con ellos, la monarquía española?

Foto: Foto: EFE.
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Cuando tuvo lugar la visita de Felipe VI y la reina Letizia al Reino Unido en julio de 2017, en los corrillos de prensa, una persona cercana a la Casa Real comentó: “aquí es que no hay ningún pudor en mostrar toda la pompa.. con sus carruajes y sus trajes… es más, se enorgullecen de ello”. Se llegaba a percibir incluso cierto tono de envidia sana a la que es una de las monarquías más antiguas y sólidas de Europa.

Es como si, en algunos aspectos, los británicos se hubieran quedado encapsulados en el tiempo. La tradición se lleva a rajatabla. Para que se hagan una idea, la reina Isabel II sigue siendo la que protagoniza las sesiones de apertura del Parlamento en una ceremonia cargada de boato. Sale del Palacio de Buckingham en una carroza dorada tirada por seis caballos blancos y, una vez llega a Westminster con un traje de raso blanco, capa forrada de armiño y corona, presenta el programa legislativo del gobierno de turno. ¿Se imaginan semejante escena a día de hoy en España?

Según una encuesta reciente de YouGov, el 62% de los británicos considera que el Reino Unido debería conservar la monarquía, frente al 22% que aboga por una república y el 16% que se muestra indeciso. Con todo, el 75% asegura tener una “opinión positiva” de la actual jefa de Estado que, a sus 94 años, no se le pasa por la cabeza abdicar.

Los Borbones podrían anhelar ahora parecerse a los Windsor. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que nuestra familia real era modélica y la británica, un nido de escándalos y crisis. Por ejemplo, durante el tortuoso divorcio entre Lady Di y el príncipe Carlos a mediados de los 90 se vivieron episodios tremendamente bochornosos, como cuando salieron a la luz las grabaciones en la que el heredero al trono revelaba a Camilla Parker Bowles -la que entonces era su amante, hoy su esposa- que querría ser un “támpax” para “vivir dentro de ella”.

Los Windsor también tienen sonados escándalos financieros. Los nombres del príncipe Carlos e Isabel II aparecieron en la investigación mundial de 2017 de los “Paradise Papers” -publicada en España por El Confidencial- debido a sus inversiones en plazas 'offshore'. En concreto, la monarca invirtió 7,5 millones de dólares del Ducado de Lancaster -del que proviene el grueso de la financiación de los gastos de la corona- en un fondo de las Islas Caimán.

La reina Isabel II este marzo durante una llamada con Boris Johnson. (Buckingham Palace)
La reina Isabel II este marzo durante una llamada con Boris Johnson. (Buckingham Palace)

Y los escándalos continúan a día de hoy. Este mismo año, el príncipe Enrique y Meghan Markle decidieron desvincularse de la familia real para ser económicamente independientes (aunque conservan los títulos de Duques de Sussex y, entre otros, no queda aún muy claro quién va a sufragar su seguridad). Y el príncipe Andrés, hijo menor de la monarca y del que dicen es su favorito, ha sido condenado al ostracismo tras verse salpicado de lleno por el escándalo sexual Jeffrey Epstein. Es más, las autoridades estadounidenses podrían llamarle ahora a declarar en este caso de abuso de menores.

No hay debate monarquía/república

Y, pese a todo, el debate sobre la posibilidad de una república en el país es prácticamente residual, por no decir nulo. En las discusiones siempre salen a relucir los millones de libras que la familia real aporta a la economía británica. En 2017 fueron 1.800 millones de libras (550 millones de libras sólo en turismo), según la consultora Brand Finance.

La Unidad de Constitución de University College London señala que “además de la popularidad actual y continua de la monarquía, se cree que la falta de apoyo a una república en el Reino Unido está asociada con el hecho de que, para la mayoría de los propósitos, el Reino Unido ya posee todos los atributos de una república”, por lo que los expertos consideran “difícil prever” las circunstancias en las que el país se podría convertir en una república como tal por su nombre.

El Palacio de Buckingham. (EFE)
El Palacio de Buckingham. (EFE)

No cabe duda de que, aunque sólo sea por cuestión de tiempo, la monarquía en el Reino Unido está más arraigada que en España. Pero la pregunta es: si los Windsor han podido sobreponerse cual 'ave fénix' a todos sus escándalos, ¿por qué no pueden hacerlo ahora los Borbones?

Lo cierto es que el escenario político juega a su favor. Mientras en España, en la Cámara Baja hay 75 diputados (de 350) que defienden la república, entre ellos, el actual vicepresidente, Pablo Iglesias, que ha calificado de “indigna” la “huida” al extranjero del rey emérito Juan Carlos, en el Reino Unido -donde el complejo sistema electoral favorece al bipartidismo y las mayorías absolutas y hace realmente compleja la entrada a Westminster de nuevas formaciones- el único partido que aboga por la abolición de la monarquía es el norirlandés del Sinn Fein. Sus diputados (ahora son 7 de 650 escaños) históricamente nunca han ocupado sus asientos en la Cámara de los Comunes porque quieren la reunificación de la isla de Irlanda como República.

Favor a la Corona incluso entre los laboristas

Por su parte, los partidos mayoritarios siempre se han mostrado a favor de la Corona. En el Laborismo, al menos cuatro líderes han sido republicanos: el fundador Keir Hardie, George Lansbury, Michael Foot y el reciente Jeremy Corbyn (líder de 2015 a 2020). En cualquier caso, en sus manifiestos nunca han pedido un cambio de sistema.

En las recientes primarias laboristas, la candidata Lisa Nandy dijo que ella votaría para abolir la monarquía en caso de que hubiera un referéndum, aunque al mismo tiempo señaló que “este tema no era ahora una prioridad”. Por su parte, Keir Starmer, convertido ahora en el líder de la oposición, respondió que “sí reduciría el tamaño de la familia real”.

Y luego está Graham Smith, portavoz del Movimiento Republicano británico, que durante más de una década lleva haciendo campaña para que el jefe de Estado sea elegido por sufragio. Pero en Twitter tiene poco más de 3.000 seguidores y el activista reconoce que ni siquiera con la muerte de Diana de Gales -el momento más crítico en la historia reciente para la reputación de la corona- “llegó a producirse una situación de riesgo [para la monarquía]”.

La casa real británica no supo calibrar entonces la noticia. Y la reina Isabel II tampoco. Cuando Lady Di, bautizada como “princesa del pueblo”, falleció el 31 de agosto de 1997, llevaba un año divorciada del heredero al trono y había perdido el tratamiento de alteza real. Mary Francis, entonces una de las asistentes de más confianza de Isabel II, llamó a Palacio durante sus vacaciones por si necesitaban ayuda y la respuesta que recibió fue la siguiente: “No te molestes en venir, suponemos que su familia querrá un funeral privado”. Se quedó estupefacta.

La monarca tardó tres días en regresar a Londres de sus vacaciones en Escocia tras la grandes criticas recibidas por la prensa. “¿Dónde está el corazón de los Windsor?”, titulaba el The Sun, el tabloide más vendido del país. A los cinco días, finalmente Isabel II decidió realizar un discurso televisado. Al margen de los mensajes de Navidad, entonces sólo había hablado una vez en televisión previamente en 1991, con motivo de la guerra del Golfo. Dos meses después del funeral de Diana, una encuesta publicada por Daily Mail revelaba que siete de cada diez británicos quería que la monarca abdicara.

Frialdad británica y 'el campechano'

Por cierto que, frente a la frialdad de Isabel II, la prensa británica se rindió en 2008 ante Juan Carlos I por su cercanía. Todo empezó en Viena, con el efusivo abrazo que el ahora emérito dio a Iker Casillas nada más terminar el partido de la final de la Eurocopa. El beso en la mejilla que el capitán de la selección española dio todavía sudoroso a la reina –algo totalmente impensable en el Reino Unido- y el abrazo de don Juan Carlos se podía justificar a la efusividad del momento. Pero cuando la escena se volvió a repetir en Madrid y el entonces jefe de Estado estrechó entre sus brazos a Luis Aragonés, Sergio Ramos o Fernando Torres el mensaje que interpretó la prensa británica fue “la familia real española es de carne y hueso”.

“En el funeral de las víctimas del 11-M, los monarcas dieron el pésame uno a uno a los familiares sin importarles ocultar las lágrimas de tristeza. ¿Se imaginan a nuestra Reina y el Duque de Edimburgo cruzar a través de los pasillos de la Abadía de Westminster para consolar el dolor de los afligidos?”, destacaba el “Belfast Telegraph”.

Foto de archivo de la reina Isabel II y Boris Johnson. (Reuters)
Foto de archivo de la reina Isabel II y Boris Johnson. (Reuters)

En Reino Unido el contacto con la soberana es algo que ni se plantea. Es más, quienes presumen de haberla dado la mano no dicen del todo la verdad, ya que en la mayoría de los actos lleva sus guantes.

Reinventarse o morir

Con todo, en la última década, Isabel II ha conseguido reinventarse. Tras el funeral de Diana, entendió la importancia de una buena comunicación y de los gestos. En los últimos años además se adaptado por completo a las nuevas tecnologías teniendo incluso su propia cuenta de Twitter (con 4,2 millones de seguidores) o Instagram (8,2 millones). Durante la pandemia, ha aparecido por sorpresa en algunos eventos organizados por Zoom por algunas ONGs y su discurso a la nación para animar a los británicos durante el confinamiento fue visto por 24 millones de personas.

La monarca es a día de hoy la figura más popular de la familia real, con un apoyo del 74% de los votos, según la última encuesta de YouGov. Sin embargo, el heredero al trono, el príncipe Carlos, está en sexta posición, con el respaldo de 47%, por detrás de su hijo mayor, el príncipe Guillermo y su nuera, Catalina, (ambos 65%); su hijo menor, el príncipe Enrique (54%); y su hermana, la princesa Anne (50%).

El príncipe Carlos y Camila, este julio. (Reuters)
El príncipe Carlos y Camila, este julio. (Reuters)

¿Qué podría ocurrir cuando termine la era isabelina? Durante un tiempo, sobre todo coincidiendo con la boda de Carlos con Camilla (la que llegó a ser la mujer más odiada del país) la prensa británica abrió el debate para que la corona pasara directamente de Isabel II a su nieto, el príncipe Guillermo. Sin embargo, los expertos advierten que en el momento en el que se ponga en cuestión la línea de sucesión, se acaba la monarquía.

En el que se ponga en cuestión la línea de sucesión, se acaba la monarquía, dicen los expertos

A sus 71 años, el príncipe Carlos es la persona que más tiempo lleva en la historia del Reino Unido como heredero a la Corona. El que ostentaba antes el título era Eduardo VII, que esperó 59 años, dos meses y 13 días en convertirse en rey.

Durante este largo tiempo, los asesores de Palacio no supieron encontrarle su sitio, un espacio donde pudiera desenvolverse con soltura y en el que lograra ocupar sus horas evitando así ofrecer la imagen de hombre desorientado sin otra cosa que hacer que aguardar un trono que nunca llega.

Las pasiones del heredero

Así que ha tenido que entretenerse con las que dice son sus dos pasiones: los productos ecológicos y la arquitectura. Y sí se hubiera mantenido en un segundo plano, la cosa no habría ido tan mal, pero no fue el caso.

En los años ochenta, sus planes para estimular “la rehabilitación del centro de Londres” irritaron profundamente a Margaret Thatcher. Durante el Gobierno de Tony Blair también protagonizó titulares advirtiendo que “si se cambiaba la ley para la caza del zorro abandonaría el país y pasaría el resto de su vida esquiando”. En 2010, su total oposición a un proyecto inmobiliario de la empresa Qatari Real Estate Investment llevó supuestamente a la familia real catarí a retirar su apoyo al proyecto inicial del conocido arquitecto Richard Rogers. En su lugar, Carlos pidió tomar en consideración el trabajo de su arquitecto favorito, Quinlan Ferry, rompiendo así toda la neutralidad que se le presupone a una persona de su rango.

En su momento, el portavoz de Clarence House –su residencia oficial- aseguró que su “tono será más discreto” cuando ocupe el trono. Y es cierto que, en los últimos años, no ha protagonizado ninguna salida de tono. Es el primero que quiere reducir el tamaño de la familia real y ha sido el responsable, según cuentan, de que su hermano pequeño, el príncipe Andrés, haya quedado apartado de todo acto público tras su polémica amistad con el magnate Jeffrey Epstein, el multimillonario hallado muerto en agosto del año pasado en la prisión de Nueva York, donde esperaba un juicio por tráfico sexual de menores. En definitiva, si los Windsor han podido sobreponerse a todos sus escándalos, ¿podrán hacerlo los Borbones, y con ellos, la monarquía española?

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